CAPITULO 5 Una nueva vida
Draco Malfoy
Das Morgenrot
Altdorf, Suiza
16 de julio de 2000
Querido Severus,
Imagino que pensabas que, con mi traslado al continente, podrías verte librado de mí por fin, pero no conozco a nadie aquí y pretendo darte la lata durante una temporada más.Total, la culpa es tuya por haberme mantenido con vida.
La casa en Suiza no está mal, pero aun así voy a seguir adelante con mis planes de venderla y comprarme otra en algún país que combine mejor con mi guardarropa. Quizás elija Bulgaria, ya que pretendo presentarme a siete EXTASIS en Durmstrang cuando mi aseo personal y mi intensa vida social lo permitan. Por si te interesa, estoy estudiando Aritmancia, Astronomía. Transformaciones, Encantamientos, Herbología, y, por supuesto, Defensa contra las Artes Oscuras y Pociones. Creo que mis pasadas experiencias me han preparado bien para DAO y cualquiera que haya sacado un E en el TIMO contigo es capaz de pasar un EXTASIS en Pociones con cualquiera, así que en cierta manera sólo he de prepararme a fondo las cinco primeras. Ya sabes, los desterrados tenemos que entreternenos de algún modo.
Como curiosidad, te diré que la neutralidad de Suiza sólo significa que protegen las cuentas de los mortífagos ricos con el mismo celo que las de los magos decentes y temerosos del Wizengamot. Aunque aquí no me reconocen al instante como en Inglaterra, el apellido Malfoy despierta las mismas simpatías. Sólo hace dos días que entré en Gringotts central, pero hoy una de mis lechuzas me ha traído un ejemplar de “El caldero” y había un artículo encantador en primera página sobre mí y el peligro que corre Suiza de convertirse en un refugio para mortífagos. Cuando estuve en el “Croix d´Argent”, que no sé si sabrás es el equivalente suizo al Caldero Chorreante, una bruja me acusó de tener “la belleza del diablo”. No termino de entender muy bien la referencia, pues creía que el diablo de los muggles es rojo, con perilla y con cuernos en la cabeza, y yo carezco de los tres atributos, o al menos era así la última vez que me miré al espejo. En cualquier caso, me alegra decirte que me bastó con hacerle ojitos un par de veces y sonreirle con tristeza y resignación para tenerla comiendo de mi mano. Ah, los Malfoy podemos tener el corazón negro, pero ¿qué es eso en comparación con nuestra increíble melena rubia?
Te alegraré saber que estoy siguiendo tu consejo de leer literatura muggle. ¿A qué crees que se debe que tan pocos magos hayan escrito literatura en toda nuestra historia? El Agamenón de Esquilo me impresionó tanto como sé que sabías que me impresionaría. “Para entender es necesario haber sufrido”. Ojalá hubiera sufrido y entendido un poco más cuando estaba en Hogwarts. Creo que podría haberte ayudado a convencer a muchos de mis compañeros para que, al menos, no lucharan junto a Riddle. Ahora las cosas para Slytherin serían muy diferentes y ése es un peso que va a acompañarme siempre.
En cuanto me compre la casa en Bulgaria te mandaré una lechuza con mi nueva dirección.
Con cariño,
Draco Malfoy
PD. Ayer te ingresé en tu cuenta el dinero que me prestaste. Avísame si ha habido algún problema.
Severus Snape
Spinner´s End, 28
Carlisle, Inglaterra
20 de julio de 2000
Querido Draco,
Por insufrible que seas, he asumido ya que voy a tener que cargar contigo el resto de mi vida y no me importa recibir tus cartas. De hecho, tal y como dices que están las cosas en Europa, te agradecería que no dejaras pasar una semana sin molestarme con tus tonterías. Sabiendo que estás bien, puedo dedicarme a cosas más importantes.
Ahora en serio, me alegro mucho de que te hayas tomado en serio lo de terminar tu educación. No sé muy bien cómo están las cosas en Durmstrang, pero confío en que no pondrán pegas a que te presentes a los exámenes. Aun así, ten cuidado cuando estés allí. Victor Krum y los suyos han hecho una buena limpieza doméstica, pero aún podrían quedar simpatizantes de Quien-tú-sabes tanto entre los alumnos como entre los profesores. Si necesitas que te envíe algún libro de mi biblioteca personal, no dudes en decírmelo.
Mi propósito cuando te recomendé que leyeras literatura muggle no era hacerte sentir culpable. No es lógico pedirle a un adolescente que tenga una comprensión del mundo que muchos magos adultos no van a llegar a tener nunca. Confío en que seas lo bastante inteligente como para no compararte con otros compañeros tuyos que lucharon contra el Señor Oscuro, como los Weasley o el mismísimo Potter. Para ellos era mucho más fácil que para ti odiar a Quien-tú-sabes. Si hubiera matado a tus padres cuando tenías un año, también habrías estado desde el principio en su contra. Pero para ti, oponerte a él no era sólo cuestionar todo lo que Lucius y Narcissa te habían enseñado, sino arriesgarte a la posibilidad de tener que cruzar un día varitas con ellos, y eso es algo que no todos tienen el coraje de hacer. Tú sí lo hiciste.
Además, como jefe de Slytherin, yo era el responsable del bienestar de sus alumnos. Si alguien tenía que haber influido más en ellos, soy yo, y sobre mi conciencia caen todos los muchachos muertos de Slytherin, tanto en un bando como en otro. Ni Quien-tú-sabes ni Dumbledore ni sus padres tenían derecho a usarlos en la batalla. La guerra no es cosa de chicos de quince y dieciséis años.
Si te sirve de consuelo, no creo que Potter haya comprendido aún hasta qué punto fue una pieza de ajedrez para Dumbledore. Siempre es mucho más fácil darse cuenta de cómo manipulan a los demás. Y tú, Draco, descubriste la terrible verdad sobre el Señor Oscuro con más rapidez que tus padres, tu tío Regulus o yo mismo. Estás aún demasiado cerca para darte cuenta, pero dieciséis años son tan pocos años...
Escribe pronto.
Severus Snape.
PD. Te dije que no te molestaras con el dinero, estúpido.
-Topey-llamó Draco, desde el salón de su casa en los Alpes.
El efo se Apareció delante de él en un momento. Tradicionalmente, los elfos de Malfoy manor se habían vestido con túnicas que parecían sacos de patatas, pero Draco se oponía a ellos por motivos estéticos y le había dado a Topey libertad para vestir como quisiera. Aquello era más complicado de lo que parecía, pues Draco no había podido comprarle directamente la ropa-eso habría sido liberarlo-, así que le había regalado las telas de su elección y después Topey había usado un hechizo muy habitual entre su especie para confeccionar dos pantalones y tres camisas.
-¿Sí, amo?
-Voy a salir un momento a comprar. Tú quédate aquí, y si llega Nieve con una carta de Durmstrang, me la traes inmediatamente, ¿entendido?
-Sí, amo Draco.
-Tendría que llegar hoy-murmuró él, para sí mismo.
Topey le sonrió.
-No se preocupe, amo Draco, seguro que le dejan presentarse a los exámenes. Cualquier colegio se sentiría honrado de contar con un Malfoy entre sus alumnos.
-Eso lo dudo-replicó Draco, sin amargura-. Hasta luego, Topey.
Draco se acercó a la chimenea. espolvoreó el fuego con unos cuantos polvos Flú y se metió dentro. Unos segundos después había aparecido en el Barrio Mágico de Berna. Quitándose una mota invisible de ceniza de su hombro, se dirigió primero a una tienda de artículos para pociones y compró polvo de salamandra, hojas de laurel y raíz de mandrágora. Después se acercó a una tienda que vendía objetos mágicos, como espejos que opinaban sobre lo que reflejaban, amuletos de protección y chivatoscopios. Quería comprarse un ajedrez nuevo, pues el suyo se había quedado en Malfoy manor y echaba de menos el juego. El dependiente le enseñó uno muy bonito, hecho de piedras azules y plateadas, y mientras Draco observaba apreciativamente la energía con la que las piezas se atacaban y lo perfectas que quedaban al recomponerse para el siguiente juego, una chica un poco más joven que él, guapa y de pelo casi tan rubio como el suyo, salió de la trastienda. Draco olvidó momentáneamente el juego y le lanzó una mirada apreciativa. Ella sonrió y apartó rápidamente la vista. Parecía demasiado joven e inocente para su gusto, pero Draco se dijo que, a menudo, las apariencias engañaban y empezó a buscar la manera de hablar con ella sin enfadar al dependiente, que sin duda era su padre. Y como si el destino hubiera querido echarle una mano, una mujer más mayor, seguramente la madre, se asomó por la misma puerta por la que había salido la chica y le dijo a su marido que tenía una llamada urgente en la red Flú. El dependiente se disculpó con Draco y le pidió a su hija que le hiciera compañía mientras se encargaba de la llamada. En cuanto el hombre desapareció por la puerta, Draco le dedicó a la chica una sonrisa que habría despertado la envidia del mismísimo Gilderoy Lockhart.
-Siento que tengas que entretenerme.
-No pasa nada.
-¿Cómo te llamas?
-Juliette du Bois. ¿Y tú?
-Draco Malfoy.
Como venía siendo habitual en las últimas semanas, Draco contuvo ligeramente el aliento en espera de la reacción, pero Juliette no dio señales de haberlo reconocido.
-Malfoy... No eres de aquí, ¿verdad?
-Soy inglés. He venido a pasar una temporada en mi casa de los Alpes.
-¿Y estás de de compras?
Draco esbozó una sonrisa misteriosa que había hecho estragos en Slytherin unos años atrás. Chicos y chicas más curtidos que Juliette habían cedido a su influjo y ella cayó de cabeza.
-Podrías echarme una mano. Aún tengo que ir a un par de sitios y no conozco bien el barrio.
-Oh, claro.
Juliette acompañó a Draco hasta una librería donde él compró un libro de Transformaciones, la rama de la magia que siempre le había costado más, y varios rollos de pergamino. Ella acababa de terminar su último año de estudios y los dos estuvieron hablando de sus respectivos colegios. A Draco, que rara vez tenía paciencia con la estupidez, le agradó darse cuenta de que debajo de tantas risitas vergonzosas había algo de materia gris.
Su última parada era alguna tienda de quidditch, pero antes de llegar allí pasaron junto a un restaurante de aspecto acogedor y con mesas puestas al aire libre para aprovechar el buen tiempo. Era casi la hora de almorzar y Draco se dio cuenta de que estaba hambriento.
-¿Quieres comer algo? Tengo mucha hambre.
-Vale-dijo ella, con la prontitud de una víctima de la maldición Imperio.
Un camarero les guió hasta una mesa desocupada y un cuarto de hora después, los dos estaban comiendo y charlando sobre las mejores estaciones de esquí de los Alpes, sus comidas favoritas y la discoteca donde solían ir todos los magos jóvenes de la ciudad, convenientemente disimulada a los ojos de los muggles. Draco quería mantener alejados todos los temas peliagudos, al menos aquel día. Mientras esperaban los postres se embarcó en una divertida descripción de cómo había convencido a Blaise Zabini, cuando estaban en primero, de que había inferi de verdad rondando las mazmorras de Slytherin.
-Eras un niño horrible-rió ella.
-Absolutamente espantoso.
Una voz desconocida interrumpió la conversación.
-¡Tú!
Draco se giró instintivamente y vio a un mago de unos cuarenta años, vestido con una túnica desaseada y temblando de rabia, que le estaba señalando con el dedo.
-¿Le conozco?-preguntó, con frialdad, planeando mentalmente los siguiente cinco hechizos.
-Maldito traidor...-Sacó su varita-. ¡Avada Kedrava!
Draco se tiró al suelo justo a tiempo de evitar el impacto de un inconfundible y letal rayo verde. La gente del restaurante rompió en chillidos de pánico y dos magos trataron inútilmente de desarmarlo con un Expelliarmus. Draco contraatacó con un silencioso Petrificus Totalis, pero su agresor lo esquivó y le lanzó un Incendio. Draco lo anuló con un contrahechizo, agradeciendo que el mago no fuera capaz de realizar los encantamientos sin pronunciarlos en voz alta, y resistió con todas sus fuerzas el impulso de usar una de las maldiciones imperdonables.
“¡Desmaius!”
El mago, que había estado protegiéndose del ataque de una de las clientes, no vio venir el hechizo y cayó bruscamente al suelo. Draco, respirando agitadamente, se acercó a él y le levantó la manga de su túnica. La Marca Tenebrosa, aunque tenue tras la muerte de Voldemort, era perfectamente reconocible en la piel del brazo y una bruja de aspecto opulento se desmayó al verla.
-Es un mortífago...-susurró uno de los clientes.
Alguien dijo que los aurores estaban en camino. Sin apartar la vista del seguidor de Voldemort, Draco se acercó a Juliette, que estaba acurrucada junto a una silla, llorando.
-¿Estás bien?
-¡Ha sido espantoso!
-Sí, es lo que tienen los mortífagos-dijo, fingiendo indiferencia-. Cuenta con ellos a la hora de arruinarte un buen almuerzo.
Su intención era tranquilizarla, pero Juliette se echó a llorar con más fuerza y dijo que quería volver con sus padres. Draco, que había perdido todo interés por ella, le pidió a una bruja de aspecto maternal que la acompañara a la tienda, y la mujer obedeció, abrazándola y empezando a reconfortarla por el camino. Uno de los magos que había luchado contra el mortífago se acercó a Draco.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Te ha llamado traidor.
-Yo no conozco a ese hombre de nada-dijo, sinceramente. Después tuvo una sospecha y apuntó al Mortifago con la varita-. Revelo.
En un abrir y cerrar de ojos, el mago inconsciente cambió totalmente de aspecto y Draco descubrió, con un sobresalto, que había derrotado al padre de su antiguo capitán de quidditch, Marcus Flint.
-Yo diría que sí le conoces.
-Si tengo que hablar con los aurores, hablaré, pero hasta entonces, será mejor que me deje en paz.
El mago le miró y alzó lentamente su varita.
-¿Eres un mortífago?
Una bruja le observó con temorosa hostilidad.
-Creo que sé quién es. Es un Malfoy. Su familia siempre ha apoyado a Voldemort.
Draco se preparó para Desaparecerse de allí, pero los Aurores llegaron por fin y la gente les abrió paso. Eran dos, una mujer de unos cuarenta años y un hombre algo más joven. La mujer alzó una ceja al encontrarse con dos magos apuntando a Draco y al mortífago en el suelo.
-¿Qué está pasando aquí?
-Este hombre es un mortífago. Ha llamado traidor a este otro y ha intentado matarlo con la maldición imperdonable.
-¿Y puedo saber por qué le apunta con una varita?
-Creemos que también puede ser un mortífago.
Ella asintió.
-Muy bien. Ahora, aparten sus varitas y vayan con mi compañero para prestar declaración.
Su tono de voz era seco y autoritario y los dos magos hicieron lo que les habían pedido. Draco se relajó un poco al verlos marchar, aunque aún no las tenía todas consigo. Aquella bruja le recordaba a la profesora McGonnagall.
-Me llamo Greta Zeller. Usted es Draco Malfoy, ¿verdad?
-¿Hay algún problema con eso?
-No creo-contestó ella, cogiendo cuidadosamente la varita del mago inconsciente-. Pero nos gustaría que nos acompañara un momento a nuestras oficinas para prestar declaración.
Dos horas después, Draco salió del Ministerio de Magia suizo de no muy buen humor. Zeller había sido bastante objetiva con él, eso lo reconocía, pero había tenido que contestar preguntas muy molestas sobre sus padres, sus amigos y su pasado, todos los temas que había intentado evitar mientras almorzaba con Juliette. Se preguntó qué diría Marcus Flint cuando se enterara de lo que había pasado. Durante la guerra se había mantenido neutral, más concentrado en su carrera como jugador de quidditch profesional en la Liga alemana que en seguir los pasos de su padre.
En la puerta le esperaba un contrito Topey.
-Amo Draco, ¿está bien?
-Podría estar mejor-contestó, tendiéndole las bolsas con lo que había comprado.
-Topey vino a buscarlo inmediatamente, señor. Pero el edificio está protegido contra Apariciones de los elfos también y no me dejaron entrar. Lo siento muchísimo.
Draco le hizo un gesto que indicaba a la vez que no se preocupara y que procurara callarse y dejarlo tranquilo un rato.
-Nos vamos a casa-gruñó, dejando la tienda de quidditch para otro día.
Topey llevaba demasiados años sirviendo a la familia como para no saber reconocer a la legua un ataque de la legendaria ira de los Malfoy y tuvo el buen juicio de mantenerse en silencio mientras lo acompañaba hasta la estación de la red pública de polvos Flú, aunque parecía estar sufriendo por mantener la boca cerrada. Draco le ordenó que se Apareciera en casa antes de meterse en la chimenea y trasladarse él mismo. Una vez allí, empezó a dar zancadas por toda la habitación y a maldecir en voz alta, empezando por Flint padre y acabando con el mismísimo Voldemort, sin dejar títere con cabeza por el camino. A medida que su furia iba aumentando de magnitud, los cristales empezaron a temblar y un pequeño jarrón chino se tambaleó sobre la repisa de la chimenea. Pero antes de que provocara una explosión de magia pura como la que le había salvado la vida un mes atrás, cogió una silla y la estampó contra la pared. El impacto rompió el mueble en tres trozos y Draco respiró pesadamente, más tranquilo.
-Que se joda todo el mundo-murmuró, dejándose caer en el sofá, ya sin fuerzas para nada.
Al cabo de unos minutos, Topey se acercó tímidamente a él llevando una bandeja.
-Amo Draco, le he traído una jarra de cerveza de mantequilla.
Él le miró sin expresión alguna y luego se bebió la mitad de la jarra sin decir palabra. Topey tragó saliva y se atrevió a preguntarle qué había pasado en el Ministerio.
-¿Es que no lo sabes? Flint padre ha aparecido de la nada y ha intentado matarme con el AK por traidor.
El elfo dio un respingo, sinceramente horrorizado.
-¡Oh, no!
-Nos hemos puesto a luchar y le he vencido con un Desmaius. Pero entonces han venido los aurores y me han hecho ir al ministerio a prestar declaración y a convencerles de que no sé de la existencia de más mortífagos en este país.
-Amo Draco, eso es terrible. El amo debe de tener muchísimo cuidado. Topey no quiere que le pase nada al amo.
-Bueno, yo también aprecio mucho mi vida. Pero Topey, no lo entiendo, si no sabías nada del ataque de Flint, ¿qué hacías en el Ministerio?
El elfo se mostró inmediatamente culpable.
-El amo dijo que fuera a buscarlo en cuanto recibiera la carta, pero Topey no pudo entrar en el Ministerio, ¿recuerda?
Draco abrió mucho los ojos.
-¡La carta! Dámela, vamos.
El elfo la sacó de un pequeño bolsillo de sus calzones azules y se la entregó. Nervioso, Draco la abrió y empezó a leer.
Instituto Durmstrang de Magia y Hechicería.
Varna Bulgaria
29 de julio de 2000
Estimado señor Malfoy;
Nos complace comunicarle que su admisión en el Instituto Durmstrang de Magia y Hechicería para cursar los EXTASIS de su elección ha sido aprobada.
Los libros requeridos son los siguientes.
-“Curso avanzado de Defensa de las Artes Oscuras, vol. I y II”, de Boris Ivanov.
-“Historia de la Magia Oscura, vol. I y II”, de Igor Karkarov.
-“EXTASIS en Tranfiguración”, de Alexia Momchilova.
-“Encantamientos avanzados” de Gideon Hause.
-“Técnicas avanzadas de Aritmancia”, de Sofía Rinova.
-“Aritmancia práctica”, de Julius Hristov.
-“Pociones avanzadas”, de Severus Snape.
-“Pociones orientales” de Severus Snape.
-“Astronomía avanzada, vol. I y II” de Tarantella Stefanova.
-“Herbología en Pociones”, de Verdus Milhailov.
-“Conservación de plantas exóticas y en peligro de extinción”, de Absentha Atirakis.
Los exámenes se efectuarán la penúltima semana de junio. Esperamos recibir su confirmación por lechuza antes del 15 de agosto. Si desea consultar alguna duda, diríjase al Departamento de Admisión de Alumnos No Residentes.
Atentamente
Orion Vulchanov (Director de Durmstrang, Dragón de Primera Clase)
Draco sonrió de oreja a oreja y los sinsabores de aquel día quedaron atrás.
-Nos vamos a Bulgaria, Topey.
Recopilación Agosto 2010 Concurso Harry Potter


La comunidad harryawards convoca un concurso de fanficction con motivo del cumpleaños de Harry. Las bases del concurso las podéis encontrar aquí:

--Administrador en 21/05/10 - 03:24 am
