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Notas de la historia:
Realmente soy nueva en ésto y es la primera vez que publico un slash. Creo que no soy muy buena, pero veamos como se me da el Ryden...
Notas del capítulo:
bien, primera vez que "me atrevo" a escribir un slash [siempre intento y creo que me salen todos idiotos] ¬¬ subido a peticion de angeli[lo]ca!! bien, capitulo poco significativo realmente para el resto de la historia, a partir del proximo es que tiene mas sentido...
—Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre…

Toda la sala rezaba a un solo coro. Yo, en una esquina, sólo miraba mis pies y contemplaba las baldosas del suelo. Era el tercer día de martirio. Mis amigos, suyos también, estaban allí al lado, también callados, con mirada de incredulidad. Aún no sabían como tomar la noticia.

—Dios te salve, María, llena eres de gracia. El Señor es contigo…

—¡Basta! —grité, levantándome de la silla. Ya no aguantaba más—. ¡No puedo seguir aquí! ¡Saben que él no lo hubiera consentido! —grité, y todas las miradas escépticas se posaron sobre mi persona, aunque los otros chicos me veían de forma… inexpresiva—. Saben que él decía que todas estas cosas eran estúpidas, que sólo harían que lloráramos más por esa persona, que las recordaríamos irremediablemente… ¡y él odiaba eso! De hecho, saben bien que él era ateo —dije, y comenzaron a cuchichear. Interrumpir en un rezo después de la muerte de alguien era casi un delito en la sociedad, pero la sociedad me valía mierda—. Él ni siquiera quería ser enterrado, él quería ser incinerado, quería que sus cenizas recorriesen los lugares que él nunca pudo recorrer. Piensen en él, en lo que él quería y en lo que él pensaría si los viera aquí, diría "Qué pérdida de tiempo". Pero no, hay que seguir con las jodidas costumbres porque sí. ¡Ya no aguanto más!

Sólo corrí hacia las escaleras y subí saltando los escalones hasta encerrarme en su antigua habitación. Una vez adentro, sólo le pasé cerrojo a la puerta y me senté en la colcha de la cama.

Cuando menos me daba cuenta, ya las lágrimas caían de mis mejillas. Lo extrañaba, y estaba seguro que mucho más que toda la gente que estaba abajo. Excepto quizá por los chicos de la banda. ¡Y justo cuando ya habían alcanzado la gloria! ¡Y cuando sus sentimientos se habían aclarado! Podía mirar a su alrededor, allí había comenzado todo. Podía ver las paredes llenas de pósters, el cuarto desordenado, sus guitarras, su piano, las paredes escritas de retazos que luego pasaron a ser parte de sus maravillosas composiciones.

«¿Por qué, Ryan, por qué a ti?», pensaba, limpiándose el rostro con las sábanas y me tendí allí. La gente estaba haciendo lo que le daba la gana con "la palabra de Ross". Su padre había llamado a los pocos de la familia Ross que quedaban y a los vecinos y organizaron unos rezos para "guiar su alma al cielo". ¡Ryan ni siquiera creía en el cielo! Todo aquello le parecía sólo una técnica para que la gente pudiese "sanar su conciencia".

En ese vecindario siempre había sido el rechazado, y ahora todos lo trataban como a un héroe. Sólo por atreverse a intentar lo que ninguno intentó.

«Pero yo te amaba, Ryan…», pensé, tomando uno de sus cuadernos, y una foto se cayó al suelo. La recogí y le limpié el polvo. Por detrás decía: "09/26/2005 Primer día en la Universidad".

La volteé rápidamente y la detallé. Estaba tomada en una de las áreas libres de la Universidad, en el primer receso del primer día del semestre para los nuevos. En la foto salíamos Brent, con su extraña y seria cara; Spencer, con unas ganas incontenibles de sonreír pero siempre decía que su sonrisa era horrible y siempre la escondía; y estaba también Ryan, con un pastelillo de chocolate medio destruido en la mano, con su sonrisa pícara y tierna a la vez, y, al igual que yo, con la cara toda llena de chocolate.

Lo recordaba todo, la foto había traído preciosos y lejanos recuerdos…


—¡Hey, disculpa! —me dijo el mismo chico de los ojos miel y el cabello castaño que le había pedido el borrador en el examen exploratorio.

—Tranquilo, no hay problema —dije, recogiendo mi mochila.

—Eres el chico nuevo de la ciudad del que hablan todas las chicas, ¿no? —me preguntó inocentemente, siendo como una excusa para que siguieran hablando juntos.

—Pues… que conste que tú lo dijiste, no yo —dije, riendo un poco, tímido. «Bren, ¡tú nunca eres tímido!».

—Bueno, eso… eso es lo que se rumorea por los pasillos —dijo, algo apenado.

Estábamos saliendo al patio. Hacía un clima fresco y ya no necesitaba usar mis anteojos.

—Y tú, ¿también vienes sólo? —dije, tratando de seguirle el hilo de la conversación.

—No, bueno… vengo con un par de amigos, pero ellos quedaron en otra sección diferente a la mía.

—Ah, qué mal —dije, realmente apenado—, bueno, yo no soy nuevo aquí, sólo que me había mudado y tenía ya bastante tiempo sin venir.

—Genial… de todas maneras te ves como el típico chico que las chicas piensan que son de aquí…

—¿Ah, sí? ¿Cómo?

—No lo sé… pareces el tipo de chico que iría a una disco a verse con dos novias a la vez.

—¿Y qué te hace pensar eso de mí? —dije, sonrojándome un poco.

—No lo sé, eso pareces —dijo, riendo pícaramente.

—Hey, ni siquiera tengo novia ahora…

—Apoya la teoría de chico de fiestas —dijo, divertido.

—Que no…

—Que sí…

—Que no…

—Que sí…

—Que no…

—Que no…

—¡Que sí, y punto! —dije, pero él se echó a reír, hasta que me di cuenta de lo que había dicho—. Está bien, perdí.

—¿Vamos a la cafetería a comer algo? Además, quiero ver cómo les fue a mis amigos en su clase.

—Vamos —dije, siguiendo al castaño—. Necesitas habilidad para no perderte aquí —dijo con una dulce sonrisa.
Caminamos juntos hasta la cafetería, y sus amigos aún no habían salido.

—Espérame aquí que voy a comprar algo —dijo, dejando su bolso y sus cuadernos encima de la mesa y dirigiéndose a la cafetería.

No sabía, pero había algo en el, esa conexión… le caía bastante bien. Además, le había dicho que era bueno con las chicas… ni modo, las chicas eran una especie de "mal necesario" en su "estatus social". Las chicas jugaban un papel muy importante aunque nunca hubiese querido relacionarse con ninguna. Al rato volvió Ross con un par de sodas y un pastelillo íntegro de chocolate.


Justo cuando estaba ensimismado en sus recuerdos, alguien tocaba la puerta cada vez con más fuerza.
Notas finales:
bien, lo dije, no explica mucho. de todas maneras, no se con cuanta frecuencia pueda seguir posteandolo. tengo la historia armada, no sera muy larga.
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--Administrador en 21/05/10 - 03:24 am