Guión, rodaje, rueda de prensa, premier.
¿Últimamente, su vida se ha vuelto un tanto aburrida, o sólo se lo parecía a él?
Gale se desperezó con una muestra de incomodidad, frotándose el cuello dolorido.
Necesitaba aire fresco, así que se levantó de la silla en la que había pasado la noche. ¡No podía creer que se hubiese quedado dormido ahí… otra vez! Y más, cuando la cama estaba a escasos metros… Pensó, mirando el gran colchón al otro lado de la estancia.
De camino a la cocina, puso el contestador… La dichosa lucecita estaba parpadeando cuando llegó ayer, pero había sido incapaz de escuchar los mensajes.
-“¿Gale?”.-la voz de su agente, para o variar.-“Me han enviado otra invitación para la premier de "Suddenly Last Summer Opening Night"…*Mensaje borrado*
Compuso una mueca de disgusto, y se dirigió al frigorífico. Ya estaba harto de todos ésos espectáculos. Necesitaba… No. Se merecía un descanso. Fingiría no haberlo escuchado.
-“¿Gale? Soy yo, Randy… Estooo… Se que hace tiempo que no hablamos, pero…
Bueno, verás, he recibido una invitación para el estreno de "Suddenly Last Summer Opening Night" (otra más, ya sabes cómo es esto…) Y como sé que estás en la ciudad, imaginé que a ti también te habría llegado… Así que supongo que nos veremos allí. *Silencio* en fin, sólo quería que lo supieras. Peter también estará.”
La grabación se cortó con un clic, pero Gale seguía mirando el aparato cuando volvió a sonar.
Sin pensarlo, contestó.
-¿Sí?... Ah!, eres tú… No, claro que no molestas… Sí, sí, por supuesto, iré… Mándame la invitación a casa… ¡Claro que estaré!... Sí, ya sé que es mi día libre, pero… Oye, tú sólo envíamela aquí.- Colgó el teléfono con un chasquido, y se dirigió a la terraza con una cerveza.
El aire fresco le golpeó, revitalizante, el rostro levantado hacia el cielo, jugando con los cabellos revueltos. Con un suspiro de placer, cerró los ojos, flexionó los músculos agarrotados, y se tumbó en la hamaca.
Un único pensamiento coherente cruzó su mente antes de quedarse dormido, botella en mano. ‘Brian y Justin volverían a estar juntos’.
El viento trajo unas palabras inaudibles para el mundo, largo tiempo olvidadas. ‘Sólo es tiempo’
***
Flashes y más flashes. Y gente. Por todos lados. Gente gritando, enfervorecida, intentando conseguir un pedazo de otra gente, sonriente, casi maniquís de plástico (y algunos sin el casi) vestidos con ropa de gala que, al día siguiente, sería diseccionada con virulencia por aquellos que vivían de dejar en ridículo a quien, como él, se limitaba a dar caraza a la prensa, apareciendo, ‘encantado de la vida’, en actos que no le interesaban para nada, simplemente porque ‘sería bueno para tu carrera que te viesen salir de vez en cuando. Que no se olviden de tu cara’
-¡Gale! - un flash le golpeó en pleno rostro, haciéndolo parpadear. Sin perder la sonrisa, ya tirante, se giró hacia la voz de su interlocutor.
-¡Peter! – algo más relajado, permitió que éste le diese alcance. Un hombre alto, atractivo… Y alto ¿había mencionado que era alto? Más que él. Y sonriente. Siempre sonriente… ¿cómo narices se las apañaría para que su sonrisa siempre fuese genuina?
Lo abrazó. El compañerismo existente no se había perdido a pesar del tiempo transcurrido.
Y entonces, sólo entonces, se permitió echar un vistazo a su acompañante.
Le sentaba bien el negro. Más que bien… Era un estupendo contraste con el claro cabello rubio. Y seguía con ésa sonrisa en la boca, la misma de siempre… ¿algo incómoda?
Mierda de periodistas…
-Gale.
-Randy.
El joven sonrió. ‘Ése sí era su Sunshine’
La petición de una foto de portada por los cámaras y fotógrafos le impidió analizar ése pensamiento… para no variar.
Y luego entraron, viejos amigos reencontrados. Y ya no tuvo tiempo de pensar más.
***
El cielo nocturno brillaba, iluminado por la procesión de luces que inundaban la ciudad.
El ruido, diferente al matinal, dejaba paso a un nuevo animal de ciudad, distinto al de las mañanas. Ni gritos, ni embotellamientos… Sólo la ciudad, dormida, pero despierta, surgiendo los noctámbulos de la nada, aprovechando las horas sin luz solar para reclamar las calles como suyas.
Y ellos tres, juntos, como tantas veces hicieran durante años.
Una charla animada, un paseo tranquilo, y nada de preocupaciones.
Durante la premier, se lo había pasado como hacía tiempo que no se lo pasaba. Había reído, bebido, y disfrutado, feliz de haberlos vuelto a ver.
Los últimos meses, los habían distanciado. El trabajo estar ocupados… Pero era agradable darse cuenta de que, a pesar del tiempo transcurrido, podían volver a ser los mismos.
En seguida se pusieron al corriente, y la camaradería pasada había vuelto, renovada.
-…Y entonces me dijo que ni se me ocurriese sacar mi culo de entre las sábanas! –explicaba Peter, para regocijo de sus dos compañeros.
-¡Desde luego, Pits, lo que no te pase a ti, no le pasa a nadie!- Randy hizo un esfuerzo por dejar de reír, secándose las lágrimas como mejor pudo, sujetándose, con naturalidad, al brazo de Gale para no caer.
Sin pensar, Gale le pasó un brazo por los hombros, y se inclinó hacia Peter.
-En serio, a día de hoy, todavía me pregunto cuándo encontrarás un límite.
-¿Límites?- Peter enarcó una ceja, burlón. -¿qué es eso? ¡La vida está para disfrutarla, no para buscar tontos límites que coarten tu libertad de acción! Si ahora no hago lo que realmente deseo hacer… ¿Cuándo podré hacerlo? ¿Cuándo esté viejo y arrugado, y no pueda disfrutarlo? De vez en cuando, ¡hay que dejarse llevar!- los observó, con intención. El pitido de su móvil lo distrajo.- Bueno, chicos, me parece que os tengo que dejar.- Le dirigió una sonrisa traviesa.- Me parece que ya he tenido mi ‘delicioso trasero’ fuera de la cama demasiado tiempo. ¡Taxi!- levantó una mano, llamando la atención de un coche.
Randy y Gale lo miraron sonrientes.
-Aún Así, tenemos que quedar otro día, ¿eh? No dejemos que vuelva a pasar tanto tiempo sin vernos…
Ambos asintieron, conformes, y Gale chocó su mano antes de abrazarlo.
-Tienes mi número.
-Claro, cielo. Prometo utilizarlo… Y tú…- se volvió hacia Randy, y lo abrazó, susurrándole al oído. Randy lanzó una mirada de reojo a Gale, y se ruborizó.
-¡No digas tonterías!- exclamó, separándose.- ¿Quedamos otro día, vale?
Ambos permanecieron en silencio, observando cómo se alejaba el taxi. Gale suspiró.
-En fin… Supongo que tendremos que movernos, empieza a hacer frío…
-Sí.- sin mirarle, Randy se encogió de hombros.- Supongo que sí… Aunque no se tú, pero a mí no me apetece que ésta noche termine. Hacía mucho tiempo que o me lo pasaba tan bien…
Gale sonrió de medio lado.
-Sí, yo tampoco. Sólo trabajo y más trabajo.
-Te entiendo. Pero es cierto que hace demasiado frío para estar en la calle…
-Vamos a mi casa.- interrumpió Gale, atónito consigo mismo, ante ésa salida.
-¿A tu casa?- Randy le miró sorprendido. No lo esperaba, y le costó adoptar un tono indiferente.
-Sí, bueno… Si tú quieres, por supuesto.- Gale le devolvió la mirada.- Mi apartamento está a sólo unas manzanas de aquí, y supuse que…
-Sí, claro. Tienes razón… Allí podremos seguir hablando y estaremos más cómodos…- en silencio, Gale lo observó fijamente. Detectaba un matiz de ¿desilusión? En la voz de Randy. *Pensamiento peligroso. Lo apartó de su cabeza.*
***
-¡Wow! Para llevar tan poco tiempo en la ciudad, te las has apañado de maravilla.- Randy miró alrededor, admirando la luminosa estancia.
Gale sonrió, divertido.
-La magia de los agentes, ya sabes.- repuso, sarcástico.- Aunque es cierto que no está mal, para ser un nicho sin paredes.
-¡¿Qué no está mal?! ¡Está genial!- exclamó Randy, con los ojos brillantes.- ¡Tienes todo a mano! ¡Si hasta la cama está a mano!- se interrumpió bruscamente, abriendo mucho los ojos. Miró a Gale, pero éste le daba la espalda, y no pareció darse cuenta.
-¿Quieres algo de beber?- le preguntó desde el mostrador de la cocina.
-¿Una Pepsi?- la risa de su compañero le llegó con claridad, y lo vio tensar los hombros al agacharse frente al frigorífico.
-¿No cambiarás nunca?- los ojos verdes chispearon, mientras su dueño se dirigía hacia él, bebidas en mano.
-¿Para qué cambiar, si te gusta lo que conoces?- le devolvió la sonrisa, abriendo la lata.
El placer de la cola fría en la boca le hizo cerrar los ojos, saboreándola.
Las largas pestañas se curvaban e los pómulos, y Gale se desanudó la corbata, dando un largo trago a su cerveza. Sin darse cuenta de dónde, se sentó.
-No sé… Si hacemos caso a Peter, a veces, innovar es bueno.
Los ojos oscuros le miraron, repentinamente serios.
Hubo un instante de silencio, hasta que, al final, Randy se sentó en la cama junto a él.
-¿Realmente crees que sería bueno?
-¿Qué?
-Dejarse llevar.
Otro silencio, más largo que el anterior, y Gale se tumbó en la cama, una mano sobre el pecho, pensativo.
Cuando sintió a su amigo tenderse junto a él, se tensó. ¿Era bueno dejarse llevar? No lo sabía. No recordaba la última vez que se había permitido tomar lo que deseara sin antes pensárselo detenidamente. No sin actuar.
El sonido de un claxon por la ventana abierta lo despertó. Se había quedado dormido.
Sintió el peso de un cuerpo cálido junto a él, y se giró.
Randy. Su amigo. Su compañero… Su secreto.
Por primera vez en años, sus pensamientos tomaron un rumbo que ni pudo ni quiso controlar. Y no los reprimió. Dejó que fluyeran libremente, intentando, por primera vez, explicarlos.
Miró el rostro, dormido, del rubito. La sombra tenue de la barba en las mejillas, los labios, brillantes por la humedad, semi-abiertos. Tan dulce, tan ingenuo.
Después de tantos años, y aún seguía pareciendo aquel muchacho con el que trabajó, codo con codo, durante años. El mismo rostro inocente que le había ganado el pape de u chico más joven de lo que realmente era.
Nunca supo cómo. Ni cuándo. Ni por qué.
Pero poco a poco, Brian Kinney se había ido apoderando de él, tomando todo lo que podía darle, intensificando sentimientos que no deberían existir, emociones en las que puso todo su empeño en suprimir, que no deseaba explorar… ¿O sí?
Negándose a identificar ése sentimiento que se adueñaba de sus entrañas, arraigando cada vez más y más fuerte, de manera más profunda, en su interior.
Hasta el punto de que dejó de intentarlo. Era parte de él. De su día a día.
Y pasó el tiempo, y hasta hoy.
Pero ya no podía seguir escondiéndoselo a sí mismo. ¿Sería, quizás, por las palabras de Randy? Ésa idea, ésa semilla que Peter había sembrado con tanto descuido, había quedado ahí, latente ente los dos.
¿Qué pasaría si, por una vez, sólo por una vez, dejase de pensar y sólo actuase?
Ni tan siquiera tuvo tiempo de razonar. Su cuerpo, sus deseos, su… ¿corazón? Tomaron el control de sus acciones. Con la mirada fija en ése rostro conocido, sus labios descendieron hasta tocar los de él.
Cálidos, húmedos, en sueños, los de Randy reaccionaron, moviéndose bajo su boca.
-¿Qué haces?- Randy despertó, sobresaltado, temiendo la respuesta. ‘¿Yo? Nada, estás soñando.’
-Me dejo llevar. Fue lo único que dijo sin embargo. Suave, aliento contra aliento, tan cerca que sus labios se rozaban.
Randy observó su rostro. ¿Cuánto tiempo había deseado ése momento? Un instante juntos, solos. Compartiendo ése momento íntimo, como tantas veces en el pasado. Pero si cámaras. Ni gente alrededor. Solos los dos, haciendo real un beso compartido.
Un estremecimiento le recorrió la columna, y elevó la cabeza, uniendo de nuevo sus bocas.
Fue un beso dulce. Sin apuros. Sin prisas. Tan igual y tan distinto a todos los que habían compartido.
Los labios se movían al unísono, conociéndose, recordando.
Randy levantó una mano hasta la cabeza de Gale, enredando los dedos en el pelo, dejando escapar un suspiro satisfecho.
Ése sonido enardeció a Gale, al tiempo que se volvía más audaz.
Su lengua exploró los contornos de los labios de Randy, rozándolos, capturándolos, obligándolo a abrir la boca, hundiéndose en la húmeda cavidad.
Su mano se deslizó hacia la cadera de Randy, como si tuviera voluntad propia, con atormentadora lentitud, dejando un ardiente rastro en la piel, a su paso.
Con un gemido, Randy abrió los ojos, y sus dedos se crisparon entre los morenos mechones. Los ojos verdes le miraban, expectantes pendientes de su decisión. Se dio cuenta de que Gale ya había tomado la determinación de dejarse llevar por lo inconcluso entre los dos.
Su cerebro se licuó, y volvió a besarlo. Necesitaba besarlo. Un beso ávido, intenso, dejando su voluntad en manos del destino.
Se relajó entre sus brazos, permitiendo que su mano se deslizase por la columna de Gale en una leve caricia.
Estremeciéndose, las pupilas verdes se dilataron, y Gale se arqueó contra él, pero en ningún momento rompió el contacto de sus labios, como si quisiese absorberlo dentro de sí.
Sintió la sonrisa bajo la boca, y notó la rodilla de Randy deslizarse entre los dos, separándole las piernas.
Tragó saliva. ¿Qué estaba haciendo? Notó al humedad d la lengua de Randy deslizarse hacia su clavícula, y ya no pudo discernir si aquello estaba mal. No podía estar mal, si le hacía sentir todo aquello.
Randy frotó su muslo contra el miembro pulsante de Gale, con lentitud, en círculos, acariciante.
Con un gemido surgido de lo más profundo de su garganta, Gale enterró el rostro en el cuello de Randy, presionando su entrepierna contra él, cada centímetro de su cuerpo encendido por él. Para él.
No era bastante. Necesitaba… más. Pero ¿se atrevía?



