Regla 4
Continuación
En cuanto Draco se perdió tras la puerta del baño de caballeros, el bar pareció volver a la vida. Los menos interesados en el asunto y más preocupados por charlar y apostar por el partido de la siguiente semana, se vieron enfrascados de nuevo en sus conversaciones. Bullock, por el contrario, lucía muy decepcionado al igual que su fotógrafo. En cambio los colegas de Harry parecían arder y él no les quitaba el ojo de encima, temeroso de su reacción.
Y justo como lo presentía, Moore y Fowler se pusieron de pie y caminaron a grandes zancadas directo hacia el baño. De inmediato Harry detectó el peligro; incorporándose tan rápido que casi tira la mesa y ante la mirada de desaprobación de los demás, corrió a ayudar a su amigo. Pero justo antes de llegar a la puerta donde recién habían entrado los dos imbéciles tras Draco, cayó de bruces contra el suelo.
¡Hechizo zancadilla! pensó, dejando que su creciente enojo suplantara cualquier atisbo de miedo. Aún antes de golpearse contra el empolvado piso ya había sacado su varita del bolsillo y girándose sobre el suelo, gritó: -¡Silencio! –Sabía que sus compañeros eran tan torpes con la magia que no podrían hacer un hechizo no verbal si los dejaba sin voz.
Pudo ver a Ware llevarse la mano a la garganta y abrir la boca sin decir más. Sonrió triunfante, pero aún quedaban otros dos y se abalanzaron sobre Harry antes de que pudiera levantarse.
-¡Expelliarmus! –exclamó Mitchell desarmándolo en el acto.
-¡Mierda! –exclamó Harry, estirando su brazo hacia donde había volado su varita. -¡Accio va…!
-¡Relaskio! -El hechizo de Merril le dio en pleno rostro y fue como recibir una certera patada, bastando para interrumpir la convocación de su varita. Harry saboreó su propia sangre cuando la boca se le llenó de ella y el labio inferior se le hinchó rápidamente. -¡Ahora sí la cagaste, Potter! –le gritó Merril. -¡Tú y tu maldito novio nos la van a pagar todas juntas!
-¡No! –gritó gangosamente Harry, intentando al mismo tiempo ubicar su varita, detener con una mano la hemorragia que tenía en la boca y alejarse un poco de sus oponentes para lograr levantarse del suelo. La furia que sentía y el temor de lo que Draco pudiera estar pasando dentro del baño no lo dejaban pensar con claridad. –¡No se atrevan a meterse con Malfoy! ¡Si le hacen algo, les juro que…!
-¿Qué es lo que está pasando aquí?
La potente voz de Draco se dejó escuchar por encima de la escaramuza, la cual ya era observada en ese momento por todos los presentes de pub y gratamente fotografiada por el compañero del periodista.
Los tres atacantes de Harry y él mismo se paralizaron al escucharlo. Levantaron la vista hacia él, sorprendidos de verlo salir de una sola pieza del baño y tan fresco y fragante como mañana de primavera. Con la varita al ristre y apuntando a los otros, de repente ya no parecía tan ebrio como unos minutos antes. Moore y Fowler, los que habían entrado en el baño tras él, no estaban a la vista.
Draco frunció el ceño y apretó los labios con rabia al notar el estado de Harry. Dio un par de pasos hacia él y le dio la mano para ayudarlo a levantarse. –Así que, ¿un ataque de odio, supongo? –masculló con voz helada. -¿No les basta con lo que le hacen en la oficina para todavía tener que venir a joderlo aquí?
Los tres compañeros de Harry miraron a Draco como si no atinaran a entender qué había sucedido dentro del baño. Estaban tan impactados que simplemente se olvidaron que Harry estaba desarmado y que ellos eran tres contra dos. Draco meneó la cabeza en un claro gesto de reprobación y usó su varita para convocar la de Harry, la cual estaba tirada a unos cuantos metros de ellos.
La muchedumbre empezó a murmurar demostrando su rechazo al ataque del que Harry había sido objeto. Una cosa era ser un gay enfermo y pervertido, y otra muy diferente era atacar con ventaja numérica al que alguna vez les salvó el pellejo a todos ellos.
-Hay que llamar a la Autoridad –dijo alguien. –Esto no se debe quedar así.
Una aprobación general se dejó escuchar. Entonces Ware, Mitchell y Mirrel intentaron colarse entre la multitud con la clara intención de escapar de ahí, pero los demás magos se los impidieron. –Ah, no… -exclamó el tabernero. -¡No van a ningún lado! ¡Agárrenlos hasta que vengan los del Ministerio!
-Larguémonos de aquí, Potter… Este tugurio de mala muerte no merece que un héroe como tú lo visites… -exclamó Draco en voz suficientemente alta como para que todos escucharan y fingiendo estupendamente una enorme indignación. -Montón de degenerados, primero tratan de violarme en el baño y luego le hacen esto a nuestro héroe.
Harry lo miró horrorizado, olvidando todo lo demás. -¿QUÉ? ¿Trataron de VIOLARTE en el baño?
-¿Puedes creerlo? –exclamó Draco empezando a hacer pucheros como si estuviera a punto de soltar el llanto. -¿No te dije que Moore y Fowler también son gays? ¡Siempre me han hecho propuestas indecorosas pero como me he negado, ahora intentaron obligarme!
Harry creyó que el mundo estaba girando al revés y todo se había volteado de cabeza. Abrió la boca, pero no estaba muy seguro de qué era lo que quería preguntar primero.
Bullock, quien no perdía detalle de la conversación entre Harry y Draco, se acercó hacia él y le preguntó sin poder ocultar su emoción: -¿Dice usted, señor Malfoy, que dos empleados del Ministerio lo han estado hostigando sexualmente?
Draco asintió temblorosamente y se sorbió los mocos. –Así es, señor Bullock. - Señalando hacia el baño, continuó diciendo: -Y como no lograron convencerme ni por las malas, los dos pervertidos se quedaron allá dentro haciendo sus mariconeadas. Seguramente aún se están aplicando a ello aunque yo les dije que cualquiera podía entrar al baño y verlos, pero no me hicieron caso y…
Por la manera en que medio pub corrió hacia el baño -incluyendo a Bullock y al fotógrafo-, cualquiera hubiera creído que Draco les acababa de informar a todos que ahí dentro había una entrada secreta que conducía a Gringotts. Dejando a un lado su papel de víctima llorosa, Draco sonrió ampliamente y arrastró a un confundido Harry hacia la salida del pub.
–Nada de eso es cierto, ¿verdad? –le preguntó Harry, sintiéndose todavía enojado y cuya única preocupación era saber si el intento de violación había sido real o no. Porque si era así, regresaría a buscar a Moore y Fowler y les metería por el culo lo más grande que pudiera encontrar en el pub. La divertida mirada de Draco no pudo ser más expresiva y Harry, ya más tranquilo, le devolvió la sonrisa. –Y luego dices que no hay quien iguale a Skeeter… te juro que tú eres mil veces peor.
-¡Esperen! –les gritó alguien justo cuando pasaban por la puerta. Era el tabernero, quien lucía muy agitado y nervioso. –Sólo quería que supieran que siento mucho lo ocurrido… No es que esté de acuerdo con su modo de vida –dijo sin mirarlos a los ojos, -pero no justifico que se les trate así. Pero por favor, no vuelvan a venir por aquí.
Harry y Draco soltaron la carcajada al mismo tiempo, dejando al pobre hombre más desconcertado. –No se preocupe, que al fin y al cabo a Potter y a mí no nos gustó nada de lo que tiene en su menú.
-Por cierto –añadió Harry. –Aquí está la liquidación de nuestra cuenta. -Se sacó del bolsillo del pantalón el infame cheque que Draco le había dado un par de horas antes y se lo puso al extrañado mago en la mano, quien se le quedó viendo como si creyera que iba a explotar en cualquier momento. Después de todo, el cheque era de libras y no de dinero mágico. –Quédese con el cambio –le dijo Harry felizmente antes de darse la vuelta y alejarse junto con Draco.
Ninguno de los dos mencionó nada acerca del cheque y Harry se alegró bastante por ello. Pareciera que era un episodio que ambos deseaban olvidar y Harry creía que era lo mejor. Entonces, cuando estuvieron a un par de calles de distancia del pub, Draco se detuvo de repente y se colocó delante de Harry.
-Tu varita, Potter –le dijo mientras se la devolvía.
-Gracias –masculló Harry, intentando limpiarse la sangre seca de la cara con el dorso de la mano.
-Espera, yo lo haré por ti –dijo Draco con la voz extrañamente ronca. Harry tuvo que tragar fuerte y deseó haber podido cerrar los ojos para dejar de apreciar la manera en que Draco lo estaba observando. Casi pegó un brinco cuando su amigo usó sus largos dedos para tomarlo de la barbilla y luego le apuntaba con su varita. –Tergeo... Episkey. –Draco seguía sonriendo pero de manera diferente. Su sonrisa era apagada, casi triste. –Lo siento, Potter –susurró. –No estaba en mis planes que esos idotas te atacaran. Supongo que quisiste jugar tu papel de héroe y fuiste a rescatarme al baño, ¿no?
Harry asintió. –Entonces, todo esto fue a propósito, ¿verdad? –le preguntó con un falso tono de molestia aunque en el fondo estaba más que divertido. –Desde el principio tu intención fue ir a ese pub porque sabías que ahí estarían ellos y provocarlos para que te siguieran al baño, fingiendo que estabas ebrio e indefenso, ¿o me equivoco?
Draco le obsequió su mejor sonrisa presuntuosa sin un atisbo de culpa en los ojos. –Me ha descubierto, detective Potter. –Levantó las manos hacia el frente, tendiéndoselas a Harry. –Soy todo suyo. Puede ponerme las esposas y hacer de mí lo que quiera.
Harry bajó la vista hacia las manos de Draco, bastante tentado a hacer lo que el rubio le ofrecía. -¿Es una promesa, Malfoy? –le cuestionó en tono jocoso, optando por bromear para salir del paso.
La sonrisa de Draco se ensanchó. -¿Puedo tomar eso como un “te perdono”?
Harry suspiró. –Supongo. Después de todo, ¿Cuándo he podido enojarme contigo por más de dos minutos?
-Creo que nunca –dijo Draco empezando a caminar y pasándole a Harry un brazo por encima de los hombros. –Aunque quizá la excepción sea aquella vez que Creevey llegó a buscarte al apartamento cuando no estabas y yo, por error, le lancé un Petrificus Totalus.
Harry se dejó llevar por Draco, resoplando de risa e intentando convencerse de que el abrazo de Draco era totalmente fraternal y por supuesto que no le estaba haciendo sentir mariposas en el estómago. -¿Por error? ¿Y también fue un error que lo escondieras en el armario y no me dijeras nada hasta el día siguiente?
-Vamos, Potter. No podrás negarme que te salvé de una noche mortalmente aburrida a su lado. ¿Recuerdas lo bien que tú y yo lo pasamos viendo películas? Fue cuando vimos por primera vez los dos filmes de “La Edad de Hielo”… ¡cómo mola la ardillita ésa que siempre va tras la bellota! Y tanto romance gay implícito, porque nadie puede negar que entre el perezoso y el tigre existe algo… tal vez hasta hacían trío con el mamut antes que se hiciera hetero declarado.
-Estás enfermo, Draco –comentó Harry sin poder evitar reírse ante el recuerdo.
Aunque prefirió no mencionar lo mucho que Colin se había enfurecido con ambos aquella vez, al grado de estar bastante dispuesto a matar a Draco apenas lo tuviera enfrente. Hizo falta una larga sesión de sexo para contentarlo, pues desde el armario donde había pasado la noche petrificado pudo escuchar con toda claridad lo mucho que Harry y Draco se habían divertido juntos frente al televisor. Y ahora que Harry lo pensaba, tal vez ese había sido el principio del fin de su relación.
Sin darse cuenta, soltó un suspiro entrecortado.
Draco pareció tensarse y repentinamente, lo liberó del abrazo. Se detuvo a media calle y lo encaró. -¿Lo extrañas, Potter?
Harry también se detuvo. -¿Qué cosa?
¿A ti y a mí viendo películas? ¿A ti y a mí riéndonos juntos? ¿A ti y a mí besándonos?
-A Creevey. Que si lo extrañas.
El rostro de Draco era de tal rigidez que el que parecía petrificado era él. Harry frunció el ceño, preguntándose a qué venía ese cuestionamiento si Draco no estaba interesado en él como amante. –Y a ti, ¿qué coño te importa eso?
Si a Draco le molestó su grosera respuesta no lo demostró en lo más mínimo. Su cara permaneció impasible como siempre. Como piedra. Tienes cara y corazón de piedra, Malfoy.
Sintiéndose demasiado herido y harto de esa situación, Harry le dio la espalda y continuó andando hacia El Caldero Chorreante para poder salir al Londres muggle de nuevo. -¡Potter! –lo llamó Draco desde atrás. -¡Potter, espera!
Lo agarró de un brazo y lo giró. El rostro de Draco había perdido su máscara y ya denotaba emociones, dejando a Harry casi asustado cuando lo vio enormemente preocupado. -¿Qué, Malfoy? ¿Qué?
-Necesito saber si extrañas a Creevey, Potter, porque si es así, yo… -hizo una pequeña pausa, donde Harry lo vio tragar saliva y armarse de valor. –Haré lo que sea por traértelo de regreso. Si es eso lo que necesitas para ser feliz... Lo haré.
Harry lo miró durante tanto tiempo que la gente que pasaba junto a ellos los observaba extrañada. No supo si llorar de impotencia o reír de contento. Draco no lo quería como amante, pero lo amaba como amigo. Era capaz de ir por Colin si Harry lo consideraba necesario. Harry deseó estar muerto.
-No, Draco –dijo por fin. –No lo extraño. No lo necesito. En realidad, nunca lo… quise demasiado.
Sino hubiera sido por la luz tan escasa, Harry hubiera podido jurar que los ojos de Draco relampaguearon aunque el resto de su rostro no mostró alteración. –Qué bien, porque el vuelo a Nueva York es bastante caro.
-Lo sé –dijo Harry con una media sonrisa.
Draco suspiró y volvió a retomar camino. Parecía bastante aliviado. –La noche es joven y prometí llevarte a bailar. –Ante la cara de fastidio de Harry, Draco añadió: -Vamos, Potter, no seas aguafiestas. Cliff nos está esperando en el BarCode y no sabes lo bien que se pone los sábados por la noche. –Consultó el reloj antes de decir: -Y si nos damos prisa y llegamos antes de las diez, la entrada será gratis.
El simple pensamiento de entrar a un lugar lleno de sementales que buscaban sexo fácil y bailaban mientras te evaluaban el físico, provocó que Harry tuviera un retorcijón de estómago… aunque pudiera ser que también fuera hambre lo que estaba sintiendo.
-¿Antes de llegar ahí podríamos comer algo? –le suplicó a Draco. –Después de todo, tú me invitaste a cenar y en el pub ni probamos bocado…
Draco se rió. –De acuerdo. Pero no podrás negar que el espectáculo valió la pena.
-¿El espectáculo? –bufó Harry. -¿Te refieres a cuando les gritaste a todos esos machos que les dieran por el culo fingiéndote borracho? ¿O cuando lloraste como niñita con su pundonor manchado?
-Me refiero al que se presentó en el baño y el cual verás mañana en la primera plana del periódico… -Ante la mirada interrogativa de Harry, Draco sólo agregó: -Espera a mirarlo y ya me dirás si no vale oro.
-Entonces… -empezó a decir Harry despacio, cayendo en cuenta de algo. –La aparición del periodista tampoco fue casualidad, ¿cómo hiciste para que…?
Draco soltó una risita. –Lo único que hice fue contarle al tabernero que tú estabas tan drogado que habías jurado bailar encima de la mesa mientras te quitabas toda la ropa… Supongo que fue por eso que salió corriendo a mandarle una lechuza a Bullock.
-¡Draco! –gimoteó Harry.
-Sí… ¿No es increíble lo que la gente hace por un poco de publicidad?
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Llegaron hasta la avenida Shaftesbury y ante la insistencia de Harry y sus evidentes ruidos estomacales, tuvieron que hacer una escala en el restaurante “Bella Italia”. Draco presionó a Harry a comer aprisa, permitiéndole ordenar solamente una pizza y la cual, una vez depositada en la mesa, fue devorada por ambos. Draco no se había percatado que tenía hambre justo hasta ese momento. Pero por supuesto que el haberse enterado por boca del mismo Harry que éste ya no sentía nada por Creevey, no tenía en absoluto nada que ver con su buen humor y repentino apetito.
Ya era hora de que las cosas mejoraran para Harry, pensaba Draco mientras comía en silencio y observaba a su amigo por el rabillo del ojo. Sonrió al darse cuenta que su plan estaba saliendo a pedir de boca y que lo único que faltaba era que ahora Harry gozara de la mejor noche de sexo loco y apasionado con cuanto chico se le pusiera enfrente… Nada mejor para recuperar la autoestima, creía el rubio.
Pero no pudo evitar fruncir el entrecejo al pensar en ello. Imaginarse a Harry follándose al mejor tipo del club le ocasionaba un amargo resquemor en el alma.
El último bocado de pizza le costó bastante trabajo pasárselo por la garganta.
-¿Sucede algo?
Draco levantó la mirada hasta quedar atrapado en el intenso verde de la de Harry. Maldita pizzería y todas sus jodidas luces que no permitían sombras en qué ocultar nada. –No. ¿Por qué?
-Me pareció que… Olvídalo –respondió Harry en tono alegre. Desde el incidente ocurrido dentro del pub deportivo estaba con el ánimo por todo lo alto y no cesaba de hablar de sus planes de no regresar el lunes al Ministerio.
Draco se refugió tras su copa de vino para que Harry no se percatara del rictus de angustia en el que se había convertido su cara. Después de esa noche, Harry descubría un mundo totalmente nuevo, donde él, atractivo y genial hasta el tuétano de los huesos, podría tener sexo con quien le diera la gana tan sólo con levantar un dedo.
Y así, con su objetivo logrado, podía estar seguro de que Harry no volvería a pensar jamás en Draco.
Lo que más le aterrorizaba era no saber porque esa certeza le dolía tanto.



