Human Behaviour por GhostOfFaron
Resumen:
DANIEL RADCLIFFE Y ZAC EFRON COINCIDEN EN HOLLYWOOD PARA FILMAR LA SERIE "HUMAN BEHAVIOUR", ESCRITA Y DIRIGIDA POR LA ACLAMADA NOVELISTA NANCY CROWE.

LO QUE EMPIEZA COMO UN SANO ODIO MASCULINO ENTRE SUPER-STARS, SE CONVIERTE POCO A POCO EN UN EXTRAÑO AMOR QUE PARECE TODO MENOS AMOR...

EN EL QUE SE INTERPONEN NANCY, LA PRENSA, UNA JOVEN ACTRIZ DEBUTANTE, EL ANODINO MUNDO GAY DE LOS ANGELES Y NI MAS NI MENOS QUE JARED PADALECKI.

SI QUIERN EL EBOOK HASTA EL CAPITULO 5, CORREGIDO Y AUMENTADO, AQUI OS DEJO EL LINK:

http://www.mediafire.com/?nd15nguh3mm

Y CLARO, DEJEN COMENTARIOS!!!!!


Categorías: Famosos - RPS, Actores, Músicos, Television Personajes: Ninguno
Géneros: Drama, Humor, Misterio, Parodia, Romance, Songfic
Advertencias: Contenido Hetero, Muerte de un personaje, Trios
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 9 Completo: No Palabras: 58646 Lecturas: 3127 Publicado: 01/10/07 Actualizado: 14/06/08

1. PROLOGO: If you ever get close to a human... por GhostOfFaron

2. CAPITULO 1: Be ready to get confused… por GhostOfFaron

3. CAPITULO 2: Definitely, definitely, definitely... por GhostOfFaron

4. CAPITULO 3: There's definitely no logic… por GhostOfFaron

5. CAPITULO 4: But yet so irresistible... (I) por GhostOfFaron

6. CAPITULO 4: But yet so irresistible... (II) por GhostOfFaron

7. CAPITULO 5: There´s no map... (I) por GhostOfFaron

8. CAPITULO 5: There´s no map... (II) por GhostOfFaron

9. INTERLUDE (01) por GhostOfFaron

PROLOGO: If you ever get close to a human... por GhostOfFaron
Notas del autor:
Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

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Nancy Crowe tecleo unos segundos más, antes de colocar el punto final. Se sonrió satisfecha, reclinándose en el cómodo sofá, con los brazos detrás de la cabeza: era el mejor libreto que jamás había escrito. Era acido, dramático, obsceno, oscuro, luminoso, conmovedor, lúdico, juguetón… se canso de pensar en tales adjetivos. Era innecesario, pues ahora lo único que importaba era que tenia algo que llenaría las hambrientas expectativas de Darren Star, y no era para menos. El exitoso productor de Sex and the City renacería de sus cenizas (rió con su propio chiste) con esa delicia que había salido de sus propias manos…

Pulso el icono de IMPRIMIR, y con un ruidito, las hojas en la impresora se llenaron poco a poco de mágicas palabras. Dedico un segundo a saborear su propio éxito, a pensar en las hordas de fans que pedirían siquiera un roce de ella, y los numerosos Emmys que le esperaban. Si tan solo ellos supieran lo que le esperaba…


**********************


Daniel Radcliffe se quito el casco de la motoneta, dejándolo en el estante del garaje. Suspiro, como intentando sacudirse los besos de Diana del cuerpo: era apenas la segunda vez que se veían, y ya había llegado a segunda base, como Rupert le llamaba. Así que no quería imaginar como seria cuando ambos se mudaran al centro de Londres.
Su madre asomo la cabeza por la puerta de la cochera oscura. Le sonrió, antes de decir:
-Dan, llamo Darren…
- ¡¿ARONOFSKY?! - grito el muchacho, exultante, recordando la petición del admiradísimo director para participar en su próximo film.
- Eh… No, Darren Star. – replico Marcia. – Dice que trato de llamarte al móvil, pero estaba apagado.-
- Ah… bueno, debió terminarse la batería. - ¿Por qué era tan difícil decirle a sus padres que estaba saliendo con alguien? Era famoso, una súper estrella, el gran Harry Potter…
- Bien, pidió que lo llamaras cuanto antes, aquí esta su número. – le entrego el trozo de papel, y apresurado, Dan se dirigió a su habitación en la tercera planta de la mansión.
Solo se dio tiempo para quitarse la chaqueta, antes de marcar el numero. Sonaron cuatro bips antes de que una voz jovial y grave contestara:
- Darren Star, como debe saber bien, Sr. Radcliffe.-
- Hola, Sr. Star….-
- Darren, por favor, hablemos como adultos.
- OK… Darren. Lamento no contestar hace un rato, pero…
- Entiendo, entiendo. Daniel, espero que recuerdes esa platica que tuvimos cuando visitaste a David en mis oficinas.
- Claro, ¿como olvidar tu hermosa voz?
Darren rió con ganas al otro lado de la línea.
- Así me gusta, muchacho… Bien, creo que tengo un guión que te interesara…
- ¿Quien dirige? – pregunto inmediatamente Dan.
- Ah… bueno, no esta decidido. Veras, es el piloto de una serie para HBO.
-¿Eh… una serie?
- Human Behaviour. Planeamos estrenarla para el invierno del 2008. Claro, eso si te interesa el libreto…

Pero Dan no pensaba en el guión, sino en sus prioridades: comenzaría a rodar Harry Potter and the Half-Blood Prince en unas semanas, y no podía arriesgar la producción. Además, estaba leyendo una obra de Patrick Marber que el mismo le había ofrecido, junto a Gary Oldman. Y una serie de televisión no era lo que buscaba: cierto que deseaba explorar nuevas alternativas, revelarse como un actor serio y multifacético, pero una serie… bueno, era incierto su éxito, y además, exigía mucho tiempo…

- Vamos, Dan. Solo es un piloto, puede que ni siquiera se convierta en una serie como tal… ¿No era la oportunidad que esperabas?
- Pues… No exactamente.- ¿Pero que podía perder? Era solo un piloto… Además, sabía que Darren lo necesitaba, atesoraba esa oportunidad: ¿Quien podía preciarse de tener a Daniel Radcliffe en el piloto de su serie?
- Bah, esta bien. – contesto, entusiasmado – No tengo nada que perder.
-Perfecto. No te preocupes por David, yo hablare con el, ¿de acuerdo? Ahora mismo te mando el guión…

Dan suspiro, sentadose en la cama y abriendo su laptop. Pensó en Jeremy Irons, Amo y Señor del cine y la televisión al mismo tiempo, en Diana, en Rupert, en los reproches que seguramente le echaría David Yates, y en que, por lo menos, algo bueno debía sacar de esa oportunidad. O mucho…


**********************


Darren Star colgó el teléfono, sonriente. Tomo un largo trago de brandy, se desperezo, y busco su agenda. Tenia muchas llamadas por hacer… ¿Pero eso que importaba? ¡Tenia a Daniel Radcliffe en su proyecto! ¡A Felicity… A Felicity! ¡Y a la escritora mas exitosa desde Anne Rice! Hasta ese momento, todo marchaba bien.

Hojeando la pequeña libreta, se topo con el numero de Sarah: pensó en llamarle, para decirle la gran noticia. Aunque claro, sabia que solo recibiría por contestación “Residencia Parker… No, en este momento ha salido, pero puede dejar un mensaje…” Con ella habían terminado mal las cosas, igual que con Kim, con Cynthia…. Pero ahora no, aquel seria su clímax, su consolidación… Porque, mientras marcaba el último numero de la agenda, sabia que todo marchaba bien.


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Zac Efron termino de leer el libreto, frotándose con aprehensión los ojos: se sentía extraño, como si en su interior se debatieran dos chorros de agua helada o caliente. Regreso el cursor hasta la portada del documento. En grandes letras negras, ponía: HUMAN BEHAVIOUR, de Nancy Crowe.

Lo leyó una y otra vez, tratando de entender que relación había encontrado la autora entre una canción de Bjork y un grupo de adolescentes con doble identidad. Lo aceptaba: a pesar de que muchos de los pasajes eran ridiculos, y algunas de sus lineas francamente absurdas, todo el libreto era divertido, punzante y generoso. Pero eso no restaba esa incomoda sensación, como si un mal presagio se adivinara entre las apasionadas palabras de Nancy Crowe: seria un programa controvertido, incluso peligroso, que o bien podía ponerlo en el ansiado estrellato, o podría hundirlo… ¡Hundirlo! Hasta hacia poco tiempo, anunciar su vida privada a los cuatro vientos parecía algo inocente, ingenuo, una extensión de su carrera. Pero, claro, eso fue antes de que Vanesa presumiera sus atributos por cuantos medios le fuera posible… Aun temblaba al pensar en la reacción de su agente, las amenazas de sus padres, o recordar a Vanesa jugueteando con cada rincón de su cuerpo… Estaba decidido a no tener más carne que ofrecer a la prensa: ¿Qué pensarían si Zac Efron, el dulce e inocente Zac Efron aparecía en televisión haciendo… tomando…? Además, solo pensar en abrazar a un hombre desnudo le ponía los pelos de punta.

Tomo el auricular, aclarándose la garganta, dispuesto a excusarse con Darren, (que había permanecido expectante al teléfono las dos horas que le tomo leer el guión), murmurando tal vez algo de Disney…
- ¿Que parece? ¿Bueno, no, Zachary?
- Mmm…es bueno, Darren, muy bueno, me agrada, pero…
Darren resopló, deprimido: - Claro. Troy espera…

Fue como si una granada estallara en su cabeza, como si el Universo se revelara: No toda la vida seria Troy Bolton, mucho menos seria inmortal HSM. La gente se aburría, los años pasaban, y preferían ídolos nuevos al mismo fenómeno de otros tiempos. El mismo era una moda, una moda que tarde o temprano seria enterrada… Necesitaba algo más, una luz, un resquicio de suerte fuera de la muralla de fantasía nerd de Disney…

- Ah, olvida eso, y cuenta conmigo. – lo dijo casi sin pensar: mandaría al carajo a Troy Bolton, a la cada vez mas imprudentemente sensual Vanesa, a los bailes y las canciones que no podía cantar… - Darren, ya tienes a tu Jonathan Meyer".
CAPITULO 1: Be ready to get confused… por GhostOfFaron
Notas del autor:
Humm, no he tenido mucha inspiracion ultimamnt, pero ps aki esta el primer capitulo de HUMAN BEHAVIOUR, donde finalmnt Dan y Zac se conocen... Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

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Dan estaciono su motoneta ante la fachada del edificio, coronado con el logo clásico de HBO. Sacudió su espeso cabello negro, aun desperezándose de las cuatro horas de vuelo a través del Atlántico, aun portando la pequeña maleta negra con que salio de Inglaterra: probablemente, aquello no le llevaría más de unas horas, y regresaría, gustoso, para el cumpleaños de Diana…
Refunfuño, tragándose sus replicas a Darren a causa del precipitado horario para la junta de producción, a Matt, su representante, por aceptar tal inconveniente, y a esa tal Nancy, por referenciar cierta obra teatral como mínimo cinco veces en todo el libreto.
Cruzo la acera, y antes siquiera de empujar las amplias puertas de cristal, un hombretón de prominente mandíbula se acerco a el, con todo el porte de un matón. Pero al hablar, su voz resulto tremendamente chillona: -¿Señor Radcliffe? ¿Daniel…? – saco una pequeña tarjeta de su saco, la repaso, y siguió: … Jacob Radcliffe?-
- El mismo. – contesto, intentando sonreír a medias, evitando la carcajada que bullía en su garganta. El otro le tomo por un brazo, llevándolo hacia el amplio vestíbulo de calidos colores.
- El señor Star le espera en la sala de juntas 5, del piso 17. Le solicito no se adelante. – añadió, cuando el moreno se dirigía ya a los ascensores – Me han enviado a escoltarle. Vera, la prensa… bueno, no querrá paparazzis en sus vacaciones, ¿o si…? – seguramente intentaba parecer cómico… ¡¿Vacaciones?!
- Perdone, yo…-
- Sígame.- Lo empujo con su manaza, y el trompicón que dio hizo que varias personas del vestíbulo giraran hacia ellos. Algunos no lo reconocieron: el resto estallo en murmullos y cuchicheos excitados. Pero el guardia les echo una mirada feroz, reduciéndolos.
- UD. Primero.- señalo el ascensor que en ese momento aparecía en el cubículo, lo empujo al fondo, echo un vistazo de nuevo, rastreando el perímetro, y ansiosamente, presiono el botón del piso 17.


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El corro de chicas que se formo en la Quinta Avenida se desplazo lentamente hasta una amplia y desventuradamente luminosa calle, titilante con los reflejos de los altos y robustos edificios acristalados.
Zac tenia memorizada la sonrisa afable y candente, el andar erguido, los gestos suaves y galantes, pero ahora, rodeado por lo menos de tres decenas de fanáticas, no podía pensar en otra cosa que en una quisquillosa cámara oculta tras un arbusto. Así que, por el momento, las adolescentes gritonas y enrojecidas eran un alivio que empuñaba plumas, fotografías y labios.
Lego finalmente a las puertas del edificio HBO, notando brevemente los plasmas que decoraban el vestíbulo, transmitiendo en ese momento Deadwood, antes de ser opacados por una corpulenta mujer de mirada deseosa.
“Ay, mierda” Trato de arrumbar ESE incomodo recuerdo, manteniendo firme su expresión de súper estrella. Tanteo entre la masa de cuerpos femeninos, y encontró lo que parecía una motoneta, serian solo unos momentos para descansar sus pies: había hecho el recorrido desde California hasta New Cork en tramos de autobús, oculto en un tren desde Memphis, un tranvía lleno de hispanos, y varios kilómetros de caminata. Se apoyo en el asiento de piel, disimuladamente, y se dispuso a estampar su sencilla firma en papeles de todo color y tamaño esperando el momento en que pudiese correr a la seguridad de la televisora.
De pronto, la gorda se abalanzo sobre el, sin siquiera darle tiempo para gemir. Las demás reprocharon el cariñoso gesto de Zac, y ni tardas ni perezosas se apresuraron a seguirla. Cuando los primeros pares de labios estaban a unos milímetros de su cuello, un par de manos lo extrajo, no sin cierta dificultad, de la turba. Ignorando a su salvador, repaso su cuerpo, notando con simpleza que los apretones y rasguños se habían practicado en los lugares habituales (“cuello y pectorales”). Cuando se convenció de que viviría, se volvió para encontrarse cara a cara con Matt Dukattis.
Al principio no lo reconoció, pero al enfocarlo, se encontró con el familiar y curioso rostro del ex-representante de Vanesa, cargando unos años de mas, arrugas y canas.
- Ya te debiste acostumbrar, Zachary.- comento divertido, emprendiendo el camino hacia el vestíbulo, aprovechando la oportuna aparición de dos guardias de seguridad que contuvieron a las fans. Zac le siguió el paso, sorprendido y agradecido.
- Creía que estabas en…-
- Aun estoy en Escocia, Zachary. Hoy vengo por negocios.
- Dios bendiga tus negocios. Esa gorda casi…-
- Repito, ya te debiste acostumbrar. Tu rubio encanto cae de perlas a extraños especimenes.
-Ya… Eh, ¿Cómo esta…? – Matt adivino lo que intentaba decir, y con rostro sombrío, completo: - Vanesa. Bueno, arde de rabia. No creyó que esto llegara a tanto. Ahora que apareció el video me ha intentado llamar: esta desesperada. Pero en fin, no me siento cómodo como niñera de una Lolita exhibicionista. – Zac rió, no sabia exactamente si era causa de la charla, por el persistente recuerdo de Vanesa y su vida en pedazos, o porque finalmente se daba cuenta de lo tarde que era.
- ¡Matt! Me voy… tengo que…- anuncio a medias, corriendo hacia los ascensores, dando trompicones. –Claro, te veo luego. – contesto Matt con un ademán.
Zac presiono el botón del ascensor que llego unos momentos después. Entro en este, y usando su reflejo en el espejo que cubrió la mitad de la caja metálica, se alacio con los dedos su melena recién rubia, practicando su extraviada presencia…
Apretó los dientes, corrió al vestíbulo, evitando acercarse a las chicas pegadas como arañas a las puertas, y gritando al recepcionista por…


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- Darren, no tengo nada en contra de los chicos, pero… bueno, no son precisamente lo que se llama formales.-
- Felicity, por favor. Los dos están felices y comprometidos con el proyecto, y eso nos debería bastar. – Darren se sorprendió a si mismo: salía en defensa de dos teen idols inmaduros ante una realeza como Felicity Huffman, en vez de exigir una explicación a 17 segundos de retraso… 19, ahora.
Al otro extremo de la mesa, Nancy charlaba con uno de los productores ejecutivos, frío como una piedra: era obvio que ella no se lo pasaba muy bien, pero, como había dicho a su amigo, “confraternizar con el enemigo” era indispensable en el medio. Darren pensó en replicar con “el enemigo a un barranco” pero la alegre animosidad de la escritora lo derroto.
La amplia estancia se quedo en silencio cuando entro la asistente del Sr. Star. Apenas articulo una silaba, y los ocupantes a la larga consola de nogal se dispuso alrededor en sus respectivos asientos, cruzando las manos y piernas, y ocultando las barras de chocolate en los bolsillos.

Zac Efron apareció en la sala de juntas resoplando, pensando que su aspecto triste y desaliñado no iba con el traje Arman. Tomo una última bocanada de aire: - Lo siento, yo…- dibujo su sonrisa blanca - Bueno, saben como es la farándula. - Objetivo alcanzado. Una carcajada aprobatoria se extendió entre los presentes, mientras Darren le invitaba a sentarse en su sofá de piel.

- Bien, Zachary, te presento al Big Team – bromeo el productor – Ella es Johanna Krame, productora ejecutiva. – era una mujer negra, alta, y solemne, que respondió con un elegante ademán.
- Michael Patrick King, también productor ejecutivo. – un hombre un tanto mas bajito que el se levanto, con sus ojos alegres y la sonrisa perenne, extendiéndole la mano.
- Brian Donovan, “Diddy” – Diddy cruzo toda la sala, con su andar de pato y cara graciosa para saludarle. – Director de casting, por cierto. Ellas son Jessica y Lara Morgan, co-productora ejecutiva, y directora de fotografía, respectivamente. – Las dos gemelas rubias se levantaron, y Zac no evito reparar en los dos amplios escotes.
- Milla Hawks-Jones, actriz debutante. – una chica de tez blanca, esbelta y luminosa, lo saludo con una ruborizada sonrisa, que le añadió color a su cabello castaño y quebrado.
- Damas y caballeros, Felicity Huffman… sin presentaciones. – Todos rieron, al tiempo que la protagonista de Desperate Housewives, en vivo y a todo color, le sonreía cariñosamente. El chico era carismático, sin duda. Y el chico reprimía un grito de alegría… ¡Trabajaría con Felicity Huffman!
- Y solo falta… - hizo un amplio ademán, señalando a la ultima presente – Autora de novelas como VelVetine, Julie's Score, John, Jack y los besos de Edgar, creadora y guionista permanente de la serie.- Inclino la cabeza a Nancy, quien parecía a punto de vomitar.
- Y por ultimo, pero mas importante, Darren Star, exitoso productor de Sex and the City, Kitchen Confidential…-
- Y varias piezas olvidables que nadie quiere recordar. – bromeo Brian, y otra vez, incluido Zac, rieron.
- Bueno, no estamos para bromas. – aclaro Darren, sarcástico – Bien, creo que tendremos que empezar…-

La puerta se abrió de nuevo. La secretaria de Darren permitió el paso a dos visitantes más, y Zac no evito cerrar la boca.


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Daniel Radcliffe había aparecido en el umbral, acompañado de Matt, y ambos parecían tan sorprendidos como el. Clavo sus ojos en Daniel. Era un poco mas alto que el, y sus hombros eran aun mas anchos, pero su cabello era de un negro profundo, su piel agradablemente sonrosada, los ojos eléctricos, de un azul casi acuático hablando por si solos. Su boca era delgada y perfecta, y bajo la camisa se adivinaban amplios y marcados pectorales, que Zac sabia se había descuidado hacia un tiempo.
Todo le resultaba tan silenciosamente familiar, como si Daniel fuera su amigo de toda la vida. Pero, de muchas maneras, le extrañaba sentir tan de cerca de alguien como el, como Harry Potter… ¡Que estupido! Ver a un niño mago en vez de un compañero de trabajo más…

Darren prosiguió con las presentaciones y Dan gentilmente se acerco a cada uno para darles la mano. Cuando paso por Milla, esta emitió un extraño ruidito, sonriéndole nerviosa.
- Y esta es Nancy Crowe, ultra reconocida autora de…-
- VelVetine. ¡Me encanto ese, mas que JULIE’S SCORE! – añadió el moreno; Nancy Crowe resultaba un poco menos que como aparecía en la contraportada de sus libros: era una mujer delgada, pero con la figura extrañamente encorvada, el cabello pelirrojo en mechones desordenados y atado en una especie de cola de caballo tras una cara en forma de corazón que parecía inmutable. Portaba unos jeans negros gastados que no hacían juego con la blusa de Milán ni los huaraches de Tijuana, menos aun con el suéter blanco. Era como un generoso intento de ser agradable a la vista, aunque pareciera menos “la próxima Helen Fielding” y mas un vagabundo.
- Y finalmente, Zachary… bueno, Zac Efron, actor y cantante presa de Disney.-

Ignorando la risotada de Darren, Dan se quedo helado, no tanto por la expresión incrédula del aludido. No había creído que Zac Efron fuera tan real, tan vivido… tan guapo, como solía decir Diana. Su rostro conservaba un dejo infantil y dulce, sus facciones finas y preciosas, la boca era apenas una curva rojiza, los ojos verdes y risueños, el cabello brillante y rubio, el cuerpo firme y trabajado. Edra mas de lo que siempre mencionaba su novia: no era apuesto, era perfectamente hermoso, una inocente escultura, frágil y de suaves gestos, que ocupaba ese lugar ideal que el aun no conocía en el corazón de su prometida.

Se miraron largo rato, antes de tenderse las manos con explosiva cordialidad. Dan noto las manos tersas de Zac. Zac noto el fuerte y seductor aroma a Axe que despedía Dan. Nancy noto más de lo que debía…
Notas finales:
En el proximo capitulo, There's definitely no logic..., Nancy les explica de k trata la serie, y Dan, Zac y Milla deben pasar mucho tiempo aceptandolo... Asi k no os desespereis!!! Y DEJEN COMENTARIOS, POR FAVOOOOOR!!!!!
CAPITULO 2: Definitely, definitely, definitely... por GhostOfFaron
Notas del autor:
Ah, x fin, una eternidad... pero ya tengo el segundo capitulo!!! Espero k la espera valga la pena para vosotros. Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

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Después de algunos chistes malos sobre football americano, Bush, la ABC y FOX, todos se pusieron más serios. Zac, después de la bizarra broma sobre Bush y un presidente turco, intentaba contener la risa, pero Dan termino sentándose a su lado, y el moreno reía sin recato alguno. Su risa era fresca, limpia… “excesiva”, pensó rápidamente.
- Bien, muchachos, basta.- ordeno Darren finalmente – Bueno… Human Behaviour. En la suposición de que todos hemos leído el delicioso libreto de Nancy, y en la todavía más sensata suposición de que debieron olvidarlo, ella nos deleitara con su propia genialidad…- Cuando la toco en el hombro, dio un respingo, y poniéndose en pie, la mujer se aclaro la garganta…


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Nancy procuraba almacenar hasta la última palabra que emanaba de su cabeza en los numerosos cuadernos de papel cremoso que guardaba con llave en su escritorio, todos decorados con el mismo poema de Edgar Allan Poe. Por lo tanto, era perfectamente capaz de recordar letra por letra todo lo que en ellos había escrito. Como si lo tuviera en sus manos, hojeo el sexto libro, ese que había llenado antes de terminar Lorica et Sam, su obra menos exitosa. Quizás por las páginas centrales, con pulcra letra de tinta azul, había escrito las presurosas líneas que la habían sentado junto a Felicity Huffman aquel día. Cinco breves párrafos, escritos todos a desnivel, saturados de borrones y gotitas de aprehensivo sudor…

Las letras brotaron inconscientemente, tal y como surgieron las otras miles que adornaban los cuadernos. Quizás emergieron del oscuro recuerdo de los incontables amantes que habían pasado por sus brazos, quizás por sus dos sobrinos, Mark y Clara, adolescentes bullentes, dudosos y hormonales. Incluso pudieron volver desde el pasado, esos feroces y dolidos instantes de juvenil tristeza y desamparo, donde eran solo ella, una pluma, y una Guinness barata, remitiéndose inexplicablemente a los sucios y burdos documentales sobre sexualidad en la clase de Miss Heiffer, y a las silenciosas parejas que ardían en los bailes escolares… Mientras Angry Crowe se rezagaba en una esquina, intentando evaporarse de ese mundo superfluo, machista, desenfrenado y de colores pop…

La noción de la gloria la embriago inmediatamente, su ansiado “Eureka!” emergió de pronto entre el torrente de vocablos que se sucedían en su cabeza: ¿que adolescente, impúber, trastornado y confundido, no sentía lo mismo que Jon, o Lewis, o Sarah? ¿Quién no se había topado con la desmesurada erección frente a la carne limpia de su hermana? ¿Quien no se había acunado en los brazos de su padre, temeroso de una travesura a ser castigada? ¿Quién no se había regodeado de las delicias alucinógenas de las pastillas, el V8, un polvo de Ángel, como sea que les llamaran esa década, o quien no se había atormentado en el sótano de sus padres, hiriendo su cabeza con preguntas innecesarias? No era ficción, era la vida misma, esa que todos los seres humanos estaban condenados a atravesar, base, metáfora y vulgar sombra del comportamiento humano…

“¡Mierda, soy genial!” se dijo ensimismada, atragantándose con una Budweiser helada, tras lo cual solo podía recordar cebras voladoras…


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Daniel sonrió incomodo. Se había intercambiado una mirada cómplice con Johanna, al tiempo que el productor se aclaraba la garganta estruendosamente: Nancy no había cesado de hablar en 10 minutos, y su perorata no se limito solo a describir la bizarra y controvertida serie que proponía, sino que incluyo cebras, drogas, sexo inmaduro, coitos malos y a Marilyn Monroe (“perra de pechos voluminosos, auto-encarecida con su propia vanidad…”)
-Ha sido esclarecedor, Nancy, gracias. – concluyo Darren, elevando la voz. La mujer pareció salir de su trance, y velozmente, tomo asiento de nuevo.
- Así pues – siguió Darren, pomposamente. – Notaran que la serie toma base en las típicas tentaciones y remordimientos, culpas y secretos que acosan perenne a los seres humanos y sus relaciones… Así pondremos en el DVD. – remato, con una expresión de cansado triunfo en su rostro.
- El señor Radcliffe interpretaría a Lewis. – Diddy comenzó su discurso directo al grano. – Zac tomara el papel de Jon Meyer, y Milla a Sarah. Felicity nos honrara con su Lillian Thurman. Además, tendremos a Ashley Tisdale como Megg, la mejor amiga de Sarah… - A pocos, incluido un extasiado Zac, les sonó familiar el nombre de la cantante. - De momento, es todo el elenco que tenemos…- término, entre vacilante y dedicado a echar una firme indirecta a los tres recién llegados.
- Los episodios…- comenzó Matt. Fue Johanna quien contesto.
- Planeamos 24 para la primera temporada, incluido el piloto. Cada emisión de unos 48 minutos, ocuparía un lapso de filmacion de 10 días para 2 episodios. Incluida la pre-producción, ensayos y post-producción, tenemos 6 meses de trabajo. Esto, claro, si el piloto supera las expectativas. Realizarlo nos llevaría dos meses y medio, a partir de ahora… Y si aceptan…
Dan echo un vistazo a la sala, y de pronto, se sintió feliz de estar allí…


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- Ya sabes lo que siente Clive Owen, Zachary – comento burlonamente Matt, llevando a Zac por el brazo, a través del vestíbulo, donde apenas algunas personas giraron la cabeza. Dan había decidido hacer la mitad del camino hacia el hotel con Milla, quien de inmediato había conectado con el moreno. Y, tras debatir un momento, Matt decidió que tenia una especie de responsabilidad moral con aquel adolescente barítono adicto al porno, y que seria mas fácil liberarlo de las fans si lo llevaba hasta la salida… de la manera mas segura para el, claro.
- Matt…-
- Tranquilo, casi salimos.- dijo, arrastrándolo un poco. Repaso mentalmente la reunión: el equipo era mejor de lo que esperaba, y las chicas Morgan lograron mantener su atención.
- Matt…-
-Siguen aquí, pero no creo que te noten demasiado. Bien podemos usar a Daniel como chivo expiatorio…- El chico tropezó con una lata, y el hombre lo aferro por el cuello, distraído. Por lo demás, la historia no sonaba nada innovadora, por lo menos no lo suficiente para que Felicity Huffman aceptara trabajar en ella: sin embargo, conocía bien la adicción de Darren por historias acidas y punzo cortantes, que, al tiempo que se ganaban a millones de espectadores, le llenaban lo brazos de premios y algarabías… Tanto como conocía sus inclinaciones hacia los adolescentes rubios…
- Matt…-
No respondió, conociendo la pregunta que emergería del bulto de cuero negro bajo sus brazos: no quería ser el la persona que echara abajo la absurda ilusión del muchacho por estereotiparse como macho-alfa. Aun menos visualizar a Zac Efron besando a… a…
- Matt…-
O quizás lo había interpretado fría y calculadoramente, tal cual rezaban las líneas que encabezaban el libreto de tapas negras que portaba en el bolsillo… No podía postergar lo inevitable. Era casi un niño… un niño rubio…
- Matt…-
-¿Qué, maestro…?-
- ¿Nunca pensaste en salir por la puerta trasera…?


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Milla rió con más fuerza. No había sido la mar de gracioso el chiste sobre colombianos y afganos, pero la suntuosa y calida presencia de Daniel era un amable cosquilleo en su garganta. No había sido tan malo como esperaba, no era el dios de papel y glamour que le supuso Darren cuando, extasiado, le había contado su nueva adquisición… Apenas y podía concebirlo. Pocos mortales se bendecían de esa manera… mejor aun si son fanáticos obsesivos.
Había tantas cosas que quería decirle, más allá del efímero “hola” en la sala de juntas, tantas oraciones trazadas por sus venas que luchaban por salir. Pero no ese día. Aquel día era solo para observar, sentirlo… Tendría dos meses y medio para el resto.

- Hey ¿quieres que te lleve a tu hotel?- Milla trastabillo, abrumada… “Dijo TU HOTEL , NO al hotel, ¡so enferma!”. Respiro, entre aliviada y resignada, y le contesto:
- No te molestes. Me hospedo con mi hermano, al otro lado de Central Park. ¿Tu donde te quedas?-
- Como todo buen ingles, en el Plazza…- se preparo para otro torrente de risas. Pero, de pronto, se sintió impelida contra el pórtico de cristal. Unas manos aprehensivas se separaron de su espalda, les siguió el curso, como se posaban sobre una orgía de carteles, fotografías y libretas, y los dientes perfectos, de perfil griego, iluminando con generosos besos a las niñas que peleaban por ese semi-dios.

¿Era tan poca cosa, tan efímera y transparente? ¿Tan poca cosa, que no merecía las miradas de las fortuitas amantes de Dan? ¿Tan despreciada…? Sabía que aun era otra ilustre X con un golpe de suerte, que las modestas clases de drama en el colegio, ni las arrumbadas fotografías para Vogue, tardarían en arribar a su Olimpo propio…
Un guiño coqueto de Dan la expulso de su ensueño maniaco-frenético-alucinógeno. ¡Era Daniel Radcliffe!
Daniel Radcliffe. A solas. Hotel. Café. Cerca de mediodía… Era Daniel Radcliffe. Le perdonaba todo…


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Las palabras le caían incomodas, como un insoportable sermón dominical... Dan se sentía sucio, absurdo, egoísta y glamoroso, impropio del chico guapo que despertaba por las mañanas en su mansión londinense. Ahora, por fin podía entender el significado de “no ser uno mismo”… ¿Qué había hecho? ¿Dónde había quedado su viril gallardía? Peor aun… ¿Qué le asustaba? Milla era virtualmente desconocida, otra ilustre X con un golpe de suerte. Encantadora, desde luego, pero otra anónima que pasaría como el viento en el mundo. Así, ¿Qué valía que algunos le vieran con ella?

- Ja, eres un EMO…-
- ¿Qué?-
- LEWIS.16 años. ESCOCIA. PUNK-ROCK-INDIE POPERO. (Digamos….EMO)… Así, textual.- la chica leyó con soltura, cómoda en el suelo, el libreto en las rodillas, y un frappe en las manos. Dan pensó en beberán poco de su capuchino, pero temía que le supiera a azufre…


“Diana” susurro la que suponía era la voz de su conciencia, que a veces sonaba como Oprah Winfrey y otras como Alfonso Puaron (“¡A huevo, cabrones!” decía, aunque nadie supo a bien que significaba) “No quieres que se encele, sea esta chica, Emma, o…” Claro, así no parecía algo extraño. Acostumbraba hacer lo mismo con sus amigas (…y amigos) durante su relación… Pero Emma fue a los trece, y como niños que eran, estaban a la orden del día cosas entupidas y despliegues de inmadurez como esconder tras los sillones a su prima…

“Diana no es celosa” seguía. “Acepta todos los chismes absurdos sobre ti” Eso era cierto. Si hubo un ser humano en el mundo que no pego un grito en el cielo cuando aparecieron las imágenes de EQUUS, fue Diana Hawkins. Tal vez porque veía lo que ya conocía como la palma de su mano…
Animado por ese fugaz pensamiento, dirigió su atención al café y a Milla que, ajena al huracán que demolía la cabeza del muchacho, seguía recitando, a la vez que descifraba los apretujados garabatos de Nancy:

Incendio c. ABANDONADA en Surrey, mato a un bombero. BOMBERO HIJO DE ALCALDE. POPULAR, BASKET…

¿Quemar una casa? Y Darren decía que era un personaje vivido, generoso… Otra de tantas cosas entupidas que Dan no podía hacer. “Metiste a tu prima bajo una mesa…” Eso no era estupido. Amar a alguien… a algo, no era estupido, no para un emotivo y suspirante como el. Pero en consecuencia, el Amor podía llevar a cosas locas… A estupideces inmorales… Asegurarse de ser fiel a sus principios.

“Aunque no sepas en realidad que sientes, eso es estupido.” Tan estupido como la voz de su conciencia… “Te quieres probar que tan leal eres, noble, dulce. Todos caemos alguna vez…”

-… Y como si fuera poco, tu mama te abandona por el padre de tu mejor amigo… Kinky, ¿no? – adoraba a Milla, su inmutable discurso, el gorjeo de su voz al acariciarse con la espuma del frappe, su tierno desden hacia las tribulaciones de su nuevo amigo… La soledad, la infidelidad. Eran palabras negras, no le agradaba pensar en ello. No podía truncar su felicidad antes de obsequiarla… En unos meses, seria el feliz esposo de Diana. ¡Le había propuesto matrimonio! Era fiel, seguro de si mismo, no una persona que huyera de tal responsabilidad, de su palabra.
“No escribes tu vida con un trozo de metal.” “¿Con sangre, entonces? Cállate” ¿Qué sabia su conciencia de lo bueno y lo malo? Detestaba a esas personas ambiguas, irreverentes, que usaban la moral para sus propios fines, truculenta… ¡Como ese barítono con cara de cachorro! (“¿Por que usas a Zac, justamente…?”) Todo el tiempo que pudo tirarse a Vanesa, le importo poco que se desnudara para cantantes lerdos, o que fungiera como una versión rocambolesca de Papa Noel. Después, cuando su vida estuvo en el quite, la dejo para acurrucarse en cuantos brazos se abrieran como victima fatídica de una Lolita exhibicionista. “¿Tu quien eres para juzgarlo?” Una persona mas sensata que Zac, desde luego. Una persona que estaba al alcance de Diana, física y palpable, no la hipotética imagen en una revista del corazón, o la voz lírica en una película mala… “Ah, pero el si que esta a tu alcance…”

Milla termino, arqueando las cejas y jugueteando con las esquinas del libreto. Dan no se imagino que un minuto fuese suficiente para helar su capuchino, tanto como se helaban ahora sus entrañas; Entonces, tendría que interpretar a un rebelde reprimido, inspirador y prototipo de hooligan en recuperación. Decididamente, necesitaba estar lucido. Al día siguiente, debía asegurarse de que Diana siguiera allí.


**********************


- ¿No suena desagradable que salga con mi hermana?-
- Salir, no, pero besarla, quizás. Y tal parece que no lo es para Darren.- Zac se mordió el labio superior. Ese palpitar punzante al que se había habituado desde unos meses atrás apareció de nuevo en su pecho: Mentalmente, lo sacudió con energía: Si quería huir de Troy, Vanessa y Walt, había riesgos que tomar. Pero, inevitablemente, como una perpetua cinta radiofónica, podía escuchar la voz de su abuela, acunándolo entre sus macilentos brazos, y diciendo “Es malo querer mucho, mucho mas a tu familia.” Frases así, elementales y modestas, funcionaban como moralejas perdurables en el pequeño David Alexander (como insistía en llamarlo la anciana), y años después encontró que era la manera mas elegante de llamar al incesto. Y eso incluía a los hermanos.

Rió, pensando en su abuela frente al televisor, con los ojos y la boca desmesurados, viendo a David, SU David, tocando a su “hermana” y peor, como la cereza del pastel…

- ¿Y tengo que abrazar a “Dylan”?-
- Desde luego. – Matt tomo un tono más profesional, aunque con la vista fija en el volante, pues la avenida estaba mortalmente atestada. – Esto no es como la cabaña de Mickey. No puedes dispararle a un pecho, tienes que besarlo. Si realmente es lo que quieres…-
-¡Claro que lo quiero! Hay riesgos, ya se. Pero siendo honesto, quisiera un personaje que no sea típico galán de bachillerato. No puedo tener 16 años por siempre. ¡Quiero matar a Troy Bolton!- confeso con tristeza.
- Sabias palabras, pero supéralo. De ti depende que Jonathan no se convierta en tu nueva envoltura.- “Ni lo será” pensó el manager, nervioso, ansioso por el momento en que Zac preguntara… eso.

-¿Como se lo arreglara Daniel si aceptan la serie?- ¿Eso de donde había salido? ¿Acaso le agradaba la idea de tener más cerca de esa lámina infantil viviente? ¿Quería asegurarse de que esa sensación de macabra adrenalina le cortara el cuerpo muchos meses más? Porque no había sentido otra cosa sino miedo. “Claro que si” se confirmo “Además, no quiero compartir cámara con el” Seria como tapar el Sol con un dedo… “Es un morenito megalómano, idiota, orgulloso, y nudista.” ¿Así que le desagradaba…?
-Bueno.- la respuesta del hombre lo tomo por sorpresa, absorto como estaba en maldecir. –Darren me ha dicho que hablara con Herman, para llegar a un acuerdo y retrasar la producción de la serie, o del film. Lo mas probable es que ajusten los horarios, y se aplicaría a todos: a Felicity, Milla, Ashley, tu…- “Jodido Houdini de cuarta…” – Eso, claro, si funciona el piloto.
- ¡Va a funcionar!- replico enérgicamente.- Eh, no me gusta el chocolate.- solo por decir algo distinto a Daniel Radcliffe, repaso el libreto por primera vez.
- Será incomodo para todos. Dan probablemente no lo pase en grande con la idea de interpretar a un vándalo. Suena mundano.-
- ¿Así que el maguito teme a su papel? – pregunto.
- Tal vez. No le gustan personajes tan negativos o estereotípicos. Rechazo Hi…- Matt se atropello velozmente, feliz de no pronunciar lo que temblaba en su boca.- Hellraiser III por eso.- “No preguntes, por favor…”

El dandy no se sentía feliz de volverse hooligan, y probablemente, ahora mismo descargaba su pena en pañuelos de seda, para al día siguiente transformarse en esa fantasmagórica presencia que se frenaba a tomar el te… No le gustaba la idea de usar a Daniel para tragarse su propia vanidad. Pero no escucho reproche alguno de su abuela. Seria mejor comprobarse que valía como actor, y aun mejor opacando al por-todos-amado-Harry. Entonces, podría verlo a la cara sin temblar… “¿Verdad, abuela?”
Notas finales:
Ah, me gusta mucho como kedo!!! Bueno, para el proximo capitulo, There's definitely no logic… , ahora si empiezan los ensayos, Nancy se vuelve loca, y llega el kerido Sam...

DEJEN COMENTARIOS!!! Y esperen mas de LAZOS DE SANGRE!!!!
CAPITULO 3: There's definitely no logic… por GhostOfFaron
Notas del autor:
He estado muy ocupado xon otros trabajos k tengo pendientes, pero ya me he puesto en marcha para continuar con Human Behaviour y Lazos de Sangre, y mañana pondre algo k hice sobre los gemelos Weasley, je...

Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

DEJEN COMENTARIOS!!!

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El telefono repiqueteo varias veces, interrumpiendo la sordida marcha nupcia que reverberaba (entre goblins y demas quimeras) en la cabeza de Dan.
Abrio los ojos, y distinguio los borrosos caracteres luminosos del despertador: eran las 4.21 AM. Aun faltaban 3 horas y 9 minutos para el ensayo, pero no creo que Darren llamase para cancelar, mucho menos si tenia a una novelista woodyallenesca quemandole las sienes.
Se restrego los ojos, se sacudio la pereza, y aun irritado, contesto:
—¿Diga…?
—¡Daniel!— la voz afable de Matt lo saco del letargo por completo. “¿Qué te crees, Matt?” —¿Qué cuentas?—
“En serio, ¿Qué te crees?”

—Ah, como todo geek desempleado, veo infomerciales. Nada especial… En serio, ¿Qué te crees?—
—Necesito un favor. —
—Evidentemente…— Al notar que Dan estaba hostil (como se lo esperaba) decidio no escalar las ramas. —Necesito que me prestes tu motoneta. —
—Claro. Espera, ¿para que?
—Una chica, ¿eso te basta?
—¿Vas a impresionarla con una Itallica? Muestrale tu colección de corcholatas, llegaras a tercera base en un instante...—
—Impresionas a Diana con Expelliarmus, creo que se bien lo que hago.— se defendio.
—¿No te parece muy estupido llamarme en plena madrugada para hablar de chicas?
—Hablamos de tu motoneta…— Una Itallika con forros de cuero en borgoña, multiplayer, recarga electrica, encerado y pulida…
—Es como hablar de… de…— no reprimio un bostezo —…es lo mismo, Matt…—
—La necesito. ¿Cuándo te he fallado…?
—Callate. — En realidad, Dan no estaba en condiciones de oponerse. Eso tomaria tiempo, y no quería emplearlo en su manager, sino en su almohada… —Ven por ella cuando quieras…—
—¿Puedes traerla tu?— siguió, con timidez.
—¡Hijo de…! ¿Sabes a que hora quiere… quiere Nancy que…?— bostezo otra vez.
—Ave Maria Purisima. —
—Callate… Bah, ¿Dónde te veo?—
—Ese bar en el Bronx donde nos vimos con Darren… Jerry’s, algo asi… ¿Te parece a las 6?
—¡Pudrete…! Ah, esta bien, pero cuelga ya…—
—Otra cosa…—
—Cuelgo yo.—

Azoto el auricular contra la mesita de noche, y se echo de nuevo sobre las sabanas. Claro que no era condescendencia, simplemente quería deshacerse de Matt cuanto antes, tanto que no le importo la cierta posibilidad de un juego de poker o una carrera de arrancones donde su Diabbolo fuese la única victima. Lo único que deseaba era tener en un rato las horas de reflexión que los implusos sexuales de su manager le habían arrebatado.

Habia sido una semana terrible, ya no por la junta, o por las dos tensas horas que paso con Milla, o las episódicas entrevistas sobre December Boys en que Matt le insistió una particular atención. Menos le había incomodado la veloz conferencia con sus padres: silenciosos, amables, ansiosos por el veredicto que teóricamente, ya sabían por Matt. El muchacho anuncio dos meses mas en America para filmar Human Behaviour. Por primera vez, le pareció ridícula esa conversación, esa que había repetido varias veces por muchos años. Ahora le sonaba inmaduro e impropio pedir permiso para pasar un tiempo fuera de casa… ¡A punto de casarse, y pedia permiso para quedarse en New York a filmar un sándwich pop! ¿Qué seguía? ¿Llamar a mama por un cuento del Dr. Seuss en su luna de miel?

Pero los Radcliffe tomaron la noticia con toda candidez: no era nuevo para ellos los planes obsesivos de Dan, pero si prácticamente desligarse de ellos. Y aunque nadie totalmente racional dejaría a un post—adolescente en el extranjero con 50 millones de dólares, Alan y Marcia habían firmado la autorización meses antes, para que su querubín dispusiera de su fortuna, como solia recordar Matt entre suspiros.

El momento fue liberador e incomodo: era la primera vez desde que cumplió 18 años en que se sentía independiente, desencadenado de los brazos familiares y la hora del te, libre de fumar, beber y parrandear sin remordimientos. Pero creyo que ese momento llegaria en una tarde venturosa en la sala de su hogar, y no a través de un plasma y un modem.
Sentia que todo lo que sacrificaba por el, y por su amada Diana valia la pena, las cenas, desayunos risueños y videos caseros que arrumbaba en un closet por convertirse en un adulto.
Pero el persistente recuerdo de Milla, la vergüenza y las fans lo acechaban, punzantes, y no pudo detener un carraspeo cuando Alan Radcliffe deposito su entera confianza en su único primogenito. Le habían educado para ser decente como un Lord, con como un yuupie de moral dudosa.
Pero allí estaba, con ridículo orgullo frente a sus padres, tras maltratar y echar por los suelos a una fan. Una amiga. Una mujer…

Y David, claro. No se decidia por cual de los dos debió estar mas molesto: Heyman, por un lado, estaba acostumbrado a planes y retardos de ulotimo minuto, a desdichas que igual traian demandas que actores muertos o ebrios, y tras una perorata sobre los compromisos que tenia con Harry, sobre la ilusión de sus hijos, lo mal que quedaría en la fiesta de Año Nuevo con Joanne, y algún cheque por firmar, guardo silencio: Darren había prometido arreglarlo por su cuenta, y asi lo hizo.

David Yates, su director, por el contrario, lo rebano con la mirada, a tal que la suave pero segura voz de Dan se diluyo hasta un murmullo para si mismo. No bien termino, el calvo hombre estallo en exclamaciones sin sentido, o que lo tenían pero no importaban a nadie, sobre el fracaso, Hogwarts, la inmortalidad, y los pubertos de su época. Según expreso, parecía una traición a su trabajo, el de todo del crew, y solo demostraba ser otro actorcillo de cuarta que piensa verse guapo en pantalla a la espera de una lluvia de Oscares. Que había albergado esperanzas de hacer aquel una leyenda, y que Dan no seria participe de su gloria, y que, para el, ya no valia en The Half-Blood Prince.
Y todo hubiera marchado medianamente bien, si Dan no protestara con una frase tan absurda como “Tengo un contrato, ¿verdad, Dave?”

Harry había sido mucho para e. Significo la mejor escuela que cualquier niño hubiese deseado. Sus mejores amigos llegaron gracias a Harry. Sus anhelos y expectativas llegaron colgados de una túnica negra, su estrella sobre una varita inanimada. Su primer cigarro lo tomo en el Gran Comedor, sus mejores bromas las dedico al staff y a Robbie Coltrane. Su primera novia apareció mientras dormía, y su primer beso en el aula de Pociones.
Asi había forjado su existencia, lo que dejo de ser y pronto seria, peleando con basiliscos y hombres lobos. Habia convertido en un mito viviente un libro, el mundo había volteado a la mentada cicatriz cuando estampo su rostro en una revista… ¿Quién era el para quitárselo?

De eso solo habían pasado unas horas, desde las que se había sentido infimo y desdichado… Milla había llamado, como habían acordado para ensayar otra vez el libreto, y sus risueñas palabras le hundieron todavía mas. Matt llamo, solo unos minutos pñara hablar de mujeres y motonetas, y fue todavía peor.

Y asi se sentiría hasta plantarse frente a una cámara. No tenia mayor placer que dejar la piel y el corazón de Daniel Jacob Radcliffe, disfrazarse con retazos de su intimísimo interior. Podia perder algunas veces, morir dos, tres veces, pero ganaría a Lewis.
Si valia la pena, Matt podía quedarse con la motoneta.


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—No se conducir. —
—Es una motoneta, Zachary, y no hay problema. — “No para ti”. ¿Por qué debía portarse como su padre? Bien sabía que su padre no era asi. “Tu papa no te sacaría a hurtadillas de un set, o estafaría a una superestrella, o gritaría a una cajera de Starbucks…” No. David Efron era bastante sensato. Tanto que no lo forzaría a conducir por las afueras de la ciudad en madrugada.

A Matt le importaba mucho… “Eres Zac Efron, te adoran…” “Callate, Vanessa.” En realidad, seguía la corriente para quitárselo de encima, esperando que por fin hgiciera el trabajo para el que le pagaban. Hasta ese momento, no había notado siquiera que tenia a sus pies al manager de Daniel Radcliffe.

“Pero el sufre. Eso es bueno”…
— No se conducir…— “Eso es malo.”


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La calle estaba casi desierta, a excepcion de dos vagabundos queno tenian la pinta de los mendigos bonachones de Hollywood. Habia basura amontonándose en un rincón y, sobre los enormes y pardsos ventanales de un cafe moderno, un letrero de neon parpadeante ponía Jerry’s. Helaba tanto que su aliento ebullia blanco como el hielo. Aunque la gente que cruzaba por la acera sumida en si misma apenas lo notaba, se sentía acechado. Dan maldijo el momento en que decidió lucir bien para el ensayo. Los jeans Levi’s nuevecitos eran delgados como papel, la playera de mangas cortas le quemaba los brazos descubiertos, y el saco de pana gris no ayudaba en resguardarle de la ventisca. Su única fuente de calor procedía de las luces neutras de Jerry’s, y el humo vaporoso que emergia del escape de su motoneta. Era un estúpido desperdicio de gasolina, pero ahora solo le importaba no morir congelado.

Se preguntaba que había pasado por su cabeza al decidir darle su Diabollo a Matt. Mejor, quería saber que lo llevo a tal condescendencia y aun rincón sepulcral del Bronx a cumplir las fantasias de un cuarenton solitario.

“Tengo modales. Soy fiel a mi palabra” se reconfortaba, pensando co orgullo tanto en amigo como en desgraciado.
“Eres estúpido, y es muy distinto.” Vaya que lo era. Justamente, pensó en como llegaría hasta la casa de Nancy. “Pide un aventón. Te luciras en primera plana de The Sun: Daniel Radcliffe, muerto de hambre en NY…” “¡Callate!”

Ocupado estaba en callar a su conciencia, cuando un Volvo rojo se detuvo a su lado. Y de las muchas cosas que pudieron ocurrírsele, eligio a un fan aventurado sobre un homicida o un depravado. Cansinamente, adopto la actitud fresca e indiferente que sabia complacía a las masas, mientras el frio le mordía cada trozo de piel descubierta.
Matt bajo del auto, sonriendo con algo de sorna, con la voz redomada que le hablo por teléfono. Aunque sus dientes castañeaban un poco, iba envuelto en un grueso abrigo afelpado y varias bufandas, y la indumentaria no hizo mas que aumentar su incredulidad.

—¿La has traido, eh? ¡Excelente!
—Trajiste tu auto.
—Si… ¿Lindo, no?
—Y yo…—
—Trajiste tu motoneta.
—No soy idiota. — “¿Claro que no, amigo!” Todavia convencido de los propósitos de su manager, pregunto: —¿No impresionaras mas aun a una patética perdedora con tu jodido Volvo? En consecuencia, no me congelaría el culo afuera de Jerry’s, esperando a que Jerry se digne a darme abrigo…—
—¿Por qué no entraste por tu cuenta? — se giro bruscamente, y Matt expandió su nerviosa risita.
Zac bajo del coche, viéndose cansado pero animado, y, sin prestarle atención, se enfilo a su motoneta. “Ya puedes gritar.”
—Ah, estas aquí… ¡Aloha!— estrecho con vehemencia la mano de Dan, blanca con leche, y siguió examinando el vehiculo.
—Matt, dime queno desperté a las 4.51 para traer mi motoneta a… Mi motoneta, repito, para el. —
—Vayas, olvide ese detallito. — “¡Metelo por donde te quepa!” —Pero no considere que tuvieras inconveniente…—
—Ah, pero lo tengo… ¡Tu, no te emociones!— ordeno, notando que el rubio ya ponía un pie en el acelerador. —¿Qué diablos haces?—
—No puede ser visto por nadie. — replico Matt —Ya tiene suficiente con lo de Vanessa para…—
—Ay, pobrecito. Sufre y sufre por que todo el mundo vio a su Lolita ofreciéndose a Santa Claus. — Ni procuro bajar la voz, por primera vez en mucho tiempo se permitió ser grosero. Zac se detuvo en seco, pero al instante recapacito, aunque mas apagado.
—Por favor, no sabes lo que es eso. —
—Si que lo sabe, el se ofreció a un caballo. — Matt, con discresion, dio un paso mas adelante, para evitar cualquier contacto entre los chicos, como esperando una feroz lucha romanesca.
“Pobre idiota, ¿cree que eso me hiere?” “Tanto que lo considero…” “¡Callate, Alfonso!”

—Yo no regreso al auto.— dijo Zac, cruzando los brazos, sentado firmemente en la motoneta.
—¡Y tu no tocas mi moto!—

—Danny, lo discutimos en el auto ¿eh?... ¡Largate tu!— Empujo al muchacho al interior del automóvil. Era mucho mas confortable que el cruel exterior, pero no lo supo, pues su piel se sentía palpitar tibiamente, a la par del motor de su Diabollo. En un segundo, Zac desapareció entre la mar de autos volcados a la avenida.


**********************


Zac agradecio las ridiculas tardes de paseo con Dylan, que mas bien eran ratos de lucimiento para la Harkey de su padre. Llevaba una postura incomoda, pues Dan era mas alto que el, aunque le llevara dos años de edad, y el casco apestaba a colonia Adidas, pero, por fin, se sentía libre y desprovisto de glamour y besos inesperados.
Por fortuna, Matt había tenido razón, y la ruta 39 en New Jersey estaba casi vacía, tanto que un yuppie ojiazul montado en una Italika roja, sucias y fangosa era espectacular.

Mientras la silueta de Manhattan se agrandaba mas a cada metro que avanzaba, y el cielo se coloreaba de un naranja acido, se perdió en sus cavilaciones como no había logrado en los últimos días.

El regreso a California fue molesto, a bordo de la camioneta de Matt (que bien tuvo en cubrir con vidrios polarizados), sofocándose con el denso calor, los desayunos a base de papas fritas y Sprite, y la total ausencia de un baño en kilómetros (Matt le sugirió no usar las gasolineras, pero probablemente habría estallado de no detenerse en Colorado).
De manera que al entrar a su casa, no tuvo la delicadeza de notar a su populosa familia, lista para celebrarle en la sala, ni la estupefacción de tios, primos, abuelos y chaperones, pareciendo mas un vago que el gran, gran Zac Efron…
—Comunmente, ahora gritan “¡Sorpresa!”— dijo, aburrido, y subió a su habitación, sin que nadie hiciera caso a sus palabras.

Se echo en su cama, sin mas, estresado. Revchazo el pastel de su madre, las bromas del tio Freddie, el dinero deDylan, incluso las llamadas afectuosas de la abuela… ¡¿Por que carajo insistían en celbrar cadas papel, cada canción en top ten, cada breve alabanza como a un Grammy?! Cuando en realidad, todo quedaba en unas horas de jocosa alegría y alcohol, apretones de manos y remembranzas de su carrera aderezadas con fotografías y álbumes familiares.

“Escuchate hablar. Te pudres de vergüenza.” Pero si no se avergonzaba de su propia familia… Terminaria lamentadose de el mismo, seguramente, de su rimbombante descenso al fracaso.
“Pero otros no deben culparse de que ti primera novia resulte una puta…” “Mi primera novia es una puta.”
Cierto, el resto del mundo no tenia que compartir sus penas. Tenia suficiente con compartir las de Dylan y aquellos fans que lo confundían con Dr. Pill. El no era todo el mundo. Solo Zac Efron.

Al dia siguiente, anuncio de nueva cuenta su papel en Human Behaviour, omitiendo esos detalles que eran innecesarios. Como todo aquello que el y Dylan hacian y tocaban, sus padres asintieron con aprobación. Comunmente, no habrian sido blandos, pero llegaron al acuerdo de que, tras Vanessa debía quedar mas, Zac sabia lo que era, y cualquier cosa era mejor que un adolescente deprimido…
Y aunque lo hubieran intentado, era mayor de edad, asi que impedirlo pudo haber sido solo cantaletas que dejaron de surtir efecto a los 14 años.

El resto de su estancia con su familia lo dividió entre las ocasionales llamadas de Nancy que le ocupaban tardes completas, vagar por el pueblo en las calles mas clandestinas, tocar su piano con tal pasión y tristeza que podría sangrarse las manos, y claro, Dylan.

No podía evitarlo, su hermano era como un mal necesario. No era agradable echarse a su lado en el césped, como dos muchachos hijos de vecino, y de pronto escucharle parlotear sobre los beneficios para su carrera de tener a Daniel Radcliffe como compañero. Bastante tenia con recordar que, al volver a Manhattan, tendría otra vez a Matt pisándole los talones, a esa tal Milla comiéndose con los ojos al ojiverde, y probablemente a Darren y Nancy cubriendo de honores al semental ingles… Mientras el, Zac, debía conformarse con el segundo plano, con el asiento trasero y las sobras de la comida, como si la pesadilla de las mentadas fotografías de su ex se convirtieran en el estigma que debería cargar.

Asi pues, estaba dispuesto a soportar la palabrería de Dylan si el era capaz, como nadie podía serlo, de escucharlo. No era un gran apoyo, porque lo que podía interpretar como sabios consejos eran bromas causticas y risotadas, pero por lo menos podía liberar algo de las infinitas tribulaciones que lo trituraban.

Despues de cuatro días, decidió que no podía aguardar a que Matt y su maniaca sonrisa, o Nancy y sus discursos ininteligibles aparecieran en el umbral de la casa, asi que, solo, sin despedirse, se enfilo en un taxi a San Francisco. De San Francisco, hacia Gunnison, de Gunnison, hacia New Hampshire, y finalmente hacia Manhattan: recorrer la mitad del país en cambio de un trayecto que le llevaría 3 horas en avión era estúpido, pero no para alguien que trataba por todos los medios de esconder el rostro cual avestruz… Aunque fuera sobre la Diabollo de un odioso cretino…

“Un odioso cretino que sabe ser feliz” ¿Y quien lo aseugaraba? Dan no se veía mas estimulado, quizás porque ambos sabían fingir demasiado bien “Eso se llama actuar.” ¿Y que era eso si no mentir? ¿Realmente hubiese sido capaz de sentir pasión carnal por su propio hermano? ¿Alguien era capaz de sentirlo? Sonaba enfermo… “No todas las emociones humanas puedes manifestarlas, creeme.” “¿Y tu que sabes?” “Mas de lo que creo.” Sabia tanto de sentimientos como para detestar a Jonathan… “Yo no dije eso.” “Si que lo dijiste.” ¿Y si lo hacia que? Troy le había parecido un alucine, amaba el basket, el teatro, los animales y sabia apreciar a las personas: era el mismo con nombre de superhéroe. Eso hasta que los tabloides se voltearon a reírse de su patética privacidad… Entonces, en cierto sentido… “Madure. No falto mucho para que notara que Troy no era mas que un muñeco colegial cualquiera…” “¿Por qué crees que lo amabas tanto?”
¡El no era un muñeco colegial cualquiera! ¡Era sensible, tenia sentimientos! Podia apreciar a la gente, como Troy, pero no pisotearla su beneficio y seguir sonriendo… “Aprecio a mis papas, a mis amigos, a… a Dylan…” “Y desprecias a Daniel. ¿Hilarante, no?” “¡Jodete ya!”
Grito brevemente, antes de virar, esquivando al enorme tráiler de Starbucks que tenia de frente: sin percatarse, lentamente se había desplazado al carril contrario, ensimismado. Jadeando salvajemente, agito el rostro para sacudirse el sudor en sus sienes.
Decidio poner mas atención desde ese instante... en todas las cosas.


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La Vida se forma no de pequeños detalles, o momentos que parecen eternos, sino hechos monumentales que pueden marcar un antes y después… Como la resaca que azotaba a Jared Padalecki esa mañana.

Por razones de logística, había terminado el festin de alcohol y drogas blandas en el baño, asi que no le extraño despertar desaliñado, sucio, el cuerpo amoratado, sobre el húmedo suelo de baldosas en la regadera.
Su vista no era borrosa, sino coloreada de matices violáceos. Al intentar erguirse, se golpeo no una, sino tres veces con el grifo. Guiandose por el rastro de frituras en el suelo, consiguió salir del baño, y tropezó no una, sino tres veces con una botella de Vodka a medias. Casi arrastrándose, con la cabeza y las puntas de los pies ardiéndole cruelmente, llego a su alcoba, y se topo con la única persona que quería o podía ver: Jensen.
En otras circunstancias, se habría regodeado con la vista de su ex amante desprovisto de ropa y decencia, húmedo de placer. Pero estaba ebrio, y le importaba solo deslizarse hasta su cama.
—Te ves muy mal. —
—Me he visto peor. — musito, besándolo con torpeza. Escucho el ensordecedor ruido de un vaso contra una mesa, agua derramándose en su interior, y un gorgoteante ruido de burbujas efervesciendo. Jensen le ofreció el antiacidio, y lo bebió todo de un trago. Tardaria un rato en vomitar, pero ya empezaba a recuperar la vista y el olfato.
—¿Qué tal anoche?—
—Genial. Asi deben ser las despedidas, no abrazos y adornos florales. — Jensen andaba a paso veloz, buscando sus bóxers o sus jeans, y encontrando solo su corbata.
—Quedate un rato mas asi. — pidió, con una risita.
—Tuvieron toda la noche para ver lo que no debían ver…
—¿En serio…?
—Tus primos se fueron hace una hora. Se llevaron algo de coñac, y prometieron llamar. Bueno, a mi… Por cierto, le envie tu mensaje a Nancy Crowe. —
—¿Cuál… quien?
—Crowe, alcoholica, pelirroja, como Bridget Jones yankee…
—¿Cuál… Eh?
—Hoy empieza a filmar su serie, Human Nature, asi o algo parecido. Y tu querías desearle suerte.
—Yo... ¿Para que?
—Para comprobarle a ella y a ti que no sufres por su causa, que tienes dignidad y no olvidas su carrera meteorica.
—Ah… ¿Y yo hice eso?
—Eh, Si y no, lo hiciste tu, pero yo me encargue de que fuera. —
Los mecanismos en su cabeza volvieron a su sitio, con la imagen brumosa den la ultima mujer que tuvo (y tendría) en su vida.
—Ah, claro. Gracias, pues. —
—No lo agradezcas aun, tienes que verte con ella a las 7 en punto en el SoHo. —
—Yo no hice eso.
—No, lo hice yo. Debes demostrarte orgulloso.
—Tengo orgullo. — Jensen lo ojeo, risueño, desde los cabellos revueltos, hasta los pies untados en lápiz labial.
– Ah… claro. Bien, mi ropa y tus primos se fueron, asi que tomare una ducha antes de irme, y tendras que prestarme ropa… Y podríamos jugar a TutsiPop antes de eso. —
—Toma tu ducha. — respondió, y al pasar, le dio una suave nalgada.


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FECHA: JULIO 20. Caluroso. Sin novedad =)

Párece un dia especial para un momento especial. Hoy empiezo con HB. Hoy me convierto en Sarah Christie.
Es muy temprano aun, y mama me lleva a casa de Nancy, M¡ directora. Queda a solo 20 minutos de casa, le gusta no desperdiciar nuestro tiempo, dice. Y no hay trafico, que es mucho mejor .

Mama esta feliz, Duncan también, aunque le decepciona que no trabaje con Tea Leoni, y no se que signifique eso, pero ambos rien como tontos al decirlo. Mama se lo ha tomado muy bien: en cierto modo es un triunfo para las dos. Seguramente, siente como yo que las horas de casting, los desvelos y las peleas por el televisor han valido la pena. Intento llamar a papa, pero volvi a desconectar los teléfonos, y ella solo rio. Como hace siempre, sin el minimo esfuerzo en llamarlo. Ojala no lo telefoneara porque asi lo dicte el juez, pero a ninguna parece importanos.

Se que hoy no haremos gran cosa: Aunque no he estado en muchos, los primeros ensayos son mero relleno, platica y socialización. Aun asi, ya tengo pegado todo el libreto a la cabeza, línea por línea. Recorde lo que decía la maestra Dengler, y me aprendi lo de otros personajes.
Nancy parece muy entusiasmada. Le costo trabajo a Duncan convencerla de que dejara de llamarme a toda hora, incluso sacarme de la escuela para darme notas (lo hizo el martes, diciendole a la directora que mama murió aplastada por un aire acondicionado). Al principio fue graciosísimo, pero ahora me preocupa realmente defraudarla.
Duncan dice que aisle mi complejo de fracaso, antes de que eche a la mierda nuestros avances en la terapia, pero no se aun como comportarme con un director, no uno (una) como Dios manda. Me agrado mucho, aunque tiene un horrible gusto para vestir, pero es de esas personas que, sin decirlo, te exigen respeto y confianza absolutas.

Con los demás no he hablado mucho: a Zac solo lo vi ese dia (¡¡¡y tengo un autógrafo!!!), fue amable, tanto como los demás. Nunca crei que fuese a conocer a Felicity, aunque es menos genial de lo que esperaba. El único que realmente ya me cae bien es Daniel: es todo un caballero, y es tan creativo, honesto y espontaneo que se quito el caballo y los pañuelos bordados. Es maravilloso quitar esa imagen que me daba de un jiño mimado que hace magia frente a una cámara. Es tan real y corriente como cualquier chico: siempre me gusto, pero ahora no es solo un sueño platónico. Nunca me cruzo que el, EL, se convirtiera en mi amigo, y eso lo se porque me llama al móvil incluso, y no yo a el.

Me confeso que solo ha leído dos libros de Nancy, y que lo hace sentir nervioso lo que pueda pensar. Yo no he leído ni uno, como mas una critica del New York Times (muy buena, por cierto), pero no me hace sentir una desgraciada . Aun asu, hoy compre “VelVetine”, para tener algo que hablar con M¡ directora.



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¿En serio esperaba que Nancy Crowe viviera al estilo Michael Jackson? ¿Tigres de bengala, ferrocarriles gogantes, Miros y Van Goghs, niñas disfrazándose como hadas y conejos blancos?

“Vaya que no es Neverland” se repitió Darren, paseando en el recibidor del dúplex. En el portal, lo habían recibido varias pilas de diarios sin abrir, machacados por la lluvia y el polvo. En las alfombras retozaban manchas de distintos tipos y colores, y los ceniceros desbordaban colillas y basura. Entre el amueblado austero y dispare (porque las sillas Wassily en verde neon no lucian al lado de un tótem) y las excentricidades dignas de un museo (souvenirs de Asia, viejos Lps por las paredes, cajitas musicales de siniestra apariencia) se diseminaban trozos de papel, servilletas, y libretas enteras de todo tipo, tapizados con la letra presurosa de Nancy, que ocupaba también tres cuartos de la cocina con poemas, recordatorios y blasfemias (Vive mi vida, mientras acaricio la tuya… Llamar a Stephen… KILL BUSH!!!). A eso, le añadia un peculiar aroma a salami, torpemente combinado con aromatizante floral. Lo dicho: Nancy le parecía mas una universitaria frat—boy que la escritora del año (según el Washington Post).

La siguió con los ojos, mientras ella iba de un lado a otro, intentando dignificar su casa, acomodando retratos, cojines, restregando las manchas mas obvias, y escondiendo montoncitos de polvo bajo los tapetes.
—Ah, ya llegaste. — exclamo al notar su presencia, y resaignada, echo el paño humeante y el plumero a un rincón. —Ni hablar.—
—¿Cómo te sientes? ¿Lista para empezar?
—Me veo como The Rose...—
—Ah… Te ves bien. — “Quitate las ramas del cabello, por favor…” —¿Nerviosa?—
—¿Por qué crees que te quiero aquí?— Le ofreció un vaso con limonada, que cortésmente el rechazo.
—¿No quieres que te ayude a recoger un poco?—
—Ay, Darren , eres grande. — le dio unas palmaditas en el hombro, antes de regresar a la cocina. —Estos días han sido horribles. Mi madre no deja de joder, Dios y la contestadora saben para que. Y Diddy… ¿En sero tiene que presentarme todos los retratos de aspuirantes?—
—Eh, pues si.— contesto, vaciando los floreros con girasoles secos al suelo.
—Ah, he aprendido algo nuevo. Oh claro, me llamo Jared. — comento felizmente.
—Bien, ¿Qué dice?—
—Me deseo suerte, enhorabuena, carita sonriente y eso. Voy a verlo a las 6 en el SoHo. — se detuvo en seco, con una mano en la cintura y otra en un cajón a medio vaciar. —¿Sigue en pie tu propuesta? ¿O le pido que siga participando?—
—¡Oh, no! Díselo, estoy dispuesto para nuevas propuestas. — Aunque le costaba trabajo entender porque cortar de tajo una modesta pero exitosa carrera como actor para intentar como director…
—Se debió cansar de las brujas y los fantasmas. — comento Nancy, sarcástica, respondiendo en cierto modo a las dudas de Darren. —Los cambio por un monton de freaks… ¿Has visto el video que hizo para Radiohead?—
—Si… Interesante, ¿no? Aunque no puede ser lo mismo que dirigir a Felicity... Y necesita mas experiencia…—
—¿Has dirigido alguna vez?— pregunto, con un dejo de malicia.
—Pues si, en Sex and the City. Y el año que entra a la Burstyn en una película…
—Excusame, entonces. Pero, mientras tanto, yo sigo como directora, ¿no?
—¿Has dirigido alguna vez?— “Jaque mate.”
—En la Universidad… una obra de Tzara.
—¿Sara-que?
—Tristan Tzara. — “Idiota.” —Mi rector dijo que adaptar a Tzara era casi imposible, y que había logrado mucho en mi primera vez. Fue la mejor época de mi vida...—
—Tanto que te quedaste en tus 20…— murmuro, extrayendo no una, sino tres botellas de vodka apretujadas bajo un sofá.
—Ignoralo. — pidió, a la desesperada, arrebatándole su elemento del crimen “Nada debo, nada temo.”


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Sentia que si se mordia algo mas profundamente los labios, se desangraría. Nuna se enfurecía por nada, y ahora era peor, tratándose en una de las personas en quienes mas podía confiar.
Matt, sin embargo, ignoraba su ira, distraído y descarado frente al volante. El Sol arreciaba, y se hizo pantalla con la mano para ver mejor.
—En serio lamento no decírtelo. — Habia dado el primer paso...
—Era mejor que no hablaras. — Pero el no estaba tan de humor.
—Dan, vamos, es una situación peculiar...—
—Solo quiero saber porque no te ocupas de tus deberes. — tomo aliento, y siguió — Del trabajo para el que yo te pago. —
Tal vez eso fue demasiado para el corazón de Matt, pues su rostro se convulsiono, parpadeando y balbuceando. Nunca, en la minima fantasia, Daniel Radcliffe hubiera sido capaz de hablar con alguien sobre su sueldo. Como un jefe mas. Silenciosamente, sin pretenciones, llegaron al acuerdo de no tomarse una relación laboral, sino como un par de amigos afectuosos haciéndose un favor mutuo. Asi había sido con Mia, con Ian, con Heath, con Vanessa, con Sarah, y Dan no podía ser la excepción. Su trabajo, su éxito dependía de la intima amistad con sus clientes… Y ahora, ese ya no era el muchacho sincero y alegre que lo sofocaba con sus ojos profundos, sino un niño herido que podía hablar como el amo de su paga…
—Bueno… Mira, Zachary esta en dificultades. No, no me interrumpas. — lo callo abruptamente. —Ambos sabemos lo que es ponerte en el ojo de todo el mundo, muy bien que lo sabemos, pero también como el poder y la fama se evaporan dejando que sigas solo con tu vida, intacta tu dignidad y tu fina persona.
» Zachary todavía no sabe lo que es esto, algo insoportable de descubrir, el absurdo y lo vodevilesco del espectáculo. Y el sabe que lo sufre mas, porque nadie podrá ya recordarlo sino como el patético mocoso calenturiento que sirvió como un cachorrito a Vanessa. Pero no es tan grande como lo parece, podría ignorarlo y seguir con su carrera y sus impulsos… Pero hay cosas en las que ha madurado, y otras no, como sobreponerse a un escándalo de este tamaño. —
—¿Y eso que? Eres mi representante, Matt, no el suyo, y esta semana, cuando tanto te necesito, te has ocupado de cuidar su imagen que siquiera preguntarte si aun vivo. — “Tierno, extrañas a tu amigo. Un amigo que te robo el yankee con mirada de cachorro.”
—Debo hacerlo. Si no supiera que eres muy capaz de valerte por ti mismo contra el mundo, seria tu lazarillo. Pero te conozco, y a Zachary, y se que el no puede superarlo por si mismo, sin tropezar con la misma piedra.
» Tu llevas en esto desde que aun tomabas leche tibia antes de dormir, y Zac debió acostumbrarse al bombo y platillo a sus 16, con todas sus hormonas estallando y sin siquiera saber conducir, cuando lo único que le apremiaba era no ser el nerd del colegio, como todo chico. Tu te has criado con el maquillaje, expressos y eso, sabes de memoria que decir en una entrevista, con que vocecita o que gesto, y el no entendió sobre acciones hasta que tome un fin de semana en explicarle…—
—¡¿Quieres dejar de mencionarnos en la misma oración?!— estallo, pero se trago de golpe sus ultimas palabras.

¿Qué le sucedia? ¿Acaso le sulfuraba sentirse tan cerca de Zac, aun en palabras pasajeras? “Porque hay mas humanos que tu…” ¿Por qué habia alguien mas con el peso de su ser sobre sus hombros? “Porque no mas alla de tu alegría y tristeza humanamente ciertos…” “¿Eh?” ¿Pero eso quería decir que Matt fungiría como el protector del rubio hasta que aprendiera a atarse los cordones? ¿Era tan idiota para no hacerlo solo? “¿Tan humanamente real?” “¡Es un recorte de revista!” “Y muy real.”

—Agradece que nunca has pasado por un chisme tan obsceno, y nunca lo pasaras. — “¿Porque soy tan lerdo y mimado para eso?” —Solo te pido...—
—Basta, entiendo. — Se enderezo un poco, porquie sus oscuras cavilaciones lo habían hundido algo mas. —No te necesito mucho, ¿cierto?— y rio apagadamente, sin el esplendor habitual. Pero Matt lo interpreto como un gesto de reconciliación.
—Bah, por favor, Dan. Sabes que te reiras de esto mañana. —
Sabia que tenia razón.
—Ni siquiera debes recordar porque estabas enojado, ja. —
Sabia que tenia razón.


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Zac aparco la Itallika entre las jardineras de una vivienda de apariencia modesta, con muros en tonos escarcha, columnas de adobe, molduras y barandillas en color maple. Pretendia parecer elegante o de aire sureño, pero solo se acercaba a la entrada de un bar. Lo único meritorio de retratar era el jardín, esmeradamente cuidado con su césped brillante y esponjoso, que bien valia la pena ignorar los cartelitos de No pise el césped.

Matt aminoro la velocidad cuando llegaron al 1984 de la calle Shug Terrace. Justo cuando doblaban el recodo para entrar al pequeño estacionamiento, Dan noto una melena rubia asomandose bajo el caso (bien, su casco).
Antes de detenerse por completo, bajo del auto, y trastabillando, llego hasta su motoneta.
Se detuvieron, clavándose las miradas, aunque ninguno sabia que exactamente decían esos ojos nebulosos. Porque eran muchas las cosas que podían decirse, tantos los estúpidos detalles que podían espetarse, tantos los sentimientos que ansiaban ser gritados, y echados al olvido…
—Tal cual me la entregaste. — intento Zac.
—Gracias. — contesto Dan.
—Siento no decirte lo nuestro… yo-yo y la moto, ves…
—Descuida, es solo… la moto, ¿no?
Respiraron hondamente, y se separaron.

Dan sentía arder su rostro. Zac que había perdido todo su color.
Notas finales:
Finalmente, en el proximo capi, But yet so irresistible…, empiezan a filmar, Nancy contrata a Jared, y Dan, Zac y Milla se dejan llevar x ssus tentaciones... Pura sensacion, je...

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CAPITULO 4: But yet so irresistible... (I) por GhostOfFaron
Notas del autor:
Finalmnt, ya tengo otro capitulo de Human Behaviour. Resulta k este es el mas largo hasta ahora, casi 20.000 palabras, asi k decidi subirlo en dos partes.
Ahora, finalmnt, despues de ensayar y sentirse como una mierda, mis keridos amigos descubriran k nada esta escrito... Dedicado a Carlos, por esta vez. Sin ti, y tus estupidas anecdotas sobre Hollywood, habria concebido esto. Gracias por ser mi unico amigo durante esos dias en NY.. Disfruten.

Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

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Felicity fue la ultima en llegar, y en el acto, como hizo con los demás, Nancy la condujo hacia el segundo piso, haciéndola pasar por alto las escaleras a medio barrer y la ropa interior revuelta en el rellano. La llevo hasta la última estancia de la casa, en el extremo más alejado, y la acomodo entre Milla y un hombre atractivo, treintón, de gafas oscuras, que en general tenía el porte de un decente imitador de Bono.

La habitación era espaciosa, pero no muy cómoda. Al igual que el resto de su hogar, tenia una alfombra persa mullida y amplia, considerablemente mas limpia. Las paredes en tono escarcha estaban totalmente desnudas, y la luz que arrojaba el moderno candelabro era somnolienta y delgada. En teoría, la escritora debió usarla como biblioteca, cuarto de invitados o sala de juegos: pero su madre, su divorcio y amigos incómodos se encargaron de llenarla de caminadoras, cuadros y retratos feos, cajas de licor vacías, y demás curiosidades de closet. Atareada como procuraba ser, nunca recordó vaciar el que parecía el cuarto más decente en el dúplex… Claro, hasta que firmo un contrato que le aseguraba escribir y dirigir a un elenco de categoría. Como pudo echo contra los muros las toneladas de desperdicios que allí albergaba, regalos algunos y quemo otras cuantas, adaptándolo a lo que, en su opinión, era un lindo salón de ensayos. Porque detestaba conducir.

Había pasado noches completas matándose con cafeína, maquinando aquel momento, planeando lugares, horarios y ejercicios. Aunque sabia que podía terminar en un desastre, o peor, una orgía-fiesta a lo Jodorowsky…
— ¿Ustedes, como yo, apoyan las masturbaciones colectivas?— al reparar en que su intento de humor cáustico no surtió efecto en nadie de la decena de personas invitadas, excepto sonrisas contrariadas, borro la suya propia. —Bien, después de las advertencias de Darren sobre el libreto, espero que hicieran su tarea. —
Darren tosió calladamente, y señalo con la cabeza a los desconocidos.
—Ah, por supuesto. Les presento a sus nuevos compañeros…— se dirigió al hombre de misterioso porte. —El es Taylor Hugh Matheson, actor de teatro Off-Broadway, gran amigo mío. —
Taylor hizo un gesto cualquiera, imposible de llamar saludo, y solo Felicity y Dan respondieron.
—Megan Mullally, la dulce, dulce Karen de Will & Grace, y pronto en… Dr. House, ¿o me equivoco?—
—Nunca, querida. — era una mujer de cabello rizado, regordeta, de rostro amable y notable acento sureño. Poco parecido guardaba con su mítico personaje, pero su presencia solo alegro aun más a los chicos. Esta vez, todos saludaron.
—Paris Giacommi, salido de Escocia…—
—Nombrado el mejor interprete de Williams y Greene por People. — era un italiano (ingles, o algo parecido) espigado, musculoso, de sonrisa devastadora y mirada irritante. Acompaño sus palabras por un recorrido entre los asistentes, abrazando a todos, y a Dan, con un poco mas de ímpetu.
—Ah, hijo mío. — le dijo, y se sentó al otro extremo del circulo.
—Naima Forrester… una conocida de Diddy, que aparece en Saturday Night Live… creo. — una mujer menuda, pero de porte adusto paseo la vista, inclinando la cabeza gentilmente: no pareció objetar la falta de recelo de Nancy, es más, parecía ni advertir a la autora.

Con un dejo de satisfacción, Nancy recorrió con los ojos a la audiencia, tras presentar a los recién llegados con los mas jóvenes (cosa que, supuso, era absurda: seria un imbécil quien no reconociera a Dan o a Felicity con una ojeada): yodo iba bien, y aun no habían dicho o hecho algo estúpidamente ridículo.
—Eh… bueno, es lindo estar reunidos… para…— “Eso es algo bastante estúpido.” pensó. —Bueno, quiero que nos concentremos, y que dejemos afuera cualquier convención o chiste malo que pueda atravesar su cabeza…— “Eso es un chiste malo…” — ¡Bien! A partir de ahora, solo seremos nosotros y el libreto, ¿de acuerdo?— un inseguro asentimiento general se escucho. Darren tosió otra vez, pensando para sus adentros en que era la única manera de externar su pánico.
—Me gustaría que repasáramos una de nuestras escenas, ¿OK? — En su propio libreto, repaso las numerosas banderitas y post-its adheridos, hasta dar con la página mas saturada.
—Si vamos a la pagina 38...— el rasgueo de las hojas unas contra otras se repitió, hasta que Megan hallo la hoja. —…tendremos la escena 17, en que Lewis, Jon y Sarah se reúnen en el Viktor’s Life. En resumidas cuentas, han hecho lo mismo por varios años, desde secundaria, y nunca han roto la rutina, para hablar de los padres, la escuela, drogas y otras curiosidades… Dan, Milla, Zac. Si me hacen el honor, acérquense un poco más al centro. — Así lo hicieron. Los dos chicos quedaron uno al lado del otro, y Zac gateo hasta quedar al opuesto de Milla. Dan gruño.
—Yo interpretare a la camarera. No necesito expresiones, pero quiero ver su voz modulándose al texto. Siéntanlo…— “¿Eh?” pensaron todos.

VIKTOR’S LIFE. Tarde. Camarera se acerca al trío. Un poco mayor, cansada, y sin un dejo de reconocer a los amigos que le han visitado en el café por cuatro estoicos años.

CAMARERA: ¿Qué pedirán hoy? (“Esto no es lo mío.”)
LEWIS: Frappe, con manzana.
JON: Malteada de fresa, con chocolate, por favor. (“¿Chocolate? ¿Yo?”)
SARAH: Ah… un Sprite.
CAMARERA: ¿Otro aperitivo?
JON (interrumpe a Sarah): Solo esto, gracias.

La mujer se aleja con paso decente. Sarah observa con sarcasmo a Jon

SARAH: ¿Eres mi conciencia?
JON (paciente): Soy quien va a pagar.
LEWIS: Tú nunca pagas…
JON (algo ofendido): Las cosas cambian. (“¿Chocolate?”)
SARAH (divertida): ¿Y de donde salió tal generosidad, Scrooge?
JON: Quiero pagar, es todo.
LEWIS: ¿Hace cuanto que no pagas tú?
JON (sarcástico): Desde las últimas Olimpiadas, creo… Carajo, ¿Por qué arman algo de una estupidez? Solo unos miserables dólares.
SARAH: ¿Entonces porque quieres pagar poco?
LEWIS: ¿No te iba mejor en la librería? (“Ja, Zac en una librería…”)
JON: Será el cumpleaños de Megg, y mama no le comprara nada.
LEWIS: Y tu, tan faldero…
JON: No soy faldero, pero se que es quedarte sin regalos.
SARAH: Casi tiene 20, no creo que se acongoje a falta de una Barbie. (“¿En serio?”)
LEWIS (alegre): O un Kent…
JON: Es mi hermana. Debo…
LEWIS: Pero nunca pagas…
JON: ¿Prefieres hacerlo tú?
LEWIS: Lo haría, pero hoy no tengo plata.
JON: Yo tampoco, por eso no gastaran mucho.
SARAH: Es estúpido ¿Debes, en tus palabras, darle a tu hermana una Barbie, no tienes plata, y la gastas aquí?
JON: Es un gasto menor, Dios.
LEWIS: ¿En un día de necesidad? (“Eso es cruel”)
JON: ¿Carajo, que les importa? Es mi dinero, ¿no? (“¿Por qué chocolate? ¿Por qué no vainilla?)
SARAH: Diablos, era una pregunta.
LEWIS: Se llama broma, so idiota.
JON: No tiene gracia.

La camarera regresa con una bandeja con bebidas, pero la tensión aun no ha descendido.

CAMARERA: Malteada.
JON (bruscamente): Gracias.
CAMARERA: Chocolate.
JON: Ya lo dije.
CAMARERA: Sprite…
SARAH: Oh, no puedo aceptarla. Debe comprar una Barbie a su hermana.
LEWIS: Me niego a recibirlo. Cada dólar cuenta, y el no tiene dinero.
CAMARERA (extrañada): ¿No tiene dinero?
JON: Vaya, no es eso. (¿No puedo darme un capricho?”)
CAMARERA: ¿Crees que soy tu bufón? (“Debo corregir esto…”)
JON: Tengo dinero…
CAMAERA: ¿Cuanto, vago? ¿Lo bastante para el bolso de una anciana?
LEWIS: ¿Perdón? (“Je, el chico dorado…”)
JON: Tengo…
CAMARERA: Otro de estos mocosos impertinentes…
SARAH (incomoda): Hum, creo que tomare ese Sprite ahora.


Jon eructo. Mejor dicho, eso que quedaba detrás de Jon. Zac se cubrió la boca, percatándose hasta ese momento de que había perdido toda noción de lo que hacia, que su voz había sonado tan mecánica como una contestadora, y que tenia lacara de idiota plasmada en su berrinche.
—Pe-perdón. — musito, y descubrió que Dan se reprimía una risotada. Milla lo observo atónita, y el resto carcajeaba por lo bajo… ¿Dan se reía de el? “Evitaba hacerlo.” Bien… ¿Dan evitaba hacerlo? Debió ser muy vergonzoso, o lo creía muy estúpido e indefenso para arrojarle otra piedra… ¿Y bien, que le importaba? Nunca había dicho que era un Humphrey Bogart… ¿Y eso que le importaba?

—Bueno…— No, no era bueno. Nancy se sentía oprimida, como si en los últimos minutos esos tres adolescentes fueran capaces de haber aplastado sus expectativas. Dan sonaba tan profesional y autentico, que sonaba falso, Milla lo hacia bien, pero aun se reprimía; Zac no se escuchaba como otro mas que Troy Bolton, y había eructado.
“¿Te molesta? Tu debes ser peor.”
“Pero yo odio actuar.”
“Y ellos lo aman, ¿cierto?”

Cierto, era lo que esperaba. Tal vez, en un psicodélico sueño, imagino que la hechizarían, y ella respondería con flores y lagrimas, y se enorgullecería como si trabajase con Sally Field. ¡En que creía! En que estaba tan llena de luz, ánimos y cosas que contar que podía convertirlos en actores reales. ¿Qué pensarían Megan, Taylor, la tipa extraña, Darren…? Darren. Si no le agradaba lo que veía (y no sonaba improbable) debía volver al encierro, con su cara oculta por la vergüenza…

“Lo hice bien. Digo, no soy tan buena como ella, o como Danny, pero estuvo bien… ¡Carajo, que digo bien, estuve fantástica! Es decir, lo aprendí de memoria, y tengo una voz linda, lo dice Miss Dengler, lo dicen todos, y se como se debe sentir Sarah, aunque no sea muy dulce. Y los verdaderos genios en esto saben cuando yo se que lo se…. ¡Espera! Nancy, no se ve tan animada… ¿Por qué carajo aun no habla? Nunca espera para criticar o comentar, lo hizo con Miss Jordán, por eso me odia…!Di algo! ¿O estuve tan mal que sobran comentarios? ¿Soy tan evidente? ¿Qué se cree? Dios, debo hacerlo mucho, mucho mejo. Eso o las pasarelas de segunda… ¡Basta! Ya es demasiado con tener a todos estos engreídos viéndome…” “Estas haciendo una escena, deben verte.” “¿Y quien soy para llamarlos así? Me estoy volviendo loca… Nancy me esta volviendo loca… ¡Deja en paz la maldita pluma, y dime algo! Eres mi, mi, MI directora…”

—Bien. — intento otra vez, pero seguía remordiéndose, con una pesada bola en su estomago, lacerándola. Daba por sentado que Human Behaviour seria, existiría, y en uno o dos meses, lloverían Emmys. Jamás había pensado en todos esos proyectos que se venían abajo, esos esmerados trabajos que pasaban sin pena ni gloria, ni había recordado a Terry Gilliam… Nunca se había equivocado, en nada de lo que hacia. Vivía por y con lo que amaba hacer. Nada cambiaria eso. Ni sus delirios de grandeza.
—Bueno, como notaran, la escena es muy sencilla, digamos que es algo caustica, pero, bien saben es la primera escena en que se cruzan los tres amigos, en realidad, y hasta ese momento conocemos sus sentimientos unos a otros… ¿Cómo pueden interpretar, a partir de sus diálogos, a los personajes, su personalidad, su carácter?— hizo un gesto amplio, para indicar que cualquiera podía responder la pregunta.
Se alegro un poco, cuando las manos de Dan, Megan y Felicity se levantaron. Paris hablo adelantándose a Megan.

— ¿Te lo puedo decir en una sola palabra?— Nancy asintió, y Dan pudo ver que el hombre hablaba con demasiados ademanes —Jon: reprimido. Sarah: mari macha. Lewis: Hum… solitario. Así. —
—Bueno, gracias… ¿Quién mas?— “En serio, ¿Quién mas?
—Creo que no podemos decir todavía como son sus personalidades. — comento Megan, sin inmutar su amable gesto.— Podemos definir, quizá, una línea de acción, pero no como son ellos, porque depende de los muchachos crearla.
— Entonces, ¿crees que depende de los actores hacer algo con el libreto?
— No, no, no, sino que ya esta hecho, pero deben hacerlo visible. — aclaro, Felicity, cambio el peso de una pierna a otra, seria. — Aun es muy pronto para decir que Lewis, o Sarah tienen una personalidad. —
— Bien… Chicos, están muy callados. — Nancy les sonrió acusadoramente. Sarah fue la primera en levantar la mano, y los otros dos le siguieron con timidez.
— Yo, como Sarah, y después de leer todo, todo el guión. — “No podía evitarlo…” —puedo decir que si se como es ella. Creo que, saltando todo su problema con los medicamentos y su paranoia, es muy sencilla, honesta y sarcástica, y no cae en un cliché de la típica niña consentida del equipo, no es leal, pero si protectora, y sabe apreciar, pero lo externa de una manera extraña y poco entendida.—
— ¿Dices que puede ser la mas sencilla? Se burla de todo y todos, no puedes ser así. — replico Paris, rascándose detrás de las orejas.
— No empecemos una discusión, primero debemos escuchar puntos de vista. —
— Nancy, esta interpretando de otra forma…—
— Exacto, ella lo esta interpretando, respeta eso… Claro, tu, Zac. —

“Tengo mejores cosas que decir.” pensó Dan, molesto. Ya tenia listo lo que podía decir acerca de Lewis, añadiendo un toque ingenuo e indeciso, demostrando que no era tan orgulloso. Impresionaría a los otros, con seguridad… “Eso es egoísmo.” “Un poco, si.”
— Creo que tiene muchas cosas que decir — empezó Zachary, vacilante— aunque no todo lo que dice que hace, o vive, es real. He leído algunas partes en que tengo la impresión que vive solo la mitad de la realidad, como si ocultara la otra mitad clara y… feliz, de las cosas. Como en esta plática, solo puede notar el lado más desagradable del chiste, no escucha la voz divertida de sus amigos. Y hay un dialogo con Lillian en que le dice que no cree tanto en esa amistad, y que la mejor evidencia era esa charla, en que solo vaciaban su frustración sobre…—
— Bueno, voy yo. — Dan se sorprendió el incluso, y Matt, al otro extremo del circulo (por alguna razón inconclusa, Nancy lo incluyo en el ensayo) soltó un extraño gemido. — Digamos que Lewis es como esos… —
— No he terminado. — Zac elevo la voz, sin verlo a los ojos.
— Oh, es que tienes tantas cosas en que ilustrarnos. —
— Basta. — los paro Nancy, en seco. Pero ellos siguieron.
— Eres tanto como yo, créelo.
— ¿Tan poco? — “¡Yo no dije eso!” “Oh, si.”
— Déjate de idioteces, y vuelve a sentarte.
— Basta. — ordeno Nancy.
— Ya estoy hablando.
— Era mi turno.
— No es una cafetería, idiota, es una discusión.
— ¿Quieres verla mas interesante?
— Basta, he dicho.
— Me interrumpiste.
— No puedes hablar tanto. Siquiera hablaras de cosas valiosas…
— A ti te sobran cosas así, me imagino. — dijeron al unísono.
— Mas que tu…— dijeron al unísono.
— ¡Basta!— Nancy se puso en pie totalmente, con las manos en las caderas. Pero no fue ella quien los callo, sino coincidió con el instante en que se revelo eso que yacía, en el fondo de ellos, acerca del otro, incluso tiempo antes de que se conocieran. En las palabras que intercambiaron, con miradas seguras y taladrantes, que no eran más allá de lo que compartieron en el jardín…

Les gustaba la voz violenta, peligrosa, explosiva, agresiva, mágica, afilada al contacto de sus ondas sonoras, con la duda persistente sobre que podía pasar después.
Les gustaba dudar, nunca poseer la certeza de que venia en un momento, que las cosas podían vivificarlos o arruinarlos, convertirse en la quimera mas alucinante o la pesadilla mas siniestra.
No importaba hasta que punto se sintieran obligados a cuidar su ética, o a mantener la cabeza en alto, amaban sobre todo momentos breves, ininteligibles, inusitados, asombrosos en que todo podía ocurrir.
No les gustaba ser un plan ya escrito, sino algo que iba y venia. Algo que no era solo por ser. Y descubrieron, también, y eso fue lo que los llevo a sonrojarse y regresar a su lugar, sintiéndose acuchillados por los rostros hundidos de los otros asistentes.
A Dan le gustaba la voz de Zac, tan joven y limpia.
A Zac le gustaba la voz de Dan, con su aire sabiondo y grave.

A Nancy no le gusto en que se había convertido eso, y supo que había mucho que hacer.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


SARAH: No puedo hacer tanto al mismo tiempo.
NORA: Solo fue una canción…
SARAH: Para ti pudo ser solo una puta canción, para el tío Ed y sus manos hábiles…
NORA: Deja de hablar así de Ed, jovencita.
SARAH: Entonces, hablemos del resto. ¿Han considerado abrir un burdel?
NORA (más molesta): Guarda algo de respeto.
SARAH: Oh, y quien lo hace por mi dignidad. Al carajo lo que puedan pensar las personas normales.
ABRAHAM: Somos normales.
SARAH: ¡Dejen de decirlo! Lo dices, papa, como si el resto del mundo usara gorritos, bailara zamba y cantara villancicos en verano.
ABRHAM: Todas las familias tienen algo especial.
SARAH: ¡Y a eso llamas familia! A ese montón de…
NORA (finalmente, explota): ¡Alto! ¡Alto! ¡Abraham, déjalo! ¡Sarah, a tu habitación! ¡Y no salgas hasta que escribas mil veces la definición de normal!
SARAH (explota también): Te la puedo decir: ordinario, corriente, sensatamen…
NORA (señala con el dedo): ¡A tu habitación!
SARAH: ¡Para que lo aclares a ese montón de cretinos sin…!


Megan dio una bofetada a Milla, que se dejo caer con dramatismo en el suelo. Taylor, de pie a su lado, rió tontamente, y le tendió una mano para levantarla. La chica hizo el ademán de golpear a Megan, que, entre risas ahogadas, se disculpaba.

Casi todo el tiempo lo habían tomado en hablar y discutir sobre lo que leyeron, y, sin planearlo porque o sabían como, llegaron a la conclusión de que el principal sentir de los tres amigos, y que consecuentemente marcaba las líneas de acción del resto de personajes, era la vergüenza, el temor a ser descubiertas sus penas y terrores, y que la máxima expresión, y mas hilarante al tiempo, era la desagradable y simpática familia de Sarah, en el cumpleaños de la abuela Angie.

Nancy se sentía aliviada. Desde hacia un rato. Y no fue a causa de los vasos con Soul Citric que Darren les había llevado, aburrido de no abrir la boca y contar azulejos, y que ella bebió discreta y abundantemente. Tardaron casi 5 horas, pero finalmente habían conectado entre ellos, y el ambiente hostil con que amanecieron, gracias a dos silenciosos pero activos Zachary y Daniel, al mediodía lucia como una reunión de ex colegiales añejos.


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Sarah, hasta ese momento, debió hacer una conversación telefónica real con Dan (Nancy lo hizo llamar a su móvil desde la cocina), cantar una canción extraña con la escritora, bailar con Taylor un vals apoyada en sus pies torpísimos, y dejarse golpear por Megan Mulally una docena de ocasiones. Y se sentía feliz, tristemente cansada y con ambas mejillas quemándole, pero muy feliz. No se pudo imaginar nunca que aquello fuera tan divertido. No, actuar no, porque eso lo sabía desde que era una niña imberbe, sino la familiaridad, el agradable sentimiento de compañía, como si la Sarah febril y altiva que había ignorado la despedida de su madre esa mañana hubiera muerto en cuanto supo que nadie le importaban sus errores, sino que estaba en casa.


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Dan llego al mediodía definiendo muchas cosas: ya no era lo mismo ser un centro de atención; Lewis era mas complicado de lo que había supuesto; Ashley Tisdale conocía todas las formas de aburrir a alguien; no era capaz de mantener la vista en un punto fijo; Paris Giacommi era un sujeto despreciable que no hacia sino insoportable verlo como su padre; la próxima vez que Nancy le ofreciera una bebida, no debía quejarse por un vaso sucio; Milla tenia una memoria de elefante (nunca habían tenido que susurrarle un dialogo olvidado); y estaba seguro de que nunca mas podría mantener la boca cerrada.
La disputa que había tenido con Zac, corta y sustanciosa, le había dejado aturdido, con los chispazos de iluminación que habían estallado en su cuerpo. Lo que le pareció una posibilidad alarmante, ya era horriblemente cierto: dejaba de ser un caballero, el jovencito decente del que se vanagloriaban los Radcliffe. Ese jovencito decente no respondía a sus mayores, no daba importancia a detalles mezquinos como una moto o unos pocos dólares, era fiel a su palabra, a sus amigos, trataba como merecían ser tratadas las damas, no discutía por ratos de ocio o notoriedad, abría la puerta a los recién llegados, no alzaba la voz, no se quejaba por el clima, un vaso sucio o cualquier idiotez. Ese jovencito decente no era Dan. Los jovencitos decentes no sentían cosas indebidas por jovencitos indecentes.

Entonces, ¿Así seria? ¿Ya no se levantaría de la mesa con los demás, ya no alzaría el meñique, se dejaría excitar por la voz de un yankee estúpido? Todo había empezado por Zac, nadie sino el tenia la culpa de su olorosísima verdad: de no ser por el, no habría maltratado a Milla, no habría gritado a Matt, no se hubiera ridiculizada frente a Felicity Huffman y Darren Star… Zac tenia la culpa, el y su voz cautivadora, melosa y pacifica. Desde el momento en que se cruzo con el, solo dos semanas antes, todo estaba hecho mierda. Dos semanas antes, lo único que le preocupaba era Diana, en algún lugar de Gran Bretaña, hiriéndose con la promesa que le había hecho, preguntándose si ya lo sabían sus padres, como había hecho jurar…
“No le dijiste a tus padres. Eso no es ético…”
“No me case, le pedí matrimonio.”
“¿Y por que no se los dijiste? ¿No es decente que tu familia te cubra de halagos y felices flores por tu boda?”
“Ah, yo se lo que hago.”
“Apenas estas madurando, eres tan ignorante como…”
“¡Carajo! Se lo que hago, no tengo nada que temer…”
“Nada que perder.”
“¡Basta!”

¿Y por que de pronto su multifacética conciencia se había propuesto joderlo hasta triturarlo? Había madurado junto con el, sin duda, y ahora entendía porque muchos chavos se comportaban como psicópatas: su conciencia no maduraba…
“Pero yo si que lo he hecho. Imagínate si no…”
“¿Estuvieras? Oh, quizá no pelearía como un escolar con Zachary.”


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Zac estaba cansado, se sentía apachurrado, menospreciado. “¿Por qué solo he hecho dos escenas?”
“Porque no todo el mundo gira a tu alrededor.”
“Claro, pero si Vanessa decia…”
“Ay, pobre niño, no deja ir a su Lolita...”
“No estoy de humor” Los demás habían participado mucho mas que el, Milla había hecho ya cuatro escenas (una de las cuales le recordó tristemente a su familia), y el solo debió hacer la del café, y una pequeñita con Ashley. Era consolador tener a una vieja amiga cerca, cuando lo mas parecido que tenia a la compañía era a Matt (quien no era un gran consuelo). No era muy inteligente, ni bonita (nunca se lo había parecido) pero sabia agradar a las personas, y dibujarle una sonrisa en la cara. Y, por lo que veía, no estaba muy cómoda con Dan cerca. Ya eran dos.

“Es que tienes tantas cosas en que ilustrarnos…” ¿Por qué se creía tan superior, que sentía tener en particular que le daba derecho a tratarlo así? Zac era casi dos años mayor que el, y sin embargo todos lo trataban como un niño inquieto que necesitaba disciplina, y se ponían a lamerle las botas a Daniel. El había logrado mas éxito que Dan en seis, siete años, pero nadie lo miraba a el… ¡El salía en camisetas, en loncheras, en celulares! ¡Dan solo era Harry Potter, siempre lo seria, y nunca…! “Tu serás siempre Troy Bolton…”

“Es que tienes tantas cosas en que ilustrarnos…” ¿Por qué le había dicho eso? ¿Por que sentía, con solo una mirada o una silaba, que todos a su alrededor le gritaban la misma pregunta? Era mas de lo que imaginaban, solo que nadie se molestaba aun en buscar dentro de el su talento verdadero… Era como una flor, que esperaba ser bañada y amada para abrirse al Sol.
“Que idiotez. Nadie hará algo así, están ocupados comiéndose con los ojos a Potter…”
“Carajo, déjalo en paz, el no sabe nada acerca de su sufres, o no, de si te esta pisoteando, o no, y si lo sabe, no lo dirá, porque es un caballero.”
“No es un caballero, no es nada de lo que el mundo ve, es solo un adolescente imbécil, retraído y lerdo, tanto como yo y los demás, embelesado con el rock y las súper modelos, como todos los demás, con los chats y los besos franceses, y el sexo antes del matrimonio, como todos los demás, no es nada espectacular, es solo un tipo con algo de suerte, ¡Y con eso no tiene el poder de dominar a los otros, ES SOLO UN CHICO, Y YA!"

“¿Por qué debe ser así? ¿Qué tiene de maravilloso? ¿Quién le enseño el arte de pegar todos los ojos a su cuerpo? ¿Qué tiene que nadie deja de mirarlo? ¿Qué tiene que en la página de una revista luce tan humano, tan vivo, tan presente? Y su voz…”
“No querías que se callaras, ¿cierto? Te pisoteaba, te pulverizaba, te ponía en tu lugar, en el de una cucaracha, y aun así, no querías que dejara de hablar. Era su voz…”
“Tiene algo su voz, como si hablara para el futuro, como si ya supiera lo que puede pasar, tiene la voz de un viejo, de alguien que ha conocido todo, sabe todo, pero que es tan indefenso, tan poca cosa, tan ridículo. También el debe sentir hastío por la fama estúpida, los besos y las fans arrebatadas, por las revistas de corazón, las dedicatorias, las multitudes, y todo eso que nos quita la ingenuidad humana, que no nos permite explorar otras cosas, guardando tus ganas de ser algo mas que un retrato en un hotel de cinco estrellas…”
“El no sabe como te sientes.”
“Y nunca debe saberlo. No debe saber que su voz, llena de odio y cólera, es lo más feliz que me ha pasado. Nadie, sino su voz, sabe como es ser Zachary Efron.”

Cuando llego el mediodía, antes de que Nancy lo confirmara, todos anunciaron que ya habían pasado las doce en punto. El ensayo había terminado, y, en vez de actores y talentos, de la casa salieron un barullo de tribulaciones y renovados sueños.


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Zac corrió escaleras abajo, con el firme propósito de evitar a Matt. Se arriesgaría a tomar un taxi, pero no le importaba: no tenía el mínimo deseo de tener al hombre otra vez, dándole papilla en la boca.
Salto los setos del jardín, y cayo de pie al lado de la Itallika. Muchas cosas vinieron a su cabeza, como la aventura de robarla y regresar sobre sus pasos, o vaciar los depósitos de gasolina, o simplemente patearla al mas puro estilo hooligan. Esa fue su parte inconsciente, pero el lado sensato de su cabeza recordó… Recordó muchas cosas, y temiendo una deducción incomoda, se alejo en silencio.

Milla le seguía el paso, picándole las costillas, y comentando alegremente sobre el ensayo. Amablemente, Dan ponía atención, y escuchaba todo lo que le decía, pero no lo entendía. Le propondría llevarla a su hotel, a tomar algo, aunque lo único que realmente deseaba era estar solo, con el peso de los años sobre el. Distinguió a Zac corriendo entre los arbustos, y su corazón dio un vuelco trémulo. Dudo, sin saber si debía dirigirle la palabra o ignorarlo como a un perchero. Decidió que, si terminaría con todos sus valores, debía hacerlo bien, y opto por pasarlo de largo. Cuando se acercaba a su vehículo, Zac se alejo, con las manos en los bolsillos, por la acera, y Dan, curiosamente, deseo haber tenido la oportunidad de ignorarlo. De ignorarlo.


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FECHA: JULIO 3O. Nublado. 1 aspirina, 2 cloro. = +

No ha sido tan malo como pensé. Es estresante, agobiante, y pienso que tal vez la escuela sea más saludable. Pero me siento feliz. Soy Milla Hawks-Jones, y ser feliz es un lujo que nunca he podido darme.
La semana ha pasado muy rápido, y Nancy (MI directora) dice que la próxima debe ser mucho mas veloz. Tenemos solo 2 meses para terminar el piloto, y los ensayos deben ser más breves y sustanciosos.
Los ensayos, vaya, no es como la casa de Miss Dengler. No nos sentamos a reflexionar y repetir hasta el hartazgo un montón de diálogos, no los “escupimos” como dice Paris. Ensayamos de verdad. Discutimos mucho, todos debemos dar nuestra opinión, debemos saber que es lo que estamos haciendo. Ya sabemos como son los personajes, sus líneas de acción, dice Megan, y ya podemos alivianarnos más, PORQUE SABEMOS COMO DEBEMOS SER.

Conozco a Sarah mejor que nadie (así debe ser, es MI personaje), y puedo entenderla. Entiendo lo que ha sufrido, el miedo del que no se desprende, entiendo su humor, y según Nancy, sus líneas no pueden ser interpretadas por nadie mejor que yo (aunque yo no tengo la misma gracia acida). Se lo asfixiante que resulta su hogar, con una familia estrafalaria, se como lucha contra la corriente, pero no le gusta sentirse fuera de ella. Conozco a su madre, a Megan, y es muy difícil entender su vida, porque la mía es menos complicada. Con Taylor, su padre, simplemente me dejo llevar. No puedo saber como es, porque hace tie4mpo negué a sentir algo por un papa. Pero siento que debe ser como Abraham Christie, mejor dicho, Taylor. Me hace sentir especial, segura, confiada, y es mas un amigo que una autoridad, y en eso recuerdo a Duncan.

Sarah es muy sencilla, y no le gusta que las personas se enteren de su vida privada, pero no soporta guardarla para si: para eso están Lewis y Jon. Es más cercana con Lewis, tal vez porque no se queja tanto como Jon. Es una persona que ha debido soportar demasiado horror en su existencia, sin razón aparente, y lo único que desea es finalmente vivir en paz.

Ha usado muchos medicamentos, y eso me hace sentir mal. Yo también los debo usar, pero aun no me sangra la nariz, como a ella. Y ella es paranoica, no sabe ni puede confiar en nadie. Yo si, aunque temo la decepción. Pero cada vez que debo ser Sarah, y hablar con Felicity-Lillian sobre pastillas y drogas suaves, no evito recordar los horarios en que debo tomar mis cloros o las proteínas. Como si Nancy hubiese predicho en quien encarnaría Sarah. Pero amo a Sarah, no como yo misma, sino como una amiga indefensa, humana, y necesitada, y se que ella me debe amar igual.
Dan dice que también ama a Sarah, pero no a mi, y después se ríe. Ya no es tan cerrado como al principio, y ya nos podemos reír de lo que paso en el lobby de HBO con las fans. Intento pedir disculpas, pero es estúpido. Me basta con que sea un amigo leal. Cuando le conté a Martha y a Jo, no se lo creyeron, y me dieron la lata una semana, hasta que Dan llego en su Diabollo a la escuela, ayer. Se veía tan sexy de mangas cortas y boina, parecía un motociclista. Fue el primero en reír cuando vio a Martha echarse al suelo de emoción. Jo me apretaba el brazo, gritando. “Lo haces… lo haces… el… . . . ¡Imbécil! ¡Es Daniel Radcliffe!”
“Dan, para los amigos” le dije, y me subí tras el, y no dio tiempo para que alguien le pidiera una firma siquiera.

En realidad, no solo esta mas abierto, sino que es mas rebelde, por así decirlo. Se burla de mi, y antes no lo hacia, es el primero en criticar los ejercicios de Paris (no se como hará para tenerlo de papa), a veces me trata como si fuera u hombre y no una chica. Era gracioso, pero a veces aturde. Ya no es tan reservado y tranquilo, de pronto estallo, y se convirtió en algo extraño, como David, pero sin el cabello rojo ni el balón de americano.
Todos han cambiado. Yo he cambiado. Mama lo ha dicho, y dice que le preocupa que me consuma la ambición, pero Duncan dice que esta bien, si me siento feliz. Y estoy feliz., Debo dormir, mañana será el último ensayo. Y en dos días, finalmente vestiré como Sarah. Y sus gustos no son muy finos, digamos.



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—Siento llegar tarde. — excuso Matt, jadeando, abriendo con el control remoto el maletero. —Trafico de mierda, a quien le importa un derrame de petróleo…—
—Te quedaste dormido, Matt. — replico Dan, divertido.
—Bueno… Pero si hubo un derrame de petróleo. — Ayudo al moreno a poner las dos valijas en la cajuela, y con cierta dificultad, el cerro.
— No tiene importancia. — aclaro, notando que su manager lucia desaliñado e, increíble, nervioso.
—Si, si la tiene, no puedes perderte esto. Has llegado, hemos llegado muy lejos, y no lo echaras a perder por mi causa. —

Desde que Nancy les anuncio que debían viajar a Hollywood para filmar en los estudios de HBO, Matt lo tomo como una afrenta personal, y decidió que nada evitaría que Daniel cumpliera su misión como Lewis Greenberg.
A partir de la discusión por la motoneta, el hombre pareció volverse mas huraño y alterable. Cada vez que le hablaba, respondía con un respingo, y cuando ocasionalmente lo llamaba, Matt no tardaba menos de un timbrazo en responder. Viajar en el auto era una pesadilla, con Matt preguntando si estaba cómodo, que quería comer, si deseaba llamar a Diana, si le apetecía comprar unos jeans… Ahora, se arrepentía de no haber dejado a Matt al cuidado del niño de oro.

Y después de aceptar que finalmente había perdido todo rastro de ética, opto por llevar la corriente, y comportarse con tanta naturalidad posible. Reía, jugueteaba, bromeaba, ya no solo se quedaba sentado de brazos en un rincón, con la mirada tiesa. A todos les había encantado el cambio, tal vez porque era más la súper estrella que se imaginaban. A Nancy le cayó de perlas, porque decía que era un Lewis más natural. Sabia que tenia razón, porque Lu (como le apodaban) era mas relajado con el resto de las personas, y con su padre era febril y grosero, como si no le terminara de cuajar el tipo. Y su padre era interpretado por Paris Giacommi (aunque no tenían prácticamente ningún parecido físico), quizás el tipo mas grotesco y desagradable que había conocido.
Nadie debía soportarlo, pero Dan sufría, porque solo con el compartía escena. Sorprendente, pero Paris lograba un impresionante acento escocés, y conseguía separarse de su carácter arrogante y enaltecido, y con solo un gesto lucia como el programador de software que debía ser. Pero cuando Dan pensaba que todo iba sobre ruedas, y que incluso podía llegar a la ultima línea del dialogo sin detestarlo, Paris se equivocaba, o se comía una risotada, y Dan era obligado a verlo de nuevo no mas que un actorcillo de tercera y con buena apariencia.
En cambio, disfruto mucho las dos únicas escenas que debía hacer con Felicity. Era amable, solicita y paciente, y lograron conseguir su ejercicio a la primera. Felicity tenia un aire elegante, firme, que la hacia parecer demasiado gruñona o insensible, reacia a trabajar con principiantes, pero los halagos que le había hecho no pudieron ser de nadie mejor.
En el guión, Lewis era más cercano con Sarah, pero consideraba a Jon como su hermano. Congeniar con Milla no fue complicado: tenía un encanto peculiar, inocente y honesto, y no era difícil apreciarla. Le gustaba reír con ella, y solo con ella, y nadie mas, tomaba los descansos, hablando de novios, novias, libros, los Sex Pistols y política aficionada. Un día, incluso, bromearon acerca de la horda de fanáticas después de conocerse, y como se había comportado el, y Milla solo rió, preguntándole cuantos hijos había diseminado entre esas ingenuas.

Zac era un caso aparte. Sin querer, decidieron hacerse la ley del hielo, y nunca compartieron más palabra que las de Jon y Lewis. Pero al ingles le sorprendió el profesionalismo de Zac: no parecía como otro sino como un niño bonito, pero su voz, esa voz fantástica que no lo dejaba concentrarse, de pronto se transformaba en el eco de un ser intimo, capaz de visualizarlo como Alex (el mejor amigo de Dan en cualquier mundo) o como un tipo necio e insoportable. A veces, Dan se equivocaba a propósito, porque había aprendido que, por alguna razón enfermiza, eso le causaba gracia a Zac, y reía como un imbécil, hasta que Nancy lo callaba. Y a el le gustaba eso, dejarlo en ridículo… y escuchar su risa. La risa de Jon, claro… “Claro, la risa de Jon.”

Matt le abrió la puerta del auto, y se sentó en medio del aire frío y neutro del Volvo. Extrañaba su motoneta, pero el manager insistía en que no había nada como viajar con un amigo (“En efecto, no hay nada como esto”. pensó). En cuanto encendió el motor, empezó la rutina.
—¿Has llamado a tus padres?
—Lo hice, profesor.
— ¿Diana?
—Le envié un correo.
— ¿Quieres que yo le llame?
—Se usar el móvil, créelo.
Unos kilómetros, recorriendo la nebulosa Quinta Avenida, viendo pasar en líneas silbantes los neones y letreros luminosos.
— ¿Te apetece una hamburguesa?
—Ya desayune, pero si tu quieres…
—No, si tu quieres, solo.
—No, Matt, gracias.
—Entonces yo no quiero... ¿Quieres otra ropa?
—Me compre unos Calvin Klein ayer en Macy‘s, gracias.
—Nunca esta de mas…
—Vamos al aeropuerto, no a una alfombra roja, Matt, gracias.
—Cierto, luces bien. — bufó, doblando por un recodo inesperado, que los llevaría directo a la autopista. Ya podía divisar la silueta del aeropuerto JFK.
— ¿Quieres escuchar algo? ¿Interpol, quizá?
—Seria bueno, gracias.
Matt encendió el auto estéreo, y el iPod que llevaba conectado, giro los controles un momento, y los acordes vibrantes de Lighthouse lo despertaron definitivamente.
— ¿O quieres algo…?
— Esa me encanta, Matt, gracias. — “Empiezo a fastidiarme, y ya no tengo decencia…”
— Solo quiero…— empezó, modesto.
— En serio, Matt, sobre la tumba de mi madre, te juro que estoy bien…— exploto brevemente. Y después tuvo una idea. — ¿Cómo esta Zachary? —
—El puede cuidarse solo, de veras. — “Golpe bajo.”
—Solo…
— Decidimos que tu me necesitas de verdad, ¿no?
—Si, Matt, te necesito…—
“¿Cuándo empiezas a hacerme cosquillas?”


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Jared entrego los discos a Darren (mas un DJ de Brooklyn que un ejecutivo) y se sentó en un puf plateado frente al escritorio de cristal. Su oficina estaba cubierta casi totalmente por fotografías, flyers, y afiches de trabajos suyos o ajenos, sonriendo al notar una versión con error de imprenta de Supernatural. Tras el asiento de molduras elaboradas, había un plasma de 24” pulgadas, en que apareció un menú de inicio con numerosas ventanas.
— Has hecho tu tarea, ¿eh?— comento el productor, y con el control remoto, selecciono un archivo al azar. Jared apretó los dientes: era el stop motion que había hecho en honor a Humphrey Bogart. Una figura caricaturesca del actor caminaba por un surrealista Chicago de cartón y plastilina, con la orquesta de Gene Kelly tocando en el fondo.
— Tarde dos meses en terminarlo. — comento, como quien no quiere la cosa. Pretendía ganarse a Darren por todos los medios. Casi todos los medios. Y si implicaba visos de arrogancia medida, a la suerte.
Tres minutos después, cuando los aviones de plástico caían lentamente sobre Humphrey, con la Quinta Sinfonía por fondo, Darren rió súbitamente. Sin pensarlo, regreso al menú, y escogió otro archivo, que resulto ser el mediometraje basado en Violín, de Anne Rice. Mientras las flores virtuales crecían en la pantalla, Darren comento:
— Me gusto lo que hiciste con Radiohead. —
— Oh, ¿lo viste?—
—Nadie se pierde el top ten de MTV, amigo. — “Como si no lo supieras…” — Fue… interesante. Surrealista.
— Las cosas son peores cuando tienen sentido. — recito Jared, con sabiduría.
— Nancy tiene razón, cambiaste las brujas y los fantasmas por un montón de frikkies…—
— Nancy dice muchas cosas. —
— Y todas son ciertas. — contesto Darren, sonriendo mientras buscaba el famoso video de Videotape.

Nancy dice muchas cosas ciertas… Vaya que si. No era la mujer mas agradable y sensible, ni el tipo de madre que uno desearía para sus hijos, pero si la mas sensata y calculadora que hubiera pisado la Tierra. No era atractiva, a pesar de tener un lindo rostro y un cabello fabuloso que ningún hombre podía negar, pero lo compensaba con una sapiencia excesiva. Eso fue lo primero que había notado al conocerla, en la fiesta que Tom Cruise organizo tras el nacimiento de su hija… Bien, la había conocido en un callejón detrás de la casa, al que habían escapado justo cuando el divo ordeno que todos se desnudaran y bebieran en largos vasos de cobra, usando mascaras florentinas.
— ¿Lo recuerdas?—
— Trabajar con Kubrick en verdad trastorna. —
— Mírate, y no trabajaste con Kubrick. — contesto Nancy, complacida, solo unas semanas antes, cuando se encontraron casi por milagro en el Soho.

El, o Jensen, había dicho a las 7, y Nancy estaba allí a las 6... Cuando llego a la esquina donde se encontraba el restaurante Moggan, el mismo de siempre, descubrió a la escritora caminando enfurecida hacia un parque, tiritando de frío. Sorprendido, corrió tras ella, hasta alcanzarla por el hombro...
— ¡Suéltame, cabron hijo de…!
—Que boca.
— Ah, tu. —…y no lucia muy contenta.
— ¿A dónde ibas?
Ella hizo una mueca.
—A mi casa. No iba a esperarte…
— ¿Por dos minutos tarde?
—Me reiré, ¿OK? ¡Llevo una hora esperando! Y los imbéciles del Moggan no me dejaban entrar sin reservación, que hiciste tú, por supuesto...
—Pero era a las 7...
— ¡Aprende a leer! Dije a las 6...
—Jensen me dijo que…
—Ah, Jensen. — avanzo unos pasos. —Entonces, supongo que la carita sonriente y todo eso lo envió Charlie Tutsi…
— ¡No! Bueno, fui yo, pero el también, y dijo que me citaste a las 6.
— ¡Dije a las 6! ¿O te parezco con ganas de bromear?
Silencio, y después, carcajadas que los remitían de inmediato a esos cuatro meses, una semana y ocho horas de ocio y paracetamol, en que perdían sus noches cantando, escribiendo, insultando a Stephen King y rezándole a Madonna.

Quienes los conocieron durante su relación, juraban que nunca una pareja había sido tan perfecta: uno, actor joven y cotizado; otra, escritora treintañera y enervante; como las parejas de la televisión, decía su madre. Y Nancy lo creyó, por cuatro meses exactamente. Porque un día, llego un muchacho llamado Greg, George o algo parecido. La rutina de sus citas, si así podían llamarse, no se modifico en lo mínimo: bebieron unos tragos, se sentaron a escuchar a Janis Joplin y Yoko Ono, tomaron mas, tomaron de las pastillas que la mujer encontraba bajo su cama, discutieron del presidente y la ONU. Y, como Nancy escribió mas tarde en Lorica Et Sam, el efecto Cenicienta se cumplió a la medianoche. Echada bajo la cocina, buscando las gafas mágicas del Dr. Robert, no escucho los golpes y jaloneos que se producían en la sala. Al regresar con las manos vacías, el efecto de las anfetaminas hizo más agradable la visión del único hombre que sintió amar en toda su vida, el perfecto, con las manos por todo el cuerpo del tal Gregory, quien ni tardo ni perezoso, le había arrebatado el pantalón.

Jared estaba francamente sorprendido: había asumido que Nancy sabia de sus gustos eclécticos. Pero no fue así, y ella, esperanzada, intento una semana mas, con la esperanza de que ese había sido un resbalón, una aventurilla, esperanzada en que Jared reaccionara a que nadie, hombre o mujer, se entregaría a el como ella lo hacia. Pero al cabo de esos siete días y ocho horas, que culminaron con la reaparición de Giovanni dispuesto a toda expresión masoquista con su amante, decidió terminar. Y decidió que no habría ilusión de ahora en adelante. Tal vez por eso nadie leyó Lorica Et Sam. Nadie pudo entender que Lorica, la campirana extrovertida y solitaria y rubia, era una Nancy despechada por primera y ultima vez.

Y ahora, se reían, como la Pareja del Año que alguna vez fue. Como hacían en las situaciones terribles o los silencios densos. Entraron al restaurante y, como en tiempos viejos, bebieron, escucharon al pianista holandés de esa noche, bailaron un rato, gritaron, bromearon, e insultaron a Stephen King. Y a ratos, ambos tenían la impresión de que todo era como antes. Pero entonces, Jared se fijaba en alguno de los camareros que pasaban a su lado, con los ojos entornados, y Nancy meneaba la cabeza en su vino blanco.

—Darren dice que esta abierto a nuevas propuestas. — dijo, al terminar su trago.
—Ah, eso es bueno.
—Y que debes explicarle porque dejaste la serie.
Jared entorno los ojos, pero no había ningún camarero apetitoso a la vista.
—Porque no a todos nos gusta ser una cara bonita.
—Eras estable…
— ¿Me apoyas o no?
—Claro que apoyo tu decisión. Pero lo que cualquiera se preguntaría es porque no decidiste eso desde el principio.
— ¿De que otra manera iba a llegar a director? Necesitaba un lugar, un nombre, y después aventurarme…
—Suena lindo, pero a Darren le gustan los rubios…
— ¿Qué?
—Nada, nada.

Típico de Nancy. Tenía demasiados chistes privados, pero no los compartía con otro, sino con su mente feminista y socialmente intolerable. Rió entre dientes, visualizando la vida que habría tenido con ella, y todo lo que debería agradecerle entonces… Y no entonces, sino siempre. Era ella quien, aun con el temor de una triste decadencia, discutió su decisión de dirigir. Fue ella quien le obsequio su primera cámara. La que conocía a Radiohead. Quien le presento a editores de HV1, Warner y algunos de Iowa. Fue ella quien le compartió los secretos nebulosos de su talento. Aunque ella no lo había hecho, sin ella nunca estaría en la oficina de Darren, expectante. Y eso lo hacia peor, al pensar en que, después de todo, el jovencito Graham Downs había sido un placer culpable.

—No veo porque no. — sentencio Darren, sentándose en su silla de respaldo alto, dejando correr tras de si el bosque psicodélico de otro corto. — ¿Es todo lo que tienes? —
—Oh, no. Bueno, además dirigí algo en Supernatural, y en CSI con un seudónimo…—
— ¿CSI?— Darren se inclino sobre el escritorio, y Jared se sintió vigilado.
—Si… Conocí a Jerry en…—
—Es CSI, hermano. — Darren se veía cada vez mas complacido. —Jerry Bruckheimer… Bien, veras. Si Nancy no tiene inconveniente alguno…—
—No lo tiene. — aclaro, perspicaz.
—Claro que no lo tiene. Bueno, yo no veo que impediría que trabajaras en Human Behaviour… ¿Tienes experiencia en comedia?—
—Lo que viste…— Pero Darren ahora lucia mas como Sr. Star.
— ¿Consideras que tienes experiencia en comedia?
—Bueno… Si.
— ¿Has trabajado con adolescentes?— “Graham era un adolescente…”
—Eh… Si, algunas veces.
—Porque aquí no trabajaras con adolescentes, sino con Zac Efron…
Jared salto en su asiento.
— ¡Zac…!
—Y Daniel Radcliffe…
— ¡Dan…!
—Y ya debes saber de Felicity Huffman, supongo. — vacilo Darren.
—Nancy me dijo algo. — susurro, sin aliento. ¿En serio… con Zac Efron? ¿Con Daniel, Daniel, Daniel Radcliffe? “Graham fue un horrendo placer culpable.”
—Debes saber que no es lo mismo trabajar con animaciones que con actores de esa talla.
—Lo se. — Casi no podía pensar.
—Y que prácticamente te estoy obsequiando Human Behaviour. Rechace a Julie Taymor. Rechace a Jason Reitman. Y te acepto a ti.
—Entiendo. Se de que soy responsable. — ¿Necesitaba escribirlo? Solo un cretino dejaría ir esa oportunidad… Ya no seria Jared. Seria Mr. Padalecki.

— Bueno, también debes…
— Darren ¿no escuchaste el “Si, acepto”?


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Era una calle amplia, acondicionada con la apariencia de cualquier rincón de los suburbios. Las casas pulcras, los jardines limpios, las aceras sucias, un parque con canchas en medio de un mar de césped artificial, y un cielo metálico que anunciaba tormenta.
Zac camino hasta el número 1211 del ficticio Corey Street, que lucia un porche y jardín sospechosamente parecidos a la casa de Nancy Crowe. Cruzo el patio, tropezando con cajas de utilería diseminadas y revueltas por el suelo, y atravesó el marco vacío donde instalarían una puerta en unas horas más. La vivienda de los Meyer no parecía nada del otro mundo, excepto quizá que todas las paredes centelleaban con un color naranja ocre que terminaba aburriendo. Los muebles estaban separados de los muros brillando de pintura fresca, y al centro de la sala quedaban grandes embalajes envueltos en papel burbuja. Al fondo estaba la barra del comedor, donde sabia tendría su ultima escena con Ashley. Subió las escaleras, al centro de la casa, y llego al piso superior, cuyos pasillos presumían numerosos cuadros con rótulos y etiquetas como Fel. &? o BasketZac. El preámbulo de la existencia de una familia televisiva.
Inseguro, se acerco a una puerta coronada por tubos de neón en verde limón, y se encontró en lo que seria la habitación de Megg Meyer: la alcoba típica de cualquier niña fresa americana. Laptop, un closet enorme y minuciosamente ordenado, fotografías de chicos y miembros de BSB con el torso desnudo, un equipo de sonido, almohadas y peluches adosados a un rincón. Sin emoción alguna, cerró la puerta, y saltando sobre las tablas de madera sueltas y paquetes de libros aun atados, llego a la habitación de Jonathan Meyer, cuya puerta gastada tenía un extraño dibujo de Björk tapizado.
Rió de placer, al encontrar la habitación más peculiar que hubiera visto. Una de las paredes estaba cubierta de pies a cabeza por fotografías de árboles, parques y chicas en blanco y negro, y los dos armarios que ponían en los extremos iban cubiertos por espejos con numerosos graffiti: abrió uno, y se encontró con estantes repletos de tenis de todo estilo, y en el otro, decenas de camisas geniales y jeans importados. Había un gran equipo de sonido, y varias torres densas de CDs (las cajas estaban vacías, claro). Un televisor viejo descansaba en el suelo, rodeado de revistas deportivas y bóxers, y un escritorio con repisas numerosas y un moderno Mac en lo que debió ser la cabecera de su cama. En el techo, había más dibujos, y una bicicleta empotrada con tornillos. En la ventana, en vez de ventana, había numerosas placas de madera envueltas en papel periódico, que funcionaban como una persiana, y rebosando en una esquina, una colección de lámparas de todo tipo y tamaños, desde candelabros elegantes hasta juguetes infantiles.
Así que Jon era un alma artística, extravagante, que adoraba coleccionar cosas estrafalarias, fanático del chocolate y cuya moral dudosa le producía un tremendo malestar. No era tan difícil. No seria muy difícil. Debía ser como Dan, más o menos. Ya no Zac… Y si podía usar los tenis y las camisas, no tenia inconveniente en quedarse allí un buen rato.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Milla bajo del auto con una extraña sensación. Desde el asiento trasero, Duncan le entrego su maleta, y con un pulgar en alto, se alejaron a paso lento por el camino de grava. La entrada a los estudios estaba conformada por varios arcos anchos y enrejados, y detrás de estos, se distinguían los altos bloques en forma de hangar color crema, y el logo de HBO repetido ad infinitum.
Un vigilante enorme y negro salió desde una caseta de aluminio, con una tablet PC bajo el brazo. La cogió, encendiendo el aparato, y le pregunto aburrido:
— ¿Nombre?
— Eh… Milla Hawks-Jones…
— ¿Asunto?
—Eh… Bueno, vengo con Nancy Crowe para...
— ¿Proyecto?
Human Behaviour, de Darren Star.
El vigilante aflojo la tensión de sus mandíbulas, a la sola mención del productor, y con un silbido, hizo traer un carrito de golf de alguna parte.
— Lamento las precauciones. — comento, con el semblante mas solicito — Los fanáticos… Sabe, son capaces de matar por ver a Carmen Electra…
— ¿Carmen Electra esta aquí?— pregunto, anonadada.
— Si, esta en una audición con los ejecutivos. — Eso quería decir que probablemente estaba fornicando, o así lo interpreto ella. El hombretón subió la maleta, la ayudo a subir, y con un golpe suave, salieron por las callejuelas que se bifurcaban entre los amplios sets.

— Human Behaviour…— murmuro, dando golpecitos a la pantalla del artefacto, dejando al conductor GPS llevarlos — Es el set 7-G, esta casi al extremo de los terrenos. Al lado filman algo de Big Love, creo. — Dejo la tablet PC en el asiento contiguo, y tomo el volante, arrojándose velozmente por un recodo. A pesar de que el carrito aceleraba cada vez mas, Sarah distinguió perfectamente decenas de muros falsos apañados contra los muros, cajas y mas cajas de madera minuciosamente etiquetadas, técnicos vestidos con una chaqueta azul cielo que se gritaban ordenes por walkie-talkies, posters de otras series de la cadena (sintió un vuelco al notar una manta gigantesca de Nip/Tuck, su favorita), e incluso una manada de reporteros devorando a algún famoso, irreconocible entre la masa de brazos y micrófonos. Por lo visto, ese día había mucha actividad en los estudios, y la presencia de cámaras e histriones de primer nivel la hizo sentir brevemente asfixiada.

Frenaron, finalmente, deteniéndose ante una alta valla de placas de madera usada ensambladas una tras otra, que cercaba el set de filmación detrás. Alguien había escrito con aerosol verde un gigantesco

SOLO PERSONAL AUTORIZADO. STAR&KING.

Lo dicho, Darren era lo bastante poderoso como para exigir el secreto absoluto con un trabajo nuevo. Uno que tenia a Zac Efron y Felicity Huffman mano a mano con Daniel Radcliffe, y ese escocés famoso y desagradable.
Un asistente de apariencia austera aprecio de pronto, con la mirada retadora.
— Solo personal autorizado, Bob. —
— Traigo a…— Bob repaso la lista en la tablet, y confirmo: — A Milla Hawks-Jones, con autorización de Crowe y Star. Fred, déjate de esto…—
Fred no lo escucho, ocupado en revisar una carpeta desordenada. Repaso con el dedo índice, hasta que dio con su nombre.
— Aja, Milla Hawks-Jones, Human Behaviour. Siento esto, Milla, pero los fanáticos…—
— Ya se lo dije, Fred. — Bob se despidió, y le paso al otro la bolsa de Milla, antes de arrancar. Fred le hizo una seña, para que lo siguiera al interior. Pero ella se detuvo en seco.
A unos metros de ella, a solo unos metros de ella, Tom Hanks (“¡TOM HANKS!”) paseaba de un lado a otro, hablando por un moderno móvil de titanio, con un glamoroso traje gris y gafas oscuras.
Se sintió ridícula, con sus pants maltrechos y sus gafas de Sol compradas en una gasolinera. ¡Trabajaba en los mismos estudios que Tom Hanks! ¡Llevaba unas gafas de plástico, mientras el portaba unas Vogue, y ya se sentía con aire de Hillary Duff! Discretamente, se quito los lentes, guardándolos en sus bolsillos. No quería impresionar a nadie, mucho menos parecer algo que no era. Aun.

Fred hizo a un lado las cortinas de plástico polvoso para que pudiese pasar, se revelo un enorme aparcamiento rebosando de remolques, Porsches, y camionetas de producción. Y claro, muchas más cajas.
— Aun no ha llegado tu equipo. — aclaro Fred, contemplando la desierta extensión de concreto. — Llegaran en media hora, me parece. Mientras tanto, puedes acomodarte… Eh...— De nuevo a su carpeta —Ah, si, tu camping es el numero 13, ese en la última fila. — “Vaya, ultima fila”

¡Algo era algo! Cogió su equipaje, y con ayuda de Fred, lo arrastro hasta el vehículo. Cuando abrió la puerta, le llego un agradable aroma a frutas frescas, procedente de una gran fuente de acero sobre la mesita del comedor.
“Así es como trabajan las súper estrellas”
“Tu no eres una…”
“Bueno, las súper estrellas principiantes”. Había un tocador, y un clásico espejo rodeado de luces blancas, un vestuario, abierto de par en par. Una pequeña cocina-bar tras la cabecera de un camastro plegable, con algunas botellas nuevas de champagne. Aturdida, dejo caer su equipaje, y se apoyó en el marco de la puerta.

—Por cierto, — escucho detrás de ella — mi nombre es Fred Donovan, diseñador de producción…—
— ¿Donovan?— sonaba familiar.
—Soy hermano de Diddy, ya lo debe conocer. Bueno, soy diseñador de producción, titulaje y asistente de vestuarios.
— De todo… y madrugador. —
— Vaya, soy siempre el que llega mas temprano, tengo que supervisar que no falte vestuario, utilería, nada… Hoy solo es una visita, pero debemos terminar de construir para el viernes. Si lo deseas, puedes darte una vuelta por el set, ya sabes, para familiarizarte…. Ah, solo te pido que no toques las paredes, algunas no terminan de secar, y no camines sobre las jardineras. Hay algunos objetos envueltos en plástico, ten cuidado con esos. Por lo demás, estas en tu casa. Si necesitas algo, estaré en el 1321. — sonrió, y cerro tras ella. Se sentó frente al espejo, dejando caer el rostro en la helada y lisa superficie del espejo. Estaba apabullada. Solo unos meses antes, había entrado en esa sala oscura y tétrica, con su playera de Badtz-Maru y muchos malos presentimientos, saludando tímidamente a Darren, a Johanna y a Nancy (quien, por alguna razón, entonces llevaba el cabello rubio). Las pruebas que hizo, mientras ellos observaban en silencio, le dejaron la impresión de un casting más a la basura… Pero la llamaron la semana siguiente, para la segunda prueba. Tres días después, ella y Duncan firmaban un contrato. Cinco días, y conoció a Daniel Radcliffe. Menos de un mes, y estaba en ese remolque modesto, temblando de emoción. Esa avalancha de ideas se habían arrastrado a ella desde que subió al avión, dejando detrás el aeropuerto JFK, y con el un tiempo suficiente para saber lo que le esperaba, y lo que no.

¿Cómo pudo llegar ese extraño golpe de suerte? ¿De donde salió? ¿De un fajo de billetes, de una plegaria? Había intentado hacer algo de valor desde que tenía memoria, y siempre terminaba por resignarse al ser otro granito de arena. Las obras escolares, las fotos para Vogue, las pasarelas de tercera… Intento todo, y de pronto, de una audición que hizo a mitad de las clases y medio alcoholizada, había terminado con Daniel Radcliffe como su mejor amigo, un remolque-camerino para ella sola, y millones de televidentes clavados a ella en un futuro no muy lejano.
¿Merecía tal bondad? ¿Realmente triunfo por sus propios meritos? Sabía lo que Duncan había intentado muchas veces… No lo agradecía, pero tampoco lo despreciaba. Así había aprendido a conformarse con Milla, y solo con Milla. De la misma forma que aprendió a no extrañar a papa, a descifrar los extraños chistes de mama, a caminar orgullosa entre dedos que le apuntaban y rubias despampanantes, a comer sola cuando Duncan no regresaba aun del hospital y mama seguía en el bufete, a no ilusionarse con un beso de Harry Potter… de esa forma aprendió a vivir consigo misma, sin aspirar a nada mas que el ocasional pie de pagina en una revista, sin nada por lo que habría valido la pena luchar. Y ahora, tenía un camerino para ella sola. Y para aquel que pronto anhelara los brazos de Milla Hawks-Jones… Como, un ejemplo…


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Dan sorteo la base de una enorme grúa, colocada justo en el hipotético cruce de Corey Street y Perrot Street, esta ultima calle estaba formada por solo cuatro fachadas vacías a cada lado, con las ventanas que no daban a ningún lado perfectamente selladas. Por alguna razón absurda, le pareció tremendamente gracioso, y rió suavemente hasta que llegaron al 1466, una casa de aires californianos, con acabados mas modernos que sus vecinas, pero con un extremo del porche aun sin terminar, y adosados al garaje montículos de PCs e impresoras viejas, cubiertas con una lona vieja. A eso se refería Nancy con los extraños hobbies de ese que se hacia llamar su padre.

Subía los peldaños cubiertos con papel estraza, cuando unas manos lo apresaron por el cuello, al grito de “¡Daaaaaany!”, y que, en su asombro, lo hicieron caer hacia atrás. Aterrizo en el césped artificial, y por instinto, se cubrió la cara con ambos brazos. Pero escucho risas, y suponiendo lo que vería, se destapo.
Milla estaba de cuclillas a su lado, con las manos en el abdomen, doblándose a causa del esfuerzo. Intento sonreír, pero aquello no le gustaba: la chica no tenía tanta fuerza para derribarlo. Una cara rubia se asomo a su mirada, desteñida por el Sol que apenas se vislumbraba. Zac le tendió una mano, alegre y sin verlo a los ojos, lo ayudo a levantarse.
—No debías golpearlo. — dijo ella, partiéndose de risa.
—Pero lo hice, y resulto mejor. — contesto Zac, con una sonrisita suficiente.
Su risa, por otro lado, se había esfumado, a la vista no de Zac… sino de Milla.

“¿Qué hace con este imbecil? Es mi amiga.”
“Dile a la maestra, acúsalo…”
“¡Púdrete! ¡Y tu también! ¿Que cree que hace? Nunca lo había tomado en cuenta, y de pronto, hasta me hacen la zancadilla juntos… Jodido mundo inestable… ¡No debe estar con el, sino conmigo! ¿Por qué se ríe con el?”
“¿Te gusta cuando ríen?”
“Solo cuando el ríe… ¡Cállate! Carajo, había conseguido algo. Ya no tenia que estar solo aquí, sin conocer a nadie, la tenia a ella, y ahora… ahora…”
“Solo te queda Diana.”
“¡Ella vale por cien Millas! Además, Milla parece mari macha… ¿Por qué no se callan?”
“Tanto lo deseas…”
“Por favor, no molestes… Bueno, lo consigues, me relajo, y uso mi raciocinio. No es nada alarmante, en algún momento debía cruzar palabra con el, vamos a ser como hermanos dos meses, quizás mas, definitivamente tenían que hablar… Y cualquier chica le hablaría, es tan guapo…”
“Yo no dije eso.”
“Lo dije yo… ¿Qué tengo en la cabeza? Eres tu, lárgate a joder con mi libido…”

Con esta maraña de pensamientos, no se percato cuando Milla se echo a sus brazos en gesto de disculpa, cediendo a la calma.
—Lo siento…— dijo con afecto —Pero nadie se podría resistir. Parecía como si entraras a una casa fantasma… Muy teatral. —
—Eres cruel, me cortaste la inspiración. — atino a responder, y le echo una carcajada tonta antes de abrazarla el también. Su cabello olía a algo conocido, como vainilla… Diana usaba extractos de vainilla. “Pero Milla tiene el cabello opaco. Diana lo tiene como Zachary, limpio y agradable… ¿QUE?”

—Eres infantil. — siguió.
—A veces es divertido hacer el idiota. — respondió ella, frotando su nariz contra el pecho de Dan, risueña.
Zac se adelanto, y le hablo otra vez a Milla.
— ¿Ya terminaste?—
—No molestes. — “En serio, no molestes.” —Oye, Nancy ha llegado, y dice que tenemos mucho que hacer, así que si vas a entrar en contacto con tu yo mágico o algo así. —
—Debemos ensayar, ¿sabes?— inquirió Zac, desviando su mirada del otro. Sabia que le hablaba a el.
— ¿Quieres verme a los ojos?— estallo Dan.
Zac, sin embargo, no levanto la mirada. Aun sonriendo, murmuro:
—Perdón por lo del primer ensayo, por alargarme, o lo que sea que haya hecho. — acto seguido, se quedo plantado, esperando a que Dan respondiera. Y su hubiera sido el Dan de hacia un tiempo, probablemente habría reaccionado así frente a ese gesto de humildad: “Despreocúpate, no tienes la culpa de nada, tienes derecho a hablar, y no debí interrumpirte. Ahora, ¿podemos concentrarnos en el trabajo?”

Pero el Dan de ahora, que a ratos sentía no tener nada que ver con la raza que deambulaba por el mundo, soltó un seco:
—Hum… gracias. — Milla se separo de el, dejándole con su tibio abrazo en la ropa, y le dio una palmadita a Zac.
— ¿Ves? No era tan difícil. — cogio a los dos hombres de la mano, y los llevo hacia el paraje que se extendía mas allá de Flaw Street, ese que Dan había encontrado gracioso, pensando en que ya había una razón muy buena y extraordinaria para hablar con Zac. El YA tenía una razón extraordinaria…
“Puedo decírselo, tengo agallas.”
“Y el tiene el cabello de Diana…”


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Caminaban por el parque a medio terminar, guiados por Darren y Fred (pues Nancy, sin poder creérselo, podría pasar por una turista de Tercer Mundo en Las Vegas, con los ojos enloquecidos, hacia cada rincón de su creación). Aun faltaban árboles por colocar, y había un grupo de asistentes cubriendo con barniz los juegos infantiles. Las canchas lucían como nuevas, demasiado, y había dos hombres diseñando rayones y grietas en el suelo, y otro mas rociando con un spray corrosivo las canastas. Mas allá, una jardinera se encargaba de retocar las flores en la entrada de una tienda, y una decorita acomodaba y reacomodaba los libros en una vitrina (a nadie le sorprendió ver VelVetine y Lorica Et Sam entre los tomos). De no ser por el incesante martilleo, las voces distorsionadas por los radios, y los toldos que cubrían la miad del parque, darían por hecho que habían salido de paseo a los suburbios.
—Hay 15 tiendas alrededor, reciclamos algunos sets usados para Desperate Housewives, así que no te extrañe, Felicity, mudarte a la misma casa otra vez. — la actriz rió, y Paris echo una de sus carcajadas falsitas. —Mañana se instalara una estatua, y será el primer set que emplearemos en la filmación… Nancy, ¿añadirás algo?—… ¡Nancy! —

La mujer se había quedado rezagada, contemplando como un sonámbulo la tienda de videos, al borde del llanto. Taylor se acerco a ella, le susurro algo, ella dio un respingo, el meneo la cabeza, y ella tosió con gravedad.
—Ejem… claro. Bueno, deben reconocer el escenario, por supuesto, quiero que tengan este aire de familiaridad, digamos incluso que indiferente. No quiero dar la impresión de que su trayecto fue planeado tres minutos antes de filmar… Hay agua potable y energía eléctrica en todas las cosas, las que emplearemos, por supuesto, y serian completamente habitables de no ser por Darren… En fin, si nos ubicáramos geográficamente, la preparatoria North High se encuentra al norte, obviamente.— señalo hacia la derecha, en dirección a Perrot Street —La casa de Lillian, que por el momento será un set en foro, se encuentra al este, igual que el Auditorio Quinn. — con los dedos apunto detrás de ellos. —El auditorio Quinn seria ambientado en la sala de conciertos de San Francisco, si nos aprueban. OK… ya lo saben, Corey Street es parte del condado Allani, en el estado de California. Decidí no ambientarlo en un lugar factible, para poder jugar con las escalas de tiempo y espacio… Ahora…— a paso veloz, los guió mas allá de la panadería, guiada a su vez por Darren, y regresaron al enorme aparcamiento de remolques.

—…como verán, las salas de vestuario, maquillaje, bodegas y d
CAPITULO 4: But yet so irresistible... (II) por GhostOfFaron
Notas del autor:
Finalmnt, ya tengo otro capitulo de Human Behaviour. Resulta k este es el mas largo hasta ahora, casi 20.000 palabras, asi k decidi subirlo en dos partes.
Ahora, finalmnt, despues de ensayar y sentirse como una mierda, mis keridos amigos descubriran k nada esta escrito... Dedicado a Carlos, por esta vez. Sin ti, y tus estupidas anecdotas sobre Hollywood, habria concebido esto. Gracias por ser mi unico amigo durante esos dias en NY.. Disfruten.

Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

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Nancy lo empujo suavemente con un brazo, poniéndose detrás de la cámara, montada en un carril instalado en el techo. Zac esperaba paciente, sentado en el borde de la ducha, y Ashley reía con Taylor. En realidad, ni Dan ni ellos debían estar allí, pero Nancy no había puesto objeción en que vieran otros ensayos.
Dan se arrimó al rincón mas apartado y cerrado que hallo, entre el lavabo y un armario gastado. Se sentía muy inquieto: en esa escena, Megg besaba a Jon, revelándole cuatro años de rencores y pasión escondida. Ashley besaría a Zac. Alguien besaría a Zac. Y, consecuentemente, el rubio besaría a alguien. Quería saber como era eso, pero al mismo tiempo, no quería disfrutar esa asquerosa visión…

—Zac, ¿podrías levantarte un poco más? Estas desenfocado. — indico Nancy, y así lo hizo el chico, sonriéndole a la directora, que decía algo sobre reflectores y catering a un asistente.
—Bien, hagamos esta toma, presten atención a lo que les indique, pero no se interrumpan. —
— Tendrás lo que mereces. — dijo Ashley, atándose el cabello con una liga.
—A ver quien gana. — contesto Zac, palmeándose las rodillas.
—Silencio. Acción. — Silencio, y acción. El rostro de Zac, que apenas un momento era el suyo, se transformo en el gesto fastidiado y apremiante de Jon, mientras Ashley, con apenas una ligera inclinación de su boca, parecía mas creída y airada que ella o que Paris Giacommi.

¿Tienes que insistir con tu cabello? Nadie lo nota.
“Incluso yo lo haría mejor.” pensó Dan, apretándose mas contra el estante. Era la voz de Zac, Jon, los dos, tal vez.
¿Te importa?— ataco Ashley, agitando su cabello con un cepillo.
Si, si dicen que mi hermana es una…
Hermanastra, aclaro.
Jo, jo, ¿te incomoda eso? — “Ríe, acaba de reírse, y Nancy no me dejo verlo.”
La mujer giraba lentamente con la cámara alrededor de los actores, ayudada por otros dos asistentes en mangas de camisa.

MEGG: Lo dices, y lo haces sonar como si tuviésemos lazos sanguíneos.
JON: ¿Y eso te molesta?
MEGG: Si, demasiado. No eres tanto para mí.
JON: Y tú no sabes escribir…
MEGG (hastiada): Hablo en serio, Pinocho. No es divertido que lo hagas parecer así…
JON (molesto): Solo hablaba de tu cabello.
MEGG: Y lo tenías que convertir en el Dr. Phill.
JON: Créeme, no hay nada de tu corazón de piedra que nadie sepa.
MEGG: ¿Me estas diciendo insensible?
JON: Como toda una mujer, escuchas lo que quieres.
MEGG: Me dijiste insensible.
JON: Dame otro adjetivo…
MEGG: ¡Tu…!
JON: Por fin tienes algo que decir…
MEGG: Te iba a besar.
JON (confundido): ¿Y para eso tardas tanto?
JON: Espera, lo entendí… ¿Me ibas a besar?
MEGG: Iba, lo has dicho.
JON: ¿A mí?
MEGG: Si, idiota, pero ya lo arruinaste.
JON: ¿Yo? ¡Tú, y tus enfermos deseos!


Ashley se separo por fin del espejo, y de un salto estaba de cuclillas, a unos centímetros de Zac. Dan recordó que en esa escena, Jon estaba bañándose, se cortaba la electricidad, y quedaba solo con una toalla…
“¿Por qué traes camisa, yankee? ¿Tienes tanto que presumir debajo de tu camisa de garaje?”
“Eso quisieras…”
“Ay, carajo, es cierto.” ¿Zac, desnudo, o por lo menos con una toalla? ¡Zac, desnudo! ¡Zac con una toalla! La imagen que formo en su cabeza lo aterro…

MEGG: Mírame a los ojos, y dime que te han besado.
JON (tratando de sonar firme): Eh… Si.
MEGG (con suficiencia): No te han besado.
JON: ¡Claro que si! ¿Recuerdas a Mónica…? ¿La de…?
MEGG: Pinocho, una cosa es un beso, y otra muy distinta es besar.
JON (ingenuo): A mi me suenan idénticas.
MEGG: Porque eres un niño inmaduro, y nunca te han besado, no algo digno de contar.
JON: Tengo 17, ¿en serio crees…?
MEGG: ¿Si te beso, te callas?
JON (dejándose llevar): Si… (Sin preámbulos, sin ternura aun, Megg besa a su hermanastro en la boca.)


Sin preámbulos, sin ternura aun, Ashley beso a Zac en la boca.

Desvió la mirada, y supo entonces porque el chico había hecho lo mismo en el jardín. Se formaba la imagen que fluía ahora en su cabeza, la de un mundo en que ellos sentían algo más que desprecio. Ahora, mientras la lengua de Ashley golpeaba el interior de las mejillas de Zac, y el permanecía con los ojos entreabiertos, Dan no negó que jamás lo había visto tan lindo…
“¿Lindo? ¿El?”
“Cállate, bueno, así debemos vernos todo cuando nos besan.”
“Pero no lo besan a el, besan a Jonathan.”
“Entonces Jonathan es lindo.”
“¿Lindo? ¿El?”
“Bueno, es de ficción, ¿pero que? Malfoy es de ficción, y me parece guapísimo… Que mierda digo, es un estupido beso, y no es para mi, eso me molesta.”
“Ah, entonces es envidia…”
“¿De que? Diana besa mucho mejor.”
“No lo puedes asegurar.”
“¿Y tu que sabes?”
“Nunca has besado a Zac.”
“¡Ni lo haría! Y no tengo ganas de saberlo… Bien, le preguntare a Ashley, y me burlare de el después… ¿Por qué no lo suelta esa perra? Ya debió cansarse…”
“Tómale el relevo.”
“¡Cállate! Jodete a mi libido.”
“¿Qué crees que hago?”
“Se aprovecha, como haría toda chica que pudiera besarlo… ¿Pero por que no lo deja?”
“Tal vez besa muy bien.”
“¿Como puedes asegurarlo?”
“Tu lo has dicho, no lo suelta.”

Debajo de la maraña rubia de la chica, apareció el rostro colorado de Zac, con los labios rosados y húmedos, brillantes, y los ojos abiertos como dos mares. Jon estaba sorprendido, sin duda. Zac, no, porque ya sabia que iba a pasar. Ashley, Megg, estaba sonrojada, y reía entre dientes. Dan, por una razón ajena a su control, sentía un poco mas caluroso el ambiente…

MEGG: Te callaste. Lo debí hacer antes.
JON: ¿Me-me… me besaste? No…
MEGG: Si, y créeme que no puedo devolverlo.
JON. Bueno… gracias.
MEGG (estupefacta): ¿Gracias? ¿Te beso… te beso y dices “gracias”? Con razón Mónica…
JON (alarmado, agitando las manos en protesta): Esto… bueno, eso… y esto, no ha sido nada.
MEGG: Si no te cubrieras solo con una toalla, te creería.


Zac echo un vistazo a su cintura, y con un respingo, se cubrió la entrepierna con ambas manos, fijo en Ashley, o Megg, o quien mierda fuera, tan fría como estaba antes. Dan se sentía mas seguro. Se habían separado, por fin, aunque ese estupido beso había durado siglos, y ya daba por sentado que solo estaban al servicio de sus personajes. Pero ahora, incluso empezaba a sudar… Zac hacia parecer muy bien que estaba excitado. A Dan no le hacia falta fingir…
“¡No estoy excitado!”
“Claro, debe ser una reacción normal de tu cuerpo…”

—Y… Corte. — grito Nancy, dando una palmada liberadora. Zac empezó a reír, y se echo atrás en la tina, sin dejar de hacerlo. Taylor se acerco, bromeando acerca del aliento de Ashley. Dan sintió que era cuestión de milímetros para fundirse con la pared. Ahora estaba definitivamente excitado. Jon se reía.
“¿No escuchaste el “Corte“?”
“Mierda, no es cierto… ¡Fue el beso, soy un jodido vouyerista! Me excito verlos besarse, igual que me excitaría ver a… a Nancy y Taylor… o a Diana y a mi… ¿Pero por que sigo excitado? Mierda, no es cierto… ¡Es su puta risa! ¿Cómo lo hace? Me esta provocando, se burla de mi…”
Disimulando, se pego aun mas a su escondite, cruzando las piernas. Lo que menos necesitaba era que Zac se excitara ahora con el…
“Ashley… No quiero que una chica lo note.”
“Bien, Zac puede hacerlo.”
“Los hombres podemos hacerlo, Zac y yo podemos hacerlo…"
“¿Hacer que?”
“¡Basta, basta!…”


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


— ¡Basta!— grito, y cayó de la cama. Tras la puerta contigua, se escuchaba movimiento. Se palpo la frente, empapada, y el pecho, helado. Se puso de pie con movimientos torpes, aturdido, sofocado, con los ojos hinchados tras una noche intranquila. ¿Qué estaba pasando? Eso no parecía Corey Street… ¿Dónde estaba Diana? ¿Y quien estaba en su baño? Era Zac, seguramente, después de…

— ¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?— lo exalto una voz, y al girarse, vio la cabeza de Matt asomándose por la puerta, con la mitad del rostro cubierto con espuma, y la otra mitad con pequeñísimos cortes sangrantes.
—Me… me caí. — balbuceo, e intento parecer despreocupado. — ¿A eso llamas afeitarte?—
—Ja, ja, tú te depilas. — gruño su manager, cerrando tras de si la puerta.

Así, salio de su ensueño. Tal vez había dormido solo tres horas, o menos. La noche la había tomado en leer una vez más su libreto, si bien cada línea que repasaba era incomprensible, colmada de un montón de ideas y sensaciones ridículas que lo acompañaron hasta la cama. Después, en un momento de la noche, Diana entro en su cama, y se sintió feliz de algo que no involucrara a Matt o a Milla. No había tenido sueños húmedos desde los trece años, pero este había sido necesario y reconfortante. Sentía cada tiento, cada parte del cuerpo de su novia como si en verdad estuviese a su lado, incluso podía escucharse gemir de placer.

Pero entonces, de una dimensión desconocida surgió una extraña criatura que le miró con reproche, de pie junto a su cama. Aquel grotesco ser tenía infinidad de ojos por todo su cuerpo. Iba vestido con las ropas más llamativas, la moda de pasado mañana, y su estatura alcanzaba los dos metros y medio. Además, llevaba un alargado rollo de pergamino. Diana, desnuda y callada, desapareció en una fina línea de polvo, cuando el extraño ser comenzó a leer con gusto todos y hasta el mas exacto pensamiento de Dan en esos meses que no la había tocado. Dan intento detenerlo, con la convicción de que al callar el monstruo, Diana y sus besos de leche regresarían. Pero el tipo no cesaba, y el muchacho se aterro al escuchar sus recuerdos más íntimos y ofensivos en esa voz artificial. En su desesperación, encontró una varita de sauce incrustada en su cabeza, y con ella lastimo de un hechizo a la criatura en un costado. De la pupila lastimada, emergió un río de sangre verdosa, y tras un momento, Zac Efron se materializo frente a el, vestido solo con una toalla. Fue seguido de Jon Meyer, ataviado al modo de Zac. Ambos se colocaran al lado del demonio, y se dispusieron a replicarle todo el daño que les había hecho. Los pensamientos morbosos, el éxtasis juvenil, las palabras duras, los besos fantásticos. Llego el momento en que no distinguió entre ninguno de los dos, desnudos como estaban, con sus cuerpos de esculturas griegas temblando de ira. Con un chillido, escapo de ellos, montado en su Itallika, y corrió por Corey Street, llamando a Diana en cada puerta y ventana, con el propósito de poseerla en cuanto la hallara, porque así el monstruo y los dos rubios lo dejarían en paz. Pero ellos no cesaban en su ataque, lejos como estaban, y Diana, lejos como estaba, no aparecía. Regreso de ponto a la habitación de cristal, el monstruo tomaba vodka con Nancy en una pequeña terraza, y Zac lo esperaba hecho un ovillo sobre la cama. Se acerco a el, para preguntarle si estaba enfermo, y de pronto, el beso fue interrumpido por el grito del Daniel material y aterrado que estaba en el hotel Excalibur, en Hollywood Boulevard.

Ahora todo se dilucidaba. El Matt patético que lo había insultado no era un sueño, era real. Desde el, todo era real.

Se echo otra vez en la cama, sin despegar los ojos, temeroso de que el Predicador, o Zac, volvieran. El Predicador, por lo menos, era interesante. Zac era alarmante… ¿Qué hacia besándolo? Mucho peor, en sus sueños. Los sueños eran la parte sensitiva y mas recóndita de los anhelos, le habían contado… ¡Y era un jodido error! ¡Nadie deseaba besar a Zac Efron! ¡A el, el perrito faldero de Vanessa! ¡Y mucho menos el soltero menor de 30 mas codiciado en Inglaterra! Tenia mejores cosas en que pensar, y el recuerdo deforme de la escena de una telenovela que aun no era filmada no lo era.

Debía pensar, por ejemplo, en Diana. Se sintió mucho mejor, notando un ardor en su entrepierna. Tendría una erección, solo por pensar en su chica, y eso era muy bueno. ¿Qué estaría haciendo ella ahora? Extrañarlo, sin duda… No, eso era muy meloso, como de VC Andrews, e improbable. Leyó en su reloj digital 5.22 AM, así que en Londres era el mediodía: Diana debía estar en la biblioteca, lidiando con los vejetes que espiaban bajo su falda y los libros desordenados. Le encantaba verla así, cansada, decaída, con su esmerado peinado desaliñado y apestando a humedad. Le encantaba el aire de fragilidad y agobio con que lo saludaba por la noche, al terminar su turno. Le encantaba cuando se desvestía, despojándose del traje sastre y sus problemas, solo para el. Le encantaba escucharla jadear, reír, decirle cuanto le hacia falta…

Y a ella le gustaban muchas cosas de el, como le había dicho. Según ella, (“y todas las chicas del mundo compartirán mi opinión, cielo.” decía) no solo era muy guapo, sino que lucia elegante y divertido aun en las peores condiciones. Era una persona fiel, generosa, y que temía dañar a alguien, de modo que no odiaba a nadie, y nadie le odiaba. Le gustaba verlo tiritar de frío, verlo llorar, y cuando compartía su risa con otros. Y le gustaba cuando era el quien, después de darle un te, la desnudaba con sus propias manos, y la reconfortaba a la usanza de los viejos amantes. Le gustaba su aroma a hombre cuando terminaban, y le gustaba su silueta contra la luz de la luna, mientras se vestía de nuevo, dejando de ser un tierno Casanova para convertirse en Daniel Radcliffe.

¿Entonces, por que no se había percatado de su ausencia hasta que las hormonas se la recordaron?
“No es cierto, pienso en ella todo el tiempo, Matt y yo solo hablamos de la boda.”
“¿La has llamado?”
“Oprah, esta ocupada. Pero le he dejado mensajes para el resto de su vida.”
“Y sus años de casados…”
“Será diferente, ella viajara conmigo.”
“Pudo hacerlo ahora, si se lo pidieras.”
“Tendría que explicárselo a mis padres, y a los suyos.”
“A ella no le importaría.”
“A mi si, y tomaría tiempo.”
“Ella seria paciente.”
“Yo no tengo tiempo.”
“Ya no para ella.”
“Ella es mi tiempo, mi Universo.”
“¿Y por que no la has llamado?”
“Porque no quiero escuchar que esta mal sin mi.”
“Tu estas bien sin ella.”
“Me muero por verla.”
“Ni siquiera recuerdas su rostro.”
“¡No digas estupideces! Lo veo ahora mismo.”
“Ves su cabello.”

El cabello de Zac era igual al de Diana…

“Lo acabo de tener en un sueño, claro que lo recuerdo bien. Y ella se fue a mitad del sueño, así que tengo al idiota bien grabado.”
“Bastante, diría yo.”
“¡Eso no fue nada! Soy hombre, mi naturaleza es pensar en coger la mitad del día. Ese sueño empezó por Diana…”
“Y termino con Zac.”
“Es molesto, solamente. Es su risa, tiene algo… Es como… un embrujo, vaya.”
“¿Y su cabello? ¿También es un hechizo?”
“Es su acondicionador, y una horrenda coincidencia.”

Molesto, golpeo las sabanas. Cansado, se levanto hacia el baño, echando a Matt. Animado, pensó en luminarias, Jeremy Irons, y Human Behaviour. Y triste, noto que su erección había desaparecido.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


FECHA: AGOSTO 4. Caluroso, otra vez. 1 SOLA aspirina,
NO CARBOHI. = )))))))

¡Hoy empezamos! Hoy filmamos. No se que mas escribir, pero ¿Cómo pudo pasarme esto? ¿A mi? Soy amiga de Daniel Radcliffe, de Zac Efron (después de conocerlo un poco mejor, no es tan malo), trabajo con Nancy Crowe, la líder feminista, y saldré en un piloto de televisión de HBO… ¿Qué mas puedo pedir? Ah, si, a Duncan y mama cerca, pero dicen k es mi momento, y reconozco que ya soy mayorcita para esas cosas. Duncan sugirió a mama que llamara a papa, pero ella se negó a patadas. Duncan decidió llamarlo, como si fueran amigos de toda la vida, pero mama fue quien desconecto los teléfonos esta vez, así que Duncan se fue a la clínica, molesto por la falta de sutileza de su nueva familia. Por la noche regreso, con flores, y mama me envió a dormir temprano (Oh, que raro…)

Martha y Jo planeaban hacerme una fiesta sorpresa, algo así como una despedida de soltera, o despedida de anonimato, algo así la llamaron. Invitaron a muchos, incluso a Eric (¡Eric London! El tipo de la banda punk…), y a Miss Dengler, pero Duncan se entero, y dijo que necesitaba descansar, no un montón de chicos fajándose y bebiéndose hasta sus orines. Me tuve que conformar con una noche de pijamas en casa de Jo, sin Eric y sin alcohol (vaya). ¿Que sabe Duncan de lo que necesito? Quiero a mis amigas cerca, en este momento importante. Martha insiste en que es por mi bien, y debo creerle, el es el terapista… Ahora que lo pienso, la relación entre Duncan y yo es la misma de Sarah y Lillian, una negándose ayuda, y la otra insistiendo. Con razón adoro esas escenas.
Y conocí a Zac. Bueno, charle con el, y es muy divertido, aunque no dejo de pensar que de pronto se soltara a cantar como Bob Dylan. Me dijo que a el también le fascinaban los gatos, Mitsuko Uchida y Tarantino. Al momento supe que seria tan bueno como Dan, aunque ellos no se parezcan en nada. De hecho, logre que se disculpara con Dan por el ensayo. Se que el no tuvo la culpa, pero Dan es muy orgulloso para hacerlo, tanto que solo le respondió “Gracias.”

Mama ya me esta gritando. Duncan ya salio del baño, y esta por entrar el servicio al cuarto. Debo irme, es decir, Sarah Christie debe irse. Regresare, si así lo quiere Nancy, por la noche, tal vez más humana y plena de lo que jamás estaré. Cambio y fuera.



*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Con paso enérgico, entro a la sala de vestuario. Esta vez, había gente en cada centímetro cuadrado. Había extras intercambiando ropa unos con otros, mientras las maquillistas les polveaban las mejillas. Había asistentes por todos lados, buscando entre las interminables filas una talla correcta. Otros tantos se median zapatos, los rechazaban, y los echaban a un rincón, formando un montón que a ratos era vaciado por algún acomodador. El bullicio se extendía hasta los cambiadores, de los cuales emergía una luz rubicunda y animosa. Más allá, los tocadores estaban completamente ocupados, despidiendo un aroma a alcohol y cera fresca. Los gritos no cesaban, y Zac pensó que no había podido tener un peor momento para una resaca.
— ¡Ya era hora!— exclamo Nancy, acercándose a el, con una copia del libreto en la mano, y en la otra, un montón de fotografías. Ahora lucia mucho más desaliñada que nunca, y su cabello volaba por todas partes. — Te necesito listo en media hora, tenemos el horario… ¿Estas ebrio?— inquirió, acusadora.

—Tu... Un poquito. — farfullo por respuesta.
— ¡Solo ahora se te ocurre, Zachary!— Nancy sonrió, nerviosa, y con una seña, Peggy apareció frente a el. Lo tomo de la mano, y sin decir palabra, lo arrastro hasta un espejo triple. Nancy la siguió a trote.
— ¿Qué decidiste para el?—
Peggy lo recorrió con la mirada un momento, y con una palmada, hizo aparecer a una chica menuda y atenta a sus órdenes.
—Es muy juvenil, muy fresco, tiene buen gusto, y un estupendo sentido de la moda… Shanon, toma nota… No usa colores muy llamativos, pero si calidos, que combinen con su cabello. Su cabello… debemos aclararlo un poco, se desgasto por los tintes, parece chocolate, y debe ser rubio, ese es su atractivo. Es un poco bajito, así que no puede utilizar pantalones muy holgados, hippiosos, mejor jeans en crudo, no stretch, porque pasaría por EMO con el peinado. ¿Familia?—
Peggy dijo todo esto en menos de dos minutos, con un lenguaje fluido y sabiondo. Nancy, aun estupefacta, respondió:
—Responde, Zac.
—Soy amante de mi hermanastra, Megg, y mi papa nos dejo por la madre de mi mejor amigo. Mama es una compradora compulsiva y que opto por ser liberal con sus hijos. — “Para alguien que esta crudo, eso es un logro…”

—Que duro… Ah, ya recuerdo. Bueno, después de eso, decide ser mas discreto con su apariencia, inconscientemente intenta pasar por alto, aislarse, pero no puede evitar percibir los colores oscuros como signo de inseguridad. Su madre es muy liberal, así que usaría unos bóxers clásicos, llamativos, que combinen con los jeans. Es del tipo creativo, así que unos Converse negros, gastados, con pintura de marcador, firmas que le hicieron amigos del colegio. Una cadena de metal, no muy gruesa, y algo de tela, algo que pudiera haber hecho para su chica pero se lo quedara para el… Nancy, dame tu collar, el de piedras azules… Con dos vueltas, Zacharias, en el cuello… Pulseras… una muñequera grande, negra y sencilla, con algo que surja de tu inspiración. Algo de madera, cuentas de madera, una en cada mano. Ah, se me ocurre… Una cuchara, doblada en círculo, algo espontáneo. ¿Tienes perforaciones? No, no, eso lo emplearemos mas tarde, si nos aprueban… Eh, mochila… Un morral Converse, también, rojo, tienes buen gusto. Claro, te gusta Björk, fanatizado, así que puede llevar parches y dibujos… ¿Tenemos algo así, Shanon? Búscalo, no preguntes. Ah, una cadena mas para el cinturón, Converse también, tiene un estilo medio urbano, sin caer en lo i.e. Y un Citizen de plata, elástico… Ah, se me ocurre, trae otro, el Time 5 de Andy Warhol, ese. Los llevaras en la misma mano, le das algún significado estético, como el juego entre lo antiguo y lo futuro. Eres talla 30, perfecto… ¿Escuchaste, Shanon? Ahora siéntate. —

Shanon salio corriendo hacia las bodegas, y Peggy lo echo sobre una silla con posabrazos. El golpe se unió al estruendo que le quemaba las sienes. Se inclino sobre el, y le palpo todo el rostro, causándole un terrible daño.
—Tu cutis esta impecable, eso es muy bueno. ¡Maquillaje! Eres demasiado masculino para eso… Te polveare un poco, tu piel es algo grasosa… Te quitare el bigote, y las patillas, te gusta estar cómodo, no pasar el día rascándote. Tus ojos… la mirada perdida, pero eso se arregla. Eres descuidado con tus uñas, no las cortes… Ahora, te decolorare el pelo, no tardara mas de quince minutos… Y lo llevas desarreglado, despiertas por la mañana, o sales del baño, y no te preocupa cepillarte. Eres artista, así son, el estereotipo del cabello largo y feo… ¿En donde te perforarías? Ah, eso no importa aun, lo emplearemos mas tarde. Chamarra… No, no, serias muy Drake. OK, gracias Shanon. Sígueme. —

Ahora lo llevo hasta un cambiador, muy amplio y muy vacío, resaltando un gigantesco espejo colgado en la pared. Ahora veía bien su figura: ¿En serio, en que había pensado? ¡Nadie bebía solo! ¡Y menos en Hollywood!

Peggy, con habilidad mecánica, extendió por el suelo numerosas prendas envueltas en plástico todavía, acomodándolas por color y tipo. Zac solo pudo ver un cojon de manchas coloridas, pero debía ser la ropa linda del dormitorio. Nancy entro, corriendo la cortina que reemplazaba una puerta, con una botella de agua mineral y una caja de pastillas.
— Es talla 30, Pegg. — aclaro. Sobre una mesa de madera, abrió la botella, y dejo caer dos de las pastillas violetas, que al momento efervescieron con un ruido gaseoso.
— Hasta el fondo, Zac. Como se te ocurre…—
— Eso es…—
— ¡Que día escoges para jugar a Winthehouse!— la escritora, debatiéndose entre la ira y la risa, salio, y Peggy lo obligo a tomar hasta la ultima gota. Le encontró un gusto a orina, o algo peor, y de nuevo el suelo desapareció de sus pies. Cuando le quito la botella de los labios, se sentía peor que antes, como un trozo de tierra molida, pero ya distinguía colores.
— Desnúdate… ¡Ya, Zac! ¡Vi a Christian Bale desnudo, nada me sorprende!— Apenas se había quitado la camisa, la mujer lo cogio por los hombros, dándole vueltas. Lo detuvo frente al espejo, y le pego una playera con el logo de la hipotética North High School estampado.
—Muy modesto… Otra cosa. Mídete esos tenis, ¿quieres?— se sentó en el suelo, palpando los zapatos. Encontró unos, y los saco de su envoltura. “Troy tiene unos idénticos…”

Ese pensamiento lo saco del letargo. No era ese marica de Troy, ni siquiera Zac, era Jonathan, el tipo adorable y creativo. Encontró unos que le sentaban mejor, aunque eran rojos, sucios y con letreros entintados por todas partes. Pero le lucían bien.
— Bien, déjame verte estos jeans. — Otro giro, y Peggy le adoso a la cintura unos C&A color marino, gastados. Asintió, y se los dio en la mano.
—Espera, ¿Qué bóxers traes?—
—Son… Verdes. —
—Entonces, mejor mezclilla. — se los arrebato, y le lanzo otros, unos clásicos vaqueros azules, con enmendaduras por todos lados.
— ¿Cuál te gusta mas?- pidió Peggy, con tres playeras colgando en los brazos: una vintage de colores pardos; otra, con numerosos colibríes rojos sobre un fondo blanco, con una camisa de mangas largas por complemento; y una mas de un color verde brillante, con costuras deshechas por todos sus bordes…
— La… la de colibríes esta genial. — dijo. Peggy arrojo las otras a un rincón, y le puso al frente los vaqueros y la playera.

…— Mas oscuros. — se arrojo de nuevo sobre el montón de ropa…

Y saco un par mas estrecho, color negro, y con manchas blancuzcas por toda su superficie. Dan los acepto, sin remilgar: Había aprendido que sus gustos reservados poco servían en Los Ángeles; solo funcionaban la cicatriz en la frente o las gafas rotas. Se quito los suyos propios, y Shanon lo observo fijamente.
—Deja a la vista el Calvin Klein de los bóxers, es más sexy. — “OK, si tu lo dices.” pensó, divertido. —Y dame tus pantalones… Los tuyos…—
— ¿No los dejo aquí?— pregunto, sorprendido.
— ¡Los necesito!— se los entrego, y vio como pegaba dentro de un bolsillo una etiqueta de papel con su nombre; salio un segundo, y regreso para inspeccionarlo otra vez.
— ¡Peggy! ¿Mangas cortas para Dan?— la aludida apareció, jadeando, y de un tirón, le arranco la camisa. Se aprecio un momento al espejo: no había razón para descuidar su aspecto, y Diana siempre lo había elogiado por su físico atlético y varonil… Ahora, podía usar eso contra Zac…
Peggy retomo su cantaleta, inconclusa.
—Tienes brazos musculosos, eso ayuda. Eres medio darky… no, no, punk, dice Nancy, gracias Shanon. Entonces, te sentarían bien las mangas cortas… No, espera, sin mangas, a medio, Shanon. Y trae dos cinturones Mondo, rojo y plateado, por favor. Llevaras chamarra… gris. ¡No! un saco, gris, Monstop, estampado, lo usaras antes y después del colegio… Bien, me agrada. Espera.- le cogio el rostro, apretándole las cejas y el mentón, y midiéndolo por todos los ángulos.
—Tienes facciones muy cuadradas… Déjate el bigote, y solo un trozo de barba, bajo el mentón. Si nos aprueban, déjate crecer un poco mas el cabello, no le apliques nada, esta perfecto. Peinado… un grafilado, multi, y unos rayos en la nuca, dorados, no muy extensos pero si notorios. Le importas poco a tu padre, no te sabe cuidar, así que tienes la bendición de vestir como te place. Metal, mucho metal. Collares… uno solo, redondo, de plata fina, grabado con un Pentatlón, o como se llame. Sin maquillaje, no eres darky, quizás solo un poco de sombra, te gusta desvelarte escuchando música, así me dijo Nancy. Zapatos… Gastadísimos, como si usaras el mismo modelo desde hace años, y a nadie le importara… ¿Escuchaste, Shanon? No Converse, por alguna cuestión social. Unos Nike, deportivos… ¡Claro, deportivos! Los usas para todo, incluso en tus partidos. Espera, oscurécele un poco la piel, antebrazos y rostro, se pasa mucho tiempo jugando bajo el Sol… ¡Espera, lo olvidaba! Déjame a mi el golpe de la nariz, lo debe llevar desde la escena dos, toma eso, Shanon. ¿Esos jeans son tuyos? Bien, Shanon, llévaselos, creo que son de la misma talla… ¿Eres 30, Dan? — asintió, tratando de comprender como podía pasar tanto tiempo sin respirar esa mujer.
— ¡Mochila, claro! Un morral… ¡No, una bolsa! de mezclilla, gastadísima, también con parches de bandas. Shanon, cambia las correas por cadenas, de hebilla, por favor. ¿Tienes perforaciones? Espera… En la oreja, bien, pero me gustaría mas que llevaras en las dos. Shanon, piezas de metal, cabeza roja, gruesas, necesitamos que cicatrice pronto… Volveré en cinco minutos para hacértela….

—…Déjame ver esos jeans. Bien, te va bien, solo un poco mas arriba…

—…Te gusta vestir mas minuciosamente. OK, Shanon, llévate estos. Así están bien. Ah, no desprendas la etiqueta, son de otro chico. Tienes hombros anchos, eso se disimula con el collar de Nancy. ¿Ya se te ocurrió algo para la muñequera? ¡Espera, estoperoles, Shanon, trae una veintena, cuadrados, blancos! ¿Encontraste algo de Björk? Bien, tráelo enseguida. Esos tenis no te van con el pantalón, pareces un payaso… Toma esos grises, de cuadros… perfecto, como si tu madre los acabara de comprar. Tengo las pulseras de madera… Bien… ¡Dijiste que tus bóxers eran verdes! Bien, lo nivelaremos con el cinturón. Siéntate, te decolorare ahora. No te quites el gorro en unos diez minutos, o hasta que Shanon te lo diga.- Zac se sentó de nuevo, ahora mas lucido, aunque su cerebro seguía rebotando en su cráneo. Shanon aprecio en el cambiador, cargada de cosas. Dejo caer todo en el suelo, y acomodo latas de spray, frascos de gel, peines, cepillos, botellas con líquidos extraños y metros de papel aluminio en la mesa.
—Uso biodegradable, y EME, así que no dañara tanto tu cabello. Las puntas te quedaran un poco blancas, pero se disimulara con la iluminación… Shanon, dile eso a Lara Morgan. Ahora, no te muevas, y empieza a poner los estoperoles. — Shanon acomodo entre sus manos el trozo de tela, y un puño de plaquitas metálicas. Con dedos torpes, y aterrado por lo que resultaría si se movía demasiado, los coloco uno por uno. Peggy envolvió mechas enteras en papel brillante, raspo con cepillos, aplico extractos de manzano y alcohol viscoso, moldeo con un peine, restregó, y convirtió su melena en un montón de tiras plateadas y negras.
- Ahora, quédate quieto, lo pienso bien, y quizás tarde un poco más. Si no queda en media hora, lo solucionaremos con una boina, una sudadera o algo, pero reza a Dios que no sea así, te desluces, amigo mió. Ahora, Shanon, dame polvo, y…

— Sombras, no demasiado, solo para resaltar sus ojos. —

“Por lo menos es mejor que Harry.” Tenia que pasar hasta tres horas entonces, solo para que le diseñaran la cicatriz. Casi siempre, el muy estupido maguito peleaba con dragones, sirenas, basiliscos, o profesores diabólicos, así que debía añadir costras, heridas o laceraciones, que implicaban cinco o seis personas trabajando sobre el al mismo tiempo. Gracias a Dios por Nancy Crowe y su obsesiva y particular visión de cómo interpretar la realidad de un suburbio americano (maldecía al maquillaje siempre, al principio de cada ensayo, y antes de terminar.) La excepción era, claro, el moretón que llevaba Lewis tras caer del tejado a causa de su padre.
Le gustaba como vestía Lewis, aunque no era exactamente como saldría el mismo a la calle. En primer lugar, toda su ropa estaba en perfecto estado, mientras que el chico Greenberg parecía haber dormido con esa ropa por semanas. Y decididamente, no se grafilaria el cabello. Le gustaba tal cual, pero Diana siempre había insistido en que cambiara su look…
“Bueno, debería verme ahora.”
“En un mes, millones te apreciaran como el chico rudo que nadie deseaba.”
¿Y eso que? ¿En serio el mundo esperaba que portara toda la vida con el pelo en casquete, las gafas redondas, los frenillos y su gallardía intacta? Había aparecido en circunstancias mas abrumantes… ¡Se había desnudado tres veces por semana ante miles de espectadores! A nadie le sorprendería verlo a la Peter Murphy…
—Bien, ahora, no te muevas, deja secar el fijador. Ayúdame con esto, empieza con los parches. — le entrego un andrajo de telas gruesas, que dedujo eran la bolsa de Lewis, y un manojo de parches con logos de todo tipo. Por lo menos, tenía uno de los Sex Pistols. Sintiéndose algo estupido, empezó a coserlos con burdos puntos que evidenciaban su total ignorancia en la costura…

¿Cuánto tiempo más tendría que esperar? Apoyo la cabeza contra el respaldo, procurando que el esponjado alambrado que Peggy había hecho con su melena rubia (¡y ella decía de chocolate!) quedara al viento. Pero sentía hilillos fríos deslizándose por su sien, así que refunfuño, y se sentó a esperar que secaran.
Con dificultad, se estiro los jeans que le había llevado Peggy. Debieron ser dos tallas menos que el: o la vestuarista era muy estupida, o quien los usaba no sabía comprar ropa…

Se giro un poco, buscando con la vista el libreto: estaba nervioso, y nunca estaba de más repasarlo por última vez. Entonces, recordó que se lo había dejado en sus pantalones… ¡Mierda! Ahora si tenia pánico. No se sentía seguro sin antes leerlo una última vez…
— ¡Shanon! — grito, y al momento apareció esta, cargando con numerosas chaquetas de cuero. —Deje mi guión en mis jeans, puedes…—
— ¿Era tu guión? Lo siento, creí que era algo así como un ticket, o algo…—
— ¡Era mi jodido guión!— sintetizado en media hoja, reduciendo cada pagina a un párrafo, y cada párrafo a una secuencia de siglas y puntos… ¡Siempre le había funcionado! “Claro, no hay nada tan obvio como QQDCV,EUA,THPLC--ES?-JJJ-NLH…”
—Pediré otro ahora mismo, espera un segundo. — de nuevo, se quedo solo, sin sus jeans, y sin su libreto.

Nancy insistió en que quería un aire de naturalidad, casi improvisado. Así que ¿había diferencia entre sus atavíos diarios y como lo había deslucido Peggy? Le gustaba como se veía, por supuesto, pero le molestaba pensar que se había cambiado de ropa para nada. Jonathan podía vivir con la ropa de Zac, y sin esos puñeteros jeans que le apretaban… ¿Qué llevaría el imbecil al que se los había quitado? ¿Quién era el imbecil que dejaba efectos personales entre sus…?
Dios un respingo, que pudo pasar por un chillido. Leyó otra vez las líneas sin sentido, escritas con una caligrafía rápida y gruesa:

1: QQDCV,EUA,THPLC--ES?-JJJ-NLH Ella
2: O,DUDPP.ES?ET,JSHCDEM,CSPTLAR--K
3: JiJiEI Ella SSLQPUTCA,MP
. . .


Reconocía esa letra. La había visto en un autógrafo de Milla, en un ensayo que Nancy les había pedido tres días atrás, en el cuerpo de alguna chica por televisión. En un diario mágico deslumbrando en el silencio de una sala de cine…
Con manos temblorosas, tentó los bolsillos, buscando la etiqueta de identificación. La encontró, por fin, en uno de los traseros. La desprendió, y la acerco a sus ojos para ver mejor…
“No es cierto. ¡NO ES CIERTO!”
“Papelito habla…”
¡Era estupido! De todas las personas que había en ese set, ¡Daniel Radcliffe era el único que parecía de su talla!
“Llevo puestos los jeans de Daniel… los jeans de Daniel…”
“¿Y eso que?”
“No me molesta para nada…”
“Y esa no es una reacción normal de tu cuerpo…”
“¡No es cierto!”
“Hay que ser objetivos.”
“No puede ser que yo me…. me… el es solo un chico.”
“Justamente, un chico. Hombre”
“¿Entonces, por que carajo no me desagrada?”
“Adivina.”

Shanon le quito finalmente el gorro, y con una risita dedicada a su reflejo, se palpo los pequeños mechones de su cabello, fijados en todas direcciones, oscuros. Con ayuda de otro espejo mas pequeño, alcanzo a ver el cabello en su nuca, desapareciendo abruptamente el negro profundo, y apareciendo de improviso una franja irregular de cabello dorado.
— ¡Debiste hacer eso hace tiempo!— comento una voz alegre. Milla se acerco a el, en definitiva sin ser Milla. Vestía completamente con mezclilla azul, los tenis Vans, los pantalones, la chaqueta y el gorro que dejaba entrever su cabello castaño y lustroso. Llevaba una blusa lisa de color malva, y sobre esta, un corto chaleco negro con botones plateados. A diferencia de el, no llevaba joyas, excepto los aretes en forma de anillo que se balanceaban en sus orejas. También ella llevaba un bolso parecido al suyo, pero de pana, entre el cual se evidenciaban un montón de libros y carpetas perfectamente acomodados. Su rostro tampoco era el mismo: nunca se maquillaba, tal vez solo un poco de rimel para arreglar sus pestañas, y ahora, sus mejillas no brillaban groseramente, su boca parecía más fina y roja, y sus ojos pequeños parecían más grandes y aceitunados. —Jo, menudo golpe… ¿Pero te vendaras cierto? No te deslucirás…—
— ¿Y tu por que nunca vistes así?— contesto, sonriendo, y se sacudió la ropa. Se puso frente al espejo: no estaba nada mal: parecía rudo, pero no lo suficiente para lucir amable junto a Milla.

Y por alguna razón, sintió que hacia falta algo para completar el cuadro… Corey Street, acaso, o tal vez Zac.
“Definitivamente, es Zac. ¡Pero eso es por que… bueno seremos los mejores amigos!”
“Te creo, lo juro.”

— ¿Nerviosa?—
— Un poco. Desde que Peggy me puso esto. Siento que parezco una fruta. —
— Luces bien, mejor que tus pants y las gafas de plástico…—
“Auch.” pensó Milla. Pero disimulo, acomodando el cuello de su amigo, y limpiando los rastros de polvo que se habían acumulado bao sus parpados. El tampoco estaba tan mal… Incluso olvido por un momento que era Daniel Radcliffe. Por un momento, realmente creyó que era cualquier otra persona, alguien que no temería verla tal y como era, terrorífica y maravillosa…
—Hey, ¿tienes tu libreto?— le pregunto esa voz ruda y compasiva, la de Lewis Greeenberg, que al final de la jornada, bajo la ropa negra y el maquillaje, era solo y dulcemente Dan.
— Si… ¿pero y el tuyo?
—Shanon tomo mis pantalones para alguien más.
— ¿Y?
— Tenia el libreto adentro. Lo perdió.
— Ah…

Esa charla, tan ridículamente olvidable, y que antes de ese día le resultaba como las frases suaves y pasables de un amigo, ahora la atormentaban. Porque estaban en un silencio incomodo, de esos que la gente en las películas y la fantasía decidía eran propicios para revelar sentimientos íntimos. Como si fuera ella una espectadora más de Human Behaviour, en unas cuantas semanas más, vio a Sarah echándose sobre Lewis, en un giro inesperado de la trama, besándolo a tal entrega que nadie había visto nunca. Esa sensación incremento, y de pronto, los flashbacks dibujaban a Milla y su amigo de media Vida enzarzados en la pasión mas extrema…

— Toma, ya lo he leído. — murmuro, y le entrego, sin verlo, el cuaderno. Temía que al verlo, Sarah la abandonara, y regresara la impaciente y hambrienta Milla.
— ¿En serio?
— Estas más necesitado que yo. — y rió, acomodándose un poco el sombrero, por hacer algo. Algo más…

— ¡A escena, Zac! ¡En dos minutos! — quien lo había dicho, no lo sabia. Su ser entero se concentraba ahora en la terrible sensación de soledad. Y terror.
No quería aparecer en televisión con los pantalones de Daniel Radcliffe. No quería sentir lo que ahora sentía, su sangre caldeándose lentamente. No quería que Dan supiera lo que estaba sintiendo. No sabia cual podía ser su reacción… ¿Y si reaccionaba como en el ensayo, tan imprevisto? Pero el era amable, reservado: tal vez se comportaría como ese mismo ensayo, al devolverle la motoneta. O podría ser…

“Que el sienta lo mismo que tu.”
“¡Yo no estoy sintiendo nada! Es solo… extraño.”
“Porque sientes algo…”
“Porque lo odio. No quiero ningún contacto con el.”
“No es tan malo. Es muy bueno, en lo personal…”
“¡Me estas volviendo loco! Deja de hablar de lo que no sabes…”
“Y que tu confirmas…”
“No quiero que sepa que yo uso sus jeans…”
“Dame una razón.”
“No quiero que me crea débil.”
“Ah, genial.”
“Como si todo lo que hago fuese…. Mierda, todo lo que hago depende de el. La motoneta, un manager, mi vestuario… ¡Mierda, Jon no existe si no es por Lewis! Carajo, eso es dependencia, no puedo estar tan cerca de el, y a la vez tan lejos… No puedo, lo detesto, no quiero tener nada que ver con el. Pero si debo elegir, entre estar lejos o irremediablemente cerca…”
“Prefieres estar cerca.”
“Eso creo… Pero…”
“No saldrás a escena, ¿verdad?”
“No se… Me vera con esto… ¡Dime que hacer!”
“No se de que me estas hablando ¿recuerdas?”
“¡Hijo de…!”

¡UN MINUTO PARA ESCENA SIETE, RADCLIFFE, JONES, TISDALE…!
“No, por favor…”
¡…EFRON, A ESCENA EN UN MINUTO!
Notas finales:


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Jo, me gusto este final. Me gusta mucho como esta quedando. Para el proximo, There's no Map..., por fin lo que todos estabamos esperando... Algo de lemon, y drogas. Un capi digno de censurarse, je je. DEJEN REVIEWS!!!!
CAPITULO 5: There´s no map... (I) por GhostOfFaron
Notas del autor:
Je, ya hace un tiempo k escribo esto ya no por reviews (gulp) o por experimantar, sino xk nunca me he divertido tanto con la desgracia ajena, je je. Ahora este el es el quinto capi, en dos segmentos xk oootra vez es larguisimo, y creo k es mi favorito hasta ahora... particularmnt ese asquerosisimo lemon del segundo segmento. Ahora ya escribo el INTERLUDE, antes de la depresivisima segunda parte. Disfruten, y x una vez, dejenme reviews (chiste local)...

Repito: Evidentemnt, todo lo aqui escrito es mera ficion, aunk no descartemos k pase en el futuro...

Harry Potter, High School Musical, Sex and the City, HBO y demas son propiedad de sus autores (ya kisiera k fueran mios...)

Y nuevamnt, CUALKIER SEMEJANZA CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA...

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La mañana era muy calurosa, pero el viento nórdico intentaba asomarse. Al salir del edificio, los recibió el reverberante calor que emergía del asfalto, y al tiempo, un airecillo que se colaba entre sus ropas.
A su lado, sentía a Milla estrujándose las manos, con un ruidito que intentaba pasar por una risa nerviosa. Discretamente, le poso una mano en el hombro, con el propósito de tranquilizarla. Pero ella solo respingo, riendo finalmente.
Dan también se sentía nervioso, sin duda. Llevaba desde que era un niño en eso, y conocía al dedillo como era enfrentarse con una cámara y un director exigente. Comprendía a su amiga: la primera vez que lo habían puesto en ese set, forzado a imaginar un futuro donde era un ilusionista extravagante, sintió ganas de llorar. Temía lo que podía pasar, que tan malo seria, hasta que punto podría soportar la presión mediática. Pero no hizo falta mas que el “Acción”, el primero real en toda su vida, para que se pulverizaran esas sensaciones, como si abandonara su cuerpo, convirtiéndose en David Copperfield, un acto digno de… pues, David Copperfield.
Pronto, el jaleo y los comportamientos atareados, los gritos y los cafés expresos al camerino se hicieron tan habituales como jugar con Nugget, su perro, ir al colegio o lavarse los dientes. Cuando empezó con Harry Potter, aun muy pequeño, se sentía más seguro de si mismo y su capacidad. No había nada tan común en el mundo como pasar tres horas colgado de un arnés, en una mazmorra, o peleando con una pelota verde en mitad del foro.
Aun así, cada primer día sentía un extraño cosquilleo, esa sensación que debían sentir los condenados a muerte, de aventurarse a algo inquietante e imprevisible, algo que podía cambiar todo o seguir con el curso natural de las cosas.

Le encantaban esos primeros días: el vértigo, el alma en éxtasis, el placer de lo que amaba corriendo como un shock. Era un sentir parecido al que le acosaba por las mañanas, cuando despertaba al lado de Diana. Cuando la veía, o la tocaba. Era un sentir parecido al de un concierto, al instante en que el gentío estallaba y las luces encendían. Era parecido al sentir cuando reía, por las cosas pequeñas e insignificantes… Parecido a eso que sentía con la risa de Zac…
Le encantaban los primeros días. Diana. Los conciertos. Zac…
“¡La risa de Zac!”
“¿Y Zac?”
“Es algo aparte, ahora es mi momento…”
“Con Zac…”
Faltaba Zac, no cabía duda. Fuese lo que fuese para el, sin el no podían trabajar. No eran nada aun…
“No somos nada sin Zac.”
“No eres nada sin Zac.”
“Hablo por todos…”
“Entonces, deja que Nancy se preocupe de el.”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Inseguro, y decidido, salió del vestuario, esperando que, por un jodido azar, Dan cruzara en ese instante, y lo descubriera con sus pantalones lastimándole la cintura. No fue así, pero si noto miradas insidiosas clavadas en todo su cuerpo. La actividad había aumentado mucho más: los asistentes de HBO corrían, halando por radios, cargando cámaras y reflectores. Peggy, dedicada a una fila entera de extras, que debían ser un equipo de basket, ensuciándoles la ropa y empapándoles el rostro. Lara, saliendo justamente hacia el set, con su pantalla, una cámara digital y su escote amplio. Ashley lo saludo con una sonrisa, ataviada no muy lejos de la Ashley común, y el respondió con un sonido áspero. Había mucha gente, y de entre todos, nadie, no quien quería…
—¡Matt!— grito, y por respuesta, algunas cabezas giraron. Alguien le farfullo algo sobre el set, pero lo ignoro, corriendo en busca del manager. Era una decisión boba, absurda, Matt no podía hacer mas por el de lo que Peggy haría… Pero no sabia a quien mas recurrir… ¿Y por que mierda no estaba cuando lo necesitaba de verdad? Había pasado dos meses pegado a el como su nana, y ahora, ahora que realmente quería algo…
— ¿Han visto a Matt?— grito a un corro de asistentes.
— El es Matt.- dijo uno, señalando a un sujeto sucio y obeso.
— ¡Matt Dukattis!— nadie respondió.
— ¡El representante de Radcliffe!— nadie respondió.
— ¡Un imbécil cualquiera…!—
—Debe estar en lo sets…
—O en Administración…—
—O los campings…—
— ¡Ay, mierda!— corrió tanto como pudo, con los jeans de Dan ralentizando sus zancadas. Se detuvo en seco, gritando el nombre de Matt: no sabia que más podía hacer… Si Nancy se percataba de que aun no llegaba al set, lo pondría de patitas en la calle. Si aparecía, y Dan hallaba cierto parecido de su vestuario con su ropa favorita (la posibilidad lo aterro) no sabia hasta que punto reaccionaria… Ambos.
— ¡Matt, por favor! ¡Por favor!— grito una vez mas, con las rodillas heridas, a punto de romperse… No tenía otra salida…
Matt caminaba detrás de un camping, con una dona a medio comer entre los dedos, y una botella de agua bajo el brazo. Corrió hacia el, tragándose una grosería, y lo retuvo por la muñeca.
—¿Zachary, que...?
—Te necesito. Haz algo por mí.
—Yo… Bueno, Zac, no puedo, tengo que… llevar esto a Dan.- contesto, inseguro mostrándole la rosquilla devorada.
— ¡Antes no te separabas de mi! ¡Solo esto!
—Puedes cuidarte solo. — sonaba firme, pero incomodo.
—¡Matt, hare lo que quieras, pero debes decirme que hacer!— “Otra vez… No puedes cuidarte solo…”
—¿No puedes cuidarte...?
—¡Dime que hacer, puta madre!
Finalmente, Matt se resigno. Después de todo, se lo merecía: no podía darle una paleta a un bebe porque pediría galletas…
—Bien — suspiro —¿Qué sucede?
— ¡Esto!— el chico señalo los jeans grises y deslavados.
— Lindos… ¿No son los de…?
—¡Eso! Peggy me los dio, me dijo que eran prestados, no sabia quien, pero… ¡Matt, no puedes dejar que el me vea así!
— ¿Por qué no…?
— ¡Dime que hacer!
— ¿Por qué no…?
— ¡Porque no soy un marica, no depende de el, ni de ti! ¡Dime que hacer! ¡Me quedan chicos, y…!
—¿Ya le pediste otra talla a Peggy?— respondió, de brazos cruzadas, unos pasos detrás, evitando la ira que podía surgir del tierno Zac Efron.
—¡Zac, Nancy te quiere en el parque… AHORA!— Peggy iba a trote hacia ellos, haciendo aspavientos, y gesticulando agresivamente.
“Gracias, Dios…”
—¡Peggy, estos jeans no me van!
— No estas en posición para escoger tu esti…
—¡Me van grandes, vaya!
La vestuarista se acerco, inspeccionando su cintura. Introdujo un dedo entre la cadera y el cinturón, con dificultad. Lo hizo dar una vuelta, y siguió manoseándolo. Chasqueo la lengua, y cogió su radio:
—Shanon, busca en la bodega unos Calvin Klein modelo Q235, talla… 31, por favor, grises, jeroglíficos en los traseros, de botones cobre… ¡No importa búscalos, los quiero para la escena siguiente!

—¿Qué… para cuando…?— “Eso no te lo esperabas…”
—¿Puedes caminar con estos?
—Si, pero…
—No tengo tiempo, Zac. Sales a escena con estos, y para la próxima, te los cambias. Y cuídalos, no son de la cadena…
—¡No me digas!— comento, triste, decaído, y empujando a Matt, se dirigió al parque, a la opresión de Nancy… y a Dan.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Darren ayudo a Nancy a subir al techo de un jeep, armada con una claqueta y un altoparlante. Había un centenar de personas, entre el crew, los extras, el elenco y los ejecutivos de paso. Daniel y Milla estaban por la primera fila, entre Fred y Diddy, a la espera del clásico discurso motivador.
¿Me escuchan, cierto?— chillo Nancy, su voz amplificada por el aparato, al que asestaba golpes, entiendo un pitido atroz. Algunos se taparon los oídos, o se encogieron de hombres. —¿ME OYEN, ME OYEN? Ay… Bien, creo que si me oyen. Bueno —empezó, con una sonrisa —no soy de las personas que sepan expresar sus sentimientos como Dios manda (“Pregúntenle a mi madre…”), y no tengo el breve propósito de darles en estos minutos un curso de autoayuda y porras para la suficiencia…
Alguien le empujo el hombro, pasando por su lado. Y otro más. Matt le sonrió, ofreciéndole con un gesto una enorme botella de agua. Dan negó con la cabeza, insistente. Hizo lo mismo con Milla, que susurro un “Gracias.”
Al frente, estaban Johanna, Megan y su marido, y algunos extras ataviados con idénticas playeras anaranjadas. Entre ellos, se distinguía una cabeza dorada, mucho más que lo habitual…
Zac se movió de un lado a otro, como abriéndose paso entre el jaleo. Pero los chicos le reconocieron, y no le dejaron salir.
“Pobre niño de oro…”

… Y estamos en este proyecto desde el principio, sabemos todo lo que se ha sacrificado para llegar a este momento. Hay personas que no confiaron en que Human Behaviour seria, y lo agradezco, porque así fueron mas visibles las personas que no tenían nada que perder…
“Nada que perder…” ¿Por qué no dejaba de moverse? Tenia que encontrar cualquier forma de atraer miradas, de que todos supieran que Zac Efron estaba cerca…
…De eso estamos hablando, de los seres humanos, el comportamiento humano, tan fascinante e irresistible. Erramos, triunfamos, y caemos todo el tiempo, como una condena. Sin embargo, contamos con el Destino, ese que juega con nosotros a su antojo, dicta que nunca nada esta escrito, que nos lleva a lo inevitable y a lo sorprendente. Sea como sea, pase lo que pase, estamos en esto, juntos, en la dirección que el decida indicarnos…
¿Qué haría Diana en ese momento? Estaba distraído, como últimamente acostumbraba, y cuando pasaba por eso, disfrutaba elucubrando acerca de su otra mitad. ¿Qué pensaría en ese instante? ¿Qué ideas cruzaban por su cabeza? Si era cierto que el Cosmos unía a las almas gemelas por partículas universales, como decía Rupert, ¿estaría pensando lo mismo que el? ¿Estaría angustiada, temerosa, exaltada, con la garganta en un hilo? Le gustaba su semblante angustiado, como un cachorro que necesitaba abrigarse… Visualizo su rostro, en forma de corazón, con facciones suaves y lechosas, sus labios tiernamente violáceos, su cabello rubio, largo y estático… ¡Incluso podría tocarlo, si lo deseaba! Lo sentía muy cerca, sobre los hombros de la única persona en ese mundo que si sabia como se sentía, sabía su malestar, y no compartían una materia misma… Zac. ¿Zac? Había algo, por supuesto. Pero nada tan lejano.
“Ahora que lo pienso, esto comenzó por Diana. Lo detesto porque Diana lo quiere…”
“¿Qué pensaría ella sobre lo que tu piensas de el?”
“Oh, ella lo sabe.”
“Sabe lo que piensas sobre Zac Efron, el atleta bailarín. No sabe lo que piensas de Zachary, el barítono solitario…”
“Pena, porque nunca la tendrá a ella. Mierda, por eso empezó todo. Temía que pudiera ser mas que yo, cuando descubrí que existía…”
“Pero existe, y lo sabes muy bien.”
“Solo es fascinante… Como un hechizo, su voz. No es lo mismo leerlo en una pagina web, o verlo cantar en una película, porque ese no es el, sino la copia banal de algo entero y vivo. Así somos todos, cuando pasamos por la lente de una cámara, o las letras de una reseña: nada excepto una copia. Pero cuando somos reales, cuando nos desabrimos como seres vivos, humanos…”
“No sabes lo que podría pasar.”
“Pero nos podemos adelantar…”
“No todo esta escrito. No en un guion, ni un libreto. Las cosas cambian.”
“Yo cambie.”
“Y puede seguir pasando. Tu lo has dicho, aquí, ahora, solo eres Dan, Danny o como te llame cualquiera. En unos minutos, un poco mas, serás de nuevo una calca. Pero eres Dan, por unos minutos mas. Mientras tanto, todo puede ocurrir…”
… sabemos, y cual es nuestro lugar aquí, y lo que queremos. Y lo que queremos, es terminar Human Behaviour, y demostrar que los seres humanos no son únicamente trozos de una apariencia, algo mas profundo, lleno, hermoso y duro…
“No me desagrada. Es simpático, cuando así lo quiere. Es solo que nunca lo imagine así…”
“A ti tampoco debió imaginarte como tal. No sin la túnica o los caballos blancos…”
“Es que aun no aprendo a distinguir la sombra del ser… La sombra me gusta más, es más fácil de leerla. Pero el ser es feo, enorme, y nadie esta preparado para afrontarlo así…”
“No entraba en tu cabeza, que alguien fuera tan factible como tu.”
“Es todo menos la copia mala que el mundo se conforma con ver. Sufre, lastima, y quiere. Pero no sabe, nadie sabemos, como entenderlo.”
“Por eso no dejas de mirarlo…”
“¡No! Lo sigo mirando, porque me recuerda cosas…”
“A Diana.”
“Si, aunque duele. Duele que sea el ultimo pedacito del Dan real, el que no es Daniel Radcliffe las 24 horas del día, sino un tipo común, cualquiera, frustrado y desconsiderado…”
… entonces, si están de acuerdo, me callare, ¡y empezaremos a patearle el culo a la ABC!— Todos rieron, en distintos grados, y distinto tono. Las cosas empezaban bien… ¡Alguien se reía de los chistes de Nancy!

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

La multitud se disperso, bromeando y cargando con cajas de utilería. Zac, exhausto, estampo el último autógrafo en la última gorra. Los muchachos se alejaron, para empezar a jugar, como les indico Nancy, y quedo a vista de todos.
“No me vas a ver.” se ordenó, ferozmente, y de un brinco, se planto ante Dan y Milla.
— ¡Te ves increíble!- grito Milla, cogiéndolo por los hombros, pero la ignoro. Después la compensaría.
—¿Listo para empezar?— le pregunto, acercándose mucho mas a Dan. Quedaron separados por un palmo…
“Una reacción normal de tu cuerpo…” pensaron ambos, sin moverse.
—A-algo. Nervioso. — intento sortearlo, pero de un brinco, Zac le detuvo el paso. Si tener su vista adherida a la suya, esos preciosos y largos ojos verdosos clavos en los suyos, era el sacrificio lo haría…
“¿Qué haces? Tarde o temprano, te va a ver.”
“No puede.”
“Claro que puede… ¿Qué diablos temes?”
“Que me agrade su ira. Como el ensayo…”
“Estas diciendo…”
“No, pero no es algo a lo que este dispuesto.”
—Me estas pisando. — dijo Dan, y de un salto, se separo de Zac. Ciertamente, vestía muy bien, incluso mejor que antes. Le gustaban sus pantalones… En verdad le gustaban sus pantalones…
“¡¿Qué?! No, no es cierto… ¡No trae puestos mis Calvin nuevos! ¡Por favor!”
“A el le sientan mejor…”
“Le quedan grandes, se nota su… ¡Qué mierda digo! No lo veré más, pero… ¿Qué es esto? ¡No puede traer mi ropa, no puede!”
—Me los dio Peggy, te juro…
— ¿Qué onda con…?— pero Milla no termino la frase, porque fue interrumpida por el altoparlante de Nancy.
¡Chicos, en el parque, ya!
Zac salió corriendo, tan veloz como pudo. Ambos se quedaron con la boca abierta.
“Danny, piénsalo un momento…”
“Ya lo pensé, Oprah.” salió disparado tras el. Le debía una explicación, sobre eso, y sobre todo lo que estaba pasando…
“No puede dejarme así… ¡No puede hacerme pensar en Diana! ¡No puedo, no debo soñar con el! ¿Cómo lo hace? ¡Debe salir de mi puta cabeza!”
Llego entero al parque, finalmente terminado, con los abetos relucientes, y una oxidada estatua al otro extremo. Lo busco con la mirada. Ahora era inconfundible, su cabello estaba más bonito que antes… ¿Qué decía? No había nada bonito en esa situación. Estaba desesperado, y quería zanjar de una vez.
— OK, Uds. dos, esperan a Jon en esa banca, detrás de la jardinera de girasoles. — Nancy y Milla aparecieron de quien sabe donde, y mientras caminaban, Nancy seguía explicando: —Jon los ha llamado para discutir algo importante, esto es, quiere que alguno de Uds. esconda el regalo para Megg hasta su cumpleaños. Si recuerdan, es la escena 9, entre Jon y su cita con Lillian, y el día siguiente. Bien… bueno, repasen un poco, regreso. — desapareció, buscando seguramente a un aterrado Zac.

—Dime que no eran tus jeans…— empezó Milla, extrañada.
—¡Lo son! ¡Nunca dije que se los prestaran!— protesto.
—Bueno, tú dejaste que Peggy los cogiera. Para cualquiera… Un momento, ¡el debe tener tu guion, tal vez!
—Hijo de…— apretó los puños, pero la chica lo sentó sobre la banca, regañándole.
—Oye, tu dejaste el guion allí, ¿cierto? Tú dejaste que ella tomara tus pantalones, ¿cierto? Se razonable: ¿Zac pidio que le dieran ropa tuya?
—¡Ese jodido depravado…!
—¡Es un ejemplo!—
“Mierda, de nada sirvio lo de Zac… ¿Qué les pasa?”
“Son hombres, es parte de su naturaleza joderse hasta quedar secos.”
“¡Pero ellos…! Mierda, no tienen razones sensatas… una moto, unos pantalones… ¿Qué saben ellos de problemas? Para ellos no es mas que ficción, algo que Nancy concibió alcoholizada y en la oscuridad de un baño… ¿No pueden tomárselo mas ligero? No saben que es la vida. Que tu papa se escape con una francesa estúpida, que tu psiquiatra, tu único amigo se convierta en tu papa, tomar carbohidratos en exceso para no tener recaídas, deprimirte, sentirte muerta en vida… Eso si es malo, ¡no unos pantalones extraviados!”

—Mira — siguió, paciente —Cuando termine esta escena, iras con Zac, y le pedirás sin gritar, sin demandas ni mordidas, tus pantalones. Peggy seguramente le dará otros, tu lo has dicho, le van chicos. Tendrás tus jeans, tu guion, y…
—¡Le partiré la…!—
“Ahora te escondes en la furia, refugio de los perdedores. Esto va peor.”
“No puede tener mis pantalones, es asqueroso…”
“Ah, pero lo primero que harás con ellos es ponértelos, ¿cierto?”
“No me excitaría.”
“¡Nunca dije que te excitarían…!”

—… Corriendo, desde el 1511, en la esquina de Corey Street. Despreocúpate por la cámara, nosotros te seguimos. Bien, cuando entres al parque, saltas el tronco caído, te estrellas con la madre y su carriola, te levantas, corres hacia la banca, y cuando llegas, te golpeas otra vez, con el borde de la jardinera. Como ensayamos ayer. Empiezan tus diálogos con Dan y Milla, ¿entiendes? y corres a las tiendas, husmeando en los escaparates. — Zac asintió, atento, y recibió un último abrazo de Nancy, antes de que esta saliera con el staff. Camino hasta la esquina de Corey Street, con un largo y moderno farol con un cartel negro, que señalaba Corey St, Allani, y otro debajo, en dirección opuesto, que ponía Elm St., Allani. Se apoyo en una pared de yeso, y respiro hondamente. Tenia un minuto para sentirse mal: tal y como había predicho, Dan reacciono muy mal. Nunca, en sus más extraños pensamientos, imagino que Daniel Radcliffe intentara golpearlo. Tal vez lo merecía, con su patético intento de postergar lo inevitable.
Se había quedado a un palmo de su rostro, hipnotizado, por el aliento suave y mentolado que salía de esa boca que tan episódicamente lo refrescaba con su risa divina…
“Y después, como un cobarde, sales corriendo…” No, corrió porque no quería quedar mal con Nancy, quería empezar bien, demostrar que no era un ñoño con suerte solamente, sino un actor de verdad.
“Por eso escape, bueno, corrí… Que me importa si Dan quiere quitarme los pantalones…”
“Claro, ¿a quien le importaría?”
“¡No es eso, joder! Sabes a lo que me refiero…”
“Si, se a lo que te refieres.”
“Gracias. ¡Oye...!”
Un bullicio se hizo detrás de el. Varios asistentes colocaron una cámara gigantesca a su lado, y Lara distribuyo a varios más armados con micrófonos, luces y pantallas. Nancy se coloco en su sitio, sonriente, y vocifero por su altavoz:
—Lara, ¿tienes esto con las luces? Bien, Peggy dice… claro. ¡Atención! Quien no sea totalmente necesario, fuera del set. Filmamos en 3 segundos… Dos, uno, ¡Acción!— ¡el ruido seco de una claqueta hizo eco en todo Corey Street. Zac, el viejo Zac, dejo de ser, y fue un atormentado adolescente sureño llamado Jonathan Meyer. Tanto como Zachary Efron.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Zac echo a correr por la calle, escuchando la grava todavía fresca crujiendo bajo sus pies y las ruedas de la maquina tras el. Cuando llego al punto A, tropezó con la mujer y la carriola, como estaba planeado. Siguió su rumbo, adoptando un semblante mas agitado. Chocó con el tronco y cayo al suelo, como estaba previsto. Se levanto, y empapado de tierra húmeda por los aspersores, corrió hacia Dan y Milla. A mitad del camino, se golpeo con otro árbol, como tenia previsto, maldijo, y siguió su ruta. Y a unos metros de Lewis y Sarah, surgió algo imprevisto, surgido de la sagrada profundidad de su cabeza, de los pensamientos que solo en la quietud existen…
“Ay, mierda, mierda. Me gusta Dan.”
“No te gusta…”
“Cállate. Cállate. ¡VETE A LA MIERDA! Eso querías, ¿no? No, nadie lo quiere, no lo quiero…”
“¿Qué has dicho?”
“Que me gusta Dan. Me gusta, y no se por que…”
De no ser por una lejana señal de Fred, sobre el techo de la librería, no habría recordado donde estaba, ni que hacia, o lo que debía decir. Por ese espantoso momento, se forzó a ser Jon, y no un psicótico que quería tirarse a Daniel Radcliffe.
“Yo no…”
“Deja que Jon hable.”
JON (jadeando): ¡Bien, están aquí! Creí que…
LEWIS (hastiado): ¿Qué querías?
JON: Lo siento, pero…
LEWIS: ¿Me escuchaste? (“Ríe, por favor. Y dime que no es cierto…”)
JON: Cierto, no tengo tiempo. (se acerca un poco mas a ellos) Comprare un regalo para Megg ahora, y deben esconderlo Uds., hasta su cumpleaños o antes, si consigo un lugar donde no meta las narices…
SARAH: ¿Me sacaste de la cama para esto? (“¡LO DIJE! Es mi primera línea, quiero una copia…”)
JON: ¿Qué hacías en la cama?
SARAH (sarcástica): Oh, me debatía sobre si los hombres las prefieren rubias o… Tengo que dormir, Jon.
LEWIS: ¿Es una broma, Jon? (“Quisiera que así fuera…”)
SARAH: ¿No puedes escondértelo en el...?
JON: Ahora no, mis tíos están en casa y…
SARAH: ¡Ah, tus tíos! ¿Qué tan malo será? ¿Te manosean mientras cantas, o acaso…?
JON: Cállate, tengo que hacerlo ahora.
LEWIS: ¿No puedes salir de compras otro día? Es miércoles, Jonny…
JON: Oye, si no gasto mi mesada antes de mañana, mama la tomara “prestada” de mi cartera, para comprar mas zapatos o basura… Tú sabes como es eso.
LEWIS: Y me gustaría que no lo mencionaras.

Otra cámara, a ras del suelo, se acerco a Milla, con exactitud milimétrica, como habían hecho en las pruebas. Milla no era Milla; Dan era tan indecente y corriente como se sentía, y Zac hablaba incluso con las manos. Nancy pensó que algo faltaba…
SARAH: ¿Le enseñaron a tu madre a no coger lo ajeno excepto para causas de valor?
JON (hastiado). ¿Lo harás o…?
SARAH: ¡Espera! Tal vez lo sabe, pero no le importa, porque los amiguitos de su hijo pueden alimentarlo…
LEWIS: ¿Por eso te pusiste como idiota en el Viktor’s?
SARAH: ¿Eres la proyección del lado humano de tu madre, o…?
JON: ¡Mierda! ¿Lo harán o no?
LEWIS: Sabes que si.
SARAH: ¿Por qué los dos? ¿Quieres que guardemos la mitad del cadáver, o si hay un cateo…?
JON: Cállate, decidiré en un rato en quien confió más.
SARAH: Oh, eso es un cumplido.
LEWIS: ¿No se te hace tarde?
JON: ¡Gracias, gracias! Créanlo, cuando ustedes quieran algo…
SARAH: Se lo cobraremos a tu madre, Jon. Lárgate.

Zac corrió en dirección opuesta, saltando sobre los aspersores, lagrimeando, y finalmente, como habían definido el día anterior tras horas de prueba y error, trastabillo con un Volvo sospechosamente parecido al de Matt. En la banca, en close-up, Nancy siguió filmando.

LEWIS: ¿Tenemos que esperarlo?
SARAH: La juguetería queda al otro extremo de la calle, hay tiempo para perder.

—¡Y Corte!— grito, y Zac se detuvo, a unos metros de llegar a Elm Street, que no era mas que una secuencia de fachadas de yeso. Sin soportarlo mas, se sentó en los escalones de una tienda con escaparates falsos, y metió la cabeza entre los brazos…
“No, no, me estoy confundiendo… ¡Estoy ebrio, por supuesto! Es eso, nadie sensato diría…”
“Los ebrios y los niños siempre dicen la verdad…”
“¡Dije que te callaras! Tengo otras cosas de que preocuparme… No, no, no, no me gusta, no me gusta, porque eso implicaría que soy…”
“No necesariamente.”
“Oh, ¿has conocido a alguien que coja con otros hombres y no le llamen gay?”
“Eso es distinto. Puede gustarte, pero no eres gay.”
“Explícalo con manzanas.”
Tendría que esperar, porque Nancy exclamo algo sobre repetir la toma. Con los hombros caídos, y la cabeza llena de lastima, regreso sobre sus pasos.
“Curiosidad.”
“¡Curiosidad! Por favor… ¿de que? Ya se lo que es esto, ya hice lo que debí hacer con mi libido. Coger no es nada del otro mundo…”
“Oh, ilústrame…”
“Cállate, intento alinearme. Si el me gustara, tendría que ser gay, en cualquier forma. Y eso implicaría que he sido un muy buen mentiroso por casi 20 años.”
“Oh, ¿con cuantas? ¿Dos?”
“Basta, eso fue un error… He salido con otras chicas, Vanessa no fue la primera, solo que así me lo pareció… ¡Mírame, soy Zac Efron! ¡Canto, bailo, y tengo chicas a montón! ¿Crees que desperdiciaría mi atractivo besuqueándome con otros hombres?”
“Pero Dan no es hombres, es chavo y…”
“Lo entiendes, eso me basta. Así de simple, nunca me sentí atraído por ningún chico. En el colegio, bueno los detestaba, pero eran unos cavernícolas. Ahora… salgo con chicas, me excita ver a Naomi Campbell desnuda, veo soft-porn, como cualquier chico normal.”
“¿Y? ¿Has sentido algo real, valioso, por alguna de las modelos sosas con las que te masturbas?”
“No hablo de sentimientos, hablo de un-algo-físico. Me gusta, en teoría, su físico. No te gusta nadie por su personalidad, o su forma de amar…”
“Te gusta cuando te calla, cuando es violento. Si te lo pregunto, te aseguro que ni siquiera recuerdas con precisión su rostro…”
“Es obvio, es hombre.”
“Y te gusta, pero no por ser hombre.”
“Me gusta por su personalidad, ¿dices? Seria el primer ser humano que se fijara en el interior antes que el exterior.”
“Ya lo dijo ella: no hay nada escrito.”
“Pero el… El no me puede gustar.”
“No puede, pero ya es. Lo has dicho, te gusta Dan.”
“Es curiosidad, saber algo nuevo…”
“Y todas esas chicas…”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—¿Te sientes bien?— susurró divertido, dejando que Milla terminara de reír. Estaba muy nerviosa, no había duda. Pero, impresionante, se había mantenido firme hasta el último segundo. Ya quería Dan tener ese don.
Se fijo en Nancy, caminando de regreso a Corey Street, asintiendo con el radio en la oreja. No les había dicho nada, pero les dedico una de las sonrisas mas amplias y sinceras que se podían creer. Ashley los saludo brevemente, mostrando todos los dientes, y los murmullos y comentarios pasajeros que habían escuchado sonaban bien… ¿Qué decía? Era la primera toma de cientos que debían hacer. Nadie podía afirmar algo tan atrevido aun.

—¿Dónde esta Zac? Debemos repetir. — dijo Milla, seria, secándose las lagrimas. ¿Dónde estaba Zac? Pensar en un hijo de vecino andaba por allí con sus jeans de 53 dólares le inquietaba… en especial si ese hijo de vecino era un depravado.
“Nadie lo confirma” insistió esa familiar vocecita, que a ratos, temía Dan, fuese su única verdadera amiga.
“¿Por qué otra razón se quedo con mis pantalones? Es un cerdo, y…”
“Hablare por Milla. Se los dio Peggy, y no creo que el rezara al Cielo por vestirse con algo que tu ya usaste.”
“Y tiene mi guion.”
“Como si te importara. Solo te interesan los pantalones.”
“Así debe ser, no tiene derecho a…”
“El no pidió usarlos.”
“Tal vez yo lo pido ahora.”
“¿Qué?”
“Bien, pareces hablar por el jodido mundo. Si todo el jodido mundo da por hecho que me excita que otro imbecilito use mi ropa, para después revolcarme en éxtasis, me importa un bledo. Solo se que el es un depravado que curiosamente tiene el mismo cabello que mi ex novia, y nada lo cambiara, aun si se quita mis Calvin Klein de 53 dólares…”
“Entonces, tu dignidad cuesta, mas o menos, 53 dólares.”
“No, creo que la deje olvidada en el vestuario, o en los bolsillos del pantalón.”
“Simplemente, pídeselos. No creo que oponga resistencia.”
“Claro que puede, es un…”
“¿Insistes en esa tontería? ¿Qué te hace pensar que a todo el mundo le excita la ropa ajena?”
“Porque así es como lo haría yo si fuese Zac Efron. Y si el fuera Daniel Radcliffe, le robaría su ropa, la restregaría en mi rostro, me hundiría de placer, porque es Daniel Radcliffe, ¿Quién se negaría a tal capricho?”
“Desvarías.”
“Tal vez, escucho voces en mi cabeza, hablo con mi cerebro y esas vocecitas que dicen que me gusta pensar que le gusto a Zac Efron, para dibujarme escenarios imposibles, lejanos y peligrosos, para sentir que alguien siente mas de lo necesario por mi, por sentirme…”
“¿Querido?”
“Mucha gente me quiere.”
“Claro. Entonces, le gustas.”
“Seria muy egoísta de mi parte pensarlo así. Ya me ama alguien, y yo la amo. Amor verdadero solo hay uno, y ese puesto ya esta ocupado.”
“Ella lo ha dicho: Nada esta escrito.”
“Pero eso es algo irremplazable. Nadie puede mover a Diana de mi cabeza, ni una Diana en versión masculina, o… Bien, eso fue estúpido, pero es adecuado. Soy Zac Efron, y me gusta Daniel Radcliffe. Por razones completamente trilladas, pero así es, digo resignado. ¿Y que hago? Tenerlo tan lejos como pueda, antes de que el me lastime, o…”
“Desvarías.”
“Tomo conclusiones lógicas, y…”
“¿Le gustas a Zac, o no?”
“Pregúntaselo tu mismo.”
“De inmediato.”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—¿A dónde...?— pero ya se había levantado, a pesar de las protestas de Milla. Era la cosa mas temeraria y ridícula que se había visto hacer, o a cualquier persona. Iba a preguntarle a un chico, un hombre, si le gustaba. Sonaba como salido de una telenovela, pero algún impulso recóndito lo movía a través de los asistentes, las cámaras y los arboles artificiales. Anduvo a paso veloz hacia la esquina de Corey Street, desdibujada por el Sol que lloviznaba sobre las paredes falsas, buscándolo. Su intuición, que rara vez fallaba, le decía que, después de eso, todo se aclararía, los escalofríos que le perseguían por las noches y los días, el temor de llamar a Diana, esa ausencia de si mismo, incluso su conciencia que sabia mas de lo que debía, desaparecerían, y de nuevo sus sueños serian dulces ensoñaciones de un futuro sensato y feerico.
Pero, ¿y si respondía “Si”? Empecinado, solo podía imaginar una respuesta negativa, pero ese escenario apareció como un puñetazo: ¿Y si en realidad le gustaba a Zac? ¿Podría soportar un mes mas, con el cuerpo rígido y los sentidos alertas, a la espera de que, un buen día, un par de manos curtidas asomaran por su cambiador, o su camping, hasta su cuerpo? ¿Tendría el poder suficiente, el dominio restante para sostener esa mirada azulísima sin tenerla devorándole cada centímetro de piel? ¿Podría hablar con el, en la realidad o la ficción, sin la certeza de que un beso, un lengüetazo juguetón, podría surgir, sinuoso?
Sabia que había raritos amanerados en todo rincón del mundo, que vaciaban en blogs y foros las mas extensas y creativas fantasías con el, con Dan Radcliffe, y, con un gusto siniestro y engreído, se divertía imaginándolos, frustrados frente a un poster o una imagen de pixeles, con su platónico amor lejano como las estrellas.
Pero ahora, era probable que conociera, frente a frente, a un hombre atraído por el. Todo lo que sabia y pensaba sobre los sexos y su lugar en el orden mundial, lo que definía como chicas y chicos, podía venirse abajo…
—¡Dan! Regresa ahora, repetiremos la toma… AHORA!— “Quien le dio ese maldito aparato?” pensó, y regreso, con las manos en los bolsillos, y una rimbombante, apagada risa, muy familiar, a lo lejos.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

JON (jadeando): ¡Bien, están aquí! Creí que... (“¿Por qué me observas tanto? ¡No lo escuchaste, lo se, no lo escuchaste!”)
LEWIS (hastiado): ¿Qué querías? (“Algo, dame una señal, algo un guiño, algo…”)
JON: Lo siento, pero…
LEWIS: ¿Me escuchaste?
JON: Cierto, no tengo tiempo. (Se acerca un poco más a ellos) Comprare un regalo para Megg ahora, y deben esconderlo Uds., hasta su cumpleaños o antes, si consigo un lugar donde no meta las narices…
SARAH: ¿Me sacaste de la cama para esto? (¿Qué? No lo dijo así antes...)
JON: ¿Qué hacías en la cama?
SARAH (sarcástica): Oh, me debatía sobre si los hombres las prefieren rubias o… Tengo que dormir, Jon.
LEWIS: ¿Es una broma, Jon? (“Quisiera que así fuera…”)
SARAH: ¿No puedes escondértelo en el...? (“¿Qué onda? No la arruinaran…”)
JON: Ahora no, mis tíos están en casa y...
SARAH: ¡Ah, tus tíos! ¿Qué tan malo será? ¿Te manosean mientras cantas, o acaso...? (“Yo soy la novata, ustedes saben comportarse…”)
JON: Cállate, tengo que hacerlo ahora. (“Hacerlo, hacerlo… No solo puedo pensar en… No, no, no.”)
LEWIS: ¿No puedes salir de compras otro día? Es miércoles, Jonny.
JON: Oye, si no gasto mi mesada antes de mañana, mama la tomara prestada de mi cartera, para comprar mas zapatos o basura. Tú sabes como es eso.
LEWIS: Y me gustaría que no lo mencionaras. (“Corte, ya. Algo mal, pero corta. Primero, la parafernalia cursi, lagrimas y risas, pero antes de seguir así…”)
Otra cámara, a ras del suelo, se acerco a Milla, con exactitud milimétrica, como habían hecho en las pruebas. Milla no era Milla, sino algo muy distinto a Sarah; Dan parecía frio como una piedra y seco como una hoja, y Zac temblaba. Nancy decidió terminar, y repetir (“Trabajar con Kubrick te trastorna“)…

SARAH: ¿Le enseñaron a tu madre a no coger lo ajeno excepto para causas de valor?
JON (hastiado): ¿Lo harás o...? (“Haz lo que quieras hacer, pero de una vez, ya es suficiente crescendo…”)
SARAH: ¡Espera! Tal vez lo sabe, pero no le importa, porque los amiguitos de su hijo pueden alimentarlo...
LEWIS: ¿Por eso te pusiste como idiota en el Viktor´s? (“¿Por eso te pones como idiota a todas horas? ¿Cómo los enamorados?”)
SARAH: ¿Eres la proyección del lado humano de tu madre, o…?
JON: ¡Mierda! ¿Lo harán o no?
LEWIS: Sabes que si. (“Si, ¿es un Si?”)
SARAH: ¿Por qué los dos? ¿Quieres que guardemos la mitad del cadáver, o si hay un cateo…?
JON: Cállate, decidiré en un rato en quien confió más.
SARAH: Oh, eso es un cumplido.
LEWIS: ¿No se te hace tarde?
JON: ¡Gracias, gracias! Créanlo, cuando ustedes quieran algo…
SARAH: Se lo cobraremos a tu madre, Jon. Lárgate.
LEWIS: ¿Tenemos que esperarlo?
SARAH: La juguetería queda al otro extremo de la calle, hay tiempo para perder.
—¡Corte!— Nancy se separo del altavoz, masajeándose las sienes… ¡Era una mierda, o peor! Todo había parecido tan fácil… “Calma, no es un estado de emergencia. Es la segunda toma, echando a perder…”
—Bueno, eso estuvo raro, chicos. — les comento, fatigada en cuestión de minutos, cuando Zac regreso, sudoroso y trémulo —Verán, la primera quedo bellísima, ahora… No se, creo que están muy confiados. —
—Creo que todo ha ido muy rápido. — murmuro Milla, quitándose el gorro.
—Demasiado. — nadie supo que quiso decir Dan.
—Aun es muy temprano para decir si lo estamos haciendo bien. —
—Ella tiene razón — intervino Zac, lánguido —Debemos pasar algo mas para saber si hacemos lo correcto. —
Después de estas palabras, el ambiente tomo la atmosfera propia de un funeral. Nancy termino por desesperarse. Haciendo uso de toda su capacidad de dominio (la parte más olvidada en su raciocinio) sugirió con un pretencioso tono de ánimo:
—¿Les apetece un descanso?
—¿Eh?— contestaron al unísono, con diferentes cosas revoloteándoles.
—Es una escena dura, y están más exhaustos de lo que deben parecer. — sonrió —Puedo cambiar la escena… Ya se, seguiremos con Jon y Lewis en su habitación, y después… Milla atacando a Megg en Elm Street.
—No es necesario, Nancy…— murmuro la chica, condescendiente, pero los sendos suspiros de alivio de los otros la apagaron.
—Les daré una hora… Zac, Pegg me dijo algo de tus pantalones, cámbialos ya. No quiero tenerte incomodo, tal vez sea eso. — se irguió, echando ordenes por el radio, y acercándose a Darren, que la observaba con el ceño fruncido.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

¿A que jugaba Nancy? La cadena tenía 12 millones de dólares en ese proyecto, y no pensaba darse el lujo de desperdiciar uno solo. Fuera lo que fuera, nada impediría que estrenaran el 4 de octubre…
Había luchado como solo Cooper o Spelling podrían hacerlo… Le había dado a Felicity… ¡A Felicity Huffman, con un demonio! ¡A Daniel Radcliffe, que nunca trabajaba en televisión! ¡Y a Zac… A Zac, con todo y la corriente mediática sobre el! A todos les había dado un espacio, su momento, incluso a esa pobre chica, Milla, a ese infeliz que no sabia inyectarse, Taylor, y a esa rarita amiga de Diddy… ¡Era Darren Star, el tipo mas celebrado en esa década! Sin el, Sarah, Kim o Candance no serian mas que unas piernas bellas… ¡Le tendía la mano a muchos, y todos le tomaban el pie!
¡No iba a ser ella, y sus mentiras piadosas, y sus noches de paracetamol las que destrozaran las horas de casting, los libretos por corregir y las cien llamadas al día que contestaba! Confió en el guion, no en ella… ¿Cómo confiaba en alguien que odiaba actuar y no sabia hacer otra cosa sino libros feministas?
El guion seria, con o sin ella… Ella, y sus días sin paracetamol…

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Zac no se despidió de los otros. Echo a andar a paso veloz hacia los vestuarios. Se quitaría los pantalones, los dejaría en algún lado, y después pediría a Peggy los nuevos. Había muchas sensaciones agolpándose en su cuerpo, entre ellas el temor de haber sido demasiado evidente… Dan lo había mirado largo rato, cuando no debía hacerlo. ¿Qué significaba eso? ¡Nadie en ese jodido mundo podía leer los pensamientos de otro!…
“Dan estuvo en Hogwarts.”
“Gracioso. Esto es un problema, si el llega a saberlo…”
“¿Qué podría pasar, excepto que te trate de la misma forma que hasta ahora?”
“Podría ser que no vuelva a hablarme.”
“Nunca te ha hablado.”
“Ni como Dan, ni como Lewis:”
“Solo has tenido dos escenas.”
“Y han sido maravillosas. Lo acepto, me gusta cuando me hace sentir mal. Es como… como si me protegiera.”
“Entonces, ¿aceptas que…?”
“Todos necesitamos algo en que creer, aunque eso sea una fantasía.”
“Dan es muy real…”
“Lewis no, y he hablado con Lewis, no con Dan.”
“Te gusta cuando no es real.”
“Si, porque puede ser que en la realidad no exista nada de lo que creo.”
Se dirigió decidido a Peggy, y dejo que ella hablara, sin atenderla, mientras le decía algo como: “No encontramos tu talla.” “Necesitamos recuperar tiempo.” “Le pediré a Nancy que repita, si es necesario.” “Estas demasiado sucio, límpiate un poco, y te maquillare en una hora. Tengo que…” “Lindo trasero…” No escucho el resto, porque ya entraba de nuevo a su cambiador. Se sentó, decaído, confundido, y, por tener algo que hacer, algo que no requiriese de una labor cerebral, rebusco en los bolsillos de los pantalones de Dan (ahora, mencionarlo lo hacia sentir mareado). Encontró el ultra-sintetizado libreto, un par de cigarrillos, pero no encendedor, una goma de mascar aplastada, tres llaves en un llavero de Foo Fighters, y su móvil.
Tomo el aparato, un Nokia de última generación, inspeccionándolo con manos temblorosas. Vanessa decía que podía conocer a alguien mas por lo que llevaba en su teléfono que por años de relación, y Zac le dio siempre la razón…
“No, no soy un entrometido. Esto es ilegal, además… ¡Y no quiero depender de el!”
“¿Para que?”
“Para darme falsas esperanzas.”
“¿Qué puede tener que no sepan tu y The Sun?”
Echo un vistazo afuera, y con lentitud, como si trabajara con una bomba, lo encendió. Tuvo que desbloquearlo, antes de que en la pantalla de tres pulgadas, apareciera por fondo una fotografía en sepia. Dan y otra chica (rubia, alta y de ojos almendrados) recostados sobre la hierba a la sombra de un árbol, en lo que reconoció como el Parque St. James. La chica sonreía, solo con los labios, pero eso bastaba para saber que estaba tremendamente complacida. Dan, por su parte, reía: no como lo hacia siempre, ni siquiera con Milla o como Lewis. Reía de verdad. El solo pensar en la música amable que podía surgir de esa expresión honesta y feliz, sintió un retortijón.
Y otro, porque supuso quien podía ser esa chica, que merecía el honor de ser el fondo de pantalla del celular de Harry Potter.
Entro al menú, y busco la galería de imágenes. Encontró, entre la enorme cantidad de carpetas, una que ponía Dii&Dan. Curioso, entro a ella.
En todas, aparecía la misma chica, y las primeras, estaban enteramente dedicadas al parque St. James, en un nostálgico sepia. Ahora, ella posaba sobre un árbol, sonriendo a alguien fuera de foco.
La siguiente, de nuevo ella y Dan (que era quien tomaba todas las fotografías) sobre la barandilla de un puente.
En la siguiente, aparecía ella sobre un caballo, descendiendo con dificultad.
En otra (y aquí sintió otro retortijón) se besaban, demasiado ocupados en eso como para enfocar correctamente. Pero los veía, besándose, y casi podía sentir la lentitud y el tibio vaivén de sus labios.
Ignorándolo, paso a la siguiente, donde solo aparecía esa chica, cruzando la calle arboleada, hablando por su propio teléfono.
En la siguiente, ya en la calle, ella observaba el escaparate de una tienda de discos, y en la vitrina, se alcanzaba a notar el reflejo del propio Dan.
La siguiente, era ella quien captaba a Dan autografiando la carpeta de un chico: reconoció la letra que estaba plasmada en el trozo de papel que tenía en su poder, y el saco gris con que lo había conocido.
Otra, ambos dentro de uno de esos autobuses rojos, con una calle pintoresca tras la ventana.
Otra vez, volvían a besarse, esta vez a la mesa de una típica cafetería londinense.
Otra, solo aprecia la chica, sentada frente a el, con la cabeza sobre los brazos y la mesa, mirándole de soslayo, mas tierna y hermosa que nunca. Algo le decía esa chica, ese gesto, y esa apariencia, como si ya la conociera. Adivino. Esa chica no parecía otra sino Milla Hawks-Jones. Evidentemente, no era ella, pero ya sabia que había encontrado Dan de interesante en su nueva amiga.
Salió de la galería, y casi sin querer, entro a la carpeta de mensajes recibidos. Era ilegal, pero… ¿Qué importaba? Había por lo menos tres personas que violaban su privacidad todo el tiempo, espiándolo a través de ventanas y escudriñando en su basura…
Leyó el primero de ellos. Resulto ser de Matt, ese mismo día:
Si así lo deseas, pero nunca he
confiado en que uses el metro, es peligroso.
Se que no importa, pero…


El siguiente, también de Matt:
Buena suerte hoy, pasó por ti a las 6,
lleva ropa limpia y fresca,
hay una temperatura de 20o. 13 IMC.
Mulholland esta cerrada. Bye.


El siguiente era de Milla, la noche anterior:
Supones que no tienes
nada que hacer, ¿Qué le dirías?


Milla, de nuevo:
Entonces ¿crees que solo
quiera parecer mas inteligente?


Milla, de nuevo:
Duncan, así se llama. Te hable de el,
trabaja como psiquiatra
en el Mercy de Los Angeles.


Claro, hablaban de su padrastro. Pero eso no le interesaba. Bajo un poco más, y solo dos mensajes después, uno de Nancy y otro de su madre, encontró algo sospechoso, de Diana, dos días antes:
Yo también te amo, sabes,
pero ojala me llames pronto.
No me gusta interpretar tu voz por lo que escribes.


Otra vez Diana (que, se confirmo, era la chica de las fotos):
¿Si? Entonces, regresa pronto.
Hay muchas cosas que quiero hacer, mi niño.



Otro, de Diana:
Creo que eso ya lo habías arreglado.
Si vamos a hacer esto en serio, lo mínimo
que puedes hacer, y por tu bien, es decirles.


Había algo raro en eso:
Habías prometido que les dirías antes de salir.
Y ahora, mientras haces de chico punk,
yo me atormento, preguntándome cuando
podre hablar con tus papas sin sentirme una zorra.


“¿Quién es esta chica?:
¿En serio? Regálamelo, por Dios,
y te amare mas de lo que ya te amo, precioso.


“¿Qué? ¿No estaba molesta con el?”:
Si, Bauhaus, en marzo del próximo año.
¡El Gran Peter, mi amor! Otra vez.
¿Me llevaras a su gira?


El siguiente fue demasiado:
Ja ja, ¿lo harás? Por favor, te di el de The Clash.
Tú dame el vinil, como regalo de bodas.
Y yo te doy lo nuevo de Bauhaus en
la luna de miel, mas un bonus, ji ji.


¿Dan se iba a casar? ¡Daniel Radcliffe se iba a casar! Era una broma, las cosas no podían ser así…
“Nada esta escrito.” Apago el teléfono, y lo dejo en la mesa, con el tacto con que se trataba… a una bomba.
“Lo leíste… ¡Se va a casar con esa Diana! Mierda, y yo sintiendo que me gusta… ¡Esto es asqueroso! ¡El es asqueroso! Tiene el descaro de ser atractivo, cuando ya esta comprometido… Pobre Milla, pobre de mi...”
“¿Y que piensas hacer? ¿Algo dramático en la ceremonia, entrar con las vestiduras desgarradas, y gritar: “Yo protesto”?”
“No me importa, solo me importa que es un infeliz que sabe jugar con los sentimientos de otros. Pobre Milla, pobre de…”
“El no te obligo a enamorarte.”
“No estoy enamorado.”
“El no te obligo a gustarte.”
“Si, si lo hizo. Con su risa, su cuerpo, su… su…”
“¿Estas aquí?”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—Estas aquí. — y esa no era la voz de su conciencia. Era la de Lewis Greenberg. Se volteo, disimulando su sorpresa, y vio a Dan en la puerta, impresionante como debía parecer. —Yo… vine por mis…—
—¡No importa!— se adelanto Zac, inquieto —Mira, le pediré otros a Peggy, no puede ser como ella quien…
—No, venia por mis cosas. — sonrió sin sonreír (no como en esas fotos…) y Zac señalo la mesa, donde se amontonaban las escasas posesiones que tenia de el.
—Me di cuenta por el móvil. — “Ay, mierda.” — Quería enviar un mensaje a…— “¿Diana?” —A mi mama, y me di cuenta de que lo había dejado en mi ropa. Y claro, que tú tenías mí…—
— Ya… Si quieres, te los…—
—No, no importa. Digo, son unos jeans y ya. —
—Ah. — Zac fingió recordar algo, y se inclino sobre el suelo, buscando algo en la mochila de Jon. Con ese mínimo gesto, esperaba que Dan entendiera que quería estar solo… con o sin el.

“¿Qué pudo ver?”
“Mas de lo que te imaginas.”
“Zac tiene ética, no espiaría en…”
“¿Qué puede encontrar que no sepa todo el mundo?”
“Tu sabes que.”
“Ah, y correría a decirle a tus padres, seguramente….”
“No tiene que saberlo.”
“¿Por qué?”
“Es algo que no le importa.”
“Si le gustas, de seguro...”
“No se si le gusto.”
“¿No venias a saber eso?”
“Oh, claro. Escucha esto: “Oye, dice Nancy que regresemos en una hora y media, y que te limpies la cara. Estuvo bien esa toma. Por cierto, ¿te gusto? ¿Sientes ganas de follarme en cuanto me ves?”
“Si no quieres saberlo, no lo preguntes.”
“Quiero saberlo. Quiero.”
“¿Para que?”
“Para saber que debo sentir.”
Guardo el guion y las gomas de mascar en los pantalones que llevaba, y dudando, cogió los cigarrillos.
—¿Hey, ¿tienes un encendedor?— pregunto, y sintió que su voz salía áspera e infranqueable. Zac apenas y volteo.
—No… creo que no. — farfullo, regresando a su innecesaria labor.
—¿Fumas?— “¿Te gusto? ¿Quieres besarme apenas cruzo la puerta?”
—No, desde hace dos años. — “¡Me esta hablando a mi! ¡Y no me grita, no se ríe! ¿Qué le pasa?” —Antes, fumaba mucho, menta— explico, tímido —pero deje de hacerlo cuando mi manager les dijo a mis padres. —
—Si, yo… se como es eso. — “Lo se muy bien…”
—¿No decirle a tus padres?— “¡Lo sabe! ¡Ya lo dije!”
—Si, y lo se por las peores circunstancias. — intento sonreír de nuevo, pero no pudo mas. Solo se sentó sobre la mesa, mordisqueando el cigarro apagado.
“Es una situación hilarante…”
“…Porque no nos estamos gritando. ¿Por eso?”

—Y… ¿Qué tal Nancy?— Zac rompió el silencio. “¿Nancy? Estas con el, a solas, en paz, ¿y le hablas de Nancy? Lo digo: eres un idiota.”
—Ah… Bueno, creo que no sabe aun como es esto. — “¿Por qué hablamos de Nancy? ¡Pregúntaselo ya!”
—Es tan novata como… nosotros. — “¿Milla? ¿Por qué Milla? Ella ni debe saber lo que hace con ella, o yo…”
—¿Ibas a decir Milla?—
—No. Ella no lo parece, es muy buena. —
—Si, lo es. No lo creía, pero si tiene experiencia.
—Te creo. — farfullo.
—¿Sabes que tuvo 500 representaciones de Romeo & Julieta en Kansas?— “¡Ahora hablamos de Milla!”
—Déjame adivinar, ella fue Julieta. — “¡Ahora hablamos de Romeo & Julieta! ¿Qué es esto?”
—Si, y aun lo sabe de memoria. Hace rato, yo hice del Ama. — rio, gregariamente —Ella fue Julieta, y su dialogo favorito: “¡Amor nacido del odio, harto pronto te he visto, sin conocerte! ¡Harto tarde te he conocido! Quiere mi negra suerte que consagre mi amor al único hombre a quien debo aborrecer.”
“Y eso fue…”
“Lo dijo Milla.”

“¡Ahora me recita a Shakespeare! Mundo enfermo, mundo que no se cansa de voltearse y deformarse… ¿Qué hago? ¿Qué? ¡Dime que hacer!”
—Yo lo hice en primaria. — explicó, extrayendo mas libretas y CDs de la bolsa, sin mirar. Dan no podía ver sus mejillas coloradas.
—Yo… Todos lo hemos hecho alguna vez.
—Tenia que hacer de Romeo…
—Que raro. — comento Dan.
—Lo se, pero también de Capuleto… Recuerdo la escena del balcón. La hice con la chica que me gustaba, Aby. La maestra insistió en que la besara… en la mejilla, claro. —
—¡Que reprimido!— se jactó Dan.
—¡Pero fue bueno!— protesto, hechizado “¡Rio! ¡Para mi!” —Fue maravilloso, era… No se, pero lo recuerdo bien. — carraspeo, sin saber que hacia —“¡Habló! Vuelvo a sentir su voz. ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, cual nuncio de los cielos a la atónita vista de los mortales, que deslumbrados le miran traspasar con vuelo rapidísimo las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!”— cambio su tono, para hacerlo mas agudo y burlón, aunque no lo quería:
“¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto.”

“¿Qué hago, seguirlo oyendo o hablar?”
“Ya lo estas haciendo, Danny…”
“¿Qué hago, seguirla oyendo o hablar?”— recitaba ominosamente, siguiendo el juego. Al igual que el rubio, cambio su voz, intentando parecer risueño —“No eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué quiere decir Montesco? No es pie ni mano ni brazo, ni semblante ni pedazo alguno de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo…”
“…De igual suerte” — completo Zac —“…mi querido Romeo, aunque tuviese otro nombre, conservaría todas las buenas cualidades de su alma, que no le vienen por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y en cambio de tu nombre que no es cosa alguna sustancial, toma toda mi alma.”
Dan se estaba divirtiendo con eso. Se acerco unos pasos… para escucharlo mejor, y siguió, con gravedad y lucidez:
“Si de tu palabra me apodero, llámame tu amante, y creeré que me he bautizado de nuevo, y que he perdido el nombre de Romeo.”
“¿Dan me dice eso? No, es mentira, lo dice Romeo…”
“O Lewis…”
“O Dan, como ambos… ¡Dime que hacer!”
“¿Qué hacia Aby?”
Con voz aguda: —“¿Y quién eres tú que, en medio de las sombras de la noche, vienes a sorprender mis secretos?”
“No sé de cierto mi nombre, porque tú aborreces ese nombre, amada mía, y si yo pudiera, lo arrancaría de mi pecho.”— Dan dio otro paso, estrujando la nicotina… ¡No lo escuchaba!
“Pocas palabras son las que aún he oído de esa boca, y sin embargo te reconozco. ¿No eres Romeo? ¿No eres de la familia de los Montesco?”
“No seré ni una cosa ni otra, ángel mío, si cualquiera de las dos te enfada.”— otro paso… y se detuvo.
“No lo voy a soportar hasta que madure. Tengo…”
“¿Dignidad? Esta en sus pantalones.”
“Esto es tonto. Se lo diré, el responderá, y todo se ira al infierno.”
“¿Cómo lo sabes?”
“¡Le gusto! Esta haciendo de Julieta Capuleto… ¡conmigo!”

“¡No es Romeo! ¡Es Dan! ¡Me gusta Lewis, me gusta Romeo, no Dan! ¡La ficción, no es terrible, la realidad…!”
“La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo…”
“¡Cállate! ¡Cállate, y dime como sacarlo de aquí!”
“¿Cómo has llegado hasta aquí, y para qué?” — dijo Zac, como una novísima indirecta —“Las paredes de esta puerta son altas y difíciles de escalar, y aquí podrías tropezar con la muerte.”
“Las paredes salté con las alas que me dio el amor, ante quien no existen aun los muros de roca. Ni siquiera a tus parientes temo.”
“Si te encuentran, te matarán.”
“Más homicidas son tus ojos, diosa mía, que las espadas de veinte parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable.”— “¡Deja la jodida mochila, Zac, y dime que quieres!”
“Yo daría un mundo porque no te descubrieran.”— “Ya me aburrí, lo que sea que hagas…”
“De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir a sus manos, amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor.”
—¿Y quien te guió aquí?— estallo Zac, como el, no Jon, no Julieta, y ambos rieron. Ni ellos se lo podían creer… ¡Estaban riendo juntos! ¡Se odiaban, como nadie se había odiado antes, y ahora, reían y se mofaban de Shakespeare! Llevaban ya un rato comportándose como si nada pudiera ser mejor que su compañía mutua. El momento pasó, y la risa seguía rebotando en sus gargantas.
—¡Que idiotez!— dijo Dan, chasqueando la lengua.
—Ojala lo hiciéramos tan bien en el set. —
—Nancy nos mataría… ¿Has leído VelVetine?
—No.
—Según Sienna, la protagonista, el primer divorcio en malos términos de la historia fue el de Romeo y Julieta…— “Ríete, habla, di algo…” Y rio, pero su risa se apago por sus propias palabras… —¿Qué paso al final de esa escena, en el colegio?
—La bese. — replicó, mas nervioso —Bueno, fue un error, porque la bese en la boca, no en la mejilla. La maestra y mis papas me jodieron por meses. No pude resistirme…—
—¿Tan bueno fue tu primer beso?
—¿Quién dijo que fue el primero?
—Porque siempre es mala la primera vez. La besaste en un escenario, a mitad de la obra, disfrazado de príncipe, con mallas amarillas… a mí me parece malo.
—¿Mallas amarillas? Ese es Malvolio…
—Oh.
Rieron otra vez, cansados. Dan ya estaba a su lado, el cigarrillo ya estaba en trocitos sobre el suelo, Zac se había encogido mas sobre la bolsa, y su inspección parecía no terminar.
“No voy a hacerlo yo, Zac.”
“Que lo haga el, que lo diga…Bien.”
—Perdón… por lo de tus Calvin. — dijo, levantándose, arrumbando la bolsa, tan alto como era. “Ahora ya no parece tan bajito… Y su cabello.”
—Yo… Gracias, pero no importa. — dejo caer el cigarro, y se cruzo de brazos. “Mira sus bíceps… los de Lewis, se mantiene en buena forma…”
—Perdón por intentar golpearte. — murmuro Dan, con la mirada gacha.
—No lo hiciste, eso importa.
Silencio. De esos, incómodos, que dicen mas que un millón de palabras huecas.
—¿Dan?
—¿Qué?
Ambos levantaron la vista. Y se observaron, fijamente, por cientos de años.
—Perdón por lo de tu motoneta.
—La necesitabas más que yo.
—Lo se, pero debí decírtelo... Perdón por tus pantalones nuevos, de verdad.
—¿Eso que? Es trabajo, Zac. Los necesitabas.
—Es que… no te necesito. — “Cobarde…”
—Zac, si que me necesitas. — “Orgulloso…”
—Si, te necesito.

Sus labios se adelantaron al resto del cuerpo.
Zac se lanzo a la boca del otro, con tal fuerza que golpearon contra la pared detrás de ellos. Sus labios, empapados de su propio sabor, juguetearon.
Dan, sin dudarlo, lo abrazo por la cintura, estrechándolo contra si, como intentando fundirse en uno solo.
No importaba si la cortina estaba abierta de par en par. No importaba cuantas cámaras de seguridad sobre ellos les captaran en ese momento. No importaba que el maquillaje y el fijador saltaran de su sitio, cuando las manos curtidas y aprehensivas atraparon el rostro del otro, temiendo que escapara. No importo Peggy, que aparecería de un momento a otro, ni Nancy, que gritaría con el jodido altavoz cuando le diera la gana, o Milla, insidiosa y perspicaz. Solo importaba que ya supieran lo que querían saber.
Shakespeare lo había dicho, y todo salía sobrando.

Zac se aferro al cabello de Dan, empujando su nuca contra su propia cabeza. Dan lo atrapó por la cintura, echándolo sobre la mesa, y conseguir besarlo mejor…
“¿Besarlo mejor? ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Estoy besando a Zac! ¡A Troy! ¡A Julieta! ¡Tengo entre mis brazos a todo el mundo, todo lo que no me importa, y lo amo, amo sus labios, su calor, sus manos, su sabor…! Es todo lo que necesito, ahora. Su risa, necesitaba su risa. Ahora la tengo para mi solo, para mi, Lewis…”
“Debes…”
“Cállate. Dame un minuto.”
“Concedido.”

“¡Te amo, te amo! No me gustas… ¡te amo! Me gusta tu risa, tu risa. Me gustan tus ojos, me gusta cuando me miras como si nada en el mundo fuera tan poco importante, tan sutil. Me gusta cuando hablas, como Lewis, o Romeo… ¡Romeo, Dan, Lu, te amo! Me gusta tu boca, me gusta que seas peligroso, me gusta tu silueta elegante y orgullosa, ¡todo!”
“Te gusta su físico, pues.”
“¡Dije que me gusta todo! ¡Déjame en paz! Espera… ¿Que más hago? ¡Dime que hacer!”
“Que el te lo diga.”

—Deberías darme mis pantalones. — jadeo Dan, en un susurro, cuando se separaron un centímetro.
—No puedo. — replico, dejándose llevar.
—¡¿Por qué?!
—Cierra la puerta, no quiero que me vean las damas.
Riendo, Dan corrió, y violento, cerro. Abrazo una vez más a Zac, antes de tumbarlo sobre la mesa.
—Tenemos una hora, creo.
—Por mi esta bien.
—Tus besos saben a tequila.
—Cállate. Tú besas como mujer.
CAPITULO 5: There´s no map... (II) por GhostOfFaron
…Debo irme, es decir, Sarah Christie debe irse. Regresare, si así lo quiere Nancy, por la noche, tal vez más humana y plena de lo que jamás estaré. Cambio y fuera.
/////////////////
8 : 21 AM . MÁS CALUROSO. =
¿En que estaba pensando? ¿Esto iba a ser un lecho de rosas? Bien, no ha sido tan malo, pero no es nada del otro mundo. No se, Nancy, Dan, la gente lo hace sonar como si fuera toda una aventura a lo Indiana Jones. Carajo, ¿Qué son dos escenas? Es decir, ¡DOS TOMAS DE LA MISMA ESCENA!

Encima de todo, tenemos un descanso de hora y media… Bien, eso no es tan malo, puedo escribir un poco… ¡Pero no quiero escribir! ¡Escribo, y en el diario de Milla! ¡Hoy debía ser Sarah! OK, no todo es tan malo. Tengo ropa genial, aunque me siento como una fruta, y Taylor dice que lo hago bien, ¡Pero no pueden juzgar aun! ¡No saben todavía de lo que soy capaz! Esa escena no dijo nada… ¿Y quien se cree Nancy para decir que lo estábamos haciendo mal? Bueno, es la directora, y no lo dijo así… Pero fue compasiva, no como Duncan o Martha, sino con lastima.

¡Fue culpa de Zac! No se que le pasa. Se ve tan guapo como Jon, el si que sabe convertirse en algo diferente. ¡Pero fue el quien lo hizo mal! Lo se, no necesito una licenciatura en Harvard para saberlo. ¡Y DAN! ¿Por qué los dos son tan egoístas? Bien, no espero que fumen la pipa de la paz, digo, son ellos, pero deberían separar el trabajo de lo personal. Unos pantalones… ¿A quien le importan? ¡Estamos trabajando, Dios! ¡Ya no por su pasión o devoción, ellos viven de esto! Si tan solo hicieran como intento que hagan… No deberían ser tan egoístas, con ellos, CONMIGO.



*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—Cuidado, es del estudio. — le susurro Zac. Dan, con un vestigio de reserva, le quito la playera con sumo cuidado, antes de abalanzarse de nuevo. Con las puntas de los dedos helados, recorrió el torso de Zac, lampiño y trabajado, con el abdomen tan marcado como si lo hubieran cincelado. Sus brazos ahora lucían como merecían, los redondos bíceps apretándose alrededor de su cuello. Descendió hasta su ombligo, y lo beso, produciendo en el muchacho leves saltitos de placer.

Zac decidió no quedarse atrás, y con un leve esfuerzo, se sentó sobre la mesa, lamiendo el cuello del otro una vez más. Como Peggy había hecho hacia solo un rato, le desprendió la camisa de un tirón, y se lanzo sobre los pectorales velludos y blancuzcos de Dan. Se sujeto a su espalda, fuerte y musculosa, para acercarlo mas, mordisqueándole los pezones hasta dejarlos duros como botones. Dan se ocupaba en introducir ambas manos bajo sus pantalones, repasando cada centímetro de ese trasero hermoso, que ahora sabia, había producido mas de una reacción anormal en esos días.

Zac baño de saliva todo el estomago de su enemigo, incluso ahora el suave vello de los brazos que lo acariciaban hervía sin Sol. De pronto, sintió un bulto estrechándose contra sus muslos. Ofuscado, volteo, y sintió el miembro de Dan, grueso y durísimo aun a través de los jeans, restregándose en sus piernas, en busca del suyo propio. Lo ayudo, jalándolo por las axilas, hasta que sintió una presión sobre su pene.

—¿Has hecho esto antes?— musito el ingles.
—No… nunca, nunca.
Dan subió totalmente sobre el mueble, con el cálido cuerpo de su amante bajo el, indefenso y sensual, y mientras hundía su lengua en su boca, empezó a moverse de atrás hacia delante, frotando su bulto contra el que se asomaba bajo Zac.
—¿No te lastimo?— pregunto, a medias.
—No, así estas bi-bien. — el rubio apretó los ojos, pensando que tal vez el éxtasis lo haría gritar, algo que en definitiva no podía permitirse.

Aun con el cuerpo semidesnudo, hirviendo, del soltero mas cotizado de Inglaterra sobre el, podía escuchar los ruidos casuales del staff tras las cortina, ahora tan atípicos en su momento… Bastaría con una ojeada del exterior para arruinar todo…Pero evitaban hacer ruido, aunque la mesa chichaba bajo sus pesos combinados. Y aun no estaban desnudos del todo…

Zac echo manos a la obra, y con un ligero empujón, logro que Dan se separara, agitado y tembloroso, a su lado yacía. Zac se apoyo en un codo, y manoseo con torpeza la cremallera de Dan. La bajo, rechinando los dientes, y encontró los bóxers de este a punto de reventar. Masajeo ese miembro que se contorneaba bajo la tela roja, y Dan parecía a punto de convulsionarse. Sutilmente, emocionado, bajo esa ultima prenda, y como un resorte, su pene salto, totalmente erguido, oscurecido por el vello negrísimo que cubría su circunferencia, venoso y rosado. Lo acaricio lentamente, regocijándose con las exhalaciones de su victima, que con una mano arañaba la madera bajo sus manos… y con la otra, checaba su reloj de pulsera.

—¿Qué haces?— exclamo, sin contenerse, con su boca a unos centímetros de su total placer.
—Compruebo la hora. Tú… tú sigue. — le dijo, lanzando con esa misma mano la cabeza dorada hacia su entrepierna. Zac dio unos lengüetazos inexpertos sobre el robusto glande, el tequila de la noche anterior impregnándose en esa carne porosa. Apretó con sus labios, y poco a poco, intuyendo como debía ser, hizo una especie de beso. Supo que lo hacia bien, porque Dan se retorció y encogió un poco mas.
—Así… Ay, así. — susurraba, excitándolo mas. Animado, chupo una y otra vez de la misma forma, cuando de pronto, sintió un líquido tibio cayendo en su garganta.
Perdido como estaba, echo un vistazo por el rabillo del ojo, solo para disfrutar la cara del otro… que, nuevamente, se concentraba en su reloj, empapado de sudor.
—¿Quieres poner…?— protesto.
—¡No te detengas!
—¡Pon atención! ¡Nunca he hecho esto, y cuando…!
—¡No te detengas! ¡Tenemos una hora, aun! ¡Nancy dijo…!
—Te la estoy chupando, ¿y piensas en Nancy?
—No en ella, en lo que hará si…
—¡A la mierda! ¡Quiero que pienses en mí!
—Lo has dicho, me la estas chupando… ¿Crees que no pienso en ti?
—OK, ya lo hago.
Con rudeza, como si de nuevo fueran los mocosos inmaduros que se peleaban por una moto, ataco, dando mordiscos pequeños al grueso animal. Dan se quejaba, pero no le importaba… Tenia que saber quien dominaba…

—¡Me lastimas!
—¿No querías eso?
—Quiero sexo, no que me lo arranques a mordidas.
—Esto esta mal…
—¡Ahora te importa tu ética…!
—¡Tu no haces nada!
No necesito decirlo dos veces. Dan se incorporo de inmediato, cayendo ambos de la mesa al suelo alfombrado y áspero.
—Ahora me darás mis jeans nuevos…
—Obedezco. — respondió, sonriendo, sintiendo las masculinas manos jalando la prenda, y una boca que respiraba debajo de su ombligo. Cuando se sintió casi desnudo, se sentó, y beso de nuevo a Dan.
—No se que hacer. — mascullo el, sin despegar la vista de la entrepierna de Zac.
—Se creativo.
Se echo, de nuevo, sobre el, bajando un poco hasta quedar con su cabeza entre los hombros fuertes y bronceados.
—He visto como lo hacen…
—¿Eh…? No importa ¡Hazlo, entonces!— ahora Zac daba las ordenes. Eso iba bien. Hasta que colocó un dedo inquisidor entre sus glúteos.
—¿Qué…?
—Así es como se hace. — refunfuño su pareja, deslizando dos dedos ahora hasta su entrada… El dolor, era un dolor que nunca había experimentado, que le electrizaba las caderas, le recorría la medula, y explotaba en fragmentos por toda su cabeza. Pero le gustaba esa sensación, y entonces fue el quien araño las alfombras.

Le estaba dejando todo a Dan, así que con un impulso, alcanzo su trasero, estimulándolo como el hacia. Ambos gemían. Zac, con leves nalgadas a ese culo precioso y terso. Dan, checando la hora.
—¡No va a ir mas rápido porque lo veas!
—¡Cállate!
—¡Házmelo!
—¡Tenemos 50 minutos…!
—¡Me importa un comino!
—¡Enfermo!
—¡Imbécil!
Rieron un poco. Se besaron otra vez, aunque solo fue rozar sus lenguas, y después, Dan empezó a deslizar su enorme pene dentro de Zac.
—¡Duele!
—Iré más despacio.
Así lo hizo. Con suavidad, dio un empujón más, y la entrada de Zac se ensancho algo. El apretaba los dientes, y Dan temía de verdad lastimarlo. Pero quería que supiera quien mandaba…
Dio otro golpe, emocionado, y sintió cerca de su abdomen la polla de Zac creciendo, humedeciéndose. Deslizó una mano, y empezó a tocarlo, al tiempo que seguía penetrándolo.
Otro gemido, otro pulso. Dan no se detenía, y Zac casi no podía respirar…

De pronto, eyaculo. Empapo el suelo, y el pecho de Daniel, que sorprendido, se detuvo un segundo, inquieto, antes de recordar que eso era muy excitante.
—¿Te gusta tanto?
—No lo resistí.
—Ahora voy yo…
Pujo, y entro unos centímetros. Zac se aferraba ahora a su cintura, y sus dedos lo apresaban desesperadamente. Le gustaba eso…
—Soy… virgen.— declaro Zac, reuniendo toda la energía que le quedaba.
—Si, claro…
—¡Soy virgen, imbécil!
—No lo eres…
—¡Soy!
—Y Vann…
—Fajes. Nos tocábamos, otras cosas y muchas veces me lo… bien… pero nunca.
—Zac, no puedo creerlo… ¡Tu no eres virgen!
—¿Quieres ver mi himen?
—Imbécil… Dios, tienes 20 años…
—¿Y? Digo, para mi no es solo metérsela al primer idiota que lo permita.
—Zac, yo estoy…
—Olvídalo, sigue.
—Te lastimare…
—¡Eso que! ¡Ya lo estas haciendo!
Estupefacto, y aun más feliz, Dan regreso a su tarea, metiendo tanto como podía en el ano de su compañero. Zac Efron, virgen. A los 20, era virgen… Nunca había follado con nadie… ¡Tenia a Ashley, a Vanessa! ¡Y jamás…! ¡Nunca en tercera base, nunca…!

—Danny…
—Ya se que eres…
—Eso no. Estas mirando tu reloj otra vez.
No se había percatado, pero de nuevo tenía la vista pegada a las manecillas, que se movían con horrible rapidez. ¿Qué era eso? Tenía sexo con un chico, el chico mas deseado de América… ¡y pensaba en la hora para terminar!
—Zac, no me di cuenta…
—No podemos hacerlo así.
—Tienes razón. — acepto, resignado.
—Es mejor…
—¿Tu casa o la mía?
—En mi hotel.
—¿Y tu casa?
—Claro, a mi madre le encantara. No la visite en su cumpleaños, pero voy para…
—Ya, ya, entendí.
Con necedad, salió de Zac, que exhalo, aliviado. Dan se tumbo en el suelo, respirando entrecortadamente, sucio, apestando a la loción del otro, a sexo, y a cerezas. Su mano termino laxa, sobre el pene del rubio, largo, curvo y tan hinchado como el suyo. Lo tomo entre sus dedos, frotándolo tan rápido como podía. Escucho a Zac gemir levemente, y siguió masturbándole unos minutos más, hasta que el mismo eyaculo en el suelo.
—¿No pudiste hacerlo antes?
—Oh, disculpa a mi cuerpo por…
—Ya, lo hiciste.

Se arrastro hasta el moreno, y lo abrazo, mojándose con su propia saliva. Escondió el rostro en el cuello de Dan, aspirando su sexy aroma a cítricos. El aire acondicionado de los vestuarios les calaba, reverberando en sus pieles jóvenes y húmedas, y notaron con gracia que estaban desnudos hasta las rodillas, con los pantalones debajo de estas. Dan dejo sus manos en reposo, alrededor de su cintura, y este trazaba círculos sobre el abdomen de lavadero. Así, tal y como estaban, con el fijador y el maquillaje cayendo de sus rostros a chorros, helados, y expuestos, se sentían más pacíficos, más unidos y amorosos que nunca. Era un silencio agradable, que, ambos se reclamaban por no haber compartido hacia tanto…
—¿En serio eres…?
—Si, y me siento feliz de que seas tu quien... Bueno, ¿Y tu? ¿Con cuantas, Don Juan?
—Dos… bueno, tres, y un…
—¿Y que?
—No preguntes. — “Por favor, no preguntes.”
—¿Y que tal?
—Peores que esta.
—Entonces… ¿Cuándo?
—¿Quieres seguir?
—Me debes algo.
—¿En tu casa o en la mía?
—Ya lo dije. — “Y no lo repetiré, a menos que sea muy bueno…”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

“Duncan me mataría.” pensó, cuando salió de su camping, con la tinta del viejo diario fresca en los dedos. Echo una ojeada a ambos lados, antes de salir a toda prisa, sin rumbo fijo. Nunca solía hacerlo a escondidas: Duncan, con su marxismo y autocracia (como la llamaba), repetía al hartazgo que prefería darle una copa en la cocina o un bar decente, y ver como Milla se ahogaba en alcohol frente a sus paternales ojos, a soportar la incertidumbre de que su hijastra bebía a escondidas suyas, en un vaso salpicado de herrumbre, en un pub maloliente, donde sin duda debía golpear a un irlandés por otro trago.
Claro, mama y Duncan habían hecho un buen trabajo. Su vida familiar se basaba en la confianza y su libertad de ser ella misma, sin restricciones. Podía pavonearse de sus sucias acciones en el colegio por toda la casa, hablar en voz alta, encerrarse en su habitación a llorar por días, chillando algo como “Arruinan mi vida.”, o pedir dinero para viajar a Ottawa con una amiga de cinco minutos. Podía parecer libertinaje, pero los Hawks-Jones consideraban que, controlando las situaciones embarazosas y descabelladas que Milla debía vivir como toda muchachita pubertad e ignara, podían evitar situaciones terribles e innecesarias que podían evitar dejándola a sus anchas dentro de una enorme jaula de oro.
Pues bien, esa era una situación terrible y estúpidamente innecesaria.

“Bien, no debo sentir culpa… ¿A quien, carajo, se le ocurre dejar en la nevera de una chica de 16 una botella de vodka?”

Paseo entre los vehículos, buscando un rincón apartado de cámaras, de gentíos y de Nancy. Mas aun, de la hipotética aparición de Dan. Primero, porque no deseaba (¡ni debía!) darle una explicación sobre sus vicios episódicos y que a nadie debían tenerle con cuidado. Después, porque no soportaría el ansia de patearle la entrepierna, recordándole cual era el lugar de todos en el mundo, y lo mucho que unos trozos negros peleaban por salir de la arena.

Detrás de unos basureros, en el extremo más lejano y austero de los almacenes, cuyo suelo estaba cubierto de cartón empapado y bolsas de plástico hediondas. Desde su perspectiva, a una yarda, no podía ver prácticamente nada, y a nadie. Seria humillante… pero, bueno, había pasado por cosas más lastimeras.

Se acerco a paso veloz, antes de tropezar con un par de botas rosadas.

Respingo, y dio un salto atrás, cuando quedo frente a Ashley Tisdale. Ataviada con su chaqueta de cuero y las gafas de carey respectivas de Megg, no parecía otra cosa sino la nena esnob y redomada que había conocido solo un mes antes llamada Ashley Tisdale. Y así habría quedado, de no ser porque esa mueca que intentaba ser sonrisa emergía de un rostro cadavérico.

—Nina…— gruño, con voz pastosa y silbante. —¿Tu que haces?
—Yo… paseo. — con un leve movimiento, escondió tras los muslos el vodka.
—Por los prados del cielo...— su risita fue un chasquido tonto y falso, pero que a Milla le lleno de una extrañísima emoción. La rubia se apoyo en la pared detrás de ella, echando la cabeza hacia atrás, y echando una bocanada de pardo humo. Bajo la vista, y noto, entre los dedos ensortijados y de uñas doradas, un grueso rollo de papel, que envolvía…
—No te fijes, Nina…
—Soy Milla.
—Eso, Mina. Si no fumo uno antes de comenzar, es peor que si no lo hiciera. Todos lo hacemos…
—Ah…— “Hay cosas que no deben contarse o hacerse.” decía mama. “Al diablo.” decía Duncan, y tenían razón. No solo estaba violando toda la lealtad que habían depositado en ella, sino que, contra todas sus expectativas, había entrado a una situación mucho más terrible e innecesaria. Se sintió incomoda, rascando su antebrazo una y otra vez. Bajo su puño, sentía el cuello de la botella cubrirse de un sudor nervioso. —¿Qué tal el trabajo?
—Si, vaya. Me senté en una silla, para que me llenaran de pintura y orines, y después me dieron ropa linda. Y ahora espero…—
—Ah, eso es…
—¿No me dirás que te agrada esto?— rio socarronamente.
—Si no, porque estaría aquí. — protesto. “Esta droog, solo Dios sabe que puede… Mierda, pienso como una monja.”
—Mira, es tu primera vez en esto. Mierda, no llevas ni tres horas en el set, Nina. Aun no sabes como se lleva esto.
—Lo se.
—Las obras en la escuela no valen.
—Se como es esto.
—¡Oye!— gimió, de pronto, frunciendo el entrecejo —No hables tan alto. No hables así. No llevas ni tres horas, y ya crees que estas muy estresada, y te escondes para beber, y te pones a hablar del trabajo como si nada, y tantas cosas tontas…
—No me hables así.— musito, apretando los labios, de forma que su replica fue un susurro silbante. Nadie, nunca, nada, en ningún lugar, podía hablar así…
—¿Qué?— tosió Ashley.
—No me hables así. Como si fuera una idiota, una niña mimada.
—Te hablo tan fríamente co…
—No me hables así, por favor.
—No te estoy…
—Ya, Ash, en serio. Por favor…
—Mira— se adelanto un paso, impacientada. El aroma de la marihuana se mezclaba con el perfume de duraznos —Te digo las cosas así, porque todavía estas muy verde. No tienes experiencia… ¡Chica, aterriza! No has pasado por tanto, y ya hablas como si fueras… Dench, Judi Dench o yo que se… Si no te gusta que te pongan los pies en la tierra…

Estaba drogada, desde luego. ¿Cómo iba a ser consciente de lo que podía decir? Únicamente estaba alucinando, haciendo ver a Milla cosas ridículas, que ella aun no podía ver… ¿Y que era eso? A pesar de todo, desde el comienzo todos le hablaban como a la chica nueva, condescendientes, pero a la vez, alejándose como si de una cobra se tratara, en silencio y con gestos bonitos. Ashley hablaba por todos: ¿Así que Milla era, en ojos del resto, una inmadura cualquiera presuntuosa y con visos de egomania? Mejor no lo podía haber dicho… ¿O acaso lucia, en realidad, como una inadaptada? ¿Se quería convencer a ella misma, o a quien carajo, de que tenia una vida detrás, experiencias con que llenar sus memorias…?

—No me gusta que me hablen así.
—Eso es lo divertido. — y exhalo —Tus pucheros de damisela en apuros, mierda. Nina…
—¡Milla!
—Eso, entonces… Quiero hablar contigo en dos o tres meses, y si finges tan bien tu apetito de resaca, te doy un Razzie… ¿Sabes abrirla, por lo menos?
—¿Quieres que la abra con tu…?— estallo.
—Chist. Tranquila, si no sabes….
— ¡No te burles!
—No me burlo, pero demuéstralo.
—No tengo que…
—¿Y que esperabas, entonces? ¿Encontrarte con el crew, o Dan, para que te vaciara el alcohol en una mamila?
—¡No me jodas, ya!
—¿Y ese Dan? ¿Cómo va?
Se detuvo en seco. Justo cuando recobraba su dignidad y escapaba de una situación terrible e innecesaria, entraba a algo peor y cosquilleante.
—¿El que…?
—Tu… Idiota, como si nadie lo supiera.
—¿Saber que?— inquirió, ingenua. Demasiado.
—Que te lo follas con la mirada.
—Y tú prestas tal atención. Es como…
—Te encanta.
—¡Me agrada! ¡Es mi amigo!
—Quisiera que te oyeras… Suenas como una sitcom. “Solo amigos…”.
—Es que no tengo tanta experiencia en hombres…— trato de defenderse, pero Ashley la callo con una mirada.
—Exacto, Nina. — otra bocanada —Esto es lo primero: A un chico como Dan, y como Dan, repito, nadie se le puede acercar.
— ¡Tu no eres su…!
—¡No, carajo! ¡Pero es como…! ¡Una verdad universal! ¡Como la ley de gravedad! Esos tipos, como el, saben cual es su lugar en el mundo, y el de las otras, y lo que ellos pueden hacer, y lo que ellas no.
—¿Cómo esa estupidez… las estrellas son inalcanzables?
—Ahora me entiendes.
—No. El no puede ser así. — decididamente, no iba a aceptar que Dan era como cualquier mocoso yuppie con que se cruzaba en el colegio, arremetiendo una guitarra eléctrica o una patineta.
—Mina. Eso, vaya… Dan podría ser Daniel Radcliffe, o Day-Lewis, pero eso no le quita su masculinidad: como todo hombre, no aceptaría una mujer por su generosidad o el poder de su alma, a menos que tenga pechos de 200 millones.
—No conozco hombres así. No todos.
—Son los que conoces, querida. —exhaló, y tosió brevemente —Te lo he dicho, hablemos en tres meses, cuatro, quizá, con el trafico.—otra vez, y de pronto, dijo con los ojos entrecerrados a causa de la molestia —¿Quieres un poco?

Milla, como en toda situación terrible e innecesaria, iba a tartamudear, después a fruncir el entrecejo, y girar sobre sus talones. Pero el cigarro de papel mortecino que le presentaba Ashley la hizo enmudecer, como si lo hubiera metido de golpe hasta el fondo de su garganta. El aroma acre y somnífero le hizo palidecer (así pudo explicarse la apariencia de la rubia), y de alguna forma así recobro el sentido… ¿En que demonios se había metido? Una situación… vaya, digna de ignorarse.
—Y Dan… ¿Es como…?
—¿Quieres un poco?
—¿…Esos chavos que…?
—¿Quieres un poco?
—Yo…
Ashley se planto sobre ambos pies, balanceándose ligeramente, con los ojos nebulosos.
—Yo…
—Mira, te hable de crecer, y esa tontería, y tal vez te estoy haciendo un favor. Así son las cosas por aquí, y deberías acostumbrarte, Cathy. Pero no se que prefieras, esconderte a embriagarte como una hija de familia en apuros, como un canario ebrio haciendo círculos en su jodida jaulita de oro. Eso, o aceptar la honesta ayuda y lealtad de una conocida… o eso.
—Yo… Bien. — Si. Estaba en una situación terrible e innecesaria. Se le antojaba algo Melrose Place… Hasta que volvió a la realidad, tan simple y somera, y en una acción mecánica, acepto el cigarrillo, Ashley, con una sonrisa boba.
En ese momento, se dio cuenta de que estaba entero. Y seco.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—¿Por qué la prisa?
—Eh, tengo que maquillarme.
—Usa este…
—¡No! Tengo que buscar a Peggy.
—Ah, ¿no quieres…?
—¡No, Dan, no quiero nada! Bueno, si. ¿Tienes mis jeans?
—Jo, querrás decir MIS jeans.
—No empieces. — replicó, fastidiado. Cuando Dan le entrego los pantalones, con las manos aun húmedas, se sentó en el suelo para ponérselos. Era una precaución necesaria: Ya sabía lo que ese chico era capaz de hacer, y no quería ofrecer evidencia de lo mucho que deseaba terminarlo.
—Tenemos 30 minu…
—¡No me presiones!— exclamo Zac. Subió la cremallera y salió del vestuario. De pronto, le pareció que todas las personas alrededor se fundían con los muros de helado concreto, observándolo con austeridad desde lo lejos. No le gustaba esa sensación, tal vez porque no podía explicarla. Sentía ciertas partes del cuerpo, el cuerpo entero destrozado, y que eran sus estragos lo que esos ojos ocultos escudriñaban, en busca de la irrefutable prueba de que, por fin, era otro tipo del montón.
Sintió escalofríos. La sola idea de haberse convertido en un chico común y corriente, el clásico muchacho de blondos cabellos y sonrisas rojas, el estereotipo exacto que intentaba asesinar y arrumbar en un barranco, lo llenaba de un temor insoportable.

De hecho, esa perspectiva era aun más grande e inquietante que el recuerdo de esos 43 minutos a solas con Daniel.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

“Debo parecer autista” pensó, al descubrirse con la mirada fija en un punto vacio en la pared desnuda…
”Desnuda.”
“Cállate.”
“Te di un minuto. De hecho, como 43 minutos.”
“Jode a otro insulso.”
Necesitaba un momento para asimilar el torrente de sensaciones que seguía fluyendo dentro de si. Toda la cantidad de preguntas y respuestas absurdas que podían aparecer…
“¿Qué hice? ¡Carajo, que hice! ¿Qué tenia en la cabeza?…”
“Tanto…”
“¡Cállate, Pepe Grillo! Esto es malo… Bueno, no… Bueno, si.”
“Tal vez no es lo que tu crees.”
“Oh, no, quizás sea un error freudiano… ¡Claro que fue! ¡O no! ¡Si, un error freudiano!”
“Eras sarcástico.”
“Ya se, ya se…”

En algún rincón del desordenado y caluroso habitáculo, escucho los primeros acordes de Ziggy Stardust. Tardo un rato mas en reaccionar, pensando en que el testarudo que le llamaba se compadecería y le daría un momento para reflexionar. Entonces, recordó que Diana amaba a Bauhaus…
“Oh, en que momento precioso llamas.”
“Precioso…”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

¿Quién le creería? Quizás mas personas de las que podían creer en el…
“Pero Dan no es ese tipo de persona.”
“Claro, olvidaba que lo conocías muy bien.”
“Lo conozco bien.”
“Jo, creo que mucho mejor que nadie.”
“¡No hables así! Esto pasa siempre. Con dos personas que llevan tanto tiempo juntas…”
“Llevan tres horas.”
“OK, ahórrate esto y di que me jodió.”
“Te jodió.”
“¡No, el no! No fue el… Esto no fue nada, he hecho mas cosas…”
“Aja.”
“Tengo chicas de a montón.”
“Y Dan vale por… ¿Cuántos dirías tu, 20 o…?”
“¡No es cierto! ¡No fue con Dan!”

¡Era un estúpido! Ahora comprendía… Como sola hacer, desde hacia un tiempo, era ignorar a todos y todo. Pero ahora, esa sensación extraña no era otra sino… ¡No con Dan! ¡No había tenido su primera vez con Dan! No había esperado tanto tiempo, no se había sometido a tan excéntricos medios de represión, no había aguardado ese día especial… ¡para terminar haciéndolo en una bodega, cubierto de maquillaje, y con un hombre… con Dan, no!

“No. Es injusto. Todas las personas guardan recuerdos felices e indispensables: su primer amigo, su primer beso, su primera Navidad, su primer cigarro… Todos son momentos bellos y especiales, que dejan un lugar en su corazón… Es virtualmente imposible que un recuerdo así, así, sea horrible. ¡Toda mi vida ha sido especial, linda y digna de escribir en un epitafio, y ahora…!”
“¿Te molesta no tener algo honroso que escribir en tu lapida?”
“¡Me molestas tu! ¿Por qué no dejan de mirarme estos estúpidos?”
“No te ven, ven a Jon.”
“Claro, tal vez porque el tiene toda una vida de alegrías y aventuras memorables con que complacerlos. Y nadie quiere escuchar a Zachary con sus estúpidas memorias de cabaret… Diablos, me importan un comino las memorias de otras personas, menos aun las de Jonathan… ¡No quiero ese recuerdo, quiero que sea un momento precioso! ¡Ni siquiera terminamos como se debe!”


No debía morderse las uñas. Así lo habían dicho su madre, Matt, Rupert, Nancy y su conciencia. Así empezaban, y después se chupaban el dedo. Pero no tenía otra opción. Era eso o gritar.
“Decidido. No voy a contestar.”
“Tal vez cayo a un precipicio.”
“Solo haría el idiota.”
“Tal vez este secuestrada por fanáticos estilo Mark Chapman.”
“No quiero hablar con mentiras.”
“O tal vez este embarazada de un anónimo…”
“¡Aporta algo!”
“Te doy opciones.”
“¡Dime que hacer!”
“Lo que acostumbra hacer Daniel Jacob Radcliffe…”
“¿Antes o después?”

Porque el Daniel solemne, caballeroso e hidalguillo, solo Satanás sabia donde había quedado. En su lugar, quedaba el EMO que ofendía a las chicas y se besaba con hombres. La cuestión era cual de los dos respondería la llamada de la novia leal y amorosa.

Mentir… no era una opción. Diana no era una chica absurda. De lo contrario, no trabajaría en la Biblioteca Nacional. Apenas contestara, inquiriría sobre su voz grave y frágil, sus palabras bruscas y entrecortadas, y, con preguntas sutiles y ágilmente trazadas, conseguiría que su respetable y único novia deletreara con todas y cada una de sus letras el nombre de la cica con que había follado.
Eso era lo peor: que no era una chica.
“Bien, lo dejare sonando. Que crea que estoy en rodaje.”
“Y que el remordimiento te queme las entrañas.”
“Es un mal necesario.”
“¿Oh, ella te obligo a quitarle la ropa a Zac?”
“¿Entonces que hago? Debes conocerme, soy predecible, en cuanto escuche su “Hola” estallare, y le contare mi historia digna de Dr. Who o algo peor. Y después llorare, pidiendo perdón, y al momento el Dan bipolar le espetara todos sus errores y fallas, lo mucho que detesta sus aretes y uñas color limón, su iPod de 160 GB co 40 en uso, ella responderá, escupiéndome a la cara, llorare aun mas, sufriremos, y al final no nos encontraremos nunca mas excepto en una pesadilla o un anuario viejo.”
“Has tenido tiempo para pensarlo.”
“Debo tener opciones.”
“Contesta y ya, mierda.”
“Contesta tu.”
“Dan rebelde, contesta tu.”


Una chica de entre los extras, pelirroja y con un largo vestido rojo que acentuaba su figura, le sonrió ampliamente. De inmediato reparo en sus ojos verdes, que lo repasaban de pies a cabeza, derritiéndose con cada centímetro de Zac Efron que observaban. Era del tipo que empezaba con miradas y sonrisas elocuentes, después con saludos lejanos, y finalmente, con algún comentario agradable y una fotografía sensual y familiar que firmaba sin entusiasmo, quedándose con el sentido de que era un espectáculo envidiable para cualquier mujer de cualquier edad.

Por alguna razón, sus labios cayeron en lo trágico. La sonrisa ensayada se deformo en un gesto repugnante, mostrando todos sus dientes rechinando unos contra otros, sus brazos se pegaron al torso como un tronco grueso y fofo, y resoplo como lo haría un cerdo.
“Brillante. Cuando mueras, será un recuerdo feliz.”
“¿Y que esperas que haga ahora mismo?”
“¿Qué hace habitualmente Zac Efron?”
“Esperar a que otro lo haga. Mírala, solo me ven con recelo.”
“Tal vez porque eres la cruel parodia de Andy Kaufman.”
“¡Sabes que no es eso!”
“Claro, debe ser su inmenso poder psíquico. Debe intuir, por la lógica y el orden cósmico, que te has acostado con Daniel Radcliffe.”
“¡No! Pero me molesta que me mire sin razón.”
“Eres Zac Efron, todos te ven por una buena razón.”
“Bien, que me de otra razón.”


Cogió el teléfono entre sus manos temblorosas, balanceando el índice sobre la tecla de Contestar. En la pantalla, el rostro sonriente y bañado de Sol de Diana lo observaba con un dejo infantil. Deseaba dejar de observarlo, como temiendo que la fotografía pudiese reprenderlo. Pero al mismo tiempo, era como un poderoso imán que no lo desprendía de esos ojos de avellana, en que tan tas ocasiones se había visto reflejado como, simplemente, un chico enamorado… uno de tantos Romeos que fallaban a su Julieta.

“Ya se, lo esconderé. Si no lo escucho, no es. Como esos proverbios chinos…”
“Pero sabes que esta allí, así que fue, por lo tanto no deja de ser, aunque tu te creas que nunca fue.”
“Gracias, Big Brother, no necesito esto.”
Con aprehensión, retorciéndose las puntas de la camisa, giro la vista bruscamente, buscando algún sitio apropiado. Encontró un montón de ropa en un rincón, en fardos gruesos y sucios, y lo metió hasta el fondo. Situaciones extremas requerían medidas extremas.
Cuando respiraba, un poco mas aliviado, quedándose solo con su pesar que debía compartir con solo el mismo, Peggy apareció en la entrada.

—¡Entras a escena en 27 minutos, que crees que…!— se detuvo, observando su apariencia deslucida, el cabello enmarañado (y sus torpes intentos de alisarlo de nuevo), y la ropa desperdigada. Abrió la boca levemente, con toda la intención de objetar algo, pero en vez de eso, se sacudió las penas: —Bien, no importa, así pasa cuando los dejamos una hora solos… Bien, deja de hacer el idiota, siéntate. — lo arrojo con brusquedad sobre el asiento, dando ordenes inconclusas a Shanon, que había aparecido de algún lugar extraño. La chica tomaba notas en su libretita con mayor euforia, y parecía al borde del llanto.
— ¡Alto, no puedo concentrarme!— grito Peggy de pronto. Dan se quedo petrificado, tanto por la sorpresa, como porque sabia que estaba molestándola. Escuchaba aun, como desde el interior de un sótano desviado, Ziggy Stardust. Y Peggy también lo escuchaba sin duda.
“Lo echara todo a perder.”
“Claro, porque no dejo de ser, y ahora ella te demostrara…”
“¡Haz algo!”
“Dan rebelde, haz algo.”

—Hum, debe ser mi teléfono. — musitó, descubriendo que lo mas sencillo había sido contestar.
—¿Y porque no contestas?— inquirió la mujer, con los brazos en jarras.
—Porque… no quiero hablar con ella.
—¿Ella quien?
—Mi novi…—
“¡No lo dije!”
“Oh, si lo dijiste.”
“¡NO LO DIJE!”
“Oh, si lo dijiste.”
Ahora, alguien ya sabía que existía Diana Hawkins. Y que Diana Hawkins salía con Daniel Radcliffe.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

… digo, son ellos, pero deberían separar el trabajo de lo personal. Unos pantalones… ¿A quien le importan? ¡Estamos trabajando, Dios! ¡Ya no por su pasión o devoción, ellos viven de esto! Si tan solo hicieran como intento que hagan… No deberían ser tan egoístas, con ellos, CONMIGO. X//X/X//XXXXXXX/

9 : 12 AM. JODIDO SOL MUY JODIDO SOL Y NADA INTERESANTE BUENO LO QUE ME DIO ASHY Y NO FUE NADA PORQUE PODRIA ESTAR MUCHO PEOR. DIGO AMY WINHEHOUSE ESTA EN COSAS MAS PEORES.

No se. Bueno si porque es raro. Dice Ashy que esto lo hacen todos entonces no me debo sentir tan rara. Bueno si se siente raro y no se como explicarme y no lo voy a intentar porque tal vez ese es mi problema todo debe tener logica y coherencia y debe ser obvio y sencillo. Pero nadie es sencillo y todos son raros y complicados.
Duncan DUNCAN Duncan me va a matar. Bueno no va a enterarse porque ya se que me puede hacer y mama AGH mama me va a joder los 100000000000000 de años que viva porque no me va a perdonar eso de la confianza y la deslealtad y me va a recordar hasta el hastio que la decepcione. Pero yo no quiero eso, porQ

9 : 13 AM. BUENO EL SOL PARECE QUE SE FUE EN CAMBIO TENGO UN JODIDO FRIO ME SIENTO COMO DENTRO DE UNA COPA DE M,ARTINI SECO O ALHO ASI, NO SE YA NO SE COMO HABLO Y CREO Q FUI AL BAÑO Y VOMITE. BUENO ES COMO UNA REACCION NORMAL ES MI PRIMERA VEZ BUENO LA PRIMERA FUMANDO ALGO CREO QUE ME AHOGE PERO ME ACOSTUMBRE… CARAJO QUIERU OTRO!!!! BUENO NO SOY ADICTA PERO ASI ME BAJARE LA RESACA O COMO SEA QUE LOS DROOGS LE LLAMEN AL PERIODO POST-CRACK.
Decia bueno eso no importa tanto pero me siento extraña y feliz y no se es muy raro no me importa sentirme miserable es como como como si me hiciera feliz ser muy triste JA. Bueno ni siquiera me siento mal de haberlo hecho aun asi se qu Duncan me va a matar mama me va a matar y eso que? Bueno tenia que pasar ya sabian que iba a hacer si entraba a esto y no se tal vez no fue un error no NO NO fue un error asi aprendere a conocer a la gente y Duncan deberia saber como mama tambien. Bueno y quien soy yo para decir que otros deben conocer a las personas bueno yo estoy juzgando a Dannny sin saber bien como es.

Bueno lo se pero no en realidad y que estara pensando ahora mismo? Bueno iba a pensar que tal vez piense en que soy un bodrio tamaño Jlo y se burle de mi dentro de una copa de martini seco haciendo cosas sucias con Cary Grant (bueno esa imagen no se es rara pero salio cuando me despedi de Ashy bueno Ashley pero es mas facil decirle Ashy). Bueno iba a pensar asi pero pienso bien y no puede ser tan distinto de otros. Ashy tiene mucha razon es una diosa Dan no puede ser tan distinto de otros chicos que que?

9 : 18 AM. BUENO ES RARO QUE ESTE EN EL BAÑO CREI QUE ESTABA EN LA SALA PERO BUENO AQUÍ EL SOL NO ES TAN MALO POR AQUÍ. BUENO LO PIENSO BIEN Y CREO QUE HE VOMITADO TENGO UN SABOR RARO EN LA BOCA JA JA (ES COMO MARTINI SECO, JA)
Estaba diciendo entonces que? Ah Dan no es tan distinto de otros chicos creo que es mas real que muxhos chicos bueno no me lo parecia mucho hace unos meses pero bueno no es lo mismo besar a una revista o la pantalla del movil que sus mejillas bueno es extraño ahora ya no me siento tan molesta con el bueno si porque es un idiota un egoista. Bueno quien soy yo para juzgarlo hice cosas peores le he hecho cosas peores a otras personas y han sufrido y ha sido mi culpa y Dan no es tan malo creo y bueno me molesta que no se sea tan como COMO FRANCO nunca se queda con las cosas o las hace. Bueno es Dan tiene que ser asi pero yo creo que eso es lo que debe volver locas a las locas no? Eso que hace de no quedarse con nada y hacer hacer hacer (BUENO EL JODIDO SOL ME MOLESTA MUCHO ESTA MAS AZUL QUE DE COSTUMBRE BUENO LE DIRE A ASHY ELLA LO PUEDE ARREGLAR DIJO QUE ARREGLARIA LO QUE FUERA ES RARO NO? EL SOL AHORA ES ROJO O ALGO FEO O ASI NO SE ESTOY MAS CONFUNDIDA) Bueno creo que Dan es genial por eso porque consigue lo que quiere y no se anda con rodeos y por que mierdas estoy hablando de Dan? Tu mira ya no estoy enamorada fue como explico bueno un amor platonico absurdo muy absurdo como Armostrong en la luna o las Spice Girls no se ya no siento lo que sentia antes o bueno si pero de otra forma mas rara no se bueno. Bueno el sol esta muy azul DE VERDAD MOLESTA MUCHO, y estoy confundida. Me molesta pensar en que Ashy piensa que Dan piensa que yo pienso que no soy capaz de decirle lo que pienso que Ashy piensa y Ashy piensa que no me puedo despegar de el Y ES MALO PORQUE NO ME QUIERO DESPEGAR DE EL NO QUIERO!!!! Ya se no me importa tanto esto me importa estar con el bueno a lo mejor asi se fija en mi y no en otras personas y no se no se ES MUY RARO ESTE MALDITO SOL AZUL Y RARO no se bueno QUE HAGO? Bueno soy sensato y pensante y puedo hablar seriamente con el BUENO NO porque eso debi hacerlo desde el principio y no estoy en condiciones de charlar como una civilizada PERO QUE LE IMPORTA Ashy Ashy dice que todos lo han hecho y si es tan lindo y donjuan como dicen no se molestara en comprender los ebrios y los niños dicen dicen QUE DICEN? Bueno no creo que este tan mal BUENO ESTE JODIDO ESPEJO TAMBIEN ESTA EN MI CONTRA bueno no importa soy natural QUE DIGO NANCY ME VA A MATAR bueno y que hago me guardo el rencor? No no no NO ya lo hice mucho y debo hablar con la verdad a veces a lo mejor y es mejor y creo que tengo que ir a A
9 : 23 AM. EL SOL SE FUE A TOMAR UN DESCANSITO Y ESPERON QUE LO ARROLLEN EN EL CAMINO. Bueno regrese del balo y no estoy tan malo solo necesito a Ashy y ese peine y a Dan y hablar con Nancy SI!!! Nancy ella es logica es un ser pensante bueno no como todos pero si como pocos.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Peggy Rassmussen era muchas cosas, pero no del tipo que se quedaba con las ganas de soltar una buena historia. O por lo menos incidir en ella. A veces, le habían dicho que actuaba bajo el cliché de su verdadera profesión, estilista profesional: retocando aquí y allá con tijeretazos precisos, acomodando mechones rebeldes, untando y empapando, mientras sus labios bruñidos de colores vivos y relucientes, y sus uñas larguísimas, afiladas y plásticas soltaban una perorata de historias que bien podían nutrir una película de Tarantino. No había hombre, mujer, niño o bastardo que pasara bajo sus manos ensortijadas y callosas que, a priori, terminara como parte de una anécdota de tocador. Y Peggy tenía un gusto exquisito para escoger chismarajos dignos de contar.
Y decididamente, el noviazgo de Daniel Radcliffe era una de esas historias.

—Así que…— inquirió, con su voz mas picara, sin importarle las manecillas del reloj que iban contra ella y sus capacidades extraterrenales —¿… tienes novia?
—¡No!— respondió Dan, absurdamente, como un instinto infantil. Se dio cuenta de que lo había dicho, y no había gran cosa que hacer para enmendarlo. Y el teléfono por fin había dejado de sonar. Mal…
“Podrías ser honesto con alguien.”
“¡No con ella! Ni siquiera la conozco.”
“Oh, y a Zac lo bastante para juzgarlo.”
“No, pero… El no sabe nada de Diana, y ella si. Podría…”
“Homicidio.”
“Claro, ¿y que podría hacer con el cuerpo?”
“Lo ponemos en una cajuela, y después lo echamos a un rio con el rostro machacado.”
“Bien, pero no olvides a Shanon.”
“Llévala al sótano, y acaba con ella. Es tu misión. Después, esconde el cuerpo en los ductos de ventilación.”
“Aun queda un problema…”
“¡El dinero…!”
“Déjate de idioteces.”
—¿Dan?— llevaba dos minutos con la mirada perdida, sin responder. Se sacudió, y al verle repuesto, Peggy ataco de nuevo: —¿Y esa chica…?

—¿Te lo creíste? Je. Bah, solo llamaba la atención.
— ¿Cómo se llama?
—Diana. — se resigno.
—Diana… ¿Qué?
—Jones. — pensó sin pensar, tomando el primer apellido que proceso esa parte de su cabeza. Ya lo había arruinado, pero no había motivos para empeorarlo. Y Peggy lucia como una persona regordeta que podía empeorar las cosas.
—Diana Jones, ¿eh? ¿Es bonita?
—Demasiado. — “Dios, si que lo es. Soy un hijo de puta.”
—¿De donde es?
—De Cornwall.
—¿Cuantos años?
—20.
—¿Hermanos?
—Dos, en Oxford.
—¿Empleo?
—¿Quieres su estatura?
—Cielo, te avergüenzas de tu chica. — bufo, mientras sus manos bailaban sobre su melena negra y revuelta, acomodando aquí y allá. Shanon, con inusitada precisión, le polveaba la nariz. —No tienes nada que esconder.
—Algo así.
—¿Por quien me tomas?— rio.
“Homicidio.”
—Solo es… es que no he hablado con nadie de…
—No tienes quince años.
—No me regañes.
—¿En que trabaja?
—¡No…!
—¿En que trabaja?
—En la Biblioteca Nacional.
—¿Intelectual, eh?
—Lee a Elliot y Baudelaire, y puede entender que dicen.

“No es tan malo.” pensó Dan con firmeza, por tercera o cuarta vez ese día. No quería recordar las ocasiones anteriores, pero se alegraba de que pudiera aceptarlo sin sonrojarse: Peggy podía ser una zorra entrometida, pero, ya fuera por el arte con que manejaba la situación, o que estaba demasiado cansado (demasiado) para replicar, no le desagradaba hablar de su prometida con otra persona. Había figurado ese momento millares de veces, incluso lo había discutido con ella, y en ningún prospecto era una charla agradable. Tal vez porque sentía la impaciencia y el estupor de sus padres clavándolo al suelo, mientras sus manos jugueteaban con el anillo de plata fina en su bolsillo, listo para ensartarlo en el dedo blanco y delicado de Diana, con una oscura sombra sobre su Felices para Siempre. Pero felices al fin…

Nunca, nunca había pasado por la cabeza de la chica, o del chico, que su pequeño y tonto secreto seria revelado a una maquillista gorda y de rosas atronadoras.
Eso no le preocupaba tanto, no tan en demasía como el hecho de que se sentía liberado. De muchos sentidos, su compromiso con Diana era una carga espantosa, porque podía crecer y madurar, y convertirse en todo un semental, pero no despegaba de su alma el cosquilleo perenne que produjo la vergüenza y el sonrojo.
Pero eso no le preocupaba tanto, no tanto como el hecho de que su vergüenza y sonrojo emergían de otra persona, en ese mismo lugar, en un tiempo muy cercano.

“No me confirmo nada.”
“Alardeas.”
“No alardeo. Diana no es un objeto que puedas poner en una vitrina para que las visitas de te comprueben que tus bolsillos rebosan de galeones.”
“Yo no, tu si.”
“No seas estúpido. Soy ingenuo, y me emociono fácilmente.”
“Jo, dímelo a mi…”
“Díselo a los billones de parejas que ponen en su sala de estar un cuadro de la feliz novia envuelta en lino blanco, el novio como un pingüino, en un cotagge de cartón.”
“Oh, entonces es orgullo pre nupcial.”
“¡Rabia post crisis! ¿Contento?”
“Oh, lo entiendo.”
“Si no lo digo, si no escucho de mi propia boca una vez, una sola vez, que amo a Diana Hawkins, será peor el día de mañana en que recuerde lo que le hice a Zac Efron.”
“Solo hay un problema. No has mencionado a Diana Hawkins.”
“Eso es una… reserva.”
“¿De que?”
—¿Y donde se conocieron, tesoro?— el aluminio oxidado de las tijeras repico como una sentencia. Por lo visto, eso se ponía más interesante.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—¡No voy a cancelar! ¡Nunca, Jo, no aquí, no hoy!
—Se razonable. ¿Esperas trabajar con este clima?
—¡Trabajaría en pleno Chernobyl, así! ¡No voy a cancelar!
—El equipo…
—¡Lo haría sola, de ser necesario! ¡No cancelare!
—Los chicos…
—¡Los echaría al Vesubio de ser necesario!— se sorprendió a si misma. Johanna, sabiendo como era el delicado humor de Nancy, la había llevado a un rincón apartado, para evitar, por lo menos, miradas innecesarias y asustadas si se le ocurría apuñalarla. Por lo visto, no había funcionado: la pelirroja se había erguido tan alta como era, chillando a pulmón, y su vestimenta sudorosa y el rostro demacrado le inferían un aspecto, tristemente habitual, de esquizofrénica.

—Se razonable, Nancy…
—¡Soy sensata!
—Cálmate…
—¡Mierda, estoy calmada! ¡Tu no estas calmada!— le golpeo con el dedo un hombro, y algún respingo aterrado escuchó tras ella.
“¡Que se creen! ¡No a mi! ¡No hoy! ¡No hice tanto para nada! ¡Estoy tan jodida como un asno…! ¡No me van a cancelar hoy! ¡No tengo ni una escena! ¡Jesús, no llevamos ni tres horas! ¡Jesús!…”
—¡Hay países de tercer mundo que si se merecen un vendaval!
—No maldigas.
—¡No lo hago, exijo justicia! ¡Si Dios no me la da, tú deberías!
—No voy a poner en riesgo al crew, Nancy. Es mi última palabra.
—Oh, amiga, ¡esta es la primera!—

¿Qué habría pensado su psicoterapeuta de verla en esa situación? Quizá habría reaccionado tal y como haría Lillian Thurman: le ofrecería una taza de café, con suficientes calmantes para dormir a un elefante, le aclararía con sabionda laboriosidad que podía sentirse segura en ese espacio, haría alguna broma sobre sus jeans embarrados o sus zapatos de lona, y la echaría en el chaise lounge a reflexionar sobre la ira y la barbarie, asintiendo amablemente con un “Y con eso, ¿Cómo te sientes?”

Pero Nancy, la Nancy Crowe escritora-intento-de-cineasta que gritaba y escupía a diestra y siniestra en el cruce de dos calles de yeso y madera, con el megáfono bailando bajo su brazo y algunos mechones de cabello entre las uñas, habría saltado como una hiena sobre la psicoterapeuta, descuartizándola y ofreciendo sus restos a la memoria profanada de Freud o Nietzche.
Y bien podía reaccionar igual con Johanna, la impasible y desafiante mujer que le superaba por tres palmos de altura. Pero todo daba igual: a fin de cuentas, todo era jodidamente injusto. Ocho meses… ¡Fueron ocho meses de su vida, los que dedico como una madre a un hijo miserable, a ese proyecto, desde la primera palabra estúpida de una anotación cualquiera, hasta los carteles para el metro y los prospectos de menús del DVD! ¡Falto a la tercera boda de su hermana, al funeral de su único amigo del bachillerato, encerrada en una sala calurosa con hombres obesos y descollantes que no dejaban de preguntarse si había algo debajo de su blusa, convenciéndolos de que no se echarían al caño esos doce millones de dólares! ¡No había llegado tan lejos… para que un jodido airecillo de 110 km/h lo echara todo a perder!

—¡Podemos seguir en interiores!— insistió, rechinando los dientes.
—Baja la voz. Te escucho.
—¡Mierda, podemos…!
—El meteorológico dice que es por nuestra protección.
—¡Entonces tu tienes la culpa!
—¿Yo?— por un momento, Johanna encogió sus ojos aceitunados, desconcertada.
—¡Tu nos trajiste a filmar en las colinas!
—Nancy, no digas tonterías. — sonó como un regaño, y solo enfureció mas a la escritora.
—¡No me voy a rendir tan…!
—Si lo harás, te lo ordeno. — cruzo los brazos —Soy la productora ejecutiva, confío en ti, pero no puedo aceptar que pongas en riesgo la vida de una persona por esto.
—¡Hitchcock…!
—¡Hitchcock le tenia miedo a su esposa! ¡Y nunca trabajo en televisión!
—¿Gritando, Johanna?— Darren surgió detrás de una acera, cerrando su teléfono, con la mirada adusta. “¡Alguien sensato, Jesús!”.
Pero a Johanna no le agrado su saludo. Perdió los estribos.

—¡Nancy esta gritando como una demente, y a mi…!
—No escuche a Nancy, te escuche a ti. — “Idiotas, ambos.” Johanna inclino la cabeza a Darren, y salió casi a trote por Flaw Street —Nancy, deduzco que sabes lo del vendaval…
—¡Filmaría…!
—Aun en Chernobyl, si. Lo mismo dice Jared. Pero debo recordarte que aun tengo poder de relevarte de tu puesto, y cancelar tu contrato.
—¡No me hables así!
—No debí decir eso. — se disculpó —Pero debes entender: eres muy joven en esto, y cosas así pasan todo el tiempo. Mañana podremos regresar, y comenzar otra vez. Además, te vendría bien un descanso.
—Pero…
—¿Qué temes, diablos? ¡Sigo confiando en que lo harás bien! ¡Y soy consciente de que no tienes poder sobre los elementos naturales! ¡No te echare por esto!
—Pero…
—¡Puedes aceptar que nada es perfecto!
—Pero…
—Ya di la orden, Nancy. El equipo esta guardando la utilería, cubriendo los campings y las casas. — como si los hubiese invocado, un grupo de trabajadores de chaquetas azules pasaron tras el corriendo y gritando ordenes, cargando entre varios una gigantesca lona amarilla y gastada.

“Tal vez. Carajo, por hoy es todo.” reservaba esa frase para el final del día, cuando, de nuevo sobre la camioneta, agradeciera a todos a través del altavoz, entre ríos de champagne. Pero, tal y como hacia con Darren, que ahora la guiaba detrás de las fachadas huecas, y que no parecían sino caja tras caja de cartón, debió resignarse a que las cosas no siempre eran como Nancy Marianne Crowe quería que fueran.

“Nada esta escrito.” recordó, triste y, de pronto, somnolienta.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

El llamado le había llenado de alivio, que subió desde sus pies a medio calzar hasta su cabeza envuelta en cabello suelto y gotas de aerosol. La voz nasal que vocifero por los altavoces había dicho algo sobre una inundación, un terremoto, árabes o algo así. Había mencionado las palabras “vida”, “pánico” y “calma”, en distintos grados de aprehensión, dignos de Orson Welles. Podía haber anunciado el día del Harmaggedon, pero Dan solo se concentraba en escapar cuanto antes de Zac. Y otras personas…

—¿En donde se conocieron?— suplicaba Peggy, acomodando con destreza y precaución los cosméticos en su valija, supervisando por el rabillo del ojo a Shanon, que recogió a paladas la ropa por el suelo.
—En algún lugar.
—Hay muchos en el mundo.
—No voy a decirte.
—Ya me has dicho demasiado.
—Pegg, no te he dicho ni la mitad.
—Soy toda oídos. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Con quien?

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Entre la masa de personas y embalajes que hervían en la gran entrada de la bodega, Zac distinguió a Matt, luchando por salvar el decimo café del día que, a su vez, también hervía peligrosamente sobre su cabeza.
“Ojala se te caiga.” rogo, con amargura, con toda la propiedad de un niño terco.

Había descubierto, hacia mucho tiempo, que la mejor y única forma de no sentir dolor cuando sus pecados lo herían, era culpar a otras personas. Y, aunque esas insulsas victimas no tuvieran ni la mas remota conexión con su desgracia, invariablemente encontraba una metafísica o social con aquello que lo atormentaba.
Y así fue con Matt Dukattis. Sus habilidades como equilibrista, tratando de rescatar sus cejas del cappuccino cual lava, eran poca cosa comparadas con el rencor que lo fulminaba desde los ojos azules y a menudo tiernísimos de Zac.

“No me ayudo. Si hubiese hecho algo mas que humillarme y enviarme con Peggy, no habría pasado… nada.”
“Ah, tal vez lo hizo adrede.”
“¿Qué?”
“Si. Confabulo con Dan para que el te violara, y probablemente te trata de una broma D’Punk. Es obvio, Matt se ve sospechoso.”
“¿Tengo que escucharte?”
“Es esto o tu hemisferio izquierdo.”
“El… el sabia lo mal que lo pasaba, y no le importo. En cambio, cuando estaba bien y no necesitaba que me lavara los pañales, parecía una sanguijuela.”
“No es tu nodriza.”
“Quisiera.”
“Piensa por un segundo en algo mas que tu nariz.”
“Claro, voy a pensar en mi irritadísimo…”
“Anda, dilo, y pruébame que sabes lo que paso.”
“No paso nada.”
“¡Desde luego! Nada digno de contar.”
“Eso es bueno.”
“Hablo por Dan.”
“¿Me apoyas o no?”
“Soy un surco de tu cerebro, todo inanimado. No tengo juicio ético.”
“Entonces, ¿Por qué no te cansas de joderme?”
“No lo hago, te enseño lo bueno y lo malo.”
“Enséñame lo bueno.”
“Díselo a Dan. Saluda a Matt. Huye de Nancy.”

Lo primero lo ignoro por completo. Lo segundo lo hizo con futilidad, agitando la mano y con la misma mueca que se había encajado en su cara; Matt respondió, y por fin dejo caer el café al suelo, aunque un amplio muro de unicel le impidió saber si estaba muerto o jodido. Lo tercero fue más difícil, pues la mujer avanzaba en línea recta hacia el, abriéndose pasó a empujones y maldiciones: aun desde esa distancia notaba sus ojos, que escupían tanta ira como saliva su boca. Era difícil decir si se dirigía hacia un aterrado Zac, o hacia Darren, unos metros más allá. De todas formas, el chico tenía motivos para temer: ya sabía lo que podía pasar cuando Nancy Crowe se enojaba. Era una escena que nadie estaba listo para ver o vivir. Y sabia que alguien así hacia la vista gorda para atacar a cualquiera sin fundamentos…

“Oh, que injusto, que te ataquen sin fundamentos.”
“Cállate. Yo no soy una calca sanguinaria de Bathory.”
“¿Eh?”
“Nancy no puede manejar su ira, aun menos en una situación así. Es una persona autodestructiva.”
“¿Quien eres tu para juzgarla, mierda?”
“¿Quién eres tu para juzgarme? Un surco en mi cabeza… ¡Dios, si tiene fundamentos! ¡Yo lo hice mal! ¡Arruine su única escena! ¡Mierda, mierda!”
“Déjame adivinar, ahora te detestas por fornicar en vez de trabajar en tu personaje como debiste.”
“Esas cosas pasan.”
“Claro, díselo a Bathory.”

No podía esperar a descubrir como lo despellejaría. Discretamente, echo a correr tanto como le era posible en medio de la muchedumbre, hasta llegar a los vestuarios. El horror punzante de un recuerdo fresco que pretendía olvidar le desgarro la nuca, así que dio media vuelta, y todo sonrisas, troto por la desusada sala de maquillaje. Recordaba que allí había una salida.


—Puedo usar métodos ilegales, Dan. — y Peggy rio, inflando mas sus rollizas mejillas.
“Ah, OK.”
“Su humor es peor que el de Nancy.”
“¡Imposible!”
“Believe It Or Not!”
“¿No entiende un no?”
“Es obvio que no.”
“No se lo voy a decir, ya sabe mucho.”
“Has dicho que ni la mitad.”
“No la mitad que me interesa.”
“Ah… eso.”
“Si, eso.”
“¿Tanto duele?”
“Demasiado.”
“¿Qué tanto puede saber Zac?”
“Nada. Ni lo sabrá.”
“¿Qué tanto puede saber Diana?”
“Lo bastante para amarme.”
“¿Qué tanto le dirás a Peggy?”
“Lo suficiente para su Hi5.”

—Me equivoque de baño en un centro comercial. Ella fue la única mujer que no me golpeo. Después, me dio su teléfono, y dos días después, me estaba besando en esa misma plaza. ¿Contenta?— y, como si estuviese dando el papelazo de su vida, adopto una postura desafiante, el gesto arrogante y preciso, a tal que dejo a Peggy incomoda, dándole unos segundos para escapar.

Dio unos pasos, y termino entre la marea de trabajadores que se debatían por salir, ante la alerta del vendaval. Dan comenzó a preocuparse de verdad. Entonces, ya no importaba tanto Peggy, o Diana, o Zac (mmm…), porque compartía ese breve sentido de supervivencia de todos…
—Jodido Sol… cuando no lo necesito, esta por… por… por allí, haciendo la maroma, y… ¡DAN!— unas manos se posaron sobre su torso, empujándolo un poco. Convencido de que su genio la situación no eran propias para un autógrafo, dejo caer el cuerpo menudo y polvoriento al suelo. La chica rodo, y al tratar de levantarse, cayo de nuevo, esta vez entre sus pies.

Y noto que era, ni más ni menos, que Milla Hawks-Jones. Ebria. O drogada. O en su estado mas natural, quizás.
—¡Tu, yo te buscaba! ¡Quería que me dijeras algo!— farfullando, se puso en pie, increíblemente estable, y trato de clavar sus ojos lechosos en los suyos. Si el había salido de su momento como un pordiosero, Milla era una versión mas grotesca y dickensiana.
“Ahora sabe lo que es vivir. ¡Gracias…!”
“¡Mira lo que dices!”
“Algo es que la aprecie. Otro muy distinto que debiera madurar.”
“Me das asco.”
“Me das pena.”
“¿Yo o Milla?”
“Creo que yo. Mírame hablar. ¡Estoy mal…!”

—¡Estoy mal!— recordó la chica, entonces, meneando los brazos. —Yo iba a decirte algo, y tu me tenias que responder, perro antes debo saber si estas listo para saberlo. — se irguió de puntitas, con la frente sudorosa en alto. —Dime, ¿soy anormal?—
—Ah…— “A ver, Sir Dan…”
—¿Soy anormal? ¿O tú eres anormal? ¿Quién, o el?
—No lo eres. — respondió, dubitativo —Solo que quizá… seas un poquito… Mierda, apestas.
—¡O eso es lo que quieres creer!— bufo, cuando fueron arrastrados por una fila india que se apartaba para dejar paso a un enorme montacargas. —Tanto así, como yo, que veo lo que creo. ¿Soy anormal?
—No.
—OK, así mejor… ¿Tu, Daniel no-se-que-coño Radcliffe, considerarías a una persona como yo anormal, o algo feo?
—Bueno, un poco. — “Esto no me gusta.”
—¿Cuánto es un poco?— “Ella no te gusta.”
—Lo bastante para aterrarme. — “Bien hecho, ahora das media vuelta, y dejas a una pobre chica llena de drogas blandas y elefantes rojiazules a su merced. Quisiera ver los titulares…”
—¿Soy aterradora?— jalo con sus uñas esmeradas el cuello de su camisa, y en ese momento, fue lo mas penoso y desagradable que había pasado en ese día de cosas desagradables y penosas.
—Si, bastante. — la cogió por la cintura, y la levanto. Si salían por el frente, quizás Nancy o Darren la verían, y sus políticas se impondrían sobre esa pobre chica fracasada. Había una salida al final de la sala de maquillaje. Si podía arrastrarla hasta allí sin vomitar, se sentiría mejor.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

—¡Zacharias!
“Oh, no ahora, ni tu.”
—¡Peggy, con un demonio, ya terminamos…!— se volteo, y deseo haberse topado con el rostro cuadrado y colorido de Peggy.
Quedo a un palmo de Daniel Radcliffe.
“Oh, que novedad…”

Se miraron por un largo rato, sin importarles que Milla caía lentamente al suelo, seseando. Dan dejo entreabierta la boca. Ya por el pavor, o la resaca que intentaba imponerse de nuevo, se perdió en la infinita blancura de sus dientes perfectos, con sabor frutas…

“¡No, el no!”
—Me voy. — anuncio, y sin mirarlos, reemprendió su marcha. Pero algo lo sujeto por los bolsillos de los jeans.
—¿Soy anormal?
—Debes decirle que…
—Puedo solo, Dan, gracias.
—Hace un rato no pensabas así. —bromeo con jocosidad, pretendiendo romper el grueso hielo. Pero Zac no lo entendió.
—Ya no funciona, gracias. — y se cruzo de brazos.
—¿Otra vez como niños, eh, Zachy?
—O niñas, como prefieras. — dedicándole una mirada asesina, siguió: —Aquí te va algo mejor, muñeca: ¿pasivo o…?
Dan ya lo había entendido, y se puso a la defensiva: —¿Quieres comprobarlo empíricamente? Ah, pero si ya lo sabemos…
—No se te ocurra decirlo.
—Yo no lo digo, tú lo dices
—¿Qué mas tienes, vaquerito?
—¿Quieres verlo?
—¡Yo si!— intervino una vocecita.
—Milla, busca al conejo blanco. Entonces, ¿Qué tan bueno soy?
—Como hacerlo con un caballo blanco. — rio.
—Y quien iba arriba, ¿tu o el caballo, Zachy?
—No me provoques.
—Jo, ya lo hice.
—Ya no puedes.
—Lo puedo hacer en este momento. — se acerco mas, pasando sobre el ovillo deprimente en que se había convertido Milla. Lentamente, poso sus manos enguantadas sobre los hombros de Zac, rozándolo con suavidad. Vaya…
“¡¿Qué haces?!”
“¿No es lo que querías?”
“Que te conviertas en una loca, loca, no.”
“A mi no me va a subyugar. Nadie, mucho menos este imbécil.”
“Ah, entonces todo eso de Shakespeare y las palabras bonitas fue una cuestión de honor.”
“Como lo expones, me convences.”

Pero Zac ya estaba convencido: porque ya sabía que era esa horrible sensación de vacio y mediocridad. Como había temido, desde esa distante mañana en New York, Dan había pasado sobre el. Nuevamente, era un elefante jugando a la guerra con un camarón. Todo era como un preámbulo… para descubrir en solo 43 minutos que Dan era su titiritero, su amo… su devoción. Una devoción a la que, inconscientemente, se ponía a sus órdenes, con absoluta sencillez y dedicada armonía.

Pero el hombre no dejaba de ser hombre, y la idea algo intangible. Ahora, Dan debía saber quien era el dominante. Si a eso quería jugar…

De un golpe, echo sus manos a un lado, y, recordando que podía tener solo segundos para hacerlo, se lanzo sobre el, besándolo breve pero salvajemente, concentrando todas sus energías en oprimir ese cuerpo alto y que conservaba su propio aroma, impidiéndole todo escape. No debió ser ni una fracción de segundo, pero basto para atragantarse con un grito extasiado de Dan y sentir la presencia desolada de Milla a sus pies.

—Basta. — ordeno Dan, y el rubio regreso a su lugar en el Universo, saboreando su victoria.
—Decías algo sobre provocarme.
—Te lo puedo comprobar empíricamente.
—¿Cuándo nos vamos?— suplico Zac, en un susurro ansioso.
—Ahora.
—Eh… ¿Ahora?— apunto con el mentón a la chica. Entonces, se sintieron mucho peor. Mientras ellos jugaban como dos colegiales con una botella, esa pobre niña ingenua y desvivida podía estar muriendo rodeada de arcoíris mágicos y flores mutantes.
—Échala a un barranco, nadie lo notara.
—Zac, tampoco eres gracioso. Cállate.
—Si… señor.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Matt sacudía su camisa con fastidio, preguntándose si había otro ser humano que pudiese beber tanto café como el, y si su ética laboral se había jodido con ese periodo de autocompasión. En teoría, debía llevar esos expresos a Dan, tal y como siempre le había ordenado. A veces, si era posible, con donas o arenques ahumados. Considerando que otros pedían flores de Islandia en su camerino, o cortinas Rojo 14 en su baño, o 26 cámaras para trabajar una película, Matt no se quejaba de ese banal capricho.
Pero en ningún momento se había encontrado con Dan, desde que se despidió de el por la mañana. Había cumplido, buscándolo por su camping, y al no encontrarlo, decidió que era maleducado dejar los alimentos enfriar. Cuando estaba a mitad del burdo desayuno, apareció Zac, convirtiendo la mañana en un mar de crisis, y desde ese momento, Matt no pensó en otra cosa sino en crueldad y egoísmo a lo Passolini. Después, debió acompañar a Darren hasta las oficinas generales, a varios kilómetros de allí, siempre con el vaso de café y la dona envuelta en papel. A su retorno, en vista de que ambos yacían en el fondo de su estomago, se sirvio otra ración, esta vez decidido a entregársela a Dan. Pero se habían ausentado una hora, suficiente para que Nancy perdiera la razón, les diera una hora de descanso… y su cliente desapareciera, simplemente. Intento por buscar a Milla, pero en su camping solo había una solitaria pizza a medio terminar y un montón de ropa empapada. Intento, inseguro, con Zac, pero también había desaparecido. Grito su nombre por el altavoz de Nancy, y Nancy lo golpeo por interrumpir su proceso creativo. Así, no tuvo otra elección que devorar la séptima ración de Starbucks de aquel día.

Después, la alerta del vendaval. Justamente llevaba una orden fresca y calentita a Dan, cuando encontró a Zac y Milla entre la multitud. Pero de algún modo, término empapándose la camisa de milagro… pues, de haber terminado el líquido hirviente y tremendo en su rostro, terminaría conduciendo un taxi o sonriendo en una póliza de seguros.

Justo maldecía a las pólizas de seguro, las camisas de descuento y a Dan y sus ridículas peticiones, cuando lo encontró, en el extremo mas apartado de la sala de maquillaje.
Eso fue mas extraño que hallarlo discutiendo a gritos con Zac. Y después de eso, ambos…
—¡Puedo terminar muerto, si no me llevas!— gritaba Zac, a todo pulmón.
—¡Oh, si nadie desea eso!— replico el otro agudamente.
—Y ella… ¿en serio disfrutas tanto viéndote el culo y siendo tan egoísta?
—Si tanto deseas su bien, llévala a tu…
—Y tu vete a… ¡Matt, no intervengas!— su mano lo aparto echándolo por el rostro. Matt, estupefacto, recobro la conciencia, adoptando su personaje de padre adusto.
—¿Puedes comportarte? Chicos, están en público.
—¡Como si estos perdedores no quisieran llamar la atención!— estallo el californiano, con una palmada grosera. —Me largo, no tengo tiempo para esto.
—¿Para vengar a Lolita, Humbert?
—¡Repítelo, hijo de perra!— de un salto, Zac llego hasta el otro, con los puños en alto. Dan se disponía a luchar, cuando Matt se interpuso, tan robusto como podía ser.
—¡Ya, compórtense!
—¡No eres mi nodriza!— berreo el rubio, agitándose bajo su brazo derecho.
—Quisieras, Zachary. Dan, sube al auto.
—No, tu lleva a Milla.
—¿Milla?
—¿Ves eso que parece un perro, husmeando bajo las mesas?
—Si, eso…
Eso es Milla. Tuvo una iluminación interior, como le dice Jason, y se convenció de que es enteramente anormal, como un engendro de Star Trek. Llévala a casa, y trata de darle una buena explicación a sus papas.
—¿Y tu, Dan?
—Me largo. Mi moto llego hace una hora.
—¿Y yo que?— protesto Zac.
—Puedes esperar a que los militares encuentren tu cuerpo.—comento Dan, con elocuencia.
—¿Tienes miedo de lo que pueda hacerte?
—¡Zac, tu hacerme algo a mi! ¿Qué, cantarme al oído?
—¡Estas tan seguro, dandy!
—¡Atrévete!

—¡Cállense!— ahora sabia Matt porque no tenia hijos…
—¡Cállate, Matt! Llévala a casa.
—Bah, ¿Milla, donde vives?— le grito Matt, amablemente, cuando esta salió rodando de bajo una mesa.
—¿Conoces ese camino amarillo…?
—Bien, llamare a su casa.
—Aja.— ninguno de los dos muchachos se movió, mirándose de reojo.
—Matt… deberías llevarla.— Zac no era precisamente sutil.
—Y tu como…
—El me llevara.
—¡No te voy a llevar, Zac!
—Oh, si, es que mama te dijo que no confiaras en…
—¿Crees que no estoy seguro?
—Eso.
—Vámonos.

Y salieron, dejando a Matt con Milla entre los brazos, canturreando alguna canción vieja, y con el cerebro aturdido e híper ventilado.
Sin duda, esa había ido la mejor mentira que había escuchado.
“Si querían ir a un motel, solo debían decírmelo.”

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

Cuando paso la ultima horda de extras, echaron a correr hasta los campings. Allí, detrás de un lujoso camping blanco y reluciente, estaba la Itallika de Dan. Casi a rastras para llegar a ella, el chico pensó en que, de todas las cosas que habían pasado ese día, aquello de esconderse y luchar por una noche de juerga era lo menos emocionante que le había ocurrido. Necesito menos de un minuto para entrar al remolque por su valija, y regresar al lado de… Zac.

—To
Notas finales:
***************

Yeah, el ultimo capi de la primera mitad!!! Mi favorito, hasta ahora, muy denso de realizar... Y juro x todos los dioses k la segunda parte, despues del INTERLUDE, sera mucho mejor: la relacion secreta de Zachary y Dan, la inoportuna llegada de Jared, incesto, mi amada Nancy jodiendo a todos, los chismes, paparazzis, amenazas de muerte... Uff, estara muy fuerte. Mientras tanto, DEJEN REVIEWS (je, como si me importar... Oops =))
INTERLUDE (01) por GhostOfFaron
Notas del autor:
Hace ya mucho que no actualizo... Como que de pronto perdi la chispa para escribir HUMAN BEHAVIOUR, esa capacidad de humor natural... Mientras me ocupe de otras cosas, como mi proyecto de musica Dada experimental, THETAN (chequen www.MYSPACE.COM/THETANPROJECT) y mi segundo crtometraje, ademas de escribir otra novela nadita slash...

En fin, he aqui el INTERLUDE, compuesto de cartas, correos y recuerdos de los protagonistas, advierto que a partir de aqui las cosas se ponen muy oscuras, je je...


******************************

Cuando era niño, Dan acostumbraba despertar y dar inicio a sus rituales matinales: Debía ponerse de rodillas al lado de su cama, juntar las manos, y rezar las decenas de oraciones que la escuela, su madre y algunas viejas entrometidas del barrio habían forzado en su cabeza. Después de eso, se persignaba, caminaba hasta el baño, echaba su pijama al ducto de ropa, entraba al baño, buscaba marcas de algún acné naciente que marcara su feliz madurez, y tras no hallarlo, se lavaba los dientes, se limpiaba la cara con toallas húmedas, y se ponía las gafas (en esos días, claro, que no estaban rotas). Bajaba, saludaba a su padre, justo cuando salía hacia el trabajo, besaba a su madre, que le serbia hot cakes o waffles, antes de tomar ella su propio maletín. Después del desayuno, que compartía a medias con sus dos cachorros de labrador, se sentaba frente al televisor, con una soda, y por media hora hacia zapping, sin ver nada en particular. Eso, hasta las 7.30, hora en que el autobús llegaba hasta su casa. Salía, cerrando con llave y escondiendo esta bajo el tapete, no sin antes introducir el diario matinal por la bandeja de correo. Caminaba, con la tristeza que acompaña a los que detestan las clases, hasta el autobús, tomaba el mismo asiente al lado de Gregory, un chico gordo dos años mayor que el, y del que nunca supo su apellido. Después de eso, llegaba al colegio, cruzaba las puertas, se dirigía al pasillo del segundo piso, abría su casillero entre la puerta del laboratorio de ingles y el casillero de una bonita chica de séptimo, y comenzaba sus clases. Así era como Dan, hasta que cumplió los 12 años, llevaba más o menos su insípida y alegre existencia, antes de las brujas, los dragones y los fríos y polvorientos teatros.

Por alguna razón ajena al entendimiento de cualquiera, cuando despertó ese día, oliendo a caoba, pensó en Dios, sus pantuflas de conejo, mamá y el examen de química que había reprobado ocho años atrás. Y cuando volvió el rostro a su izquierda, encontró a un bello chico rubio, profundamente dormido, cobijado hasta el pecho, y abrazando su cuello con suavidad.

“Ah… eso.” pensó, confundido, y con su primer movimiento, Zac también despertó.

—¡Ah, hola!— exclamaron al unísono, cuando despertaron, alarmados. ¿Que hacia el, un hombre, un hombre, en su cama? ¿Y por que no le importaba como debía?

—Esto…— intento Zac, dejando resbalar las sabanas, descubriendo su torso lampiño, firme y brillante.

—Fue… bueno… ¿A que hora llegamos?— Dan quiso desviar los ojos, pero invariablemente pararon en la ropa diseminada por el suelo y la cama, la suya incluida.

—Creo que a las 10 de la noche, o algo así. Llamare a recepción…—

—¿A recepción?… Ah, claro. — estaban en el hotel Clinton, en un barrio que no podía reconocer, pero al que habían llegado por Highland a bordo de su motoneta. Y lo recordaba, porque previamente, había recordado sus motivos…


“¿Qué hicimos?” se pregunto Zac, sin dejar de abrazarlo.

“Amigo, que no hicieron.”

“Ay, es otra cosa. No me acosté con Dan, ni siquiera…”

“¿Encuentras tu ropa? Tal vez esta debajo de la suya.”

“No me acosté con el… lo recordaría.”

“Claro, es que tienes tanta experiencia en sexo ocasional…”

“No necesito que me jodas ahora. Estoy turbado, pero, por alguna razón, no me importa. ¡Eso! ¿Crees que si hubiese cogido con el estaría de buen humor?”

“¿Entonces, por que lo estas? ¿Por tu buena suerte?”

“Esto es raro. Y hay una explicación lógica. Y te la diré antes de que me alarme de verdad… Esto… Bebimos mucho, demasiado, intentando bajar mi resaca, y nos desnudamos, para estar frescos, o compararnos el culo, yo que se, y terminamos dormidos, uno lejos del otro, como esa película con Gael García… Y ahora, el intenta hacerme creer que nos acostamos.”

“Vaya, es impresionante, Sr. Watson. Sobre todo porque esa película…”

“No me acosté con Daniel Radcliffe. Así de simple. Y hay muchas razones…”

“¿Una?”

“¡Porque no tengo tanta jodida buena suerte!”

—Oye, lo de anoche…— lo iba a saber, de labios de quien podía contestarlo sin tapujos… labios dulces y tiernos.

—Fue extraño. — contesto Dan, dejándose caer de nuevo en la cama.

—Hum. ¿Solo eso?

—Pero, si no te molesta, eres muy flojo. — y rió, cerrando los ojos, cansado. Noto los músculos largos y sombreados de su espalda subiendo y bajando… Reía, como había hecho la noche anterior, cuando… cuando…

“Me desnudaba.”

“Uy, ¿te desnudo?”

“Si, y después… ¡No, no lo vas a escuchar! ¡Mierda! ¡Es cierto! ¡Lo recuerdo! No, es un error freudiano. Mis fantasías se proyectan en un hecho totalmente explicable… No tuve sexo con el… ¡Es Daniel Radcliffe! ¡Nadie puede tener sexo con el!”

“Ni con Zac Efron…”

“¿Soy Zac Efron…?”

A pesar de que sentía una nebulosa envolviéndolo, impidiéndole separarse del cuerpo atlético y frio del moreno, su cabeza formo poco a poco imágenes remotas y vastas. Veía labios, manos, y sudor que se secaba con los roces de la piel… Recordó dolores que nunca había experimentado, y sonidos que no sabia era capaz de producir… Y frases que en definitiva no le pertenecían. Recordó ruido, gritos, las luces y el rugido del Universo sobre sus cabezas, y un orgasmo, en algún punto extraño de la noche…

“Me acosté con Dan. Me acosté con Lewis, y con Romeo…”

“Vaya, eso si que suena fabuloso.”

—Buenos días, entonces. — escuchó, y se acercó un poco mas a su amante provisional, acariciando su rostro, al tiempo que trataba de comprobar que era tangible… Lo era, y mucho. Le besó, ese cuerpo tangible y hermosísimo le besó suavemente, antes de regresar la cabeza a la almohada.

—Esto… No se bien que…

—Zac, ya déjalo. Lo hicimos, ¿Qué mas da? No puedo devolverte tú…

—¡Ya, ya, ya! ¡Demasiado grafico!— gritó, y salió de la cama. El calor que sentía al despertar no era el habitual… Estaba desnudo, bañado en un sudor templado. Desnudo, y sucio.


“¡No te importa, Danny! ¡Eso es una novedad!”

“Ya lo hice, me lo folle, el me follo… Ya paso, ¿Qué más puedo hacer? Fue… muy interesante, supongo. Aunque no siento las piernas.”

“Pregúntale por que.”

“Me gusta como se ve desnudo. No se, parece como si brillara, como un relámpago… Tiene mejor trasero que yo. Y me gusta eso, casi no tiene vello. Es fácil…”

“No soy el apropiado para decirlo, pero ¿escuchas lo que dices?”

“Soy muy curioso. Digo, nunca había visto a un chico desnudo, excepto a mi… reiré después por eso… nunca, y bueno, es extraño verlo.”

“¿Qué tiene un Zac desnudo que no tienen otras personas?”

“Oh, te lo describiré con lujo de detalle.”

“En serio, estas muy mal.”

“¡Ya se! ¡Estoy jodido! ¡Soy un enfermo! Ayer, casi a esta hora exacta, me excitaba pensar en mi novia… ahora, ahora estoy no se donde y no se cuantos cracks en mi cuerpo, recordando lo que me hizo Zac anoche… ¡No! ¡Dios, no! ¡Dormí con… con…! Bueno, calma, es un gran error. Fue un gran error. Rupert, claro. Y Tom. Tuvieron algo, los vi, y Rupert sigue saliendo con chicas… Esto no va a significar nada…”

“Excepto que sientes destrozado el…”

“Eso que importa. Regreso a mi puesto…”

“Sobre Zac…”

“¡Es decir, sigue sin importarme! En un rato, nos separaremos, y nada habrá pasado. Nunca volveré a dejar que me toque, ni siquiera me estreche la mano. Porque entonces, querrá que me abalanza sobre el, y…”

—¡Oye!— estallo Zac, de pronto, arrojándose otra vez a la cama, a su lado —Tengo una… una gran idea. Tomare una ducha… yo, yo tomare una ducha, yo solo. Y tú llamaras a Servicio al Cuarto y pedirás un merecido desayuno. ¡Oh, tengo mucha hambre!— parecía mucho mas desquiciado de lo normal. Era en ese momento, alguien que quería escapar. Pero Dan era mas ingenuo.

—¿Puedo..?

—No, quiero bañarme solo, si no te importa. — de un salto, llego al baño, y cerro la puerta con tal fuerza que las ventanas se cimbraron.

—¿…pedir pastel de carne?— pregunto a la habitación vacía.


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Abrió las llaves al máximo, antes de modular la temperatura. Sin pensarlo, cogió una esponja, y se restregó con frenesí, como si esta pudiera limpiar el temor y la sorpresa con que había despertado. Como si limpiara el aroma a Dan.

“Me acosté con Dan, me acosté con Dan, me acosté con Dan…”

“Repítelo siete veces, frente a un espejo, y se aparecerá...”

“¡No! ¡No soy esa persona! ¡No soy un marica! Fue un error, tropecé, y ahora me levanto…”

“Con agua muy fría.”

“¡Hace un calor de mierda! ¡No estoy excitado!”

Bajo la mirada, y gimió, notando que si lo estaba. Sentía que su miembro estaba más caliente que lo común, e incluso, más…

“¿Eso que? ¡Cogimos toda la noche! ¡Cualquiera despertaría así!”

“Pero no todos despiertan con Daniel Radcliffe!”


Siguió en la cama un buen rato, antes de tomar valor y apretar en el teléfono inalámbrico un botón etiquetado como Recepción. La voz que le contesto sonaba formal y practicada, así que, por lo menos, no estaba en un motel de carretera cuyo recepcionista era un ex comunista aguardentoso que maldecía a los huéspedes. Temeroso, solicito su hora de llegada: 11.23 de la noche. Después, resignado, pidió tal vez media docena de platillos, dos raciones por cada uno, al azar conforme los mencionaban, y solo supo que eran hasta que los llevaron.

Colgó, y de nuevo se extendió a sus anchas. Apestaba a tabaco, y a ese insoportable perfume de caoba. Levanto las sabanas, y como esperaba, solo vestía con la esclava que le había regalado su madre y su Rolex. Notaba la piel rojiza, palpitante, y sentía rasguños sanando por todos lados. Pero recordaba que eso debió hacerlos el mismo… porque Zac lo había tratado como si cargara un bebe…

“¿Bromeas? ¡Lo hace como un tigre!”

“Los hombres somos salvajes por instinto…”

“Y por instinto, no deberían fornicar entre si.”

Si. La sensación que lo invadía era conocida. La misma con la que despertaba en un loft del norte de Londres, a miles de kilómetros de allí, pero no con un yankee rubio, sino un ángel, muy femenino, y muy…

“No. Esto no es nada, y ella no tiene que enterarse… Porque no es nada, es tanto como si me tirara a Rupert, o a Milla.”

“Pero Milla es mujer, y ella también. Y Zac…”

“Se lo que es, un jodido embustero, enfermo, y…”

“El no te obligo a acostarte con el.”

“¿Jo, como lo sabes?”

“Porque eres la persona mas dominante que conoces, y lo sabes.”

“Entonces, el es pasivo y yo…”

“Mmm, escúchate hablar.”

“¿Y que pretendes que haga? ¿Qué me eche a un rincón a llorar?”

“Eso seria infantil. Y los niños no hacen cosas tan feas…”

“¡No fue algo feo! ¡Es lo más común del mundo! ¡Parte del ciclo de la Vida!”

“Pero no creo que lo hicieran como una labor reproductiva…”

“Si no aportas nada…”

“¿Qué, me asesinaras?”

“Touche.”

Resignado, derrotado por un surco de su cerebro, se volteo nuevamente, quedando con la cabeza en el hueco tibio y deforme que había dejado Zac en el colchón.

Aspiró su propia fragancia, y sintió como una puñalada, recordando lo primero que le había dicho Diana su primera mañana juntos…

“Mierda, que momento escojo para ponerme nostálgico.”

“Es delirio de culpa.”

“No significa nada, después de todo. Solo… llegamos, y lo… ¡Espera!”

“Lo hago.”

“Me dijo que llegamos a las 11.23, en la noche... Pero salimos del estudio a las 12, en la mañana... ¿Qué hicimos por once horas?”

“Ah, ingenuo.”

“¡Oh, claro, retozamos en el primer callejón de un cine porno que encontramos! ¡Es que debe ser genial coger en publico, imagínalo…!”

“Y es mejor si son Uds.”

“¡Razona!”

“Hasta ahora me lo pides.”

“¿Qué hicimos esas once horas? ¿Qué?”

“¿Tanto te preocupa?”

“Si.”

“¿Por qué?”

“Porque tal vez hicimos lo que hacen las parejas antes de acostarse…”


Mientras el agua le calaba hasta el tuétano, poco a poco se sintió mas reconfortado y limpio. Por lo menos había superado el primer paso: la negación…

“No, el primero es aceptar que tienes un problema.”

“Claro, podría ser un linfomano.”

“¿Ves que fácil es aceptarlo?”

“No jodas. Soy solo una de tantas personas que cometió un error, y se lo masticara por el resto de su vida.”

“Entonces, ¿Por qué tienes tantas ganas de soltárselo a todos?”

“Porque… bueno, sabes por que.”

“Repítelo, me gusta escuchar tu quejumbrosa voz.”

“Porque… bueno, todos se comportan así tras su primera vez.”

“OK, si tu lo dices.”

“¡Bueno, es la primera vez! Es inevitable sentirme…”

“¿Orgulloso?”

“No, sino, bueno, aceptado… ¿Aceptado? ¡Eso no me importa!”

“¿Y por que lo mencionas, entonces?”

“Es como… bueno, porque ya madure.”

“Claro, por eso tienes amigos imaginarios.”

“Yo no… Bueno, tú eres uno, pero no es… ¡Eso que! ¡Me agrada no tener más inocencia! ¡Y quiero soltarlo, como un secreto a voces! ¡Pero…!”

“No te alegra que fuese con Dan.”

“Ahora me entiendes.”

“Ayer decías…”

“Que lo amaba, si. Eso dice la gente al tener sexo.”

“Pero no lo dijiste, lo pensaste.”

“Aja, fue un error, uno de tantos que debo enmendar. ¡No lo amo! Solo quería…”

“Ah, ya. Entonces, esas vueltas interminables por Hollywood Boulevard con las cabelleras al viento a lo Thelma and Loise fueron como un prologo obligado.”

“Si, eso.”

“Y las risas, los burritos, el antro y los golpes juguetones fueron parte de un macabro juego sádico.”

“Eh… A veces es sano hacer el imbécil.”

“Pero si parecías mas lucido que siempre…”

“¡No me enamore de Dan!”

“No, solo tuvieron una cita.”

Como no podía golpear a su conciencia, dio un puñetazo al muro de azulejos relucientes, que crujió bajo la presión ligeramente. Pero la humedad lo hizo resbalar, y cayo de bruces en el suelo de la regadera, con los nudillos sangrándole.


Escucho un jaleo en el baño, seguido de una maldición. El vapor que se filtraba bajo la puerta era seductor, pero se resistió, y solo exclamó, amablemente: —¿Estas bien?

—¡No necesito ayuda!— respondió la voz nasal de Zac, apagándose entre murmullos y bufidos. Bien, si Zac intentaba suicidarse, el seria el único responsable. Por eso lo preocupaba.

“Imagínate los titulares…”


Sacudiéndose el cabello, sintiendo de pronto el aire vacio acuchillándolo como millones de alfileres, se coloco frente a un espejo de cuerpo, adornado con ornamentos y repujados. Echo un vistazo a su rostro, medio escondido en la toalla: se inquieto al notar que no había cambiado en lo más mínimo, como esperaba, de la épica noche anterior a esa mañana angelina. Aunque se notaba más demacrado: su piel, antes cuidadosamente bronceada, ahora se dejaba ver pálida y demacrada. Tenia ojeras, y notaba sus ojos, agradables y luminosos, ahora silenciosos y desquiciantes, como si pasara la vida llorando. Noto que estaba un tanto más delgado, y que nuevamente, su cuerpo era atlético y bien formado: todo era culpa de su conciencia, después de todo. Las noches que le obligaba a pasar reflexionando el sentido de la existencia y el dolor, a base de canciones grunge y sonatas de Mozart, le habían obsequiado ese aspecto decaído y taciturno. Su afán de ignorar a su yo interior, a base de esfuerzo y sudor, lo puso a correr más kilómetros que lo normal, más abdominales y flexiones que lo necesario, y suficientes pesas y bicicletas para aterrar a un gimnasta. Así, conseguía que su conciencia cayese exhausta aun antes que el, permitiéndose de vez en cuando una noche decente de dulces sueños.

“Por lo menos, le deje una buena impresión.”

“Pero si estabas de espaldas…”

Se ato la toalla a la cintura, suspirando. Entendía que lo único, y mejor, que podía hacer, era dejar que las cosas siguieran sin rumbo fijo, en su curso natural, con toda indiferencia. Nada podía corregir ya, porque ya estaba hecho. Así, no debía sentirse nervioso de aparecer otra vez desnudo ante Daniel Radcliffe…

“Ya lo vio todo.”

“Pero si estabas de espaldas…”


*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*


Zac salió del baño, finalmente, con la mano derecha envuelta en una apretada venda. Se envolvía con una toalla solamente, y, excepto por esas dos prendas, seguía tan desnudo como antes. Aunque ahora había recuperado su lindo tono de piel, y su aroma era más puro y encantador que el de su almohada…

“¿Lindo? ¿Puro? ¿Encantador? ¿Qué estoy diciendo? Esto es una situación incomoda…”

“Si, es algo terrible verlo desnudo. Y tu lo haces aun mas aterrador…”

Entonces, descubrió que el aun seguía desnudo. De un salto, se puso a gatas, tanteando bajo la cama en busca de su ropa…

—¿Quieres mas?— pregunto Zac con aire pícaro. Con un respingo, Dan se dio cuenta de lo expuesto que estaba.

Dio una voltereta, y quedo sentado firmemente sobre la alfombra persa. Zac frunció el entrecejo, y le arrojo un bulto de ropa.

—No me provoques. — advirtió, y se regreso al espejo sobre una cómoda, bañándose en colonia Benetton. Al estirar los brazos, Dan no evito reparar nuevamente en los músculos de su espalda, tensándose arriba y abajo, ni en la toalla, que colgaba precariamente de su cadera.

—¿Pediste algo para desayunar?— “Y así empiezan sus mañanas las parejas después del sexo…”

—Si… Eh, no me preguntes que.

—No iba a hacerlo. — rebusco entre la masa de sabanas y colchas enredadas, sonriendo cada vez con mayor nerviosismo, hasta dar con sus bóxers, mucho mas arrugados que de costumbre. Se fijo en Dan, también con su ropa interior a medio poner, y sus ojos moviéndose, inquietos, sin dejar de esperar a que cayese la toalla. Y no iba a hacerlo peor…: —¿Te importa, Dan?

—No, desde luego. — se puso en pie, estirando los calzoncillos hasta las caderas, y cruzo los brazos, en espera de que el rubio perdiese el pudor.

“Ja, como si me importara.”

“Entonces, deja de torcer los ojos.”

“¿Qué tiene el que no tenga yo?”

“Dímelo tu.”

Zac pasó por su lado, solo vestido con los jeans… Sus jeans. Cayo en la cuenta de que, la mañana anterior, habían salido del set aun ataviados con la vestimenta de Jon y Lewis… Jon y Lewis…

Imagino a Nancy, divagando acerca de todas las infinitas posibilidades literarias de la serie, de pronto, cayendo en la cuenta de que los dos mejores amigos, de cualquier parte del mundo, de cualquier edad, inevitablemente sufrían una tensión sexual que los incitaba a acercarse cada vez más en el sofá. Así, que no podía ser tan extraño y polémico si Jon y Lewis, que, hipotéticamente, eran como sangre de su sangre, terminasen en una aventura secreta y peligrosa, comenzando con las frases inspiradas y sugerentes del piloto, y culminando con un final dramático y maquinado en el capitulo 24…

“Por lo menos, así seria mas fácil tocarnos.”

“Bien, es bueno que yo quede cómo el sensato. Hablas de una relación… ¿Y no llevan ni un día juntos?”

“Solo me imagino lo que el podría esperar.”

“¿Y quien ha dicho que el espera algo importante entre Uds. dos?”

“Dios, mira con quien se acostó.”

“Con una monedita de oro.”

Pasado ese microsegundo, en que se termino reprochando por deseos de cosas imposibles, encontró lo mucho que le inquietaba Zac portando sus Calvin de 53 dólares, lo mucho que le aterraba figurar lo que el chico podía experimentar enfundado en la misma tela que había rozado a su amor platónico…

“Ahora te desagrada ser deseado.”

“Me desagrada que el me desee.”

Lo empujo contra el marco de la puerta, sujetándolo por los hombros, y por un movimiento accidental, rozo con sus labios su cuello, suficiente para que Zac se percatara, a su modo, de sus intenciones.

—¡No, Dan!— exclamo, preocupado, luchando por zafarse.

—¿No, que?

—¡No lo volveré a hacer!

—¿El qué?

—¡Suéltame! ¡Esto no ha sido nada!— sus manos golpearon las muñecas del moreno, quien, estupefacto, le miro de soslayo.

—Para mí tampoco, solo quiero mis jeans, idiota.

—Oh, eso. — decidió no pensar mas, antes de empeorarlo.

En un par de movimientos, los pantalones cayeron al suelo, y otra vez, quedo con sus piernas torneadas al descubierto.

—¡Dan, no me mires…!

—¡No me estoy fijando, Zac!

—¡No me grites!

—¡Entonces, deja de…!— cayo en la cuenta. Bien, con toda seguridad, el nuevo Dan se comportaba como un James Dean en ascuas, sin respeto por las mujeres y pisoteando todo concepto ético. Pero de eso, a gritar como un demente sin fundamentos…

“¿Qué estoy haciendo?”

“Empieza a doler, ¿no?”

“No me duele.”

“Entonces, a otras personas si.”

“No se va a enterar.”

“¿Quién lo dice?”

“El Daniel que la ama.”

“¿Y el Daniel que no deja de acercarse a Zachary?”

“¡No se! ¡No se!”

—Lo siento. — escucho tras el. Antes incluso de girarse, vio a Zac, sentado en la cama, reducido a muy poco, con los jeans de Lewis a la mitad de las rodillas, las manos entrelazadas sobre la cabeza, en un gesto de solicita desesperación.

—¿Por qué? — bramó, percatándose de su agresividad.

—Por… esto, tus… tus pantalones. — No sabía mentir.

“Díselo.”

“¡No le daré la satisfacción!”

“No, ya pasaste la noche haciendo eso.”

“No molestes. No voy a rendirme.”

“Esto no es guerra.”

“Para el, si. Ya lo ves, no puedo ser indiferente, nadie puede. Para mi, solo es un jodido juego de niños… ¡Un juego de niños! Y me siento mal por perder…”

“Por no darle un buen juego.”

“¡No, porque no soy así!”

“¿Eso molesta?”

“Si. No sabe como soy en realidad. Solo sabe de un niñito rubio e ingenuo que se acuesta y retoza con el primer sex symbol que se aparece en su vida por milagro, pero no de mí. Sabe de Zac, no de Zachary.”

El seco y sordo toc-toc en la puerta de la habitación detuvo su divagación de golpe. No levanto la vista, solo vio los pies descalzos y pálidos de Dan caminando sobre la alfombra de rombos, a recibir el desayuno.

Y se percato de que se sentía mejor con los ojos perdidos en la alfombra de rombos.
Notas finales:

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EN EL PROXIMO EPISODIO, LAS MEMORIAS DE NANCY ANTES DE MORIR O.O...

AH, Y SI QUIEREN EL EB-OOK DE HUMAN BEHAVIOUR HASTA EL CAPITULO 5 CORREGIDO Y AUMENTADO, LES DEJO EL LINK: http://www.mediafire.com/?nd15nguh3mm
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