- Bien, a sus posiciones. Comencemos de nuevo.
De todas las cosas desastrosas que Harry había hecho, ésta era la que deseaba no volver a repetir. ¿Qué no había sido demasiado obvio el año anterior? Había pasado un infierno en ese baile de Navidad, claro que lo más difícil había sido encontrar una pareja de baile. De todas maneras, había resultado ser una mala noche por la razón obvia: no sabía bailar.
Ahora no necesitaba pedirle a alguien que lo acompañara a un baile, pero sí tenía que cantar, correr, saltar, dar vueltas y tomarse de las manos con las dos personas que hacían que su corazón latiese con fuerza.
Una de ellas le dedicaba una sonrisa alentadora y trataba de ayudarle a coordinar sus movimientos. La otra le dirigía miradas despectivas y se reía cruelmente de cada error suyo. Me siento como un maldito mono de circo. Era patético, vergonzoso y hasta insoportable. A nadie le gusta hacer el ridículo delante de un grupo de personas y mucho menos, delante de alguien a quien quieres dar una buena impresión.
Ron lo miraba con una mirada que extrañamente denotaba culpabilidad, como si él hubiera podido ayudarlo y no lo hizo. La verdad, su amigo había sorprendido a todos en ese ensayo, pues había mejorado considerablemente su interpretación. Harry no sabía cómo ni cuándo había practicado hasta lograr un trabajo decente en tan sólo un día. De todas maneras aquello seguía siendo malo para él, incluso peor pues ahora el único deficiente era él. Venga, Harry, deja de ser tan egoísta y concéntrate.
-¡Harry, presta atención! – Y nuevamente se había puesto a pensar en las musarañas. Volvió a la realidad cuando comprobó el rostro enojado de la profesora McGonagall y el malestar general del resto del elenco.
- Perdón – murmuró sintiéndose el gusano más miserable del mundo ante tanta humillación recibida aquel día.
La profesora McGonagall suavizó la mirada – Potter, haremos esto una vez más y luego podrán irse. Quizás puedas practicar con Weasley ahora que su desempeño ha mejorado – Sin que nadie lo notara, Ron y Blaise intercambiaron una veloz mirada – Así que terminemos este ensayo por hoy. Vamos, una última vez, todos.
La música comenzó a sonar de nuevo y Harry rogó para que por lo menos éste último ensayo del día terminara bien. Pero al igual que todo lo que deseaba fervientemente, no se cumplió su deseo. Tropezó, empujó a Hannah y al perder el equilibro, para evitar su propia caída se aferró a lo primero que tuvo al alcance, que resultó ser el brazo de Cho.
- Ay…- se quejó ella cuando su espalda dio contra el suelo.
- Lo-lo siento Cho – dijo Harry avergonzado mientras trataba de separarse de ella pues había caído encima suyo.
- No hay problema Harry – le respondió con una dulce sonrisa
A pocos metros de ellos, los ojos grises de Draco ardían de furia. Apretó con fuerza los labios hasta casi hacerse daño mientras sus nudillos, ocultos sobre sus brazos cruzados, se iban poniendo blancos. Cuando logró calmar su enojo, se acercó hacia ellos.
- Vaya, Potter, ¿no podía ser más sutil? Si quieres acostarte con Chang deberías pedírselo mejor.
- ¡Serás imbécil, Malfoy! – Aunque sintió un dolor agudo en el pecho, su expresión reflejó su enojo. Enojo para consigo mismo por no poder hacer nada bien. ¡Vamos, que era el chico que vivió! El único que había sobrevivido a Voldemort, el que se había enfrentado a peligros inimaginables. Era estúpido pensar que Harry Potter no podía interpretar correctamente un papel en un musical escolar. Y toda esa frustración le servía para aparentar con Draco, descargaba toda la amargura acumulada contra él aunque no quisiera hacerlo, sólo para mantener las apariencias.
- Lárgate, Malfoy, aquí nadie te llamó. – Cho lo miró con desdén y luego, como si el rubio ya no estuviera presente, se dirigió hacia Harry – Harry, ¿sabes?, podríamos practicar mañana juntos, si tú quieres…
- ¡Sí! – Contestó inmediatamente, emocionado ante la perspectiva de pasar un día con Cho y que le ayudase con su problema, por lo menos ella no se burlaría de él.
- Bien, entonces nos vemos mañana en el desayuno – le sonrió con dulzura y tras echarle una última mirada de desprecio a Malfoy dio la vuelta para entrar al Castillo.
El ensayo había terminado y los alumnos volvían al Castillo. Harry le dio la espalda a Malfoy y buscó a Ron en los alrededores. Con un bufido de frustración el rubio dio la vuelta también para buscar a Blaise antes que Pansy lo encontrara a él.
A pocos metros de ahí ligeramente ocultos entre los árboles Blaise y Ron se gastaban bromas.
- ¡Ya no te burles! Me sentí ridículo haciendo esos saltos – le recriminó Ron a su acompañante, aunque tenía lágrimas de risa.
- Pero si está bien cómo lo hiciste…No me estoy burlando – le respondió Blaise con una ligera sonrisa.
- Mas te vale – la sonrisa de Ron se apagó repentinamente – Harry necesita ayuda pero no puedo decirle que…nosotros…tú…
Blaise se puso serio - ¿No puedes o no quieres admitir que un asqueroso Slytherin te está ayudando? –
Ron habló rápidamente - No, no me malinterpretes. Me refiero a que… ¡vamos, es Harry! Sabes que él odia a los Slytherin. Se sentiría traicionado si le dijera que no todos ustedes son malos… ¿que seguiría, que Malfoy es una buena persona y no lo odia?-
- No lo hace – musitó Blaise en voz baja, pero Ron lo escuchó.
- ¿Qué? – Blaise alzó rápidamente la mirada para encontrarse con los ojos del otro mirándole con incredulidad y se maldijo internamente por descuidado - Nada, yo…pensaba en otra cosa.
Ron lo miró con suspicacia pero lo dejó pasar. De todas maneras los asuntos de Zabini no eran suyos y que le estuviera ayudando no le daba a él ningún derecho a meterse en ellos. Apenas llevaban un día de tregua y aunque Ron no había cambiado su concepto de los Slytherin, tenía que admitirse a sí mismo a regañadientes que Blaise no era tan malo como pensaba que sería.
- Bien, creo que te veré mañana. ¿Misma hora, mismo lugar?
- Ahí estaré – respondió Blaise y Ron se marchó. Blaise suspiró de alivio y en ese momento Draco emergió de entre las sombras.
- Así que por eso no te encontré en la mañana, casi llegué a pensar que me estabas esquivando. Así que… ¿cómo vas con la comadreja? – Blaise le recriminó con los ojos – Vale, sólo decía.
Ignoró su pregunta y cambió de tema – Potter parecía feliz con Chang – el rubio bufó en respuesta – Quizás podrías…
- ¿…confesar mis sentimientos y esperar que me corresponda?
- Pensaba en algo menos radical. Quizás portarte mejor y luego ofrecerle tu ayuda.
- Ya, seguro funcionará…Olvídalo, dejémoslo ahí y por favor no me vuelvas a mencionar el asunto.
Su amigo se encogió de hombros. No hay remedio para su terquedad – Creo que Pansy te estaba buscando, deberíamos…
- Irnos de aquí – dijo Draco luciendo cansado – No quiero cenar, voy a la habitación.
Haciendo gala de su amistad, Blaise se resignó a no ver a su pelirrojo hasta el día siguiente, en ese momento su amigo lo necesitaba más – Te acompaño-
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- Una vuelta…no, con el otro pie. Ahora un paso adelante. Muévete para la izquierda y…canta.
El musical no parecía tan difícil con Cho ayudándole. Harry había aprendido casi un acto entero y memorizado toda la coreografía. Llevaban casi toda la mañana en ello y la chica no parecía fastidiada por la torpeza de Harry con el baile, al contrario se mostraba muy paciente y dispuesta a ayudarlo sin importar cuantas veces él se equivocara y tuvieran que empezar de nuevo. Harry se dio cuenta que su cariño por ella iba en aumento ahora que veía lo atenta y considerada que era. Con cierto pesar tuvo que admitir que superaba a Draco; el rubio gobernaba casi por completo su corazón pero Cho se estaba ganando su espacio.
- Eso es. Aunque debes usar un tempo lento, el que estás empleando no es el adecuado. Luego debes dar una vuelta hacia la derecha…bien…y tomar la mano de Godric Gryffindor – el corazón de Harry latió con fuerza- Yo haré su papel…Bien, luego entran Ron y Zabini y ahí termina el acto. Creo que esto está bien por hoy. Deberíamos descansar
Harry asintió y caminó hacia donde Cho se había sentado. Se sentó junto a ella y se quedaron en silencio durante un momento.
- Gracias por ayudarme Cho, realmente lo necesitaba
- Me alegro que te haya servido Harry, espero que con eso Malfoy no se vuelva a burlar de ti.
Harry iba a responder pero escuchó pasos detrás de él; voltearon para encontrarse con Malfoy mirándolos con sorna
- Oye Chang, en esta escuela hay chicos mejores que la basura de Potter. ¿O es que quieres traicionar la memoria de Diggory juntándote con este cara rajada que ni siquiera es sangre limpia?
El corazón de Harry se retorció de agonía al escuchar eso y él bajó la mirada para ocultar las lágrimas que pugnaban por salir
- ¿A qué viene todo esto, Malfoy? Siempre apareces cuando Harry y yo tratamos de tener un momento de intimidad, ¿qué es lo que tramas? –
Los ojos de Harry se agrandaron de la sorpresa al entenderlo. En ese momento todo quedaba claro: En los últimos días, Malfoy aparecía cuando él conversaba con Cho y era a él a quien asesinaba con la mirada. ¡No puede ser, Malfoy está enamorado de Cho! El destino le estaba jugando una muy mala pasada, de todas las personas tenía que ser Cho. Si fuera otra chica, como Pansy Parkinson por ejemplo, no tendría nungna dificultad en odiarla. Pero… ¡¿Cho?! No puedes odiar a alguien que estás a punto de amar.
Aún aturdido por lo que acababa de descubrir alcanzó a ver cómo Malfoy se tensó repentinamente y dio media vuelta dejándolos solos de nuevo.
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Blaise tarareaba alegremente una canción de las Brujas de Macbeth mientras iba camino a su dormitorio. No es que acostumbrara hacer ruido mientras caminaba pero ese día, al igual que el anterior, se sentía feliz.
Pero la alegría se esfumó en cuanto entró en su habitación y encontró a Draco tendido en su cama con expresión mortificada.
- Blaise, él cree que estoy enamorado de Chang- musitó con voz ahogada el rubio.
El recién llegado alzó una ceja en señal de no entender de qué estaba hablando
Draco se enderezó acomodándose en la cama y le explicó – Seguí a Harry para ver cómo ensayaba con Chang y cuando esa… comenzó a hablar mal de mí decidí intervenir pero…creo que él entendió que estoy interesado en ella.
Su amigo suspiró al entender – Draco, te lo dije, no debías comportarte de forma cruel. No digo que mañana súbitamente seas el tipo más adorable con Potter, podrías empezar simplemente por dejar de insultarlo.
- Sí – dijo Draco con expresión contrariada – Podría pero no me atrevo a hacerlo. Maldita Chang, en que aprietos me mete. – Sacudió la cabeza con pesar y optó por cambiar de tema - ¿Cómo vas con Weasley?
Blaise sonrió ante el interés de Draco siendo conciente del esfuerzo de su amigo para no insultar a Ron – Bien, ahora que ha mejorado en el arte de leer sus líneas lo estoy ayudando con la danza.
Malfoy esbozó una débil sonrisa – No es como si fuera el mejor bailarín del mundo, después de todo. –
El otro rodó los ojos pero tuvo que aceptar que tenía razón – Por eso lo estoy ayudando-
Draco se dejó caer elegantemente sobre la cama y suspiró – Conquistar a Harry no es mi único problema –
Su amigo asintió entendiendo de qué hablaba – Tu padre…-
Cruzó la habitación y se sentó en el filo de la cama de su amigo. Acercó una de sus manos y tomó el mentón del ojigris con ella – Siempre hay oportunidades, Draco. Si realmente lo amas harás todo lo posible y hasta lo que suene imposible por tenerlo a tu lado. No puedes repetir tu error de los últimos cuatro años. Para ganar hay que arriesgar y tú tienes que correr el riesgo de su posible rechazo si es que aspiras a su amor. Y cuando lo logres…no importará nada más, ni tu padre, ni los mortífagos, ni la guerra ni Voldemort… –
Draco le dirigió una triste sonrisa en respuesta – Si piensas de esa forma eres más gay de lo que pensé – Estallaron en carcajadas ante la ocurrencia del rubio y Blaise comprobó con satisfacción que había logrado animar a su mejor amigo. – Gracias, Blaise. Realmente necesitaba esto. –
Mientras los dos amigos conversaban en su dormitorio, Pansy y el resto de chicas Slytherin de su curso hacían una ronda en su Sala Común.
- Y bien, Parkinson, ¿ya tienes el anillo?- preguntó una de ellas.
A opinión de Pansy, su relación con Draco había progresado desde que el año anterior la había llevado al Baile de Navidad. En las vacaciones anteriores a ese curso, repentinamente el padre de Draco había concretado el compromiso de su hijo con ella y se había reunido con sus padres para tal fin, pero sólo había sido un acuerdo y no había anillo que enseñar como prueba. Por ello, para su frustración, nadie en su Casa le creía eso y ella estaba desesperada por demostrar que era verdad.
Lo que a sus compañeras de curso les costaba creer era cómo había elegido el padre de Draco a semejante chica para su hijo. Podía haber elegido a cualquier sangre limpia, alguien más hermosa, más madura, más adinerada…que estuviera a la altura del sexy heredero Malfoy, pero ¿Parkinson?
Lo que las hacía dudar, sobre todo, era que el rubio no daba indicios de tener ningún tipo de relación más allá del compañerismo con ella. No eran novios, nunca lo había sido. Nunca los habían visto besarse ni dar muestras de cariño, de parte del rubio, claro, porque ella moría por ganar su atención. Y eso provocaba la burla de todas sus compañeras.
Lo que ellas no sabían era el punto al que había llegado su desesperación, hasta casi convertirse en una obsesión, era una especie de meta final suya estar con el galán de los Slytherin. E ignoraban que para asegurar el compromiso ella lo vigilaba estrechamente, observando sus movimientos, con quienes hablaba, a quienes miraba. Y ella había descubierto que iba tras el trío de Gryffindor. Por la forma en que Draco los seguía, casi tan obsesiva como la de ella, sólo había opción posible. Estaba enamorado y la única chica ahí era…Granger. No podía ni quería concebir que una sangre sucia sabelotodo y mandona se había ganado el corazón de SU Draco. Ella iba a evitarlo a toda costa porque lo amaba y él iba a ser suyo, sin importar lo que tuviera que hacer para conseguirlo.
- Casi…Todo va muy bien. Siempre me acompaña a los ensayos – Más bien tú te pegas a él fue el pensamiento de las demás presentes – y me consoló ayer - ¡Si hiciste tremendo escándalo para que él tuviese que bajar! – Es muy dulce conmigo. Pronto seré la siguiente Señora Malfoy, se los aseguro. – las chicas rodaron los ojos. O Pansy era muy ingenua o sabía muy bien lo que estaba pasando y se negaba a aceptarlo. ¡Solo había que verlos juntos! Él no parecía estar enterado que ella estuviese ahí, al contrario parecía querer estar en otro lugar.
Pero también sabían, y era lo que hacía ese juego interesante, que Pansy era todo una Slytherin y haría lo que fuese necesario para salirse con la suya. Y por ello no jugaría limpio. Lo que todas querían ver era hasta qué punto llegaría ella para asegurarse el pase a la familia Malfoy.
- ¿Y el Sr. Malfoy lo sabe? – Preguntó Millicent Bulstrode con malicia. Pansy estaba a punto de responder cuando una idea cruzó por su cabeza. Sí, eso era, Lucius Malfoy
El señor Malfoy jamás permitiría que una sangre sucia pasase a formar parte de su honorable familia, la prefirió a ella, la sangre limpia antes que a una nacida de muggles por muy bonita e inteligente que fuera; eso había sido, quizás hasta él mismo había notado el comportamiento de su hijo. Y Draco no iría en contra de su padre, no se atrevería. ¡Era la solución perfecta! Ella le diría a Lucius que apurara el compromiso explicándole las razones y Draco nunca se enteraría. Lo que no se sabe no duele. Y yo le estoy haciendo un favor al apartarlo de una sangre sucia que manchará el nombre de su familia.
La sonrisa que se le formó en la cara desconcertó al resto de chicas - ¿Pansy, estás bien?
- Sí, de hecho…estoy muy bien. Disculpen, tengo algo que hacer – Se puso rápidamente de pie sin dejar de sonreír y se apresuró a subir las escaleras a su dormitorio. Las chicas se miraron entre sí, confundidas, coincidiendo silenciosamente que esa sonrisa macabra, casi insana, no auguraba nada bueno para nadie más que la chica que acababa de encerrarse en su habitación.
A muchos metros y pisos lejos de ahí, Hermione daba vueltas alrededor del despacho de la Prof. McGonagall terminando de ordenar sus ideas. Llevaba desde la noche anterior preparando el discurso que le diría para convencerla y obtener lo que necesitaba. Nerviosa, caminaba en círculos revisando mentalmente sus palabras por enésima vez. Cuando sintió que estaba a punto de perder la cordura, se decidió por tocar y esperar.
- Pase – Tomó aire y entró. La profesora McGonagall estaba sentada en su pupitre revisando la parte del guión que practicaría con sus estudiantes esa tarde. – Dígame Srta. Granger, ¿qué desea?-
Hermione intentó sonreír cortésmente – Profesora, necesito pedirle un favor muy importante…- Dudó si debía continuar. La profesora la alentó a seguir con la mirada – Verá…como ha notado, Harry tiene problemas con el musical, me parece que ante todo por el conflicto con los Slytherin…Para que no se sienta incómodo con la situación había pensado buscar fuentes fidedignas que demuestren que Gryffindor y Slytherin tuvieron alguna vez una relación al menos cordial. Se menciona en todos los libros su gran amistad y el abrupto final, pero me gustaría algo que explicara mejor dicha relación. He estado investigando y hay un libro, Secretos de los muros – intentó que su voz no temblase al decir el nombre – que me parece de mucha utilidad. Dado que está en la Sección Prohibida quería saber si puede darme el permiso para sacarlo. – Listo, lo había dicho y ante todo, había tratado de sonar inocente, como si no supiese que el libro explicaba algo más que la amistad entre Godric y Salazar. Ahora sólo quedaba aguardar la respuesta.
Enfrentó durante unos instantes su mirada inquisidora hasta que la profesora abrió su escritorio y sacó un pedazo de papel. Trató de reprimir la sonrisa de alivio que pugnaba por salir al ver eso. – No crea todo lo que se expone en ese libro, Srta. Granger – le dijo en el momento que le entregó el papel firmado. Hermione asintió y tras musitar un “gracias”, dejó que la sonrisa se extendiera por su cara al dar media vuelta y salir de ahí.



