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Notas del capítulo:

Si lo has visto sabes a qué me refiero. Aunque no hace falta, estaría bien que lo hicieras antes de leer, así que si quieres ve a http://youtube.com/watch?v=ki-kD7mtvYA y después lee el desvarío que me ha inspirado.

Gracias a Helena Dax por dármelo a conocer y a quienes dieron su opinión en mi lj antes de publicarlo aquí.

.-. Otro día de trabajo ha terminado en el plató y Daniel se dispone a abandonarlo. Sin embargo los acordes de una guitarra lo detienen a medio camino .-.

Se quitó la túnica con los colores de Gryffindor, su verdadero uniforme de trabajo, y se aflojó la corbata no sin cierto esfuerzo mientras se conectaba el mp3. Estaba menos cansado de lo que creyó iba a estarlo al principio de la jornada, y no sabía si eso era señal de fortaleza física o de aburrimiento ante lo ya rutinario de su tarea; llevaba todo el día enfrentándose a la muerte con la sola ayuda de un palo de madera y en realidad era poner cara de permanente angustia lo que, invariablemente, más lograba agotarle.


La mayoría de la gente se había ido a casa tras terminar sus escenas, pero Daniel siempre rodaba más que nadie y solía salir de los últimos. Recorrió el plató con la mitad de las luces apagadas despidiéndose con un leve cabeceo de sus compañeros y de los técnicos y especialistas a los que seguramente les quedaba allí otro par de horas.
Su caravana no estaba especialmente cerca, pero tampoco tenía ganas de coger una de esas bicis que usaban para desplazarse por los decorados. Andar le ayudaría a despejarse, pensó, aunque llevase horas dando saltos y pegando voces.

La pared falsa del decorado del despacho de Dumbledore apareció ante él. Iba a dejarla atrás cuando creyó oír una música por debajo de los auriculares. Aminoró el pasó y prestó atención mientras apagaba su mp3.
Definitivamente aquella melodía fluía tras la puerta, entreabierta. Se acercó, temeroso de empujarla y alertar a quien tras ella se ocultara. Prudente, optó por guardar silencio y reconocer, no sin cierta vergüenza, que estaba casi espiando. Escuchando a hurtadillas los tonos graves y apresurados que escapaban de, ahora percibió, aquella desconocida guitarra.
Tentando a la suerte empujó la puerta intentando que un eventual sonido no lo delatara. La claraboya artificial del techo iluminó al ocupante del falso despacho provocando en él aquel familiar vuelco al que tan tristemente se había habituado.

.- Ah, Tom, eres tú…

El rubio se había subido a la mesa del director y tenía los pies apoyados en una silla, aparentemente ignorando que era probable que la estuviese llenando de la mierda de sus zapatos. Estaba de espaldas a la puerta y no parecía haberle oído entrar.

.- ¿Tom? Perdona, he oído… la música y he entrado, no te molesta, ¿no?

Esta vez tenía que haberle escuchado, pero no daba muestras de ello. No había dejado de tocar ni había levantado la cabeza. Ni siquiera se había girado.

.- ¿Estás bien?

Dan se acercó dando un rodeo y miró con timidez. No sabía si Tom le ignoraba deliberadamente o su abstracción en la guitarra era tal que realmente no le había visto llegar. Se atrevió a subir también a la mesa y se sentó junto a él, con las piernas cruzadas, intentando no perturbarle. Se limitó a observar en silencio el movimiento de sus dedos sobre las cuerdas. Ágiles, rápidos, seguramente calculados. Los ojos, cerrados. El cuello, semi laxo, dejaba caer el odiado pelo teñido sobre la frente. Las piernas rígidas sostenían la guitarra apoyadas en la silla. Y Daniel se preguntó si había dejado de respirar o tal vez había sido víctima de uno de esos hechizos petrificantes.

.- ¿Cómo ha ido el día?
.- ¿Eh? –la pregunta de Tom lo sacó de su ensoñación. Seguía tocando, pero ahora había abierto los ojos y le miraba.
.- Tu día. Que qué tal.
.- Ah. Bien… no sé, como siempre.
.- ¿Qué has hecho?
.- He gritado mucho y he correteado por ahí. Le he dado a Michael una poción que casi lo mata y he salvado a Rupert de morir envenenado.
.- Ajá.
.- ¿Y tú?

Parecía distraído, como si sólo preguntase por cortesía. Sus dedos ejecutaban una y otra vez la misma melodía intranquila sin apenas prestar atención al instrumento.

.- No sabía que tuvieras una guitarra.
.- Ya.
.- ¿Qué tocas?
.- Algo que compuse hace unos meses.
.- ¿Compones?
.- No sé. A veces.

Dan se apartó un poco y le examinó.

.- Oye, estás muy raro, ¿qué te pasa?

Siguió tocando y pareció que iba a coger aire para responder, pero se quedó en silencio.

.- Tom…
.- Estoy tan harto…
.- ¿Como?
.- Que estoy harto, estoy hasta los cojones.
.- ¿De qué?
.- De ti.

De repente le apretaba todo, y no era lo que sentía siempre al estar cerca de Tom. Era algo peor, mucho peor.

.- ¿De mí?

Tom esbozó una sonrisa.

.- No de ti. De Harry Potter.
.- ¿Por qué?
.- ¿Por qué? ¿Sabes lo que he hecho hoy? El gilipollas, que es lo que hago siempre. Poner cara de idiota y de matón cutre de instituto. Pensaba que las cosas iban a ser diferentes con esta, pero me equivoqué. Y la culpa la tienes tú por convencerme para firmar.

Dan se giró hacia él y descruzó las piernas, acercándose.

.- Pero… queda un montón aún por rodar, todo lo bueno.
.- Lo bueno del libro. Veremos después.
.- Seguro que…

Pero no le ocurría nada que decir. Había tenido esa conversación mil veces, con distintos matices, en distintos grados de enfado y decepción, desde los trece a los diecinueve años. Y siempre tomaba los mismos giros. Pero de algún modo, no sabía por qué, Daniel siempre convencía a Tom para firmar la siguiente película.

.- Seguro que nada. No voy a firmar la última.

Dan se agarró a la mesa y también se agarró el estómago como si se lo hubieran pateado desde dentro hacía fuera.

.- ¿Qué? ¡Eso no lo puedes hacer!
.- Claro que puedo, no seas imbécil.
.- Pero… -tenía que pensar rápido. Tom nunca había sido tan drástico- ¡tienes que hacerla, es la última!
.- ¿Y qué? Que se busquen a otro idiota y le tiñan el pelo, seguro que no se nota la diferencia.

Daniel se sentía a punto del colapso nervioso.

.- Pero… como no se va a notar… tú… no te puedes ir, no puedes dejarlo ahora, es una tontería, una locura y lo peor que harás en tu vida.
.- Lo peor que podría hacer es seguir perdiendo el tiempo persiguiéndote a ti por una escuela de magos. Poniendo caras y siendo Draco Malfoy toda mi puta vida. Yo no soy tú, ¿sabes? A mí nadie me llama para hacer películas sobre Kipling ni obras en Broadway. –y siguió con su canción como si pusiera un punto final al asunto.

No supo si sentirse más dolido o asustado. La perspectiva de no tenerle ahí en el próximo rodaje se abrió paso de forma casi nítida. De una forma que no podía ni quería comprobar.

.- No puedes hacerlo. Tienes que pensar bien… tienes que… ¡deja la puta guitarra!

Tom levantó la vista y empezó a tocar más despacio, mirando al frente. Cada vez más despacio.

.- No hay nada que me sujete aquí, nada que me ate. Y no puedo perder el tiempo con historias que no van a ninguna parte si quiero tener el control. Esto no es como cuando llegamos aquí con diez u once años ¿sabes, Dan? Entonces podíamos jugar. Jugar a ser magos, a hacer un trabajo de mayores, a hacer cosas de mayores, a ser famosos. Pero ya no somos niños y tenemos que elegir. Tú puedes ser Harry Potter ahora y ser el novio de Ginny Weasley para siempre… o escoger ser Daniel Radcliffe.

El aire pesaba y la música no había parado ni un instante de repetirse y de colarse entre ellos. Daniel se encontró con su mirada apesadumbrada ofreciéndole la suya a su vez.

.- ¿Qué diferencia hay?

Tom sonrió, pero sólo con los labios.

.- Harry Potter te está volviendo lento… ¿Qué le gusta a Daniel que Ginny no aprobaría?

Su corazón empezó a latir frenético. Tom se había acercado

.- Draco se ha dado cuenta y yo también. No me hagas decirlo.

La música había parado de golpe y la guitarra se había estrellado contra el suelo en el momento en que Tom había apartado la silla. No había intentado acercarse despacio. Invadió la boca de Dan y sin darle tiempo a reaccionar se puso a horcajadas sobre él.

.- Espera…
.- No.

Dan se sintió abrumado. Lo había imaginado, lo había deseado y ahora no sabía como afrontarlo. Sin pensar demasiado se sacó la camiseta tratando de reparar en la puerta semi abierta. Tom lamía su cuello y le mordía los labios y él no tenía ni puta idea de cómo había sucedido aquello ni desde hacía cuánto tiempo que… iba a suceder.

.- Se ha caído…

Tom le besó de nuevo y Daniel no tuvo más ganas de utilizar los labios para casi ninguna otra cosa.

.- Que le jodan a la guitarra.

El rubio le empujó y sonrió mientras desabrochaba los pantalones del uniforme escolar de Dan. Se obligó a mirar al techo y cerró los ojos. Merlín… Dios… qué más daba. Si pudiera cerraría la puerta, pero si no los veían tendrían que escucharles. Tom se la estaba mamando y por todos los santos que a él se le tenía que estar oyendo en algún lugar.

.- ¿Sabes lo que quiero? –Tom se comía cada centímetro de su piel y él estaría dispuesto a acceder a cualquier cosa. Bajó la voz mientras se acercaba a su oido- Quiero follarme a Harry Potter.

Dan soltó una carcajada.

.- Harry está con Ginny Weasley, tú mismo lo has dicho.

El rubio lo miró condescendientemente, como si no hubiera entendido la lección.

.- Daniel… Harry está con Draco. Siempre lo ha estado.

Notas finales:

Pues esto ha sido. Es mi primer RPS y me lo ha tenido que inspirar un video de Tom Felton tocando la guitarra... en fin.

Gracias por leer, un beso.

Crysania

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--Administrador en 21/05/10 - 03:24 am