CAPÍTULO 16 Semifinales: Francia-Bulgaria.
“¡¡Hola, cariño!!
Si no hemos calculado mal, esta carta te llegará el día de tu semifinal. No estés nervioso, cielo, tú eres mejor Buscador que ese búlgaro patoso. Y tienes que ganar absolutamente porque hemos decidido ir todos a verte a la final. Sí, todos: Adri, Theo, Daphne, Milly, Tracey, Blay, su novio de turno y yo. ¡Te apoyaremos! Pasamos de la selección de Potter y nos nombramos franceses honorarios en este mismo momento. Te daremos apoyo moral y nuestro cariñito incondicional (y protección contra hechizos provenientes del lado ingles).. Además, así tu madre no estará sola rodeada de todos esos santurrones de Gryffindor.
Así que haz el favor de pasar a la final y de conseguirnos entradas para todos, ¿vale? Muchos besos y abrazos de todos.
Pansy Parkinson.”
“Queridos Harry y Ron;
Felicidades por el pase a la final, sois unos campeones. Parvati ha accedido a retrasar su viaje a la India y a que vayamos a ver la final con los demás, así que os imploro, os ruego, que me enviéis tres entradas, dos para nosotros y una para Dean, que se ha animado también. Hemos tratado de comprarlas, pero nos han dicho que se han agotado. Imagino que Ron habrá repartido todas las suyas entre sus padres y sus hermanos, pero confiamos en que a ti te queden cuatro, Harry.
Contestadnos pronto, por favor.
Con cariño,
Seamus Finnigan.”
La cara de Ron al acercarse a la zona VIW del campo era de una absoluta neutralidad. Harry le había visto poner esa cara otras veces, cuando los deberes del amor le forzaban a acompañar a Hermione a algún sitio que consideraba aburrido, pero no le dio importancia. El hecho de que hubiera decidido ir con él a ver el Francia-Bulgaria ya era un gran paso, considerando cuál había sido su primera reacción.
La llegada de Harry provocó un pequeño revuelo en esa parte de las gradas. Victor Krum, un viejo amigo que había sido Buscador de Bulgaria, pero ahora trabajaba para el ministerio, impidió que la gente rodeara a Harry para pedirle un autógrafo o expresarle su admiración o agradecimiento. Fuera lo que fuera lo que ladró en búlgaro, todos obedecieron, incluso los franceses, que probablemente no habían entendido ni media palabra.
-Gracias –le dijo Harry, planteándose, divertido, si debía contratarlo de guardaespaldas. En realidad era un buen tipo, pero tenía un aspecto tan hosco que daba la impresión de ir a comerse al primero que le chistara.
-No hay de qué –replicó, tendiéndole la mano para saludarlo-. Me alegrra verros porr aquí.
Harry le estrechó la mano.
-Hemos venido a ver a nuestro próximo rival.
Victor también le tendió la mano a Ron.
-Hola, Ron, ¿cómo está Herr-mio-ne?
Harry pensó que podrían pasar cien años y Victor seguiría teniendo problemas para pronunciar ese nombre. Pero lo que sí había cambiado eran los celos que Ron había sentido una vez de él. Victor estaba casado también y tenía una niña de cuatro años. Su amor adolescente por Hermione quedaba ya muy lejano.
-Muy bien. Vuelve a estar embarazada.
Victor sonrió.
-Ah, fantástico. Dale felicitaciones de mi parrte.
¿Cuánto tiempo está embarrazada?
-Dos meses.
-Nosotrros querremos también prrobarr otrro embarrazo parra tenerr un chico.
-Sí, eso esperamos nosotros, que sea un chico.
Una funcionaria del Ministerio alemán de Magia, una mujer de mediana edad con aspecto de cerdito acalorado, se acercó a ellos a toda prisa.
-Señor Potter, no teníamos ni idea de que iba a venir aquí –exclamó en un correctísimo inglés-.¿Por qué no nos avisó? Por favor, vengan usted y el señor Weasley al palco de honor.
Harry intercambió una mirada con Ron, que se encogió de hombros, dando a entender que le daba igual un sitio que otro.
-No es necesario, de verdad-le dijo a la alemana-. Estamos bien aquí.
-Oh, bitte... Por favor, insisto. Permítanme que les acompañe.
Resignado, Harry se puso en pie, seguido de Ron, y todos, incluido Krum, se fueron al palco de honor, donde Harry se pasó cerca de diez minutos estrechando manos y oyendo lo honrados que se sentían todos de conocerlo. Muchos saludaron también a Ron, quien también disfrutaba de cierta fama, menos exagerada que la de Harry, por sus acciones durante la guerra.
A pesar de haber dicho públicamente que se llevaba bien con Draco, Harry no pudo notar que los demás le estuvieran tratando de una manera distinta. Y puede que El Profeta sólo hubiera dicho “Harry Potter no quiso darle importancia a su conocido enfrentamiento con Malfoy”, pero los demás periódicos habían reproducido fielmente sus palabras. Quizás la gente no se escandalizaría tanto de su relación con él como el propio Draco temía.
Mientras sonaban los himnos nacionales, Draco miró hacia el palco, buscando a Harry. Lo localizó gracias al pelo rojizo de Ron y sonrió para sus adentros. La adrenalina corría por sus venas, haciéndole sentir poderoso e invencible, y su decisión de llegar a la final era tan firme como la que había mostrado Harry el día anterior.
Cuando la última nota del himno búlgaro dejó de oirse, el público rompió en aplausos y los capitanes se estrecharon la mano mientras los jugadores se dispersaban por el campo hacia sus puestos, dándose ánimos los unos a otros. Draco se elevó por encima de los demás, seguido de Emil Cherkelov, el Buscador búlgaro que había relevado a Victor Krum. Era un chico rubio y atractivo que se había dedicado a mirarlo con cara de pocos amigos cada vez que se cruzaban por el hotel, incluso después de verlo charlar amistosamente con dos de sus compañeros, a los que conocía de cuando había jugado en Bulgaria. Draco no le había dado la menor importancia y lo había atribuido a que lo consideraba un rival peligroso o un asqueroso mortífago, pero las primeras palabras que le dirigió Cherkelov le demostraron que se equivocaba.
-Vas a tragarte la snitch, maricón.
Draco lo miró con sorpresa y puso los ojos en blanco. Sangresucias...
-¿Eso es lo que te han enseñado los muggles, cielo?-replicó, en un búlgaro más que aceptable y sumamente afeminado-. ¿No sabes que no es bueno tener prejuicios?
Tal y como esperaba, aquello encendió aún más a ese pobre imbécil.
-Eres un maricón de mierda.
Draco se preguntó si sería capaz de provocarlo lo suficiente como para que le agrediera y fuera expulsado por el árbitro. Desde luego, si aquello era lo que Cherkelov entendía por guerra psicológica... bien, no tenía ni idea de con quién se estaba enfrentando. Pero justo cuando su cerebro ya estaba planeando cómo hacerlo explotar –acusarlo de ser un gay reprimido primero, tratar de convencerlo para que lo aceptara después y, como golpe de gracia, mencionar que se decía que podía ser hereditario y que probablemente su padre también se moría de ganas por meterse una buena polla por el culo-, Draco se obligó a renunciar a esa táctica, recordando cuántos partidos había perdido en Hogwarts y en sus primeros meses como profesional por no estar concentrado en la snitch.
No sin pesar, mantuvo cerrada la boca y siguió volando en silencio. Cherkelov siguió insultándolo un buen rato, llamándolo también mortífago y preguntándole si se había dejado dar por culo por Voldemort. Draco le escuchaba sólo a medias; era fácil desconectar del búlgaro y aquellos eran insultos a los que estaba acostumbrado.
Y qué narices, siempre podía matarlo después.
En aquellos primeros minutos de partido, el encuentro parecía igualado. Ambos equipos mantenían un férreo control del centro del campo y los Guardianes tenían poco trabajo. Harry, desde las gradas, apenas les prestaba atención. Había pedido prestados unos binoculares y los tenía puestos casi todo el tiempo en Draco, que volaba por el campo, acompañado del Buscador búlgaro, tratando de localizar la snitch. Y aunque se suponía que estaba observando profesionalmente el estilo de vuelo de ambos Buscadores, no había mirado ni una sola vez a Cherkelov y los prismáticos enfocaban con frecuencia la expresión decidida de la cara de Draco, lo que le hacía sonreir de manera un tanto boba.
Unos aplausos del público le hicieron apartar la vista.
-¿Qué ha pasado?
-Mihailov ha hecho un paradón –dijo Ron, señalando al Guardián búlgaro.
-Juega en los Kelpies de Sofía, ¿verdad?
-Por poco tiempo; lo quieren fichar los italianos. Eh, Victor-dijo, girándose hacia Krum, que estaba unos asientos más lejos-, ¿quién anda detrás de Mihailov? Los Marineri de Napoli, ¿verdad?
-Ah, ya verremos. Ha hecho un grrande Mundial y ahorra los Kelpies darrán un buen contrrato. Él puede quedarrse en Bulgarria, a lo mejorr. Oye, Harry, ¿en serrio tú prrefierres jugarr contrra Frrancia?
-No es nada personal, Victor. Si ganáis vosotros, jugaré contra vosotros.
Una mujer de pelo corto que estaba sentada entre medias le dijo algo a Victor en búlgaro y después se giró hacia Harry.
-No quierro faltarrle al respeto, señorr Potterr, perro, ¿realmente se lleva bien con Malfoy?
Su pregunta había sido hecha en un tono de lo más cortés, pero las conversaciones de la gente que la había escuchado se interrumpieron y todos miraron, con más o menos disimulo, en dirección a ellos. Ron también se había puesto tenso.
-Sí, ahora sí –contestó con sencillez.
Ron le dio un codazo.
-¡La snitch!
Los dos Buscadores habían abandonado sus vueltas en círculos y se habían lanzado como posesos en dirección a las gradas del otro lado del campo. Harry, como los demás, se olvidó de la conversación y se concentró del todo en el partido, que hasta entonces había estado igualado. Draco parecía ir un poco más adelantado que Cherkelov, aunque a esa distancia y con ese ángulo era difícil decirlo. La snitch empezó a hacer cambios bruscos de dirección y Harry se dio cuenta de que el búlgaro se movía con tanta agilidad como Draco. Los dos desaparecieron por debajo de las gradas y Luc Deveraux anotó un tanto espectacular que se vio repetido por la pantalla gigante. Los franceses se pusieron por delante 50-40.
Después de unos segundos, Draco y Cherkelov salieron de debajo de las gradas en las que estaba Harry y todos se pusieron instintivamente en pie para verlos mejor. Estaban a la par, a unos tres metros de la snitch.
-Vamos, Draco –le animó Harry, para sí mismo.
La pelota voló hacia donde estaban los hinchas franceses y la gente del público se agachó con gritos de alarma, cubriéndose la cabeza con las manos. El peligro dio la vuelta al campo un par de veces y Harry y Ron pudieron ver cómo la gente que estaba unas filas por debajo de ellos tenían que tirarse al suelo para evitar el choque con los Buscadores.
-¿Te acuerdas de cuando la snitch estuvo haciendo eso durante veintiséis vueltas? –le preguntó Ron, haciendo referencia a un partido contra los Almogàvers de Barcelona en la Euroquidditch.
Harry asintió. Aquella había sido una de sus pocas derrotas porque había salido despedido por los aires tratando de no chocar contra un mago demasiado gordo y corpulento para agacharse a tiempo. Pero esta vez, la snitch cambió de rumbo tras la sexta vuelta y ascendió en dirección al centro del campo, donde mejor se podía ver todo. Una vez allí, pareció volverse completamente loca y empezó a moverse como un polstergeit encerrado en una caja diminuta, tan rápido que casi era imposible seguirla a simple vista. Los ingleses lo llamaban “una snitch relámpago” pero en otros países, más literales, era una “sacaojos” y ningún Buscador cuerdo habría intentado atraparla cuando hacía eso. Harry vio como Draco y Cherkelov se detenían, uno al lado del otro, listos para salir tras ella en cuanto decidiera qué dirección tomar.
Un Bateador búlgaro aprovechó para lanzarles una bludger durísima, pero Rostand se interpuso en su camino y la bateó en dirección opuesta, obligando al Guardián búlgaro a esquivarla. Los Buscadores apenas se habían movido de su posición. Y de pronto, la snitch salió disparada hacia la derecha. Draco fue rápido, pero Cherkelov prácticamente le arrolló y casi le tiró de la escoba del empujón. Los hinchas franceses protestaron, pero el árbitro no había visto nada y lo dejó seguir. Ahora Cherkelov le sacaba casi cinco metros de distancia y Harry se agitaba nerviosamente en su silla como si pudiera ayudar a darle a Draco más velocidad.
Los dos estaban forzando la escoba casi al límite y Draco tuvo que pelear por cada centímetro que le iba recortando. Una bludger enviada por los suyos hizo perder un poco de tiempo a Cherkelov, y cuando la snitch empezó a hacer zigzags alrededor de los focos mágicos del campo, ahora apagados, Draco consiguió volver a colocarse a la altura del búlgaro.
La snitch les obligó a hacer unas cuantas piruetas. Harry lanzó una exclamación de admiración cuando vio a Draco escurrirse entre dos postes de un modo imposible que hizo que Cherkelov se golpeara el hombro izquierdo contra uno de ellos. Pero el búlgaro mantuvo la posición y Draco apenas pudo arañar unos centímetros de distancia. Entonces la snitch salió disparada hacia el centro del campo, seguida de los Buscadores, e inició un súbito y abrupto descenso. Draco y Cherkelov fueron tras ella, colocándose casi en perpendicular al suelo. El locutor alemán gritó algo sobre el amago de Wronski. Harry, como los otros, estaba de nuevo en pie, observando la caída casi en picado de los Buscadores. Sabía lo dura que era esa posición y la tensión en la que estaban sometidos sus brazos y sus piernas.
La snitch giró bruscamente hacia la derecha en una trayectoria ascendente que obligó a los Buscadores a frenar en seco. Cherkelov estuvo a punto de chocar contra Draco, pero este esquivó el golpe en el último momento e hizo un giro casi imposible con la escoba capaz de partirle la columna a cualquiera. Harry vio cómo alargaba el brazo y cómo, un segundo después, alzó ambos brazos al aire.
-¡DRACO MALFOY ATRAPA LA SNITCH!-gritó el locutor, en una de las pocas frases en alemán que Harry entendía perfectamente-. ¡VICTORIA PARA FRANCIA!
Los franceses se habían vuelto medio locos y lanzaban chispas de todos los colores al aire con sus varitas mientras coreaban el nombre de Draco. Harry, con una sonrisa de oreja a oreja, se había puesto en pie y aplaudía con fuerza. De pronto, su sonrisa se convirtió en un grito de alarma e indignación, similar al de muchos otros, cuando vio que Cherkelov iba a por Draco con intenciones agresivas. Draco evitó el choque en el último segundo y Harry habría jurado –lo conocía bien- que se reía del búlgaro. Pero otros jugadores y el propio árbitro ya habían ido a sujetar a Cherkelov para llevárselo de allí. Draco voló entonces, rodeado de sus compañeros, a la zona donde estaban los aficionados más jóvenes y ruidosos de la selección francesa, que rugieron de triunfal satisfacción.
-¿Qué habrá pasado? –le preguntó Harry a Ron, en voz muy baja, para que nadie le oyera. A pesar de que los que les rodeaban eran extranjeros, suponía que la mayoría sabían inglés.
-¿Qué habrá pasado?-repitió Ron, con incredulidad. Después se llevó la mano a la barbilla, como si estuviera reflexionando-. Déjame pensar... ¿Habrá ido Malfoy a restregarle por la cara su victoria? ¿Le habrá insultado? No, no puede ser eso, Malfoy nunca haría algo así.
Dado que aquello era algo que Draco había hecho un millón de veces en Hogwarts, el sarcasmo era más que obvio.
-Muy gracioso. Bueno, al menos no ha pasado nada.
Ron le dio un último trago a su zumo de calabaza frío.
-Cherkelov es de padres muggles.
Harry dio un respingo y clavó la vista en él.
-No vayas por ahí –le advirtió.
Ron lo miró un momento sin decir nada y luego asintió mansamente.
-Claro.-Hizo desaparecer su refresco con la varita-. ¿Nos vamos?
Ron había pasado toda la tarde desaparecido, pero volvió a dejarse ver poco antes de la cena. Harry, que estaba contestando cartas de sus fans, impaciente por que llegara la hora de encontrarse con Draco de nuevo, alzó la vista al oirlo entrar en el dormitorio.
-Eh, ¿dónde has andado?
Ron se encogió de hombros.
-Charlando, jugando al ajedrez...
-¿Has ganado?
-Sí –dijo, sin darle demasiada importancia.
Harry le sonrió un poco.
-Felicidades. Ah, y ahí tiene tu montón de cartas, para cuando te animes.
Ron hizo un gesto poco entusiasmado y Harry, riendo entre dientes, volvió a su carta, pues quería terminarla antes de bajar a cenar. Y entonces, de pronto, sintió un hechizo golpeándole de lleno en la espalda. Sobresaltado, se dio la vuelta, volcando la silla, y sacó la varita a toda prisa. Pero no había nadie, sólo Ron, que alzaba las manos en ademán tranquilizador aunque llevaba la varita en la mano. Harry lo miró sin comprender, tratando inútilmente de descubrir los efectos del hechizo.
-¿Me acabas de lanzar un hechizo?
Ahora Ron lo miraba inquisitiva, expectantemente.
-¿Te encuentras bien?
-¿Qué coño me has hecho?
-Nada –contestó, empezando a parecer confundido.
-¿Nada?-repitió, con incredulidad-. Ron, te lo digo en serio, ¿qué hechizo era ese?
No entendía nada. Y menos aún, por qué era Ron el que ponía cara de estar extrañado.
-Es... es un hechizo tonto que me enseñó George. Sólo quería... gastarte una broma, perdona. Pero no ha salido como yo creía. Supongo que no... que no lo he hecho bien.
-¿Un hechizo de George? –dijo Harry, preguntándose por qué no conseguía creerle. Quizás porque no tenía cara de estar gastándole una broma.
-Se supone que tenía que salirte un pico de pato. Mi hermano es... idiota.
Harry seguía sin estar convencido de lo que realmente había pasado ahí, pero era verdad que el hechizo que le había lanzado Ron no parecía haber surtido efecto alguno, y mucho menos perjudicial. Así que después de decirle ásperamente que era una estupidez echarle hechizos experimentales encima cuatro días antes de la final, volvió a su carta y se olvidó de aquel asunto.
Muchas horas después, Harry abrazaba a Draco.
-¡Felicidades!
Draco le besó con entusiasmo.
-Lo hemos conseguido, Harry. ¡Somos finalistas los dos!
Draco se sentía como en un sueño todo el día, más borracho de triunfo que del alcohol que había consumido durante la celebración en el hotel. Las preguntas de la prensa se mezclaban en su cabeza con los mensajes de felicitaciones y la maravillosa y orgullosa expresión en los ojos de sus padres incluso a través de las brasas de la chimenea. Y ahora estaba con Harry, que tenía también esa expresión en los ojos y le abrazaba con fuerza.
-Joder, estos están siendo los mejores días de mi vida –afirmó, con risueña vehemencia-. ¿Viste cómo atrapé la snitch? La oí, Harry, ¡te juro que la oí!
-Yo también he tenido esa sensación a veces-contestó Harry.
-Yo nunca, fue alucinante. Y ese imbécil de Cherkelov...-Draco se echó a reir.
-¿Qué pasó con él? –preguntó Harry.
Todavía entre risas, aunque sus ojos tenían ahora un brillo feroz Draco le contó los insultos que había recibido durante el partido.
-...y entonces cuando atrapé la snitch, le dije “eh, capullo, el mortífago maricón te la acaba de meter por el culo”-Draco acompañó sus palabras enseñando groseramente el dedo corazón-. Y un poco más y casi me mata. Ya ves... Hay gente que no sabe perder.
Harry se rio también porque ese imbécil era un homófobo y además se había metido con su Draco y había recibido menos aún de lo que merecía.
-Qué malo eres, Draco.
-Gracias –dijo, pagado de sí mismo. Luego le puso la mano en el pecho-. Ahora estoy listo para disfrutar de mi premio.
-¿No deberíamos disfrutar primero de mi premio por mi pase a la final? –replicó, en tono burlón.
-Non, c´est à moi, mon cher.
Harry se derritió como un helado al sol.
-Mmmmm, Draaaco....
Draco lo sujetó de la camiseta y lo atrajo hacia él, moviendo los labios sobre él con ternura y acariciándole la mejilla y el cuello con la otra mano. Después, cuando notó la impaciencia de Harry, profundizó el beso y cruzó ambas manos tras su espalda. Harry dio un pequeño suspiro de placer y se apretó un poco contra él, haciéndole notar su ligera erección. Draco le acarició el culo por encima de los pantalones y le mordió cariñosamente el labio inferior antes de terminar el beso. Harry tenía los ojos entrecerrados y la expresión más plácida que le había visto en su vida. Eso lo había hecho él, y ese pensamiento se tradujo en una ola de orgullo y posesividad que empezaba a resultarle muy familiar.
Entonces volvió a besarlo y caminaron a trompicones hasta la cama, donde empezaron a desnudarse sin dejar de comerse a besos.
-Harry...
-¿Qué?
-Ya sabes que yo nunca he salido con nadie-dijo, forcejeando con sus pantalones-, pero creo que voy a ser un novio absorbente, celoso y posesivo. Los Malfoy no somos buenos compartiendo.
-Vale. Yo también soy celoso y posesivo.
-¿Sí?
-Soy Leo, ¿no?
Cierto.
-Vale.
Draco se dejó la camiseta puesta, porque una cosa era haberle enseñado los insultos de Voldemort y otra muy distinta, sentirse cómodo con la espalda al aire, pero ya no le importaba si la camiseta se movía y se veía algo. Podía olvidarse de eso y dejarse llevar por completo. Sus labios llenaron de besos el pecho y el estómago de Harry y bajaron hasta su erección. Harry dejó escapar un gemido y echó la cabeza hacia atrás. Draco jugueteó un poco con la lengua antes de metérsela del todo en la boca.
-Sí, Draco, sí... Ohdios... Podría pasarme así todo el día...
Y él también, porque verlo estremecerse bajo su lengua era algo que podría contemplar toda una eternidad sin cansarse. Proporcionar placer a sus compañeros de cama había sido, a excepción quizás de Blaise, una manera de dejar bien claras sus habilidades como amante. Con Harry era algo más profundo, y más complejo. Por supuesto, quería que Harry lo considerara el mejor amante que había tenido nunca, pero también deseaba que vibrara de éxtasis porque en algún punto de aquel Mundial fantástico la felicidad de Harry se había convertido en una prioridad en su vida.
Draco le hizo el amor murmurándole palabras de cariño en francés, tomando posesión con besos y caricias de cada centímetro de su piel y se mantuvo abrazado a él hasta que su corazón recuperó su ritmo normal y su respiración se tranquilizó. Después sintió sus labios recorriendo sus párpados cerrados con suavidad y sonrió. Cuando los abrió, se encontró con los ojos verdes y embobados de Harry fijos en él con una mirada tan dulce que apartó la vista un momento, pero enseguida volvió a alzarla porque nadie en su sano juicio querría perderse un solo segundo de esa mirada.
Nunca se había olvidado del mundo en los ojos de alguien.
-Mañana me va a costar mucho verte por el hotel y fingir que no estoy loco por ti –dijo Harry, poco después, recorriéndole los labios con los dedos.
Draco volvió a sonreir, aunque esta vez con una chispa traviesa en los ojos.
-Va a ser divertido. Pero nada de follar el día antes del partido.
-No, claro.-Recordó otras derrotas de Draco a sus manos-. Oye, Draco... si gano yo, no me odiarás, ¿verdad?
-Probablemente sí, pero se me pasará en un par de horas.-Lo miró con una sonrisilla condescendiente y presuntuosa-. Aunque no te preocupes por eso, voy a ganar yo.
-¡Ja! Esta vez no me vas a pillar desprevenido, guapo. Además, tengo que desquitarme.
-Oh, vaya, y luego somos los pobrecitos Slytherin los que cargamos con la fama de rencorosos.
Harry tardó unos segundos en comprender a qué venía ese comentario.
-Me refiero a la final que me perdí en el 2002, no al partido que jugamos tú y yo en la liguilla, idiota. Esa fue la mejor derrota de mi vida.
-¿En serio?-preguntó Draco-. Pensé que ibas a odiarme.
-No, me hiciste un favor, aunque esa no fuera tu intención. Y si lo piensas bien... ¿crees que habría pasado todo esto si ese partido lo hubiera ganado yo? Tú te habrías puesto insoportable... No me mires así, acabas de reconocer que me odiarás cuando te gane.
-Si me ganas –remarcó Draco, al momento.
-Bueno, como te decía, ¿crees que habría pasado?
-No, supongo que no. Pero tú no podías saber que esto iba a pasar cuando entraste a mi habitación a darme las gracias y retarme.
-No, desde luego que no –dijo Harry, riendo para sus adentros. Si le hubieran dicho en ese momento que iba a terminar enamorado de Draco, les habría mandado poco amablemente a San Mungo-. ¿Y?
Draco se encogió de hombros.
-Nada. Es sólo que me sorprendió que reaccionaras así.
-Se llama perder con deportividad-le pinchó Harry-. Es un concepto totalmente alejado de tu experiencia, por eso te sorprende.
-Bah, rumores... Oh, por cierto, ¿recuerdas la rueda de prensa que diste ayer? ¿Esa revelación tuya de que ahora nos llevamos muy bien?-Harry asintió-. Pues... mis padres ataron cabos y... bueno, ya saben lo nuestro.
Harry lo miró, estupefacto.
-¿Qué? ¿Sólo por eso?
-Bueno, y porque mi madre sabía que yo tenía un amante que no era exactamente la clase de persona que habrían esperado en un primer momento, y supongo que porque en las últimas semanas cuando te mencionaba hablando con ellos sólo decía “Potter”, sin... adjetivos floridos. Y de repente apareces tú diciendo que nos llevamos muy bien... ¿qué quieres que piensen?
Harry alzó las manos en señal de derrota y, de pronto, se echó a reir.
-Vaya mierda de secreto... Joder, mañana podríamos follar en medio del comedor a la hora del almuerzo y ahorrarnos todas las molestias.
-Por mí vale si yo estoy arriba.
-Ya... –Harry se encogió mentalmente de hombros-. ¿Se lo han tomado bien?
-Sí, claro –dijo Draco, sin entrar en detalles. Meterle a su padre en la cabeza que eso no era un plan para vengarse de Harry había sido como quitarle un puffskein a un niño o algo así de Hufflepuff. Por suerte, al convencerse de la verdad le había visto el lado práctico a todo el asunto en un santiamén-. Ya te lo dije, me quieren.
-¿En serio? –dijo, mirándole atentamente para ver si le estaba ocultando algo-. ¿Ni una pega?
-Ajá. Podremos considerarnos afortunados si tus Weasley reaccionan la mitad de bien.
Recopilación Agosto 2010 Concurso Harry Potter


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--Administrador en 21/05/10 - 03:24 am
