Las Nueve Vidas de Severus Snape por Medea
Resumen: The Treacle Tart (mellointhesun2002@yahoo.com) Trad. con consentimiento de la autora. Severus Snape recorre el colegio en su nueva forma de animago y encuentra más de lo que puede manejar. Pre -Slash
Categorías: Harry Potter Personajes: Severus Snape, Remus J Lupin
Géneros: General, Romance, Humor
Advertencias: Ninguno
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 4 Completo:Palabras: 10990 Lecturas: 1681 Publicado: 05/01/05 Actualizado: 09/01/05

1. Cap 1 por Medea

2. Cap II por Medea

3. Cap III por Medea

4. Cap IV por Medea

Cap 1 por Medea
Cap I


Trad. con consentimiento de la autora The Treacle Tart


Para Severus Snape, la idea de estar en deuda con Sirius Black le resultaba igual de agradable que la idea de someterse a una castración; fundamentalmente doloroso y bastante alejado de lo que cualquiera desearía que ocurra. Pero al admirar su nueva forma en el antiguo espejo de su abuelo, no pudo evitar sentirse de alguna manera en deuda con el ex convicto; si no hubiera sido porque Black llegó a ser un animago, Snape nunca hubiera intentado la transformación en sí mismo. “Si ese idiota, incordioso marginal pudo hacerlo, entonces yo también puedo.” Noche tras noche se abocó a perfeccionar su transformación.

Le tomó casi dos años y toda la poca paciencia que poseía, pero finalmente estaba hecho. Y mientras examinaba su nuevo cuerpo, su pelaje sedoso y oscuro, sus delicadas líneas y la gracia de sus movimientos, se sentía agradablemente impresionado. Es verdad que había esperado algo más intimidante como una serpiente, o más útil como un cuervo, o astuto como un zorro, pero definitivamente esta nueva forma daba que hablar, tan diferente a lo que cualquiera pudiera esperar de él. Nadie sospecharía que ese pequeño y aterciopelado animal pudiera ser el petulante profesor de pociones. Giró hacia la izquierda para observar con más detenimiento su aristocrático perfil. Si se hubiera permitido siquiera pensar en las palabras adecuadas, tendría que admitir que era adorable. Y, teniendo en cuenta que nadie podía pensar en Severus Snape como una criatura adorable, nadie nunca sabría que era él quien se ocultaba bajo el suave pelaje.

De repente, cobró cabal sentido que Black y él se odiaran tanto; era un odio ancestral, nacido del más primitivo y elemental de los niveles. Nadie podía luchar contra un milenio o dos de evolución de la especie. Rivalidad ontológica, como los polos opuestos de un imán, repeliéndose naturalmente. Como agua y aceite. O, en su caso, como perro y gato.

Miró detenidamente la imagen felina que le devolvía el espejo. Excepto por el blanco de los ojos, era completamente negro desde la esponjosa planta de las patas hasta la punta de las orejas. Era delgado y armónico. Se sentía ágil y liviano, casi etéreo, y estaba ansioso por probar su nueva forma en los terrenos de Hogwarts.

El piso de los calabozos se sentía frío bajo sus patas mientras atravesaba el largo corredor. Cuando llegó al primer piso del castillo, miró alrededor con ansiosa anticipación. El mundo era tan diferente desde esta perspectiva, más grande y sobrecogedor de lo que nunca había sido, pero también fresco y nuevo, sin manchas de su pasado y lleno de promesas para su presente.

No había historias personales que lo incomodaran ni obligaciones de las que preocuparse; solo la invaluable oportunidad de explorar como nunca pudo el lugar que había llamado hogar durante los últimos veinte años de su vida.

Esto era, como mínimo, liberador. Ya no era Severus Snape, Profesor de Pociones, mortífago reformado, espía, pesadilla principal de la mayoría de los estudiantes. Y eso que en esos días se sentía particularmente inmisericorde la mayoría del tiempo. Ya no tenía la obligación de dar ejemplos y detenciones, no estaba forzado a ser amable con los otros miembros del staff cuando compartían los espacios comunes, forzado a formar parte de algo que nunca había pedido ni querido. No tenía que pretender lo que fuera. Para el resto del mundo, era un pequeño felino que deambulaba por los pasillos de Hogwarts; una mascota vagabunda, un adorable gato que invitaba a ser acariciado y posteriormente ignorado. Para todo lo que quisiera hacer, era casi invisible.

Un sueño hecho realidad.

Tanto por ver y hacer... era sobrecogedor. No tenía idea por donde empezar. La sola anticipación de entrar a lugares que nunca antes le habían sido permitido y espiar a sus ocupantes...

Lo más parecido a un jadeo salió de su boca...

Los Gryffindors...

¡Por Merlín! Como no se le había ocurrido esto antes. Podía espiar a los Gryffindors. Finalmente podría atraparlos en algo. Las pruebas irrefutables de las fechorías que los leones cometieran por años serían ahora suyas. Fácilmente podría obtener evidencia del completo desdén por las reglas. Podía realmente destruir a esos pequeños degenerados.

¡Oh, finalmente el éxtasis!

Un sentimiento cálido invadió su cuerpo. ‘Así que esto es diversión’ pensó incrédulo. ‘Qué extraña sensación’. Andando, no hay tiempo para regodearse en la novedad de esta emoción, tenía Griffindors por atrapar.

Con paso altivo se dirigió a la torre de los leones. Ningún momento como el presente para empezar la metódica destrucción de ese germen de criminalidad.

Si utilizaba bien el tiempo, podía reunir evidencia, rascarse en sus escritorios y escupir una bola de pelo en el vestíbulo antes de desayunar. Valdría la pena sacrificar una noche de sueño para alcanzar sus ansiados objetivos.

Al llegar al retrato de La Dama Gorda, Sanpe habló ‘El Profesor de Pociones y Jefe de la casa de Slytheryn solicita entrada a la torre de Griffindor’

Bueno, era lo que pretendió decir, pero lo que salió fue un severo “Meow”

“Oh, que adorable gatito,” chilló la mujer del cuadro.

Snape bufó, ‘Soy un gato adulto, gracias, y le ruego que cumpla mi petición inmediatamente.’ Eso fue verbalizado como un arrogante “Meow”.

“Oh, eres tan tierno.”

Por el amor de... ‘A ver, hipogrifo sobre desarrollado, no tengo tiempo para perder con tus idiot-’

“Y tu pelaje es tan brillante”

‘Te voy a dar brillante-’

Pero antes de que Snape pudiera seguir con la catarata de insultos que esperaba espetar, el retrato se abrió dando paso a unos estudiantes de Gryffindor.

“Miren al gatito,” exclamó Hermione Granger.

‘No soy un gatito’, resopló ofendido Snape.

“¿Estás perdido?” Se inclinó hacia el gato y lo alzó entre sus manos de tal manera que sus caras quedaron enfrentadas. “¿Cómo es tu nombre pequeño?”

“¡No lo alces Hermione! No tienes idea de quien es su dueño o quien es él en realidad.” Ron tenía un rollo con los animales desde que su mascota, la rata, había resultado ser un traidor asesino. Algunas cosas eran difíciles de superar.

“No seas estúpido, Ron” contestó Hermione, “es solo un gatito.”

El pelirrojo no estaba muy seguro. “Bueno, ¿y que estaba haciendo en nuestra puerta?”

“Probablemente tiene frío y hambre.”

“Huele raro.”

“Claro que no.”

“Huele a ese pus de tubérculo con el que trabajamos hoy en pociones.”

“No, ese eres tu. Realmente tendrías que mandar esa camisa a la lavandería. ¿lograste poner algo de eso en tu caldero o solo en tu ropa?” Volvió su atención a Snape. “Pobre cosita.”

“Quita esa patética mirada,” insistió Ron “podría ser un gato de Slytherin educado para espiarnos.”

“Pero por supuesto, Ron. Como no me di cuenta antes. Los Slytherin enviaron un gatito como agente secreto. Realmente ingenioso.”

“Solo porque es tierno no significa que sea inofensivo!”

“ De todas las estupideces que has dicho...”

Snape tuvo la impresión de que esto tenía para rato. Saltó al piso en lo que pensó una muestra de agilidad solo para dar de lleno con la cabeza. Hasta ahí con el mito de que los gatos siempre caen parados.

Sacudió la cabeza rezando que el resultado no fuera más que una pequeña magulladura, cuando giró para encontrarse frente a un poco amigable felino de majestuoso pelaje atigrado, que lo escrutaba sin ningún disimulo.

Crookshanks miraba al recién llegado con suspicacia. ‘Hules a humano’ declaró.

Snape se sobresaltó. ‘¿Dijiste... dijiste algo?’

‘Hueles a humano’. Con un displicente movimiento de cabeza el gato atigrado acotó ‘No eres uno de nosotros. Eres uno de ellos... simulando’.

‘¿Porqué... porqué dices-?’

Crookshanks comenzó a olfatear alrededor de Snape mientras lo rodeaba. ‘¿Qué estás...?’

‘ No deseas hacer daño.’ Crookshanks inhaló nuevamente ‘ sin embargo tu misión no es noble.’

‘ No tengo ninguna misión’ Snape empezaba a sentirse incómodo. Este animal tenía el doble de su tamaño y no tenía intención de probar sus nuevas garras en nada que no fuera los muebles de la sala común, si es que alguna vez lograba entrar.

‘Reconozco tu esencia.’ Crookshanks continuó ‘eres el amargado.’

‘ ¿Perdón?’ Snape trataba de determinar si había sido insultado o el enorme gato simplemente estaba estableciendo un hecho.

‘ El aire a tu alrededor es siempre amargo, eres el oscuro... el retorcido,’ afirmó ‘ Tortuoso. Resentido.’ Tomó otra bocanada de aire ‘Pero no eres peligroso para mi persona.’

Snape inhaló lo más que pudo el aire a su alrededor. Percibió un penetrante perfume dulzón, algún olor que le recordó a comida y otras esencias que no pudo determinar y que no tenía idea de cómo descifrar.

¿Cómo... cómo puedes sentir esas esencias?’
preguntó.

‘Eres novicio. Ya aprenderás.’ Crookshanks dio media vuelta y se alejó.

Aparentemente, ésto no iba a ser tan simple como pensaba.

Encontró el corredor desierto y la puerta del retrato se cerró. No tenía idea cual era la contraseña y aún sabiéndola no hubiera podido decirla, sus planes debían ser alterados. Y estaba ansioso por marcar su territorio.

Mientras se sentaba para pensar en alguna otra forma de entrar, percibió un olor peculiar. Inhaló profundamente, tratando de imitar a Crookshanks. Tenía un muy desarrollado sentido del olfato producto de su trabajo con pociones; esto no podía ser muy difícil.

Era una fuerte esencia... no... dos esencias acercándose por esa ala... pero la misma esencia al fin. Extraño. Entonces, dos criaturas que olían iguales. No era humano, Era animal... felino... hembras felinas. Bien, entonces dos gatas se acercaban... y estaban... o cielos...

Estaban en celo.

Y estaban cerca, muy cerca.

Severus Snape tenía muy poco interés en las mujeres de su propia especie; estaba seguro que aún siendo un gato sus tendencias serían las mismas. En cualquier caso, no tenía intenciones de probar su teoría en este momento. Se disponía a partir cuando fue recibido por las fuentes de ese desagradable hedor. Dos pares de ojos lo miraban fijamente y parecían... por Merlín... ‘hambrientas’.

La Señora Norris, compañera desagradable de Filch, secundada por Mc Gonagall, en su forma de animago. Esto representaba varios problemas. Por la forma en que lo miraba, estaban interesadas en relaciones de naturaleza carnal. La gama de dificultades se extendía desde un acoso sexual hasta el descubrimiento de su verdadera identidad debajo de su forma animal.

‘Bastante pequeño ¿no crees?’ La Señora Norris siseó, recorriendo con una pata sus desgastados bigotes.

‘Bastante flaco también,’ Agregó Mc Gonagall mientras escrutaba detenidamente al visitante.

‘Y joven.’ La señora Norris no parecía impresionada por el pequeño gato.

‘No demasiado joven, espero,’ la Profesora de Transfiguraciones preguntó esperanzada. Estaba lo suficientemente impresionada como para pasar una buena noche.

‘No, pero demasiado amargado’ respondió su compañera, frunciendo la nariz.

‘¿Amargado, a qué te refieres con amargado?’

‘Es el amargado,’ clarificó La Señora Norris.

Esta mención obviamente fue muy significante para Mc Gonagall y no de forma agradable.

‘¿Severus?’ Preguntó nerviosamente.

‘ Es mi... dueño. Severus Snape es mi dueño.’ Mintió Snape

‘ ¿Tiene una mascota?’ Ninguna de sus dos interlocutoras se creía esa versión.

‘ Así parece.’ Respondió Snape suavemente.

‘ No hueles como uno de nosotros. Hueles como uno de ellos.’ Dijo la Señora Norris parándose orgullosamente frente a él con los aires de una gran inquisidora. Se sorprendió que la gata de Filch tuviera más presencia y autoridad de la que nunca tendría su dueño. Filch podría aprender una o dos cosas en el arte de la intimidación de su gatita.

‘ Ingredientes de pociones’ ofreció como tentadora explicación Snape. ‘Estoy cubierto de ingredientes de pociones. No he estado con otros gatos así que huelo como él.’

‘¿Cómo escapaste esta noche?’

‘ Me dejó salir. El... quería limpiar el área de trabajo y me dejó salir.’

‘Así que estás libre esta noche...’ ronroneó La Señora Norris. Aparentemente, finalmente estaba impresionada – para una noche al menos.

‘ Libre y disponible.’ Mc Gonagall parecía extremadamente complacida.

Esto hizo que Snape se sintiera sumamente nervioso.

‘No..., en realidad no puedo quedarme. Tengo que irme. Tengo un... un.. una... una cosa. Un encargo... tengo que ir a... un encargo... ahora’

‘ No te pongas nervioso,’ dijo una

‘ Seremos muy gentiles,’ agregó la otra.

Se acercaron hasta donde estaba el petrificado
Severus y comenzaron a frotarse contra él.

‘ Madam que está... Donde cree usted que voy a poner... ¿Le importaría!?’ Snape se dio cuenta que alejarse de una solo servía para acercarse a la otra.

Estaba rodeado.

De repente, todo se detuvo cuando una sombra cubrió a los tres felinos. Snape miró directo a la enorme cara de Fang, el monumental perro de Hagrid.
Fang torció la cabeza de lado mirando curiosamente al nuevo felino. Sin más, abrió la boca y cuidadosamente alzó con sus dientes al gato por el lomo, llevando a Snape colgado de la piel del cuello.

Las dos gatas gruñeron enfadadas demostrando su disconformidad con el invasor. Con un paso alegre,
Fang llevó a su nuevo amigo hacia su casa, y Snape se encontró cavilando si no hubiera sido preferible quedarse librado a la suerte de dos gatas en celo.

Fang depositó cuidadosamente su carga en un almohadón y comenzó a frotarle su húmeda nariz por el cuello y la cabeza, tirándolo una y otra vez sobre el almohadón. Cuanto más trataba de moverse, más alentaba a Fang a seguir con sus juegos, sin darse cuenta claro, que ese jueguito del perro era más bien una insoportable tortura para el gato. Snape estaba a punto de transformarse nuevamente cuando-

“Hola” una voz llamó desde afuera. ‘¡Salvado!’ pensó Snape esperanzado mientras maullaba lo más fuerte que podía para llamar la atención de quien fuera el valiente que se avecinara a la cabaña del gigante.

“Hola Hagrid,” llamó de nuevo la voz. “Hagrid tengo tu... bueno, ¿qué tenemos aquí?”

Snape levantó la mirada para encontrarse con los ambarinos ojos de Remus Lupin contemplando lo que debía ser una escena bastante peculiar. Un descomunal pedazo de perro sobando profusamente a un pobre gatit- gato.

Un. GATO.

Lupin se inclinó para levantar a la temblorosa criatura y Fang demostró su dolor ante la pérdida con un audible gemido. “Solo Hagrid puede tener una mascota que quiere una mascota,” rió. “Fang, querido muchacho, no puedo permitirme en mi conciencia dejarte tener a este gatito. Creo que será mejor que lo lleve conmigo.” Fang bufó y se giró, elevando completamente su cola proporcionando una clara idea de lo que pensaba acerca de la sugerencia del Profesor de DCAO. Sin más, Lupin dejó la cabaña con el gato en sus brazos.

Snape no sabía exactamente como se sentía ante este inesperado giro de la situación. A pesar de estar agradecido por haber sido liberado de las garras de la insoportable bestia, y de estar lejos de gatas excitadas apestando con su esencia y hormonas, no estaba seguro si su situación actual era mejor.
Cap II por Medea
Trad. con consentimiento de la autora The Treacle Tart

Cap II



Demasiada historia, buena y mala, se asociaba a la persona de Remus Lupin. Severus Snape prefería evitar el contacto por completo. La negación era su deporte favorito. Pero cuando aquello de lo que te pasas la vida huyendo te sostiene de forma cálida resguardándote de todas las amenazas encontradas, es tiempo de replantearse las prioridades.

Las prioridades de Snape en ese momento eran descansar. Estaba exhausto. Claro que volver a sus habitaciones era todo un desafío teniendo en cuenta que Lupin estaba empecinado en cargarlo y se dirigía con paso firme a sus propias habitaciones. Snape decidió que no había nada que hacer hasta que Lupin finalmente se durmiera y entonces podrías escaparse sin ser detectado. No, nada que hacer excepto quedarse ahí y frotarse y... ehh ... esperar. Sentarse y esperar. Sentado bien derecho, mirando amenazante. ¿Cómo hace un gato para lucir despreciativo?

Ni bien entraron a las habitaciones de Lupin, Snape se sintió sobrecogido por la calidez. Pulcra y bien organizada, llena de libros, fotos y recuerdos de otras épocas. Era como mirar en un museo de Remus Lupin. Debía haber guardado todo lo que alguna vez llegó a sus manos, y ese ‘todo’ estaba en esa habitación.

Los aposentos de Lupin eran más pequeños que los usuales; un salón de estar pegado a una pequeña cocina, un cuarto y una habitación. Pero cada rincón tenía algún recuerdo de su vida. Un cálido tapiz colgaba de una de las paredes rodeado de fotos que mostraban una sonriente familia y unos muy felices amigos. Las estanterías estaban repletas de novelas, diarios, álbumes de fotos y libros de estudio. Snape reconoció varios de éstos como sus libros curriculares cuando eran estudiantes. Ese cuarto albergaba todo lo que alguien querría saber de Remus Lupin.

Súbitamente, Severus Snape no tenía ninguna prisa por retirarse.

Lupin dejó al gato sobre un cojín en el sofá y fue a servirse un trago. Miró a su compañero con suspicacia. “Eres el gato más negro que he visto en mi vida. Quizás por eso es que me gustas tanto.” Se encaminó hacia el sofá y tomó asiento. “Yo también soy una criatura bastante oscura,” musitó. “Debes tener sed. ¿Quizás debería pedirle a los elfos que te trajeran un poco de leche?”

‘Tengo una idea mejor’ Snape se levantó del almohadón y caminó hacia Lupin. Acomodándose señorialmente en el regazo de éste, apoyó una pata en el vaso de Lupin para estabilizarlo, y sin más ceremonia comenzó a dar lengüetazas al wisky. El licántropo dejó escapar una sonora carcajada.

“Bueno, hasta ahí llegó la idea. Veo que no eres un bebedor de leche. Intolerancia a la lactosa quizás.”

Comenzó a acariciar al gato detrás de las orejas.

Snape se sentó rígido ‘Que... que estás... quien piensas que...oh... ahí justo ahí... un poco a la izquierda... si... ¡Oh! Merlín ayúdame, creo que acabo de ronronear.’

“¿Te gusta eso, no? Lupin sonrió y continuó acariciando el lomo del animal.

“Me pregunto quien eres. ¿Algún estudiante te perdió?”

‘¿Dijiste algo?’ Toda la atención de Snape estaba deliciosamente arrebatada en las placenteras caricias hasta que Lupin se detuvo.

Miró al gato detenidamente. “Al menos deberíamos darte un nombre. ¿Qué te parece Medianoche?”
Snape bufó.

“Bien, veo que no te gusta ese ¿Qué tal Ébano?”
Snape siseó en disgusto.

“Bien, bien. ¿Cómo te cae Ónice?”
Snape se puso de pie y se giró hacia el lado contrario a su acompañante.

“Continúa con esa actitud y te llamaré... Herbert.”
Snape bufó con más fuerza y levantó airosamente su cola, mostrándole a Lupin lo que pensaba de su sugerencia.

“Veo que has pasado demasiado tiempo con Fang.” Lupin sonrió. “Bien, Gato – que – no – debe – ser – nombrado, es muy tarde. Voy a dar por terminada la velada. Puedes hacer lo que gustes... aunque creo que lo harás de todos modos.” Suspiró. “Me recuerdas a alguien, pero no puedo saber bien a quien.” Se levantó y le dio una última caricia al gato detrás de las orejas. “Buenas Noches, pequeño. Te veo en la mañana.” Con una última sonrisa hacia su peculiar huésped, Lupin se encaminó a su dormitorio.
Snape trepó al respaldo del sofá y lo observó irse. Por un segundo o dos, tuvo que resistir la idea de ir detrás de Lupin y observar como se desvestía para acostarse. A algunos impulsos era mejor ignorarlos.

Cuando la luz se apagó, Snape se encontró sentado en la oscuridad. Afortunadamente su nueva forma le daba una excelente visión en la negrura de la noche y pudo divisar una ventana abierta. Se dirigió a la ventana para adentrarse por completo en la noche.

Pudo completar exitosamente su recorrido sin encontrar dificultades.

Antes de partir, se paró un momento sobre la ventana y echó un último vistazo a la habitación. Había mucha información dentro de esas paredes y clamaba por ser descubierta; mostrándole todo lo que las posesiones de Lupin podían decir de él. Por supuesto Snape notó que así como la huida resultaba muy fácil, también lo sería su aparición en la noche siguiente.



Severus Snape sabía que estaba en problemas cuando se despertó a la mañana siguiente; cuatro horas deberían ser suficiente para cualquier hombre, al menos eso creía. No estaba cansado o somnoliento, ni siquiera ligeramente distraído .

Estaba alerta – y ese era el problema. Había soñado algo que no había vuelto a soñar en décadas. Si alguna imagen decidía interrumpir su descanso, generalmente eran del tipo de escenas sangrientas, huesos rotor y gritos. Lo que había visto la noche anterior no podía describirse como un sueño. Una fantasía, quizás.

Había un prado, no, una colina, un exuberante verde la cubría y hacía lucir aún más las pequeñas flores. Sentado en el pasto estaba Lupin, los rayos el sol danzando en sus ojos color miel, su sonrisa embriagadora y brillante. Estaba sonriente y feliz y tan hermoso.

Severus Snape había invertido gran parte de su vida en bloquear esa imagen, pero aquí estaba de nuevo. Cuando era joven esa imagen lo había alterado, torturado, tentándolo con lo que nunca tendría. Un recordatorio de sus malas decisiones y del infierno en que se había transformado su vida. Ahora, décadas más tarde, estaba de regreso, solo que ahora tenía un efecto distinto. Lo entristecía, lo hería, esa imagen era un testimonio viviente de lo que nunca podría poseer, de un mundo del que nunca formaría parte. Era peor ahora, por que estaba más cerca de lo que nunca había estado y a la vez tan lejos como siempre estaría.

La anoche anterior, se retiró a sus aposentos prometiéndose no volver a las habitaciones del lobo, no importaba que le dictara su corazón, demasiado peligro se encerraba entre esas paredes. Esa mañana se levantó sabiendo que quebrantaría su propio mandato, y lo quebrantaría feliz. Había tanto que averiguar acerca del hombre que había tomado posesión de la única parte de su alma que no había sido vendida a una ni a otra parte de la devastadora guerra. La parte que se rehusaba a perder.

Snape no era ingenuo acerca de su relación con Lupin; en el mejor de los casos, se trataba de una tolerancia mutua. El romance era algo que nunca había considerado. Pero la idea de ser capaz de saber algo más acerca del hombre que había logrado de alguna manera inmiscuirse en su conciencia, era un prospecto muy estimulante.

Parecía, según pensaba Severus, que Lupin acababa de heredar una mascota.

Un rasguño en la ventana casi provoca que vuelque su bebida. Remus Lupin sonrió cuando vio a su graciosos amiguito en la ventana. “Parece que has vuelto. Me preguntaba por donde andarías.” Alzó al pequeño animal y lo depositó sobre la mesa de la cocina. “Si recuerdo bien, esta es tu bebida preferida.” Dijo mientras le servía algo de wisky en un pequeño recipiente. Miró al gato unos momentos antes de volver a su escritorio para examinar algunos papeles, tomó un pergamino bastante ajado y lo leyó detenidamente antes de volverlo a colocar en su lugar.

Lupin tomó asiento y se dedico a observar como el felino lengüeteaba en su bebida. “Hice algunas investigaciones acerca de ti,” comenzó, “Parece que eres un Bombay; esos son los gatos más negros, con ojos levemente rasgados y un pelaje increíblemente sedoso. Al principio no estaba seguro porque también dice que eres de una raza muy amigable , que adoras la compañía y eres magnífico con los niños. Esa no es precisamente la impresión que me llevé de ti. Claro que recién nos conocemos. Y regresaste, eso indica que al menos te gusta mi licor si no mi compañía.” Sonrió. “También dice que tienes tus propias ideas acerca de cómo se debe llevar adelante un hogar, y confieso que tuve la misma impresión. Así es que decidí nombrarte ‘Bombay’.
¿Qué te parece?”

Snape tenía que admitir que estaba gratamente impresionado por el tiempo que Lupin había invertido en averiguar de que raza era. A decir verdad, se sentía halagado; mostró su aprobación con un rápido asentimiento de cabeza. Sería ‘Bombay’

“Excelente.” Respondió Lupin. “Bien, Bombay, ¿qué te gustaría hacer esta noche?”

Snape sabía lo que quería hacer; quería que Lupin se retirara a dormir para poder espiar sus aposentos a gusto. Pero su anfitrión, según parecía, estaba de humor para una conversación.

“No hemos sido formalmente presentados, creo. Mi nombre es Remus Joseph Lupin.” Inclinó su cabeza levemente en señal de saludo. “Soy el actual – mejor dicho otra vez actual – Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras así como también el licántropo residente.” Lupin le dedicó una media sonrisa elevando levemente la comisura derecha de sus labios. “No te preocupes por eso último. Solo soy peligroso para los humanos, no para pequeños gatitos encantadores.”

‘Gato’ le corrigió Snape

Lupin miró a Bombay y sacudió la cabeza. “Realmente me intriga saber de donde vienes. Pregunté alrededor y nadie parece haber perdido un gato, aunque aparentemente causaste una muy buena impresión en algunas personas. La profesora Mc Gonagall estaba muy interesada en tu paradero.”

Snape bufó ‘Ya lo creo que lo estaba.’

Lupin parecía muy divertido con la actitud del gato. “Realmente tienes tus propias opiniones, ¿no? ¿A quien me recuerdas?”

Snape pudo notar que si Lupin lo pensaba demasiado, no le sería difícil guiarse por sus sentidos y darse cuenta que no era un gato. Era tiempo de una maniobra inteligente de distracción.

Snape saltó de la mesa, se dirigió a las estanterías con libros y comenzó a repasar los títulos. Un pequeño libro azul situado entre una novela muggle y un manual de DCAO, llamó su atención. Se veía extrañamente familiar, y comenzó a arañarlo suavemente. Lupin se acercó para ver que había captado la atención de Bombay y sonrió sinceramente ante el descubrimiento. “Bueno, gatito, parece que quieres saber más acerca de mi. Mi pequeña introducción no fue suficiente supongo.” Tomó el libro, alzó al gato, y llevó ambas cargas al sofá.

Depositando Bombay en el ya familiar almohadón a su lado, abrió el libro y comenzó a hablar. “Este es un diario que tenía hace muchos años cuando era estudiante aquí. Escucha esto: ‘Fue un largo viaje en tren hasta el castillo. Pasé la mayoría del tiempo mirando por la ventana, mientras el paisaje campestre cambiaba a medida que avanzábamos. Árboles en su mayoría, aunque ocasionalmente había alguna cabaña o un pequeño poblado. Hay muchos estudiantes aquí y todos han sido amables, pero tengo demasiado miedo de hablar con ellos.’ Verás Bombay, yo era terriblemente tímido. Estaba muy bien prevenido acerca de las ideas que algunos humanos tenían sobre mi. Algunos me odiaban de hecho. Los licántropos somos criaturas bastante incomprendidas. Así como los gatos negros, supongo. La gente no quiere abandonar sus supersticiones, no importa que tan tontas sean.”

Continuó recorriendo las páginas. Snape trataba de mirar las hojas mientras pasaba, esperando detectar algo más interesante. Alcanzó a ver una titulada “Los Merodeadores” con tinta negra y un fuerte subrayado. Presionando una pata en ésta miró a Lupin.

“Quieres saber sobre ellos presumo,” Suspiró. “No hay demasiado para decir, me temo. Estaba James, que murió en la primera guerra. Era inteligente y divertido y cálido. Un especie de busca pleitos pero no quería hacer daño, aunque podía ser bastante molesto cuando se lo proponía. De hecho, su propia esposa, Lily, lo odió por años antes que finalmente terminaran juntos. Me enseñó a volar en escoba, a jugar al Quidditch e insistió en enseñarme como acercarme a las chicas aunque esto solo redundó en su propio beneficio, porque yo no estaba interesado en chicas y a el no le interesaba otra cosa.” Se rió unos segundos antes de continuar. “James era terriblemente tonto y terriblemente valiente. Murió protegiendo a su hijo hace muchos, muchos, años”.

Lupin hizo una pausa para sonreírle a Bombay que lo miraba intensamente. Deslizó una mano para acariciar al gato detrás de las orejas. Snape, inconscientemente, se acercó más a la mano y se refregó contra esta sin darse cuenta. Era un gesto tanto de consuelo como de intimidad. Snape se apuntó mentalmente castigarse más tarde por esta repentina debilidad, pero estaba demasiado cómodo para ocuparse de eso por el momento.

Lupin retomó su relato. “Estaba Sirius. El fue el verdadero busca pleitos del grupo; las reglas y las normas eran meras sugerencias para Sirius. Tenía algo por el peligro y realmente disfrutaba poniendo incómoda a las personas. Era terriblemente testarudo y a veces rudo, pero hubiera sacrificado todo por ti. La imprudencia y la negligencia casi lo matan en la segunda guerra. De hecho desapareció mucho tiempo hasta que fue capaz de regresar. Esa es toda una historia en sí misma-”

Snape no estaba de humor para escuchar como Black había sido rescatado por Potter y sus amigos. Ya había sido bastante desagradable haber tenido que pasar por eso la primera vez, y ni hablar de revivirlo cada vez que a alguien se le daba por hablar de Potter y su heroísmo o de Black y su valentía. Era tiempo de re orientar los pensamientos de Lupin. El gato maulló fuerte y demandante, sin ninguna melodía. Cuando estuvo seguro que contaba nuevamente con la atención de Lupin, señaló otra página con su pata.

“¿Estamos impacientes no?” dijo con una sonrisa. “Veamos. Bueno, también estaba Peter.” Hizo una pausa para reordenar sus pensamientos. “Seguía a Sirius y James a sol y a sombra, como si estuviera atado a ellos, más que contento en poder participar en sea cual fuere el plan del momento. Era más frecuente que lo atraparan que las veces que no lo hacían, porque no tenía ni el cerebro de James ni la habilidad de Sirius. Era bastante parecido a mi. Pero mientras yo era simplemente tímido él estaba... bueno, planeando, creo. Verás Bombay, el mundo estaba cambiando mucho por aquellos días Había algunos... malos humanos alrededor y dañaban a las personas. Todos fuimos forzados a tomar decisiones demasiado pesadas para nuestra juventud. Elegir bandos en algo que realmente no entendíamos. Simplemente elegimos lados diferentes.”

Algunas lágrimas empezaban a asomar en los ojos de Lupin. De repente, Snape perdió el interés por el diario. Quería irse a casa, de vuelta a la oscuridad de sus mazmorras donde las emociones no tenían la intención de hacerse un lugar. Snape odiaba sentirse culpable. Ya tenía bastante de ese peculiar sentimiento en los últimos años de su vida. Se paró y Remus tomó el gesto como una invitación para levantar al gato y depositarlo en su regazo. Comenzó a acariciar al animal por todo el lomo, una y otra vez y Severus olvidó su urgente necesidad de volver a la seguridad que le proporcionaba la frialdad de sus aposentos subterráneos. Snape levantó la mirada hacia esos ojos color ámbar; las lágrimas que amenazan antes con sus aparición caían ahora por sus mejillas. Snape no tenía idea qué hacer pero sabía que tenía que actuar de alguna forma. Con sus patas traseras firmemente apoyadas en el regazo de Lupin, se estiró sobre el pecho del hombre hasta apoyarle sus dos patas delanteras casi en el nacimiento del cuello, y lo miró directamente a los ojos. ‘Lo siento’ salió de su boca en forma de un pequeño y gentil “Meow”.

Lupin comprendió.

“No es necesario que sientas pena por mi. He vivido lo suficiente para ver a Voldemort destruido, ver crecer al hijo de James para convertirse en un joven y poderoso mago, y ver a Sirius exonerado de un crimen que no cometió. Así de irónico como suena, de los cuatro, yo fui el más afortunado.” Aunque sus palabras eran optimistas, la tristeza en su mirada lo desmentía y Snape no pudo evitar sentir que aquello no era correcto. Era terriblemente incorrecto que la tristeza y la melancolía se instalaran en aquellos ojos.

No era del tipo cálido y contenedor, pero Snape se sintió urgido de hacer algo, así que sin pensarlo demasiado giró sobre sus espaldas y comenzó a mover sus patas al aire, pataleando juguetonamente mientras comenzaba a maullar. Lupin sonrió-

‘¡Éxito!’

“Gracias, Bombay.” Muy a su pesar, el felino se ganó unas caricias en la panza.

“De cualquier modo,” Lupin continuó, “Malas o buenas elecciones, él también está muerto. Y quisiera decir que lo lamento pero no. Derramé demasiadas lágrimas por ese. Procuré que tuviera un funeral apropiado y me quedé en paz.”

Snape recordaba ese día. Pettigrew fue asesinado por Lucius Malfoy porque se estaba acercando demasiado al Lord Oscuro, y un cadáver horriblemente magullado fue hallado en las escalinatas de Hogwarts. El intento de intimidación de Lucius no tuvo ningún éxito excepto probar la inocencia de Black.

Nadie sabía que hacer con el cuerpo. Nadie de la familia de Pettigrew quería reconocer su existencia; lo hubieran preferido muerto la primera vez. Lupin tomó los restos de su amigo de la infancia y lo enterró en el cementerio de Hogsmade con una lápida que rezaba simplemente “Peter.” Snape estaba allí aquel día, mirando a Lupin desde las sombras de un Olmo gigantesco situado al otro lado del cementerio. No es que estuviera preocupado por el hombre lobo, nada más lejos, solo... curiosidad. Esa curiosidad llevó a Snape a observar a Lupin sentado solo frente a la tumba por tres horas, sus dedos rozando la tierra recientemente removida, sus lágrimas marcando pequeños surcos en la tierra.

Los recuerdos de Snape fueron interrumpidos por un gran bostezo fuertes manos alzándolo del confortable regazo en el cual estaba sentado. “Creo que es suficiente por una noche.” Repentinamente, Lupin parecía estar muy cansado. Se sacudió un poco la ropa al ponerse del pie y el pequeño libro cayó al suelo. Snape maulló sorprendido al ver su propio nombre escrito en una de las páginas.
Cap III por Medea
Trad. con consentimiento de la autora The Treacle Tart


Cap III


Lupin recogió el libro y dejó escapar un largo suspiro. Miró al gato y con una sonrisa de lado dijo, “Ese, mi amigo, es un cuento para otra noche.” Cerró el libro y lo depositó en el sofá. “Buenas noches Bombay.” Con una última caricia detrás de sus orejas, Lupin comenzó a prepararse para irse a dormir. Snape saltó sobre el libro y maulló con todas sus fuerzas; Lupin estaba sorprendido pero divertido por el comportamiento del felino. “¿Así que quieres saber acerca de Severus?”

Snape resopló, o eso quiso.

“Bueno, muy bien, pero no aquí. Quiero prepararme para ir a la cama. Si estás tan decidido a escuchar acerca de él esta noche tendrás que hacerlo mientras me cambio.”

Snape no estaba seguro acerca de lo acertado de sus acciones. Por un lado, tendría acceso sin censura a las opiniones que Lupin tenía de él. Su curiosidad en el asunto ciertamente era punzante. Por otro lado, ver a Lupin desvestirse causaría más de esos entrometidos sueños que se infiltraban en su descanso, probablemente por el resto de su vida.

Lupin le dio lugar a una pequeña opción mientras se detenía por unos instantes en la puerta de su habitación para luego desaparecer dentro de la misma. ‘La curiosidad mató al gato’ Snape no podía dejar de pensar en el maldito refrán. Sin más se dirigió a la habitación.

Lupin depositó a Bombay sobre la cama y comenzó a desprenderse de sus ropas. Cuando finalmente se quitó la camisa la arrojó sobre el colchón, la prenda aterrizó directo sobre Snape. Con un enojado “Meow”, Snape se removió bajo la tela hasta que finalmente se liberó. Lupin reía con fuerza ante la escena. “Lo siento, Bombay. Eso fue bastante descuidado de mi parte.” Recogió la prenda. Snape levantó la mirada y deseó estar aún bajo la camisa; Lupin estaba parado frente a el con el torso desnudo. Sus hombros eran más anchos de lo que Snape pensaba, su pecho pálido, delicadamente musculoso y deliciosamente enmarcado por un suave bello. Snape recorrió la particularmente fascinante línea de pelo que se extendía por su abdomen hasta perderse en sus pantalones. Maldición, estaba ronroneando otra vez.

Un Remus parcialmente desvestido entró al baño y emergió unos minutos más tarde, ligeramente despeinado, descalzo y en pantalones de pijama. Se dejó caer en la cama y se acomodó junto a Bombay. “Ahora, ¿quieres escuchar acerca de Severus, verdad? Bueno, eso que pides es bastante complicado. Ni yo lo entiendo muy bien, así que no estoy muy seguro de cómo explicártelo a ti.” Se giró para acostarse sobre su espalda. “En los tiempos del colegio Severus no era muy amable; eso siguió igual, según lo veo. Pero ahora lo pienso distinto, supongo que su comportamiento se debía a que siempre estaba solo. Snape es lo que creo que hubiera sido yo de no haber tenido los amigos que tuve; distante, desconfiado... aislado. El y James se odiaban en una forma increíble, más allá de lo que cualquiera pudiera ver como una simple rivalidad; era más bien como una guerra declarada.”

Snape bufó y Lupin se incorporó sobre sus codos para ver al gato. “¿Puedo continuar?” preguntó. Snape se sacudió levemente y Lupin lo tomó como una afirmación.

“Como estaba diciendo, James y Severus se odiaban. Por esa rivalidad, Sirius y Peter lo odiaban también. Se hechizaban continuamente, casi a diario diría. Era un juego que yo encontraba demasiado cruel; pero nunca ayudé o hice nada para mejorar la situación. Siempre me arrepiento de eso. Mi única excusa es que era un niño y seguir la corriente de mis amigos era más fácil que ir contra ella. Siempre quise disculparme con Severus pero creo que nunca me hubiera escuchado.”

‘Podrías haber tratado’ Snape maulló enojado ‘No pareces tener problemas en contárselo a un gato.’

“Si, supongo que debería haberlo intentado; pero al mismo tiempo pienso que Severus necesita su odio. No estoy seguro que pueda vivir sin él. Algo así como mi naturaleza licántropa; es una parte de mi existencia, de quien soy realmente. No puede existir lo uno sin lo otro porque fuimos creados así, moldeados por la misma cosa que nos causa tanto dolor. Es una parte esencial de nuestra vida, inevitable y constante. ¿Tiene sentido?” preguntó.

‘Demasiado sentido.’ Maulló Snape

“Le doy a Severus lo único que puedo darle, un objetivo en el cual desquitarse. Necesita alguien en quien descargar ese odio y le permito que sea sobre mi. Es la única forma en que puedo decirle que lo siento sin decirlo en realidad.”

Snape estaba atónito por la revelación.

“De cualquier modo, cuando Severus era más joven hizo algunas malas elecciones, como Peter,” continuó Lupin. “Al final trató de corregirlo. De hecho, se ha pasado los últimos veinte años intentando corregirlo. Es muy parecido a Sirius, creo; tiene algo con el peligro. Así como por hacer sentir incómoda a las personas, lo ha perfeccionado hasta hacer de eso un arte. También creo que ha sacrificado más cosas que nadie en estas dos últimas guerras. Con poco y nada que mostrar al respecto. Sin reconocimiento, sin agradecimientos, nada excepto el saber que lo que hizo fue lo correcto. Tiene todo mi respeto por eso.” Lupin dejó escapar un largo y perezoso bostezo. “Es tarde Bombay y apenas puedo mantener mis ojos abiertos.” Un gentil “Nox” apagó las luces. “Buenas Noches.”


Snape sintió el agarre de una mano fuerte y se encontró a sí mismo sostenido por Lupin, muy cerca de su pecho. Había una esencia a especias en el aire, una suave mezcla de sándalo y almizcle y Snape inhaló profundamente. Inesperadamente, otro aroma inundó el aire. Sus sentidos detectaban pena, arrepentimiento, empatía, esperanza. Pero si esto emanaba del hombre lobo o de él mismo, no podía distinguirlo.

Los párpados de Snape se hacía cada vez más pesados y quería cerrarlos. Solo restaban algunas horas. Una rápida siesta después de un largo día.

¿Quién lo sabría?”



Había un prado, no, una colina, un exuberante verde la cubría y hacía lucir aún más las pequeñas flores. Sentado en el pasto estaba Remus Lupin, los rayos del sol danzando en sus ojos color miel, su sonrisa embriagadora y brillante. Estaba sonriente y feliz y tan hermoso.


Snape se despertó cuando los primeros rayos del sol iluminaron la habitación de Lupin. El hombre yacía de lado levemente acurrucado junto al gato. Snape se estremeció ligeramente antes de liberarse del abrazo. Los párpados de Lupin temblaron apenas antes de caer nuevamente en un profundo sueño. ‘¿Qué sueñas Remus?’ Snape pensó llevado por la curiosidad mientras veía el lento ritmo de ascenso y descenso en el pecho de Lupin marcado por la acompasada respiración. Una débil garra tímidamente posada en el brazo del hombre, se retiró cuando este se estremeció. Demasiado cerca. Demasiado pronto. Demasiado asustado. Con paso sombrío Snape abandonó los cuarteles de Lupin y fue a comenzar su día.

Las horas pasaron lentamente, un agonizante minuto precediendo a otro. Snape hizo todo lo que pudo para evitar salir corriendo tras Remus Lupin. El aire estaba lleno de esencia de sándalo y almizcle y no importaba lo que hiciera lo perseguía por todos lados.

Necesitaba volcarse de lleno a alguna otra cosa y rápido. Salteándose la cena, fue a su laboratorio. Unas horas trabajando con los más hediondos ingredientes debería bastar.

Estuvo tres horas trabajando pero al final no tenía nada para mostrar excepto una manchada túnica. El último intento de Snape para hacer el repelente para el jardín de Hagrid no estaba saliendo bien. Se las había ingeniada para derretir dos caldeos al más puro estilo Longbottom. Cuando escuchó los golpes en la puerta de su laboratorio se sintió aliviado. Necesitaba una distracción de su distracción.

Desafortunadamente para él, la fuente de la distracción era la misma cosa de la cual buscaba ser distraído en primer lugar.

Remus Lupin apareció en la puerta y Severus Snape tuvo dificultades para lograr el mismo tono irritado que usualmente utilizaba cuando se refería al licántropo. “¿Si?” dijo rudamente.

“Lamento molestarte Severus, pero estoy buscando a mi gato. ¿No lo has visto?”

“No estaba al tanto de que tuvieras una mascota”, espetó Snape.

“Para ser honesto, siento como que yo soy la mascota,” dijo el hombre lobo con una sonrisa. “Bueno, si ves a un pequeño gato negro con el pelaje particularmente brillante házmelo saber... lo extraño.” Con un rápido saludo de cabeza Lupin se fue y Snape se quedó con la clara impresión de que su compañía era requerida.”

Un cuenco lleno de Wisky estaba esperando en la ventana de Remus. Si alguna vez Lupin se hubiera atrevido a hacer eso, Snape habría sonreído. “Aquí estás.” Había un obvio alivio en su voz. “Me tenías preocupado. ¿Dónde vas durante el día?” Alzó al gato y el cuenco y depositó ambos en la mesa de la cocina. Con una sonrisa instalada en su rostro, Lupin veía al pequeño felino beberse su licor cuando la fuerte fue golpeada tímidamente.

Ron Weasley estaba parado en la puerta, lucía pálido. Los mechones que le colgaban en la frente hacían aún más notorio el contraste impuesto por la palidez.

“Ron, ¿qué pasa?” Lupin le preguntó y esperó a que hablara.

“Necesito... necesito preguntarle algo.” Repentinamente el alumno de séptimo año parecía mucho más joven.

“Adelante.”

“Cuando... cuando se conjura un Patronus, ¿la forma que toma tiene algún significado específico?” Ron preguntó con gran esfuerzo.

La mente de Lupin intentaba conjeturar adonde iba esta pregunta. “¿La forma que tiene tu Patronus, a eso te refieres?”

Ron asintió.

“Bueno, puede significar muchas cosas,” comenzó Lupin. “La mayoría de las veces es algo que tiene un significado espacial para el que lo conjura. Puede ser algo que te haga sentir seguro o feliz. Algo que te afecta de alguna manera.”

Ron palideció aún más. “Eso me temía.”

“Ron, ¿de qué estás hablando?”

“Bueno, estuvimos practicándolos para los N.E.W.T.S. y finalmente fui capaz de invocar uno. Estaba un poco sorprendido por la forma.” Dejó de balbucear y de repente parecía haber encontrado su mano como algo fascinante, sin despegarle la mirada.

Lupin le dirigió una sutil sonrisa a su pequeño amigo sobre la mesa. “¿Qué forma tomó?”

Después de inspirar varias veces y tragar pesadamente Ron dijo “Un... un... un dragón”

Lupin estaba confundido. “Eso tiene bastante sentido, ¿no?. Tu hermano trabaja con dragones. La referencia a tu familia me parece bastante obvia si tienes en cuenta lo unidos que son.”

Ron lo interrumpió. “No. Usted no entiende. He tratado por años de conjurar uno y nunca tuve éxito. Nada que pensara parecía ser lo suficientemente poderoso para poder lograrlo antes. Hoy estaba pensando en... alguien, alguien muy específico y ahí es cuando lo conjuré.”

“¿Es la identidad de esa persona lo que te molesta?”

“Si.”

“¿Por qué?”

Ron suspiró. “Profesor, piénselo. Conjuré un dragón.”

“Oh. Ya veo.” No pudo ocultar la sonrisa.

“No es gracioso.” Un delicioso rubor cubrió las hasta ahora pálidas mejillas.

“No hay nada de malo con eso Ron.” Dijo Lupin suavemente.

“Nada malo.” La expresión de Ron mostraba la más absoluta incredulidad, pensando que su Profesor se tomaba con demasiada calma lo que sería el fin del mundo. “¿Realmente escuchó lo que acabo de decir?” preguntó. “Por casi tres años quise conjurar la maldita cosa y nunca pude. El único pensamiento que me hace lo suficientemente feliz es el de una persona a la que odio más que a cualquiera en este mundo, y termina siendo la maldita forma que ese podrido hechizo decide tomar. ¿Cómo puede decir que no hay nada de malo con eso?”

Lupin solo sacudió su cabeza. “Porque no lo hay.
Draco despierta algunas emociones muy fuertes en ti. Reaccionan el uno al otro en un nivel muy viseral, casi como si estuvieran destinados a eso. Siempre te has concentrado en la parte negativa de esos sentimientos , pero también hay positivos, sabes. Tener a alguien que pueda evocar esos sentimientos en ti es algo maravilloso, y francamente bastante poco común. Nos hace sentir vivos, sentirnos plenos.” Sonrió. “Hace que valga la pena vivir.”

“Pero es mi enemigo,” contestó suavemente el pelirrojo.

“Draco no ha sido tu enemigo desde hace bastante tiempo. Desde que la guerra terminó por lo menos.”

Una imperceptible sonrisa mostró el comienzo de la aceptación, lo cual era considerable si se tenía en cuenta una vida de odio mutuo. “No es una persona amable.”

Lupin asintió. “Cierto, pero podría serlo.”
Puso su mano en el hombro de Ron. “Porque al final, tomó la decisión correcta. Son nuestras elecciones los que nos hacen ser lo que somos. Draco tenía muy poco que ganar y mucho que perder, pero eligió el lado correcto. Aún si le tomó un tiempo comprenderlo.”

“Bien,” concedió Ron. “Aún si el no es el idiota más grande sobre la tierra, tampoco significa que quiera tener algo conmigo, ¿no cree?”

“Nunca sabrás si no lo intentas.”

“¿Intentar que? No tengo idea qué es lo que siento.”

“Puedes empezar por hacerte amigo, Ron. Solo hablarse en la forma en que los humanos lo hacen. Acerca del tiempo, del mundo... de lo que sea. Tengo el presentimiento de que tal vez Draco está atravesando por lo mismo que tu, y tratando de desentrañar que significan.”

“¿Porqué dice eso?” Ron trató de ocultar la esperanza que esas palabras encerraban.

“Como ya te dije, ustedes parecen despertar algunas emociones muy fuertes el uno en el otro. Ha sido mutuo desde el primer día. Hay muchas cosas buenas que pueden resultar de eso, tantas como malas.”

“No sé...” Parecía que Ron tenía más miedo de hablar con Draco que de enfrentarse a Voldemort, probablemente porque no sentía el deseo de besar a Voldemort. “Me cuesta pensar que algo bueno puede salir de esto. Me refiero a... es como si estuviéramos hablando de usted y Snape, por ejemplo.”

Lupin solo sonrió. Fue entonces cuando Ron notó que tenía audiencia. “Hey, ¿ese es su gato?”

“Ron Weasley, te presento a Bombay.”

“Lo vimos hace una par de noches frente a nuestro dormitorio. No sabía que era suyo.”

Lupin suspiró. “Digamos que lo adopté.”

Los ojos de Ron se entrecerraron inquisitivos ante el pequeño y lustroso felino. “Siento decirlo, pienso que es una cosita bastante escabrosa. Todo negro y brillante, se parece a Snape.” El corazón del Profesor de Pociones empezó a golpear fuertemente su pecho. ‘Cierra la boca espantapájaros pelirrojo o te jur-´

“Supongo que se parece,” Lupin intercedió de repente. “De cualquier modo, creo que deberías considerar más detenidamente nuestra conversación. El año escolar ya está terminando y no pierdes nada con intentar ser más civilizado con Draco. Puede que hasta te lleves una sorpresa con lo que encuentres.”

“Si, bueno. Ya veremos. Gracias profesor. “Con una última mirada sospechosa hacia Bombay, Ron dejó las habitaciones.

Lupin se quedó mirando la puerta por la que había desaparecido el pelirrojo un largo rato antes de girar hacia el gato. “Es tarde, tiempo de ir a la cama.”

Comenzó a desprenderse los botones de su camisa mientras se dirigía a su habitación. Sin girarse preguntó “¿Vienes?” Snape solo lo miró. Algo había pasado; algo importante, pero por su bienestar no quería saber que era. Sin mucho más que un “Meow” siguió a Lupin y se dispuso a pasar la noche.
Cap IV por Medea
Trad. con consentimiento de la autora The Treacle Tart


Cap IV



Durante las siguientes semanas ya habían establecido una rutina. Snape se presentaba a la misma hora cada noche, Lupin le daba algo de beber, y conversaba un poco. Algunas veces le leía; extractos de alguna novela de su preferencia, un artículo de El Profeta, algún párrafo de su diario personal. Algunas veces se sentaban en silencio, mientras Lupin lo acariciaba detrás de las orejas o recorría con su mano el lomo del animal. Algunas veces escuchaban música. Y cada noche terminaba igual, con los dos durmiendo juntos y un brazo de Lupin abrazando al gato que cada vez se acurrucaba más pegado al pecho del licántropo.

Era una templada tarde de junio; el calor del inminente verano se hacía presente en la brisa. Snape apareció en la ventana y se introdujo en los aposentos. Miró alrededor y se sentó finalmente en el almohadón que ya consideraba de su propiedad.

“Hola Bombay,” Lupin saludó suavemente. “Temprano esta noche, parece. Bien. Vi algo muy interesante hoy, me gustaría compartirlo contigo.”

Snape se recostó con la cabeza sobre sus patas delanteras. La posición usual que tomaba cuando Lupin comenzaba a relatar algunas de sus historias.

Lupin le dirigió una larga mirada y pareció llegar a una decisión. “Ron Weasley y Draco Malfoy estaban sentados junto al lago esta tarde,” comenzó. “Al principio, estaba impresionado con lo agradable que era verlos tratándose civilizadamente. Después, observé mientras se acercaban y se besaban. Las cejas de Snape se arquearon hacia arriba, o lo habrían hecho si no fuera un gato. Pero algo debe haberse traslucido en su cara porque Lupin asintió y continuó, “Estaba un poco shockeado también. Estaba al tanto de los sentimientos que albergaban el uno por el otro pero no estaba seguro si podrían dejar de lado su pasado y permitirse expresar esos sentimientos. Nunca es algo fácil y en el caso de esos dos... la verdad es que parecía imposible. Pero a pesar de mis reservas al respecto, parecían estar muy felices en ese momento.” Movió su mano para acariciar la espalda de su pequeño y adorable gato.

“Puedes imaginarte que tan idita me sentí cuando me di cuenta que dos muchachos – casi niños todavía- tenían el coraje de hacer algo que yo no.”

Snape se sentó rígido y miró directamente esos ojos ambarinos.

“Esto fue divertido, Severus,” Lupin remarcó con una voz gentil. “Disfruté mucho tu compañía. Honestamente puedo decir que fue lo mejor del día durante estas últimas semanas. Pero creo que es tiempo que nos dejemos de juegos. Los dos hemos estado pretendiendo demasiado tiempo, me parece.”

En el instante entre que Lupin terminó de hablar y que esas palabras alcanzaros los incrédulos oídos de Severus Snape, éste consideró la multitud de hechizo que los años de espía, intriga y traición le habían enseñado.

¿Un hechizo desvanecedor, quizás? ¿Un hechizo de confusión? Obliviate siempre era una buena forma de salir del paso.

No, eso no parecía correcto. En primer lugar, no tenía deseos de herir a Remus Lupin, un hecho al que todavía le costaba acostumbrarse. En segundo lugar, evitar este problema no haría que desapareciera, no lo había hecho por dos décadas, porqué empezaría a funcionar ahora. En tercer lugar, y el más importante, necesitaría transformarse para realizar el hechizo con lo que le daría la razón a Lupin y no podía hacer eso.

Por lo tanto, hizo lo único que un mago respetable de su alcurnia y distinción haría en un caso como este: estiró sus cuatro patas, emitió un gran bostezo, cerró los ojos y fingió que dormía.

Lupin sonrió. “Severus todo está bien. Sabía que eras tu desde el día siguiente al que te encontré. ¿Recuerdas que te mencioné haber hablado con Mc Gonagall acerca de ti? Bueno, ella estaba de lo más interesada. Más que nada por el hecho de que el Profesor de Pociones, cuya glacial mirada puede petrificar a un alumno de forma más efectiva que un basilisco, tuviera una mascota. Dijo que nunca lo hubiera creído a menos que el mismo gato se lo hubiera dicho. Me pareció bastante extraño, así que pedí prestado un mapa muy peculiar, el cual conoces, y cuando viniste a visitarme esa noche lo corroboré.”

Snape dejó salir otro tremendo bostezo antes de girar sobre sí mismo y acurrucarse como una pelota. La sonrisa de Lupin se agrandó aún más. “Mis instintos me decían que no venías a herirme, tu interés en mi diario lo corroboró. Querías información; querías conocimiento. Francamente, lo vi como el medio para aclarar algunas cosas entre nosotros, para ser preciso, algunas cosas que yo necesitaba decir. Después de esa noche estaba seguro que no regresarías. Cuando lo hiciste me diste una sorpresa... una muy agradable por cierto. En algún punto, sentí que era tu aceptación acerca de lo que te había dicho.”

Snape tembló suavemente.

“Has aprendido muchas cosas acerca de mi en este último tiempo, Severus. Creo que es justo que yo pueda tener lo mismo. He aprendido algunas cosas de ti sin embargo. Te gusta la música Jazz y la poesía muggle. Tienes un atracción muy particular por las novelas de Ágata Christie. Tienes un excelente gusto en bebidas. Tienes una opinión muy formada acerca de todos los temas, además eres arrogante y condescendiente.” Lupin respiró profundamente. “ También eres compasivo y comprensivo. Y cuando crees que nadie se da cuenta, eres cariñoso. Tienes un retorcido sentido del humor y cierto sarcasmo que es bastante divertido.” Giró la cabeza hacia el costado y se inclinó hasta dejar su boca muy cerca de las orejas del gato. “Y te gusta acurrucarte al otro cuando duermes.”

Ante eso, Snape giró la cabeza y miró a Remus Lupin, solo para encontrar que no había malicia en esa mirada, nada cruel o calculador. Había calidez y comprensión y... algo de diversión quizás. Pero nada que pudiera percibirse como enojo o decepción o la intención de una pelea. Maldición, hubiera sido mucho más fácil si simplemente hubiera revelado a toda la escuela la verdadera identidad de Snape y sus visitas nocturnas. Una indiscreción así frente a toda la población escolar hubiera sido un agravio público al cual sabía como reaccionar. Una pequeña declaración de guerra, un par de ataques bien preparados y todo estaría terminado. Limpio y bonito, y altamente satisfactorio.

“Vamos Severus.” El licántropo hizo un ultimo intento. “Quiero verte en tu verdadera forma. Quiero escuchar tu voz diciendo mi nombre. Además, estoy harto de limpiar pelos de gato de mis sábanas.”

‘¡Demonios, está bien!.’ Con un bufido, Snape se paró y caminó, aprensivamente, hasta el final del sofa. Un instante después, en el lugar donde un gato completamente negro de pies a cabeza había estado, había un hombre, igual de oscuro, delgado y elegante. Un hombre que tenía problemas para mirar otra cosa que no fuera el suelo.

Lupin se dirigió hacia donde este estaba parado, y aunque era ligeramente más bajo de estatura, tuvo que levantar el mentón de Snape para encontrarse con su mirada.

“No es tan malo ¿verdad?, ¿estar en este cuarto como un hombre y no como un animal?”

“Eso depende de tu definición de malo,” llegó en un susurro.

“No, no lo es,” Respondió suavemente Lupin. “No quiero herirte Severus. Nunca quise eso.”

“¿Qué quieres entonces?” Snape dijo casi irritado. “¿Cuál es el punto de destruir una ilusión que... no hacía daño a nadie?”

Lupin, cuyas manos aún sostenían el mentón de Snape, recorrió con un dedo el labio inferior del Profesor de Pociones. “Porque no era una ilusión... era más bien una sátira. ¿Y porqué vivir una farsa que te da una simple satisfacción, cuando la realidad te puede dar verdadera felicidad? ¿Por qué conformarse con estar complacido cuando se puede ser de verdad feliz?”

“No sabes lo que estás pidiendo... y asumes demasiado.” Se dispuso a irse pero Lupin lo detuvo.

“No asumo nada. Solo pongo en palabras lo que tu declaraste con tus actos. Y sí se lo que estoy pidiendo. Pido una oportunidad de conocerte. No como un muchacho, o un estudiante, o un mortífago, o un espía, o un profesor, ni siquiera como un gato, sino como hombre y amigo y más.”

“¿Más?”

Unos ojos brillantes se ocultaron bajo la nerviosa caída de ojos “Especialmente lo de ‘más’ ”

“Lupin-“

“Remus.”

“Lupin. Lo que sea entre nosotros nunca va a ser fácil. Es una locura el solo pensarlo-”

“¿Por qué?”

“No seas infantil, sabes perfectamente porqué.”

“Entonces, ¿porqué volviste? Te traje la primera noche. No había nada que te forzara a venir las noches siguientes.”

Sus hombros cayeron abatidos. “No tiene sentido.”

Lupin sacudió la cabeza “Severus, simplemente quiero que me digas porqué.”

“¿En verdad importa?”

“A mi si. ¿Porqué volviste a mis habitaciones? ¿A mi?”

Y aquí estaba de nuevo, esa necesidad imperiosa de hechizar y maldecir para encontrar la salida a este dilema. Para escapar del insistente hombre lobo de una vez. Para retornar a sus mazmorras y su privacidad... su ensimismamiento... su asilamiento... su terrible soledad.

“Bueno, ¿porqué volviste?”

“Porque tu me lo permitiste.”

A Severus Snape le gustaban las cosas claras. Objetivos y acciones precisas. Focalizadas e intensivas. Y aunque sabía que las acciones que tomamos no siempre nos llevan en la dirección correcta, deberían guiarnos adonde queremos llegar.

Como niño, su único objetivo era prepararse para su entrada al colegio. Complacer a su padre, estudió y aprendió hechizos que aseguraran su buen desempeño. Quería ser el mejor porque eso se esperaba de él.

Como estudiante trabajó duro, porque eso significaba éxito, respeto y adulaciones. ¿Y qué más valía en el mundo?

Como mortífago tenía el poder garantizado. Hasta que se dio cuenta que no era eso lo que quería.

Como espía, tenía garantizada su libertad. De uno de los lados al menos.

Como profesor, había ganado se redención. Y había pagado por ella gustoso.

Como un gato, podía divertirse; la libertad y la redención.

Muy claras líneas se trazaban entre acción y consecuencia, causa y efecto.

Esas líneas, precisamente, eran interceptadas una y otra vez por el hombre lobo, quien se las había arreglado, sin saberlo para dejar una huella en cada aspecto de la impenetrable vida de Severus. Ahora le pedía a Snape que el mismo transgrediera estos límites.

Quería conocer al hombre que Snape era. Ser amigo de ese hombre. Y ser más.

Lo que le preocupaba a Snape era la pregunta, si Lupin llegaba a conocer a ese hombre ¿aún querría ser su amigo... aún querría se más que amigos? No había líneas de acción precisas, no había garantías, no había esa íntima conexión entre causas y consecuencias. Simplemente el azar, grandes riesgos y dolorosa vulnerabilidad.

Pero lejos de huir de aquello, se encontró a si mismo abrazando la idea. Se encontró hablando desde la única parte de su alma que no había sido vendida ni a un lado ni a otro. Habló desde el corazón.

“Porque tu me lo permitiste.”

Y esas fueron las últimas palabras entendibles dichas por mucho tiempo.

Había un prado, no, una colina, un exuberante verde la cubría y hacía lucir aún más las pequeñas flores. Sentado en el pasto estaba Remus Lupin, los rayos del sol danzando en sus ojos color miel, su sonrisa embriagadora y brillante. Estaba sonriente y feliz y tan hermoso. A su lado estaba Severus Snape, una sonrisa reservada jugaba en sus labios.

Si, Snape odiaba estar en deuda con Sirius Black por lo que fuera, pero se estaba empezando a sentirse más cómodo con la idea cada día.


Fin
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